lunes, 25 de marzo de 2019


Donde nacen las palabras
que el amor ilumina,
donde la luz arrebata
y fecunda estrellas en el alma.
Allí, en el revuelto lecho. Allí,
al caer la tarde, tierra y cielo,
tú y yo. Y la dulce herida
de los astros en pleno vuelo.



🎨 Egon Schiele

sábado, 9 de febrero de 2019

Una de vaqueros

En casa de mi abuelo existía un cofre del tesoro. A menudo mi hermana y yo acudíamos con mi madre a su casa, que se encargaba de su limpieza y colada.

El abuelo vivía con un hermano y eran los dos octogenarios. La abuela había muerto cinco meses antes de mi nacimiento; mi hermana la recordaba bien por ser mucho mayor que yo, pero para mí solo era la señora que presidía, desde una foto,  la pared de la mesa del comedor. Una señora recia, seria, pero en cuyos rasgos yo adivinaba la suavidad y claridad de pensamiento, quizás en esa frente ancha y esa sonrisa medio encogida, que parecía siempre a punto de estirarse. Por las anécdotas que mi madre nos contaba sabía que esa seriedad no era tanta.

El asunto es que el abuelo y el tío a su avanzada edad seguían con su trajín en el campo, con su huerta, sus cabras, su caballo y aperos de labranza. Mientras mi madre lavaba sus ropas en el lavadero comunal y mi hermana se ocupaba de la comida, yo me las arreglaba, entre tiempo y tiempo de barrer suelos y limpiar cristales, para encontrar cosas, como ese cofre del tesoro que aunque no estaba escondido (sino a la vista de todos en la habitación grande) a nadie parecía llamarle la atención.

En el cofre había cómics antiguos de "Billy el niño", " El guerrero luchador", y otras chuches como las novelas de Corín Tellado o las famosas Marcial Lafuente Estefanía. Novelas del oeste, sí, que yo leía tratando de imaginarme a mi abuelo de joven, montando un pura sangre de esos para impresionar a mi abuela. Sí, de vaqueros, pero vaqueros con armas de fuego y corazones de azúcar que se ablandaban al calor del hogar una noche de invierno.

Ahora que lo pienso, caigo en la cuenta de que las letras, fuesen cuales fuesen los paisajes que dibujasen, tenían la magia de transportarme y quizás por eso, mientras mi hermana y mi madre regresaban a casa cansadas de trabajar, yo regresaba ligera, como quien vuelve de un viaje. Pero no de un viaje cualquiera sino uno que me hacía desear muchos más.

A mi abuelo, Ramón Fernández.

MVF©






jueves, 10 de enero de 2019

Proyecto Edad de Plata Universidad Complutense Madrid (LOEP)


La Otra Edad de Plata es un Proyecto dirigido por la filóloga Dolores Romero López de la universidad complutense de Madrid y que pretende difundir obras de autores y autoras poco conocidos de la llamada "Edad de Plata" y comprende gran parte de la literatura escrita por mujeres en una época en que la narrativa femenina tenía poca difusión. 


En este proyecto se ofrecen libros para su lectura y escucha oral y también libros interactivos para que el usuario se adentre en la época e historia que narran.

También dedica especial atención a las mujeres pioneras del movimiento feminista y a la literatura femenina en una etapa en la que esta no alcanzaba la relevancia que merecía.

Desde aquí nuestra felicitación y agradecimiento  a Dolores por esta encomiable labor, así como a todo el equipo integrante.




Biblioteca de libros interactivos

Colecciones interactivas

lunes, 18 de junio de 2018

Biblioteca Ignoria

En este sitio web podemos encontrar talleres, recursos sobre escritura, interesantes artículos y biografías y, además, una enriquecedora biblioteca con clásicos de todos los tiempos y disciplinas junto a autores más actuales.

Dejo el enlace a la biblioteca para que elijáis entre las publicaciones digitales que atesora.







¡Feliz lectura!

CUENTOS DE TERROR

Recién acabo de descubrir un enlace a diversos cuentos de terror, recomendados por el escritor mexicano, Alberto Chimal. Os los comparto, para que os animéis a leerlos en esas noches en las que estáis solas y aburridas...

