jueves, 30 de noviembre de 2017

TU RECUERDO

Tu recuerdo me sabe a amor. Un conjunto de sabores, sensaciones y olores. 
Cítricos, claros y penetrantes, como el sol de las mañanas de verano, los colores de las telas y los hilos. Dulce en primavera, sabor a canela y ceniza de Miércoles Santo, agridulce como el domingo de Ramos de estrenos y paseos. Y tu amor. 

Luego en otoño, triste sabor salado, mezcla de la lluvia con tus lágrimas, cuando, escondida, no te sabías observada. Sabor de sueños. De Garbancito, de los cuentos de pequeña, de tu cariño pausado.
Tardes dulces de merienda de chocolate, de postres de membrillo, sabor picante de tus chistes con guindilla. “Solo le confieso al cura que me gustan los chistes y las películas verdes” me guiñabas un ojo con tu risa traviesa. 

Muchos días también de sabor amargo. A hiel de sufrimientos, de incomprensión de los momentos raros. Y después el peor de todos: Ese limbo de nadie de todos los sabores, el insípido…el de tu ausencia.
Al conjunto final de todos ellos yo lo llamo sabor de amor. Sí. Tu recuerdo me sabe a amor. Amor para siempre.
(Manoli Asenjo)
fotografía: Manuel Asenjo Pérez

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Con los 5 Sentidos ejercicio 4

Iniciamos un ejercicio nuevo que lleva por nombre: Escribiendo con los cinco sentidos, el cual, como su nombre indica, consiste en basar nuestro escrito en un sentido determinado que tendrá un papel importante en la historia que narremos.

1- Hemos comenzado por el SENTIDO DEL GUSTO

A lo largo de varias semanas los textos se han basado en diferentes sabores:

Sabor Dulce: Bajo esta categoría englobamos los textos de este sabor y hemos saboreado moras, pasteles, magdalenas de chocolate, macarons, merengues, comida italiana... que han dado el toque dulce a nuestras letras y endulzado la vida de los personajes.

Sabor Salado: En este sabor ha predominado el mar. La sal del mar, el sabor de las olas,  la sal a través de alimentos como las pipas, la sal combinada con el limón, la sal de la vida, en definitiva, y en sus múltiples manifestaciones.

Sabor Amargo: El sabor amargo nos ha traído agruras, representadas a través de la aceituna, de la acidez; tragos amargos por los que pasan los personajes, que nos llevan a las distintas formas de representar la amargura.

Sabor Umami: Este sabor abarca el Sabor por excelencia, que puede ser interpretado de diversas formas: ¿A qué sabe el mejor sabor? ¿Cuál es el sabor de la resiliencia? El sabor de casa, el sabor de los tuyos, ese sabor particular que es único para cada quien.

Sabor del Amor: Como broche final a este creativo ejercicio, tenemos este polémico y tan descrito sabor. ¿A qué sabe el amor incondicional? ¿Amor de pareja? ¿Amor materno? ¿Amor a la propia vocación? Los textos de las compañeras, como siempre, nos han dejado diversas interpretaciones.







LA CONCLUSIÓN: UN EJERCICIO QUE SE DISFRUTA






Para leer los textos buscar las siguientes etiquetas en el lateral: 
Sabor dulce. Sabor amargo. Sabor salado. Sabor umami. Sabor del amor.

(Recordad que si entráis en la página desde el dispositivo móvil habréis de pulsar en "ver versión web")

La bailarina y el baile



Imagen sacada de la red

No le importaba. No le importaba salir de la clase de baile a la mitad, sin dar ninguna explicación. No tenía tiempo de cambiarse ni de ponerse los zapatos. Lo había visto pasar por la ventana, y a él tampoco parecía importarle mucho la lluvia, no después de que ella le hubiese dicho que se iba de gira con la compañía y que mejor lo dejaban. Todavía podía sentir el sabor delicioso de sus labios y el roce de su lengua cuando se saludaron. ¿Por qué le había dicho semejante tontería? Salió a la calle llamándolo a gritos. ¡Si ni siquiera había querido nunca ser bailarina! Era su madre quien bailaba dentro de ella, quien le decía continuamente lo bien preparada que estaba. Pero no. No estaba preparada en absoluto para seguir bailando como una tonta, mientras el amor de su vida se alejaba.
MVF©

