lunes, 11 de noviembre de 2019

Patricia Fabiana Collazo: el arte de atrapar un cuento


Patricia Fabiana Collazo

En el blog tenemos el gusto de contar con la visita de una escritora multipremiada en el ámbito de la microliteratura, Patricia Fabiana Collazo cuya pasión por la escritura, por inventar mundos y encontrar algo nuevo, se remonta a la niñez y la ha llevado a recibir más de ochenta premios, publicar dos libros y poner en pie, para que las recibamos con aplausos,  a sus letras, siempre en busca de una historia que contar. Pero nadie mejor que ella misma para hablarnos sobre su proceso en el arte de juntar palabras:
Mi proceso creativo
Creo que la mejor descripción de mi proceso creativo está en el texto que adjunto (resumido)  a continuación y que forma parte de mi libro Sinestesia general:

Instrucciones para construir un atrapacuentos
Se toma una hoja blanca con renglones barrotes, y una puerta en el margen superior. La disposición de los barrotes resulta adecuada si no se quiere advertir de la maniobra al cuento en cuestión.
Se desgranan unas letras a modo de migajas, desordenadamente. Es importante no mantener un patrón, ni un diseño estructurado.
Se silban melodías inexactas apoyando los labios en un doblez aleatorio del papel.
Se invocan pensamientos absurdos, imágenes fuera de lugar, soles revueltos con cuchara, pájaros en una jaula sin rejas, árboles de raíces invertidas.
La clave de un buen atrapacuentos radica más en su utilidad que en su diseño. Por eso, a la hora de ensamblar el aparato, todo vale. Imanes para atraer ideas metálicas, pegamento de secado instantáneo, lombrices enroscadas, suelos falsos que no puedan ser advertidos a la distancia, y hasta anuncios encabezados con el vocablo recompensaré.
(….) Se recomienda alternar la construcción de atrapacuentos, con paciencia. Darle celos al (relato) rebelde escribiendo un cuento dócil, que se deslice sin objeciones entre los barrotes; y en el momento más inesperado, girar la cabeza de golpe.
Seguramente estará allí, mirando curioso sobre el hombro, el devenir de otra historia. Y será el momento de enlazar su cuello, tenderlo de espaldas y hacerle cosquillas, o maniatarlo, o sacudirlo en el balcón sosteniéndolo firmemente.
Después, sólo es cuestión de saberle mostrar una cinta que romper al final de la hoja. Una meta inexcusable a la cual más tarde o más temprano necesite llegar, para rasgarla con los brazos en alto, y echarse a descansar en un terreno en el cual, ya se hará inalcanzablemente ajeno, otra vez.


Algunos micros:

Excluidos
Por qué demonios sus dueños los han abandonado en ese inhóspito lugar, se preguntan. Uno, retenido en el bolsillo trasero de un jean que ha quedado derramado sobre la silla. El otro, en el interior de un atiborrado bolso de chica. Cargados de mensajes, vibrantes notificaciones, parpadeantes e irascibles, no pueden concebir no haber sido mirados, acariciados, atendidos, durante más de tres horas. Y ni siquiera es de noche. Inaudito. No comprenden el runrún de murmullos, risas, voces deslizantes que se entrecruzan sus dueños, a cara descubierta, sin pantallas ni emoticones de por medio. Absurdo. Como recurso extremo,  se intercambian llamadas.  Pero, y esto sí que termina por desmoronarles, han sido silenciados.
Sinestesia general (2019)

Reglas de puntuación
Deja unos puntos suspensivos bien visibles para que él sepa que está harta de que esquive sus guiones de diálogo.  
Cuando le deja unos paréntesis, él sabe que le está dando una tregua de signos de exclamación sin interrogativos.  Si le deja un dos puntos, que le dirá algo importante; y ante una hilera de comas, que habrá tediosos reproches enumerados.
Estos son sus primeros puntos suspensivos. Espera ansiosa que él le susurre algo entre comillas, le erice los puntos y comas y la obligue a perdonar. 
Pero él no lo hace. Ha preferido interpretar el mensaje como un triple e irrevocable punto final. 
Sinestesia general (2019)