AUTRUI, de Juan José Arreola

EL FUMADOR DE PIPA de Martín D. Armstrong

LA CASA VACÍA de Algernón Blackwood

EL TESTAMENTO DE MAGDALEN BLAIR de Aleister Crowley

EL GUARDAVÍA de Charles Dickens

EL CALOR DE AGOSTO de W.F. Harvey

EL HOMBRE DE ARENA de Hoffmann

SUPERVIVIENTE de Stephen King

EL PUEBLO BLANCO de Arthur Machen

EL HORLA de Fran Maupassa

EL TAPIZ AMARILLO de Charlotte Perkins Gilman

EL MANUSCRITO HALLADO EN UNA BOTELLA de Edgar Alan Poe

EL ALMOHADÓN DE PLUMAS de Horacio Quiroga

LA MANO DE GOETZ VON G. de Jean Ray

DONDE SU FUEGO NUNCA SE APAGA de May Sinclair

viernes, 15 de junio de 2018

TAL VEZ MAÑANA…


Desde ayer estoy encerrada en mi cuarto. Él era el único amigo que he tenido desde que nos mudamos a este barrio  esnob.
Lo veía desde mi ventana, sobre las nueve, con sombrero y gabardina, daba igual el día que hiciese,  y volvía media hora después con el periódico y una bolsa de plástico. Salía también alguna tarde, pero raramente lo vi regresar. Un día decidí espiarlo en su recorrido, siempre el mismo: el puesto de periódicos: recogía un diario atrasado y el supermercado: compraba una botella de leche y un paquete de comida para gatos. Luego volvía dando un pequeño rodeo.
Hasta que me pilló al doblar una esquina. -"Y bien, señorita, ¿puedo saber por qué me sigue usted desde hace algún tiempo?". El susto inicial se desvaneció al no advertir en sus ojos signo de malicia. Pronto hicimos amistad. Era un erudito: sus historias del pasado, su amor por el arte, la música, la cultura… pero lo que realmente nos encantaba era jugar a las pistas: Dejábamos indicios aquí y allá y debíamos descubrir su verdadero significado. Pero nada es perfecto. Mi madre advirtió la causa de mi repentino cambio de humor y me prohibió terminantemente volver a verlo o hablar con él.  Me limité a observar sus entradas y salidas y a saludarle mientras se llevaba cortésmente la mano al sombrero.
La policía ha venido. Mi madre insiste en que abra la puerta. Ayer lo encontraron muerto, la casa en un lamentable estado. Ante mí tengo un sobre cerrado  escrito con bella caligrafía: "Señorita Victoria". Quizás lo abra después… o mañana. Podría adivinar su contenido: una carta, entradas para la ópera, una insignia de caballero de la Legión de Honor, aunque… quizás contenga alguna llave, un recorte de periódico, un billete de autobús con destino insospechado, ¿quién sabe?… ¡Ah!, no tenía gato.

©M.J. Triguero 2018. Imagen de Internet


MI HÉROE



"Madre, he dicho que no". Colgué y conduje nerviosa, molesta, preguntándome a quién conocería hoy, a pesar de mi insistencia en que suspendiera esa invitación a Armando, Arturo, o como se llamase. Al entrar al pueblo, un imbécil se cruzó en la rotonda y no pude evitar la colisión. El golpe fue monumental, aunque afortunadamente no grave. Entonces apareció él con su aplomo y seguridad, el agente que me calmó, se preocupó por mi estado general y se encargó de restituir la normalidad.
Llegué a casa todavía confundida, la cabeza me iba a estallar. Mamá, asustada, me envolvió en una nube de besos y abrazos. Le conté someramente el accidente. "Vaya, qué pena, invité a cenar a…, pero si estás cansada podemos quedar otro día…"
"Mamá, te lo advertí: ¡Nada de citas!".
Demasiado tarde. Lo divisamos desde el jardín, un chico alto llevando un cursi ramo de flores descendía a buen paso por la ladera. Me temí lo peor: "¡Tierra trágame!" Corrí a ducharme recreándome a placer, perdiendo tiempo, haciendo aguardar al susodicho, implorando que, aburrido, se largarse.
Bajé lentamente al salón, escuchando una voz varonil que me resultaba seductoramente familiar, diría que hasta inspiraba confianza.
"Margot, mira quien ha venido, ¿Recuerdas a Alberto? Fuisteis juntos al instituto". Ya lo creo. Aquel chico pálido, larguirucho, reservado, tímido, ahora era un joven fuerte, seguro, varonil y de agradable presencia. Esta vez mi madre acertó.
"¡Vaya, creo que nos hemos visto hace poco! ¿Seguro que estás bien?", -"Seguro", reí contenta y aliviada al ver al atractivo y providencial agente que me amparó en la rotonda.


© María José Triguero Miranda 2018. Foto de Internet.