Rumor de selva


Sabe el amor a savia tierna
que asciende por las venas,
a llamada vegeta
primigenia,
a densos ramajes
que convocan en la penumbra
suspiros de hojas trémulas,
bocas anhelantes
que musitan palabras
recién estrenadas,
la fiesta de los cuerpos
que se enlazan
hundiendo sus raíces
en tierra no hollada.
Sabe el amor a dulce tormenta
de madreselva,
a humedades frondosas,
a sudor de río,
a deseo que empapa,
como lluvia fértil,
la piel estremecida,
los ávidos labios.
Sabe el amor
a carne entregada.
Marc Chagall, Les Amants (1959)

martes, 28 de noviembre de 2017

Beso primaveral

La fotografía es de mi autoría



Al regresar del paseo matinal, la pareja de enamorados seguía allí, en las tablas de la pasarela que bordea la playa de Los Peligros. Seguían en el mismo lugar, en la misma postura, de pie, los dos enlazados amorosamente; la única diferencia es que ya no les unía el beso prolongado. Los dos eran jóvenes, él alto y delgado, ella más baja, morena, de pelo ensortijado; llevaba unos vaqueros y unas playeras rojas tipo Converse.
Al pasar junto a ellos, les miré furtivamente y contemplé sus rostros ensimismados, él con los ojos cerrados dejaba que ella le acariciara suavemente la mejilla con su nariz; los dos acunados por el leve sonido de las olas y rozados por los rayos de un sol primaveral.
Me recordaron una escultura de Camille Claudel, El Vals, en ese caso se hubiera titulado,El Beso primaveral.


lunes, 27 de noviembre de 2017

Amor verdadero solo hay uno

ESCRIBIENDO CON LOS CINCO SENTIDOS: SABOR DEL AMOR.
TITULO: Amor verdadero solo hay uno
El amor verdadero sabe a vida,
sabe a valentía y deseo,
sabe a nervios e incertidumbre.
El amor verdadero tiene hojas de calendario
y citas de agenda,
tiene rutinas que cumplir.
El amor  verdadero huele a humanidad,
huele a ternura y a miradas,
huele a los  besos más  sinceros.
El amor verdadero tiene la voz más bonita y  dulce que jamás vas a  escuchar.
Tiene musicalidad, ritmo,  alegría y miedos, todo junto...
El amor verdadero tiene olor
a grandes dosis de paciencia,
a muchas noches sin dormir,
a cansancio acumulado...
Al amor verdadero no le importa su ropa
ni su pelo, solo le importas tú.
Te lo da todo sin pedir nada y
rascar tiempo al reloj y a su vida
para seguir ahí, junto a ti.
El sabor del amor verdadero eres tú, mamá.
Mi Libro En Blanco Orgav

Limón, sal y tortas.

ESCRIBIENDO CON LOS CINCO SENTIDOS: SABOR SALADO.

TITULO: LIMÓN, SAL Y TORTAS.

Laura me ha dicho que tome zumito de limón. Dice que su abuelo, que es camionero, lo usa todas las tardes antes de ir a cantar al karaoke y que tiene  una voz magnífica.
He pensado en ello y se lo he dicho a mamá  pero  dice que el limón  es muy fuerte y que se come el esmalte de los dientes. Así pues  no estoy muy convencida  al respecto.

Érika dice que debo tomar mucha sal, que me va a ayudar mucho. Dice que ella, cuando va al cine, come muchas pipas con aguasal y que, al rato,  nota un cosquilleo en la garganta y su voz es diferente.
Confieso que esta idea me llamó  la atención pero, al comentarlo con mamá, me ha dicho que es una locura, que los niños no debemos  tomar tanta sal,  que podemos  enfermar. Entonces me salió  otra vez con lo de la paciencia,  que aún tengo que crecer...

Mi hermano Roberto dice tener una solución, dice que, con un buen par  de tortas, conseguiría  mi propósito más  rápido y, claro,  que él  está  dispuesto a ayudarme cuando yo quiera...
¡Qué listo!  El cabeza hueca se cree que voy a caer en su trampa.

En fin, estoy que no sé muy bien que voy a hacer...  ¡Necesito  que mi voz empiece a ser diferente! Me encantaría poder escuchar a la niña que está en mí  y que se marche, de una vez por todas, este Marcos que odio con todas mis fuerzas y que me tiene atrapada...

Mi Libro En Blanco Orgav

¿Infierno o Paraíso?