Repostería para hombres
Nos dejaron sin magdalenas, dijo el abuelo cuando clausuraron el puticlub de las afueras. Yo, que siempre me preguntaba qué venderían en aquel sitio lleno de lucecitas en pleno día, al fin lo entendí: era una repostería para hombres. Las mujeres del pueblo nunca entraban allí. Solo unas chicas, que serían las reposteras. Imaginé que elaborarían bollos bien masculinos: churros, porras, vigilantes. Una pena que lo cerraran. Sobre todo porque yo sospechaba que papá llevaba encerrado allí como cuatro meses, y era posible que no se hubiera enterado de que la policía (por aquello de que fabricaran porras y vigilantes) había clausurado el local.
Inédito

Las croquetas de la tía
A seguir viendo la tele nos mandaron a los niños cuando a la tía Filomena se le dio por morirse. Estaba haciendo sus famosas croquetas, y cayó desparramada con la cuchara de madera en la mano, dejando un reguero de bechamel alrededor. Chispas lamió cada gota, mientras los adultos intentaban reanimarla. Inútil, estaba claro que había muerto. De ninguna otra manera hubiera ella dejado de revolver la bechamel. 
¡Irnos a ver la tele con lo interesante que estaba aquello! La sentaron en su silla mientras discutían no sé qué de la pensión. La tía no opinaba, pero sus ojos fijos en la cazuela humeante, lo decían todo.
Inédito

Una pequeña historia autobiográfica:
Cuando siendo pequeña me preguntaban qué quería ser de mayor, y yo respondía que sería escritora, recibía en general miradas de sorpresa y sonrisas condescendientes.
Los años, la vida, pusieron las cosas en su lugar. Me convertí en escritora estudiando informática. Combiné ecuaciones diferenciales y relatos, derivadas matemáticas e historias con derivaciones, bytes y palabras, bits y vocales.
Siendo ya Licenciada en informática fui a por las letras con determinación. Por suerte, en ese momento, apareció en mi vida mi profe Ana y sus talleres Antimusa.
Y aprendí, cuánto aprendí durante más de diez años de encuentros semanales y muchos cuadernos repletos de historias.
En el 97, me decidí a autopublicar mi Intermediarios abstenerse, un libro de relatos que me dio muchas alegrías.
Luego vino el salto a España en el 2002, el aterrizaje, la inmersión en el español, las comparaciones inevitables con el argentino que siempre había escrito.
En el 2014, a raíz de que seleccionaran como finalista semanal el primer relato que envié al prestigioso concurso de Relatos en Cadena (referente para todos los microrrelatistas), me decidí a ir a por todas.
Tres finales anuales de Relatos en Cadena después, habiendo sido premiada desde entonces en más de setenta concursos literarios, mimando siempre mi blog (laletradepie.com), se edita mi libro de microrrelatos Sinestesia general gracias a la confianza que ha depositado en mí la editorial Platero Coolbooks.
¿El futuro? El futuro nadie lo conoce, pero intuyo que el mío tendrá nuevas historias, más desafíos, una novela, otros libros, pero sobre todo muchas letras que tozuda e irremediablemente seguiré poniendo de pie.
 
¿Qué por qué escribo? 
Escribo porque tengo tantos mundos en mí que, si no los pusiera por escrito, se me olvidarían o terminarían aplastándome.


Bitácora personal de la autora:

La letra de pie

Último libro publicado:

 Sinestesia general

Sinestesia General

lunes, 28 de octubre de 2019

Patricia Nasello: Escribir es internarse en el sortilegio de una nueva historia


 Hoy tenemos el honor de recibir en el blog, como autora invitada a Patricia Nasello, una excelente escritora, con una trayectoria en el campo de la  microliteratura reconocida y varios libros públicados.

Patricia nos habla de su proceso creativo con estas palabras:

Según reza el refrán, dentro de todo lector empedernido duerme un escritor que puede, o no, despertar. Cuando la escritora que dormía en mí despertó, lo hizo con un afán de explorador. Quiso descubrir qué se encontraba más allá de esa palabra tan sugerente, de esa línea, de esa idea.  Y cuando esa idea tomó forma de cuento deseó mirar más allá, internarse en el territorio desconocido, en el sortilegio de una nueva historia. No uso la palabra sortilegio de forma inocente. Todo escritor, toda escritora, es el Gran Hechicero, el que da forma, y ordena, el caos de su ficción.
Como quien recita un encantamiento, así escribo. Para traer al presente lo pasado, para materializar lo perdido, para detectar qué se halla detrás de la apariencia; expresar una opinión, jugar con la imaginación, o efectuar un homenaje. Tengo para mí que quien escribe, en última instancia, siempre lo hace para celebrar la vida. Porque, sin importar cuán duras sean las circunstancias, la vida siempre es una oportunidad. Escribir es cazar esa oportunidad. Y también casarse con ella.

