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jueves, 12 de diciembre de 2019

Poesía experimental


El tiempo


El tiempo.
Son tan solo horas, minutos, segundos que se nos escapan entre los dedos.
Por eso cuando me dices: "¡Cuántas horas hemos hablado por teléfono!"
y tu voz adquiere un tono de extrañeza
ante lo que yo considero una simple inversión en el cortejo,
busco la cifra: treinta y siete horas y media... Ni una más, ni una menos.

Son seis noches de sueño sobrevolando paraísos perdidos.
Son setenta y cinco ágapes que reconfortan el alma.
Son doscientas veinticinco duchas que atemperan el miedo.
Son cuarenta y cinco mil caricias...
Y setenta y cinco mil quinientos "te quiero".

Fuiste bucle (lipograma sin la a)


Te puedo sentir entre los edificios.
Como cientos de ojos que se retuercen sobre un fuego intenso.
Siento que soy un simple desconocido
en tu universo de flores, luces de colores e incienso.

Te he visto estremeciéndote,
frente por frente conmigo;
mi pelo queriendo ser mecido
por los brillos de un sol vespertino.

Fuimos justo en un suspiro
esos dos niños expertos en juegos y secretos perdidos.

Por eso no lo entiendo...
¿Por qué en vez de seguir con un nuevo comienzo
viste simplemente muchos meses de invierno?

Tengo en mi mente los nombres de todos ésos
que tú decidiste con tu peso desprenderme de ellos.
Y en este efímero momento,
solo pienso en nieve, frío y el tiempo
que dediqué en ti, en sentirte como mi cielo,
en seguir volviendo contigo, mil veces...
Con tus "no te quiero".

Estoy recorriendo mi destino: un sitio gélido pero vivo.
Y observo el pino que, tímido, se reconoce entre los edificios.
Y te siento como un simple inquilino que no veré... Ni en un eterno siglo.



El castillo de Beatricia

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