"No hay nada más bello que lo que nunca he tenido, nada más amado que lo que perdí"

(Canción "Lucía", de Joan Manuel . Serrat)

¿Qué se podría decir de un amor que no existe, irreal como un sueño, que sólo vive en la imaginación pero que duele, que quema, que trastorna hasta hacerte enloquecer? Cuatro o cinco encuentros. El primero de adolescentes, casi sin palabras, sólo miradas furtivas y un rubor encendiendo las mejillas. Sus ojos claros quedaron grabados a fuego en los de ella y se dijo que lo amaría por encima de todas las cosas. Siempre. Juró nunca más lavarse la cara después de aquel beso de despedida.

Las veces siguientes ambos tenían su vida encauzada: una familia, unos hijos, esos encuentros entrañables, casi felices, en los que el corazón, ante su presencia, late más y más fuerte, tanto que temes que sus latidos se escuchen alrededor y revelen este sentimiento que pugna por salir del pecho. Otro adiós y otro abrazo que incendia el alma.

Uno se pregunta si el amor se parece al infierno o al paraíso. No hay respuesta, mucho menos podría especular sobre su sabor.

De nuevo vivir sólo para contar los días, los meses, los años, que transcurren hasta la próxima reunión, esta vez triste, tanto que las lágrimas del encuentro se funden con las del adiós; crees que el alma se te va a romper en pedazos y te preguntas: "¿Y si él me ama también"; intentas convencerte de que esas miradas, esas tiernas palabras no son casuales, de que hay mucho fuego bajo esos cálidos abrazos, pero aunque tu corazón desee proclamarlo a gritos tú debes callar... Esperar, esperar al próximo encuentro. Anhelar que esta vez no haya más despedidas, que se hunda el mundo, que sólo quedéis los dos en el planeta y estar juntos, unidos para siempre.

©MJTriguero2017

Imágenes extraídas de Internet


domingo, 26 de noviembre de 2017

MI ISLA


Llegaste a mi vida cuando ya no necesitaba a nadie, cuando ya me había acostumbrado a estar sola. Desde el principio fui sincera contigo. Te avisé que, para el amor, mis puertas estaban cerradas.

Quisiste enseñarme a volar mientras acompañabas mi vuelo. Intentaste arropar mi soledad con tu presencia; provocar el deshielo de mis sentimientos para que abandonase el invierno que los envolvía. Lamiste la sal de mis heridas para después curarlas con tus besos. Me llamaste “isla” y quisiste habitarme, construir un futuro sobre mis cenizas para, con tu aliento, juntas poder volver a arder.

Pero, no te diste cuenta que en mi cielo no había ventanas y en mi orilla solo quedaba arena y sal.

Incapaz de saltar las olas cargadas de recuerdos que me golpeaban, te ahogaste en mi mar.


Pilar Alejos Martínez.



Imagen extraída de la red.

viernes, 24 de noviembre de 2017

SABOR A TI

Foto de mi autoría.
-Cuando sea grande me voy a casar con Agustina, con eso de besos en la boca y todo.
-A mí me parece, que cuando sean grande, tú y Agustina, van a tener ganas de casarse con alguien que no sea un primo o una prima. Creo que van a querer casarse con alguien que no conocen. Pero ya veremos Arturo…
Di por zanjada la cuestión de esta forma, tan inesperada como divertida. Hacía tiempo que veía a mi nieta Agustina con sus preciosos cuatro años, tan emparejada y compinche con su primo Arturo, apenas unos meses menor.
Como buena mujer, comandaba el juego y Arturo, la secundaba y se dejaba llevar, complacido hasta la fascinación, que a esa edad, puede ejercer una prima unos meses mayor, tan avispada como seductora.
En el porche de la granja, donde transcurría el verano en familia, me encontraba disfrutando de Homero y su Odisea rescatada de la vieja biblioteca, cuando Agustina vino a acurrucarse en un almohadón a mi costado.
-Abuela, ¿ a qué saben los besos?- asaltó con la pregunta.
-Bueno… supongo que te refieres a los besos que se dan los enamorados en los labios.
-Sí abue, esos, ¿Qué gusto tienen? Porque a mí me parece que no me va a gustar que me den besos así. Me gustan los besos que me das tú en la frente, o los que me dan papá y mamá, antes de dormir.
-Cuando crecemos, los gustos por muchas cosas van cambiando. Por ejemplo, a tu edad, odiaba comer alcachofas. Hoy, es uno de mis platos preferidos. A tus años, yo ni siquiera pensaba en besos en la boca, solo cuando ya tenía veinte años, y conocí a tu abuelo, me enamoré de él perdidamente y comencé a soñar con besos que solo él me supo dar. Ahora que lo pienso, tenían gusto a frambuesa: dulces, jugosos, intensos. Así es, los besos del abuelo tenían su dulzura, su color, su ternura. Ya me contarás tú, cuando llegue tu tiempo, qué sabor tienen los besos, seguro que tendrán sabor a un chico muy guapo, que te robará el corazón.
Agustina, se quedó dormida. El día había sido intenso. Por lo bajo, la radio susurraba un bolero. Me quedé mirando el rojo del atardecer dormirse en el horizonte, mientras mis labios entonaban el estribillo: ”en la boca llevarás, sabor a mi”