Cuatro Microrrelatos de Patricia Nasello 

Paz

La guerra líquida, según fue apodada, tan sucia  como todas las que le antecedieron pero más cruenta que ninguna, finaliza. Los sobrevivientes, unos pocos hombres que ahora se piensan infinitamente poderosos, cumpliendo el acuerdo de palabra con el que sellaron el enfrentamiento fratricida, narcotizan los mares —único modo de atraparlos— y los parten, y reparten, y secuestran lo partido y repartido en sendas cajas fuertes. Bajo el peso de los bloques de cemento que guardan las cajas y su contenido precioso, bajo latas oxidadas, trozos de nailon, colillas de cigarrillos y rocas partidas por la inclemencia del desierto que se expande; bajo los huesos pulverizados de los muertos, la madre tierra suplica como un mendigo:
—agua, por favor.

Nosotros somos eternos (2016)


Retrato de mujer con esperanza

Cuenta el número de paquetes de regalo, nietos, cubiertos en la mesa, portaservilletas con la cara de Papá Noel y porciones de helado. Observa el pino, cargado, sobrecargado, con las luces y los adornos típicos de la ocasión.  Roza con los dedos el mantel blanco de hilo paraguayo que su madre usaba cada 25 de diciembre y se sienta a esperar el arribo de la familia.
De no saber lo que sabe, sería feliz.
Sabe  que ella es un personaje de ficción.  Sabe que un personaje de ficción nunca traspasa su mundo imaginario. Sabe, por lo tanto, que este anhelo entrañable de ver a los suyos vivir la Navidad más allá de estas líneas se encuentra condenado a la frustración. Sin embargo, la esperanza es una perra que nunca suelta la presa.

Una mujer vuelta al revés (2017)


Otra bestia predecible

El ocekaral es tuyo porque surgió de tu mente. Sin embargo, no se trata de un fantasma: la criatura es real. Y ese atractivo felino con el que te seduce, una trampa. Cierta noche, una noche que su zarpa ya fijó con una muesca de sangre en el calendario; el departamento en el que transcurren tus días, será jungla. Él abrazará tu cintura con su cola y saltará elevándote entre las ramas olorosas a flores tropicales. Su corazón latirá en tus labios y en tu gozo creerás, por una vez en la vida, contemplar el mundo desde su punto más alto.
Pero el mundo se nublará para tus ojos y… no llores. Deberías considerarte bendecida, otros padecen una muerte violenta sin haber disfrutado antes.

Qué buen disfraz de leona (2019)


Instrucciones para ser un buen perro

Usted no es ese gorrión que caza insectos  entre las tomateras, tampoco es el canario de la casa;  mucho menos el puma que sabemos en la espesura del monte. Comprenda,  entonces, que nadie entiende este delirio  suyo de libertad, de canto, de vuelo.
La sumisión al amo no es una cualidad inherente a su especie como muchos suponen, sin embargo, una vez que haya renunciado a este enajenamiento en el que ahora vive, tal cualidad le será dada por añadidura. Y  lo acompañará,  irreprochable, hasta el día de su muerte.
Inédito







 Magíster en Escritura Creativa por la Universidad de Salamanca (USAL) y Contadora Pública por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Su último libro es una micronovela titulada Acabemos con ellos de una vez, (Alción, 2019); también publicó los libros  de microrrelatos Qué buen disfraz de leona (Micrópolis, 2019), Una mujer vuelta al revés (2017, Macedonia), Nosotros somos eternos (2016, Macedonia) y El manuscrito (2001, edición de autor).

Participó en antologías, periódicos y revistas culturales (soporte papel) en Argentina, México, España, Perú, Rumania, Venezuela y Bolivia.

Trabajos suyos han sido traducidos al francés, italiano, rumano e inglés.

Desde el año 2013 administra Piedra y nido antología digital de minificción (más de trescientos escritores  publicados de veintisiete países) 

Desde diciembre de 2018 tiene a su cargo la columna "Efemérides literarias" en Tardes Amarillas, revista de cultura.