Autora: Vivian Rodríguez Dorgia

jueves, 23 de noviembre de 2017

UTOPÍA

Esperanza se sentó en un taburete de la barra del recinto, ya casi desocupado de amigos y compañeros. Después de treinta años de trabajo recibía este cálido y "merecido" homenaje. Cruzó las piernas girando con indolencia en el sillón, su copa en la mano  y, sin saber por qué, un torrente de llanto brotó de sus ojos, chorreó por sus mejillas y provocó en su boca ese sabor salado propio de las lágrimas. Descubría miles de sentimientos encontrados, pero no lograba vislumbrar la raíz de su profunda melancolía, hasta que el regusto salado la transportó a su niñez: esos veranos eternos y ardientes, la siesta que siempre odió y ella, sentada en el umbral del patio, leyendo sin tregua, pelando y comiendo pipas saladas de una bolsa infinita, hasta que le escocían los labios. Por suerte, siempre volvía septiembre y el colegio. Una vez respondió en clase a un cuestionario:
 _"¿Qué quieres ser de mayor?
_"Escritora de libros (novelas)". Así, entre paréntesis.
            ¿En qué momento de la vida deserta uno de sus sueños? El tiempo no se detiene, la subsistencia impuso su ley, hoy podía considerarse una mujer "realizada, feliz esposa, madre de familia,"... pero esa nostalgia la atormentaba, como  los versos que aprendió de Garcilaso:
"Aquel que fue la causa de tal daño
A fuerza de llorar crecer hacía,
el árbol que con lágrimas regaba.
¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón porque lloraba!".
Si  la utopía tuviera un sabor, éste sería sin duda el salado.

© MJTriguero 2017

miércoles, 22 de noviembre de 2017

El Origen




Tras varios años de investigación, el paleontólogo da por finalizada su tesis sobre el origen de la especie humana. Según sus estudios, sitúa a nuestros ancestros en la sabana africana, tras haber descendido de las ramas de los árboles. El paso de primate a homo sucedió en tierra firme.
El día que expone la tesis, no puede evitar llorar emocionado ante todos sus colegas de profesión. Y en un momento tan decisivo como placentero, el estudioso se cuestiona lo que él mismo acaba de afirmar, al degustar el sabor de sus lágrimas… “¿y si el origen estuviera en el mar? Las lágrimas, nuestra sangre, el líquido amniótico… somos agua y sal. Somos mar”.

Fuente:smithsonianmag.com
Autora: Ana Pascual Pérez.




Tormentas de sal

Thor (Imagen sacada de la red)

Cuando a Nerea se le llenan los ojos de lágrimas, le hablo de la máquina de hacer sal que ruge desde el mar y hace que escueza la mirada. El viejo Thor, le digo, vuelve a estar picando sal, y ella ríe, ríe llorando como cuando sale el sol entre la lluvia. Ambas sabemos que necesita un puente, un arcoíris para cruzar al otro lado del llanto. Entonces, ella extiende sus brazos hacia mí para bailar juntas bajo la lluvia y bailamos. Bailamos hasta agotarnos y hacer reír al viejo Thor, que está muy viejo para andar dando la lata.

Manoli VF ©

Agua y sal

Pintura: Los Acantilados Amédée Julien Marcel Clément



  
La sal del mar está en tu habitación. Me sumerjo entre las sábanas y vuelvo a oír el ruido de las olas, a sentirlas batir en nuestras piernas. Huele a ti, como huelen los recuerdos que te transportan, que te llevan a un lugar en el que te has quedado. Todo está bien en nuestra playa virgen, el sol cierra mis venas desgarradas. Como todos los días, te has levantado triste, el rostro macilento, con los ojos llenos de agua. Te he sentido llorar toda la noche sin poder consolarte; y ahora, que te has ido, me refugio entre las sábanas para tomar tu testigo. Solo soy un fantasma que te sigue queriendo y espera a que pase tu dolor. A que algún día puedas perdonarme.