Bitácora personal: 




lunes, 14 de octubre de 2019

Siete micros de compañeras en homenaje al día de las escritoras

El Tiempo no miente


El tiempo se cruzó en mi camino, llevaba los  brazos entrelazados a la espalda y un paso marcado: "¡Secretos!" dijo, parándose frente a mi cara, para luego desaparecer. De pronto, me vi rodeada de máscaras tiradas por el suelo frente a un grupo de personas desconocidas con las que había compartido toda una vida.



Carlos III, solera reserva

Llevo tres mudanzas y en cada una de ellas he perdido algo. Objetos que en principio no echo en falta, hasta que la costumbre me lleva a ellos. Esta vez olvidé una botella y no una cualquiera, porque ésta contenía a mi padre.a Cada vez que la abría, viajaba a su lado. El aroma del brandy me llevaba hasta él, en el momento en que  balanceaba la copa en su mano, y un olor a madera y a fruta invadía el salón. Le recordaba preciso sirviendo el licor; me divertía ver cómo tumbaba la copa y dejaba el líquido suspendido en el borde…

Arropado en la calidez de su cuerpo y acariciado por su dulce aliento, me dejaba vencer por el sueño y la ensoñación.


Cotidiana anormalidad

Que se muevan los muebles de sitio, sin que yo los toque, no me impresiona. Tampoco que, de pronto, escuche gritos o risas extemporáneas en mitad de la noche. Yo no creo en fantasmas. Por eso, que aparezcas danzando, tras años muerto, lo veo del todo  lógico. No en vano eras el mejor en la pista de baile.  

María José Viz Blanco



Un trago amargo

Tumbado en la arena de la playa, Ernst sondea, con la ayuda de una vara, el sitio marcado; cuando topa con algo metálico, aparta la arena que tapa la mina, luego con sumo cuidado desenrosca el tapón y la desactiva. Recuerda sin cesar las palabras del sargento danés: «Hay miles de minas enterradas en esta playa, minas que colocaron vuestros compatriotas; ahora os toca a vosotros desenterrarlas.»
A los cinco meses, la playa estaba limpia. De los catorce presos alemanes, adolescentes y niños, que empezaron la tarea, solo quedaron cuatro.

Ginette Gilart

El andén


Hace un rato que me tiene usted hartita, caballero. Desde que llegué no deja de hacerme preguntas. Si soy de aquí, que donde voy... Escrutando mis ojos, ya llevo yo gafas oscuras para no dejarle penetrar mi pupila. No insista en contarme su dedicación a los niños, a las plantas, el milagro de la fotosíntesis ni de los maravillosos amaneceres desde su balcón; nada de eso me interesa, sólo, cuando esté llegando, tenga usted la bondad de apartarse. He de ser rápida y certera, no desviarme ni un centímetro, para que mi cuerpo sea totalmente aplastado por las ruedas.



Yo me bajo en Atocha

Que dice el señor del altavoz que debido a una avería en la red eléctrica, los trenes están sufriendo demoras en la línea que va a tu casa. Y que tal vez por eso, cada vez tus besos tardan más y cuando llegan ya no saltan chispas.
Molesten las disculpas.

La Pulsera

Robé el billete de veinte euros de la cesta cuando el padre Ángel no miraba. Lo necesitaba para comprarle una pulsera a Amanda mucho mejor que la que le había comprado Guille. Faltaba un día para su cumpleaños y yo llevaba un mes rogando que un billete de veinte euros estuviese al alcance de mi mano.




miércoles, 2 de octubre de 2019

Escribir para vivir miles de vidas


Pintura de Sally Swatland



Y tú, ¿por qué escribes? Escribo para vivir otras vidas, para sacar a la luz todas las Anas que hay en mí; incluso las más oscuras.




1. ¿Cuándo sentiste la necesidad de escribir? ¿Desde niña o por un resorte determinado que te activó?

Siempre he sido un poco fantasiosa y me ha gustado imaginar historias o continuar las que se desarrollaban en las películas y en los libros. A los diez años empecé a escribir cuentos que una tía mía me pasaba a máquina. Me encantaba leer y me temo que estos cuentos sólo eran una mala imitación de lo que leía pero con otros finales, o historias que me hubiese gustado vivir y que estaban fuera de mi alcance. Escribir me daba la posibilidad de vivir miles de vidas. 

Pero, cuando fui al instituto, lo dejé. A pesar de que siempre he tenido en mente retomar la escritura, no lo he hecho hasta hace seis años. Estaba de vacaciones y me desperté temprano con una historia en la cabeza y el primer párrafo de un relato. Me tomé una semana en terminarlo y se lo di a leer a una amiga y se quedó ahí. Pero luego surgieron otras historias; hasta hoy. Sí creo que hay una especie de instinto que te impulsa a crear, a reflejar en el papel o en cualquier otro medio lo que guardas en el interior. Conozco a gente que pasa de la pintura a la escultura o a la literatura. En el fondo es lo mismo, la necesidad de expresar el mundo interior.

2. ¿Qué significa para ti la escritura y qué tiene de personal o liberador?

Me cuesta mucho responder esta pregunta. De la escritura me fascina la capacidad de crear de la nada un mundo que antes no existía. Por vulgar que sea la obra creada, es distinta de todo lo que había antes; incluso aunque se trate de un plagio, hay algo nuevo que sale de la persona que lo concibe. Y sí, sí tiene un aspecto liberador porque, al menos para mí, se liberan sentimientos y emociones que, de otro modo, quedarían ocultos en el subconsciente. A veces, cuando leo algo que he escrito hace mucho tiempo, me parece que es de otra persona. No digo nada nuevo si recuerdo que la escritura es sanadora. Muchos psicólogos recomiendan llevar un diario para conocernos mejor, aclarar las ideas y desatar los nudos emocionales que nos impiden ser felices.

3. ¿Crees que ayuda a conocerse mejor y a profundizar en el ser humano?

Por lo mismo que he respondido en la pregunta anterior, la escritura ayuda a conocerse mejor. Cuántas veces, al releer lo escrito, me pregunto de dónde ha salido tal o cual sentimiento, tan aparentemente ajeno a mis circunstancias personales, a lo que percibo en la superficie de mi día a día. Tal vez por mi formación como psicóloga, me gusta explorar en la psique de los personajes, ponerlos en situaciones que están muy lejos de las mías y ver cómo actúan. En cierto modo, te ayuda a meterte en la piel de personajes distintos a ti y comprender mejor cómo son. La escritura es para mí un ejercicio de introspección pero también de observación del mundo que me rodea. Por ello intento profundizar en la personalidad de mis personajes, valga la redundancia, sus contradicciones y debilidades.


4. ¿Hay o buscas un mensaje determinado en tu obra?

Más que transmitir un mensaje, me gustaría conmover al lector y hacerle pensar, que saliera de sí mismo y se preguntara cómo habría actuado él o ella en una situación similar, que se metiera en el interior del personaje y, por muy ajeno que se sintiera, incluso siéndole antipático, llegara a comprenderlo, que se encontrasen en algún punto y se reconociesen.

5. ¿Crees que escribir es una forma de ser o que es extraordinario y cómo te consideras tú?
No, no creo que haya que ser alguien extraordinario para escribir, pero sí que hay que tener cierta sensibilidad para mirar dentro y fuera de una misma, y ser capaz de plasmarlo en el papel, lo cual, no siempre se consigue. Para escribir no hay que ser un genio de la literatura pero sí que hay que ser sincero con lo que se escribe, porque en la escritura las notas falsas suenan muy altas. Otra cosa son los genios, pero incluso el que se llama mal escritor tiene algo que aportar. Lo dijo Cervantes. 

¿Cómo me considero yo?, qué difícil. Hay días que me considero una escritora mediocre, que debería dejarlo y otras me parece que lo que escribo sí merece la pena. Antes creía que, para ser buena, bastaba con escribir bien, pero ahora pienso que es imprescindible aportar algo nuevo, algo distinto, un valor añadido. Y eso ya no estoy tan segura de aportarlo. Últimamente termino una obra, me deja un sabor agridulce, como si no fuera eso, exactamente, lo que quería expresar, cierta decepción que se convierte en disgusto si veo que tampoco llega a mis pocos lectores.


6. ¿Qué es el éxito y el ego para ti al escribir?, ¿buscas trascender? 