                     MVF

Imagen sacada de la red

jueves, 16 de noviembre de 2017

El amargo camino de la resiliencia.

Escribiendo con los cinco sentidos, sabor: amargo.
Título: El amargo camino de la resiliencia.
Hoy voy a dejar que duela,
voy a dejar que la herida escueza,
que sangre...
Voy a meter los dedos en ella.
Voy a llorar por cada palabra
y por cada silencio,
por los intentos y  sueños frustrados,
por los años invertidos
y por el  fracaso...
Sí, hoy voy a dejar que duela
mientras lloro.
Y voy a dejar, con estas palabras, 
que el dolor se pronuncie
y que sean  las lágrimas
las que acaricien mi cara,
mientras los recuerdos
retuercen mi cuerpo
en un duro abrazo...
Hoy voy a llorar
y voy a dejar que duela.
Lo haré  por ti y por mí,
por el cariño
que aún nos procesamos
y por el respeto mutuo.
Pero sólo será  por hoy...
Y si mañana me ves sonreír,
si ves un matiz de felicidad,
te pido que no me juzgues,
que respetes el modo en que elegí
llevar mi sufrimiento,
que entiendas que no existe egoísmo
en querer sobrevivir,
y que todos debemos ser resilientes
para dejar marchar los demonios
que llevamos dentro.
Hoy dejo que duela mientras lloro...
©Orgav
Todos los derechos reservados.

Entrevista a Noemí Hernández Muñoz




Hoy es noticia en nuestro blog una de nuestras escritoras: Noemí Hernández Muñoz, que acaba de publicar su novela de fantasía El Poder del Medallón

Nacida en Almería y licenciada en Filología Hispánica, su pasión es la literatura del género fantástico y de terror. También ha publicado obras encuadradas en el género juvenil como su primera novela (que escribió con tan solo  doce años y reescribiría más tarde) Las Aventuras de Nuri, Noe y Sora: Mundos Mágicos 1


Adjunto aquí el enlace a la entrevista que le han hecho en el espacio Los conejos Literarios

¡Mucha suerte, Noemí, en tus aventuras literarias! Seguiremos desde aquí tu trayectoria, escritora.













miércoles, 15 de noviembre de 2017

Un trago amargo

                                               Imagen bajada de Internet



Tumbado en la arena de la playa, Ernst sondea, con la ayuda de una vara, el sitio marcado; cuando topa con algo metálico, aparta la arena que tapa la mina, luego con sumo cuidado desenrosca el tapón y la desactiva. Recuerda sin cesar las palabras del sargento danés: «Hay miles de minas enterradas en esta playa, minas que colocaron vuestros compatriotas; ahora os toca a vosotros desenterrarlas.»

A los cinco meses, la playa estaba limpia. De los catorce presos alemanes, adolescentes y niños, que empezaron la tarea, solo quedaron cuatro.

martes, 14 de noviembre de 2017

Agruras


La imagen puede contener: cielo, naturaleza y exterior
Foto: elcaminodejp.files (wordpress)

Fue durante la temporada de recogida de la aceituna que mi madre descubrió a su mejor amiga en los brazos adúlteros de mi padre. Yo, que estaba dentro de su vientre, al sentir el galope enfurecido de su corazón, pegué un brinco tan grande que casi salgo por su garganta. Desde entonces, madre comenzó a padecer agruras que no se calmaban con ningún remedio. Tanta era su acidez que, cuando llegó el día de mi nacimiento, decidió llamarme Mara, nombre de origen hebreo que puede traducirse por amargura, tal era la raíz que la atormentaba. Crecí con el Sambenito de la traición paterna, la misma que hacía que madre recordara su sufrimiento cada vez que me llamaba. Harta de ser hija adoptiva del desamor, decidí cambiarme el nombre al llegar a la mayoría de edad, y tuve la ocurrencia de llamarme Deborah, por eso de los contrastes. Desde entonces, mi progenitora comenzó a mostrar ante todos un comportamiento muy diferente, tanto que, en la última temporada de la aceituna, la encontré bajo los olivares con un amante. Si en algún momento tuve miedo de que la historia se repitiese, este se me esfumó de golpe al contemplar el rostro justiciero de mamá, convertida ahora en una vengativa y gigantesca mantis.

MVF©


Sevillanas sin leche ni azúcar



De niña era frágil y delicada. El médico me recetó aceite de hígado de bacalao para estimular el apetito pero, como suele ocurrir con los niños, yo odiaba ese sabor. Siempre pensé que era lo más amargo que uno podía degustar en el mundo. Después, diversas enfermedades se cebaron conmigo, lo cual motivó el consiguiente tratamiento a base de medicinas varias que yo me resistía a tomar. Mi pobre madre se las ingeniaba para camuflar el remedio en bollos y pasteles de apariencia suculenta que llamasen mi atención, pero por mucho que lo intentase mi sensible paladar captaba la perversa maniobra y lograba detectar el funesto brebaje, lo cual provocó mi odio exacerbado de por vida a dulces, tartas, y todo aquello que me recuerde, aun de lejos, mi sufrida y a regañadientes medicada infancia. Con el tiempo mi naturaleza logró salir adelante con la ayuda de las medicinas y las elaboradas tretas de mamá.
Cuando nos comunicaron su enfermedad el mundo entero se derrumbó. Fueron meses de preguntas sin respuesta, de lucha tenaz contra lo inevitable, de un dolor insoportable. Una mañana de domingo ella nos dejó. En una radio cercana alguien del hospital escuchaba música de sevillanas. Siempre amé esa música alegre que infundía dinamismo en el corazón, y hasta lograba aminorar la amargura del aceite de hígado de bacalao antes del colegio (mamá intentaba distraerme con cualquier cosa con tal de que fuera buena chica y cumpliese las prescripciones médicas).
Llevo días sin dormir. Desde que ella partió tomo litros de café negro, solo, amargo, como homenaje a su memoria. Creí que encontraría algo más amargo que el aceite de hígado de bacalao, algo más amargo que las sevillanas junto a una moribunda, algo más amargo que el café negro, pero no. Ahora sé que no hay nada más amargo que su ausencia.
MJT.

domingo, 12 de noviembre de 2017


Escribiendo con los cinco sentidos, sabor. Umami.

"Ritorno" al umami.
No fue consciente de que lo había encontrado hasta que los comensales dejaron escapar un leve suspiro, y cerraron los ojos para entregarse de lleno al sabor de la salsa.
- ¡Bravo, Paolino!- repitieron casi al unísono, incluso hubo aplausos. Él paladeó el éxito y se inclinó agradecido, como un actor que es ovacionado después de la función

Llevaba tiempo buscando ese quinto sabor entre la cocina de fusión y la experimental. Harto ya de devanarse los sesos, esta vez optó por los ingredientes más básicos (tomates, anchoas y parmesano). Aquellos que seleccionaba su “mamma” con tanto cuidado, al tiempo que tarareaba una canción de Umberto Tozzi. Los mismos que mezclaba después en la cocina junto a su padre, entre risas y abrazos, mientras la prole jugaba “al calcio” en el patio…

En su “ristorante” volvió a escuchar ese sonido exento de vocales, similar al mugido de una vaca, pero mucho más placentero. El mismo “mmmm” que dejaban escapar él y sus hermanos mientras la salsa se habría paso en sus bocas, envolviendo sus lenguas, inundando los paladares de “semplici e deliziosi piaceri”.
Fuente: web recetasitalianas.com

sábado, 11 de noviembre de 2017

Dejándome la piel.

Escribiendo con los cinco sentido.
Sabor : UMAMI
Llevaba días con aquella  idea pegada en mis dedos. La tenía presente día  y noche; no  la podía  despegar.
Una mañana, en un estado de desesperación, casi  de locura, pensé  en  ayudarme  con la boca. Enganché   la idea entre mis dientes y tiré y tiré, cada vez con más fuerza.
El último tirón  fue tan fuerte que consiguí despegarla, también parte de la piel de los dedos. La idea salió lanzada hacia mi boca que, de la emoción,  la tenía   abierta,  y fue  a parar  a la garganta.
Al tragármela noté  un sabor diferente, intenso pero con un regusto delicioso; era lo que siempre había  escuchado como  el sabor umami de una idea.  Lo reconocí al instante.
Desde entonces, lo que nació como una idea pegajosa, llegó a mi corazón y se convirtió  en  obsesión; en mi  modo de vida.
Todos los derechos reservados (Texto)
©Orgav
Imagen utilizada de Google.