El éxito para mí es conseguir gustar a aquellos que considero que tienen cierto gusto literario y conseguirlo es lo que eleva mi autoestima. Me gustaría que lo que escribo aportase algo a personas sensibles. Que duda cabe que nada sube más mi autoestima que ver que lo que escribo llega a la gente. Un halago, una crítica positiva me pueden arreglar el día. Por el contrario, si nadie se interesa por lo que escribo o las opiniones son muy negativas, tengo que luchar para no caer en la depresión y empiece a dudar de mí. Pero hay que ser equilibrada y aprender a no dejarse llevar ni por lo uno ni por lo otro; confiar en una misma y no mentirse. Quizás ese equilibrio sea el verdadero éxito.


Ana Madrigal Muñoz





martes, 24 de septiembre de 2019

"La escritura es la pintura de la voz" Voltaire.


"La escritura es la pintura de la voz"
Voltaire.

 Ejercicio: ¿Y tú por qué escribes?

¿Cuándo sentiste la necesidad de escribir?¿Desde niña o por determinado resorte que activó tu proceso de adulta?

Empecé a escribir sobre los 11 años. Me regalaron un diario y, aunque no tenía muy claro que escribir, aquel fue el empuje. 
Aunque desde pequeña, cuando fui capaz de dominar la lectura y comprender lo que leía, me encantaban los libros y todos los mundos que encerraban.

¿Qué significa para ti la escritura y qué contiene de personal o liberador?

Para mí, el significado de la escritura ha tenido un proceso evolutivo. He pasado de soñar con ser una escritora reconocida, a sentir que lo que escribo es algo más personal, algo con sentido para mí y que no necesariamente todo el mundo tiene que leer pero que no me importa que algunas personas lo lean. 

¿Crees que escribir es un ejercicio que ayuda a conocerse mejor y profundizar en el ser humano?

Creo que en la vida nos paramos muy poco a conocernos a nosotros mismos, asumimos que nuestras reacciones son como son  por nuestra forma de ser pero no es del todo cierto, influyen otros factores externos. 
Escribir nos ayuda a conocernos un poco más pero eso no quiere decir que todo lo que escribimos refleje lo que somos. A modo personal, me gusta mucho escribir desde diferentes roles que nada tienen que ver con mi persona, es un buen modo de saber hasta dónde puedes llegar.

¿Dirías que hay o buscas dar un determinado mensaje en tu obra?

La verdad es que casi siempre busco dejar algún mensaje, alguna moraleja, alguna enseñanza, etc. Creo que tiene sentido.

¿Crees que escribir es más bien una forma de ser y ver la vida o es algo extraordinario que no sabes de dónde surge?

Creo que escribir es el mejor de los regalos que nos ha podido ofrecer la vida y que no es algo extraordinario destinado solo a unos pocos,  a los mejores.
Pienso que realmente toda persona tiene la capacidad de escribir, toda persona con formación y con continuidad puede escribir. Unos lo harán mejor, otros lo haremos peor, pero quien se lo proponga puede escribir.

¿Qué significa el éxito y el ego para ti al escribir? ¿Buscas trascender con tu obra?

Cuando empecé a escribir solo pensaba  en llegar a escribir algo que me subiera a lo alto, que me coronara como una escritora reconocida y famosa.  
Pero me ocurrió una vez que, participando en un blog de escritura, recibí de parte de un lector,  la interpretacion de uno de mis  relatos  y tras ello comenzó a juzgarme, de un modo erróneo, como persona por lo escrito. Esta anécdota me dio mucho que pensar, comprendí que aquello era a lo que me exponía y que tenía que tener cuidado con lo que deseaba.  Llegué a la conclusión de que no necesitaba el éxito en mi vida porque no estaba dispuesta a ser juzgada por lo que escribiese.
Considero que las personas que escribimos no somos lo que escribimos sino cómo lo escribimos.

Por otra parte, pienso que el ego es algo que no debemos alimentar, pero es verdad que a nadie le amarga un dulce.
Mi mayor alegría me la dio una conocida, que hoy en día es una muy buena amiga, al descubir mi blog. Me dijo que llevaba  años sin leer nada y que mi blog le había vuelto a enganchar a la lectura. ¿Hay mejor éxito que ese?  Si tengo que trascender quiero que sea así, sin mayor publicidad.