Traicionera atracción dulce

ESCRIBIENDO CON LOS CINCO SENTIDOS-GUSTO: Dulce
- El congreso es a las cinco. ¿Te importa si me doy una ducha un momento y después nos vamos a comer?
- Claro, no te preocupes, hay tiempo- digo despreocupado.
-Entretanto, si quieres tomar algo, el bar tiene dos o tres cosillas.
Veo irse a Marta al dormitorio. Mientras, decido ir a curiosear el bar. Al fondo, la escucho hablar de ir a "Casa Nonno Paolo", que tienen un tiramisù delicioso. Sus palabras  hacen  mi boca agua al recordar el amargor del cacao puro y el café; entiendo que mi cuerpo ya ha dado su aprobación.  
Cierro el bar y meto mis manos en los bolsillos; me veo sorprendido por el tacto suave  del interior. Curioseo los cuadros y las fotografías  del salón mientras escucho los pasos de Marta al otro lado del piso; el agua de la ducha empieza a correr.
En lo alto de una repisa, me llama la atención la fotografía de un hombre mayor vestido de capitán.  El  parecido con Marta es impresionante, deduzco  que es su padre. Me dispongo a cogerla cuando, de pronto, un olor dulce me atrapa.
-¿A qué  huele?- se me escapa en voz alta y, olvidándome por completo de la foto, siento la necesidad de ver de dónde procede.
Siguiendo el olor, llego al dormitorio de Marta. Está un poco desordenado; pequeños montones de ropa ocupan la cama. El olor me lleva a la entrada del baño y,  sin llegar a entrar, veo, en el espejo, el reflejo de Marta. Está preciosa con su pelo suelto y su piel  rosada. La observo. Pone jabón  en su mano derecha y se lo extiende sobre su hombro izquierdo de un modo que, se me antoja, muy sensual. El olor es muy agradable; me atrae. Huele a chocolate y a almendras tostadas, a pastel. Me recuerda a las meriendas, cuando era pequeño, en casa de mis abuelos. La abuela hacía bizcocho y preparaba el cocholate  para ponerlo por encima. Yo siempre rebañaba, con los dedos, el resto del cazo.
En medio de mi evasión, escucho:
- ¡Andrés!
Y, sorprendido, veo a Marta en la ducha con la cara desencajada, las manos separadas y una gota de aquel jabón colgando de unos de sus pechos.
Sin mediar palabra, me acerco a ella mirándola a los ojos y estiro  mi mano derecha hacia a ella. Es entonces cuando mi dedo índice  recoge, de forma golosa, la gota de jabón de su pecho y  lo meto en mi boca:
- Lo siento- le digo como si nada-tengo hambre. ¿Te queda mucho?
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©Orgav

jueves, 9 de noviembre de 2017

El sabor de casa




Las mañanas en casa de mis abuelos no se parecían en nada a las otras mañanas. Lo primero que notaba al despertar era que olía distinto. Siempre había un olor a nuevo,  a día recién estrenado. Después venía el ruido, el lejano trajín de los vecinos en las calles y el sonido cercano de pasos en la cocina. Ese ¡Buenos días! compuesto por leche de cabra con cola cao, un sabor único que alcanzaba su clímax en la taza blanca de la alacena, y  sabía a gloria al lado de los troncos que ardían en el suelo, creando figuras a contraluz con sus oscilantes llamas. Nunca más he vuelto a beber una leche tan cremosa, tan suave, tan cara…


MVF

martes, 7 de noviembre de 2017

Manteca colorá


Aún recuerdo su olor contundente, familiar, a pueblo;  su gusto sabroso, potente, cremoso en la boca y sutil al cabo de un buen rato. El pan  agradecía la manteca, formaban un tándem perfecto, el pan, feliz, se prodigaba en rebanadas blancas, tiernas y crujientes al tostarse, y el café con leche era su acompañamiento ideal. A los forasteros les fascinaba la manteca colorá.
¿Qué quieres de desayuno?, preguntaba mi madre cada mañana cuando veraneábamos en aquel pueblecito del sur. Mi respuesta era invariablemente la misma: "pan con  manteca colorá.
Paco, el hijo del panadero era mi amigo, él me traía el pan recién hecho y era todo un goce para los sentidos compartir cada mañana ese momento irrepetible que quedará para siempre grabado en nuestras vidas y es de los que hace que ésta merezca la pena disfrutar segundo a segundo.
Una mañana Paco venía serio. Su expresión era grave y meditabunda, como estaba cabizbajo y silencioso preferí no perturbar sus pensamientos. Mamá nos sirvió el consabido desayuno. Paco, poniendo su mano sobre el pan rechazó educadamente la manteca sobre la crujiente rebanada.
-¿Te pasa algo, Paco? ¿Cómo es que hoy no quieres manteca?
-Verá "zeñorita", es que… "z'a muerto mi abuela ¿zabe usté?"
-Vaya, lo siento mucho hombre… pero tendrás que comer. Tu ayuno por desgracia no  le devolverá  la vida.

-Sí pero… el luto, ya ve… bien clarito me lo advirtió mi madre: "Na de manteca colorá con el luto de tu abuela"

Macarons




Nunca había estado en París. A mis dieciséis años ni siquiera había salido de casa. Aquél era el último curso, culminaba un ciclo. Se imponía el viaje,  calmaría a mis padres, súbitamente preocupados por mi supuesta sobreprotección.  Sucumbí a  la parafernalia de preparativos que enardecía a mis compañeros.  Debía enfrentarme al mundo, perder el miedo, aquél sería mi "viaje iniciático". Decidí desinhibirme y sortear las miradas escrutadoras de quienes observaban nuestras carcajadas recorriendo los Campos Elíseos o esperando ante la Torre Eiffel, miradas que yo presentía, intuía, percibía, en los silencios y  sombras en torno a  mí. No intentaré explicar las excelencias que la Ciudad Luz nos reservaba, aunque fuéramos una pandilla de adolescentes ciegos.
La última tarde era obligado merendar en algún  café refinado como La Durée.  Pedí un "grand crème". Compartimos los clásicos "macarons". Adiviné la presencia cercana de un hombre joven, su perfume discretamente herbal, su voz sugerente: "¿Puedo ayudarla, mademoiselle?". Sin aguardar respuesta puso mi mano sobre la suya cálida y suave, noté la levedad de un objeto liso, redondeado, rugoso alrededor, olía a vainilla y a algo dulzón y penetrante. Casi cabía en el hueco de mi mano. "Le aconsejo éste", susurró, "despacio, aprecie primero ese leve crujido entre sus dientes de la capa de merengue quebrándose al morder… saboree el fondo de almendra cremosa, deslícelo "doucement" hacia el paladar,  adivine su gusto final…

Siguió después un baile de lenguas, alientos y paladares: saliva fusionada con chocolate, avellana, nata y caramelo: "adivine este nuevo sabor, es especial y exótico". Ahora confundo  ilusión y realidad, se me hace la boca agua al recordar aquel juego fantástico que me descubrió el deleite de los besos adolescentes en la mágica tarde de un café de París. 



miércoles, 1 de noviembre de 2017

Los viernes son de Dulce

Fuente: blog masrecetasdecocina



Mientras repasa mentalmente los preparativos, escucha el ruido del viejo citröen bajando la cuesta, oye al hijo del vecino despidiendo a su marido, como cada viernes, a la misma hora, la misma frase…
- Qué pase un buen día señor Iturralde ¡recuerdos a su señora!. - Dice alzando la voz, y dando dos toques al timbre de su bicicleta.

Desde ese momento y hasta que su marido regresa, el ritmo vital de la señora Azcuénaga es frenético. En la mesa de la cocina esparce la harina, pone el chocolate a fuego lento y empieza a elaborar la crema pastelera (por si llama alguien más golosillo de lo habitual). Lo tiene todo listo para una primera hornada.
Lo siguiente que hace es comprobar que han publicado su anuncio en el diario local. “Si te gusta el chocolate, si te pirra el dulce, llámame, y repetirás. Todo natural y tradicional, como lo hacían nuestras abuelas. Encargos en 943324456, preguntar por Dulce”. Ahí está, tal y como lo había pedido, con letra Comic Sans y en colores pastel. Después amasa con amor, y mientras tanto va probando el chocolate, a ver qué tal le ha salido. Primero a poquitos, pero como siempre, termina rebañando el cazo.

Normalmente empieza a sonar el teléfono a las once, después para, y a partir de la una y media, las llamadas se suceden. Un día a la semana, Dulce Azcuénaga se vuelca en lo que es su verdadera vocación; prepara unas deliciosas magdalenas rellenas de chocolate, que saben a gloria. Y a veces, no sabe si movida por el entusiasmo de los clientes hacia su repostería o por alguna otra razón que escapa a su lógica, invita a alguno a comer sus creaciones con verdadera pasión, y así se endulza el día.
Al final de la jornada, el aroma a chocolate impregna toda la cocina, también la ropa de Dulce, y su piel. Antes de que el señor Iturralde vuelva, deja junto al porche del vecino una docena de sus deliciosos postres. El niño apenas tarda unos segundos en cobrar por su silencio. Después, la señora Azcuénaga regresa a casa, y se prepara... En breve escuchará el motor del citröen subiendo la cuesta.