Orgav.
(Verónica Orozco García)
Si quieres conocer mi blog: Mi libro en blanco
 Todos los derechos reservados.

lunes, 23 de septiembre de 2019

Purificación Menaya Moreno: "Para escribir no hace falta tiempo, sino destiempo" (Juan José Millás)


Y Manoli nos pregunta: “¿Y tú, por qué escribes?”
Es una pregunta tan fácil de contestar. Porque me gusta, y punto. Porque quiero, y ya está. Pero todo tiene su historia detrás.



Porque cuando era niña, desde que aprendí a leer, leía todo lo que me encontraba y cuando digo todo quiero decir absolutamente todo: un cartel por la calle, la etiqueta de una botella de agua en un restaurante, el papel de periódico con el que envolvía la verdulera las acelgas. Era una atracción de imán, donde hubiera unas cuantas letras juntas allá se iban mis ojos, y las absorbían para escuchar dentro de mi cabeza lo que tenían que contarme. Cuando abría un libro, mejor todavía: las letras se transformaban y aparecían personas, animales, juegos, aventuras, era como ver la tele dentro de mí pero sin encender el televisor, y me transformaba en uno de los personajes, o en todos, y las palabras me llevaban a un mundo que no se parecía en nada al mío. Luego estaba Gloria Fuertes, aquella bruja de pelo corto y voz ronca con sus poesías que me hacían cosquillas. Cuando sea mayor —me decía—, escribiré como ella, y como Enid Blyton, y como todos esos escritores de los libros que tanto me gusta leer. Claro que también adoraba los animales y quería hacer reportajes como Félix Rodríguez de la Fuente y ser piloto, y dibujar perezosamente, ese placer de empezar un dibujo hoy y terminarlo mañana o pasado, sin prisas.

En aquel tiempo, cuando escribía empezaba aventuras y muchas veces no las terminaba. Odiaba las redacciones escolares porque si eran de tema libre no sabía qué poner y cuando eran de un tema concreto me parecían muy aburridas, en el colegio no me invitaban a soñar. Era una obligación más.

Y crecí y seguí leyendo. Autores que te hacen pensar y saborear las palabras. Y por eso sigues escribiendo, porque escribir es tu pensamiento: piensas despacio con un lápiz que roza el papel como si dibujaras, o piensas deprisa con una pluma ligera, o más rápido todavía con un teclado. Y empecé a terminar algunas de esas historias. Escribía a escondidas, no quería que nadie lo leyera. Quería escribir. Para contar historias. Para soñar. Para ser otra y yo misma a la vez. Para pintar con palabras. Para volver a sentir lo que había vivido. Para sentir lo que nunca había vivido. Para tocar las nubes con la punta de los dedos. Para escuchar el sonido de las frases en mi cabeza como una canción. ¿Sonaba bien? Sí. Y si no sonaba bien, lo reescribía y sonaba mejor. Porque con una pluma y unos folios el tiempo pasaba sin sentir. Porque escribir se parece mucho a jugar: "¿vale que tú eras un pirata y yo un tiburón?". Y yo quería y quiero seguir jugando, siempre.

Imagino a Neruda escribiéndome: “Me gustas cuando escribes porque estás como ausente”. Porque cuando escribo estoy muy cerca de mí y a la vez puedo estar muy lejos, de mí y de aquí.

Y después sueñas con que los otros sueñen cuando leen tus historias. Que alguien descubra su mundo en ellas.

En el último libro de Juan José Millas,  La vida a ratos, nos dice: La gente piensa que una de las ventajas de jubilarse es que por fin va a tener tiempo para escribir. Para escribir no hace falta tiempo, sino destiempo. El destiempo es una zona oculta y misteriosa del día que se descubre como yo descubrí el lunes la tumba de la gata Carlota: por curiosidad malsana

Siempre me ha faltado tiempo para escribir. Pero también he arañado tiempo al tiempo para juntar letras, y así fue como descubrí ese destiempo debajo de los apuntes de contabilidad, o en aquel concierto de Gershwin, donde los balanceos se convirtieron en un relato de olas azules.

El destiempo te lleva a ser bruja y a hechizar a una ranita de San Antón. Encuentras ese destiempo en la siesta de tus hijos y cuando les cuentas un cuento y cuando juegan con un fantasma que habéis hecho con una bola y un pañuelo blanco. El destiempo te atrapa antes de hacer el amor y también después de polvorear. El destiempo te despierta por la noche y escribes a ciegas en esa libreta que guardas en el cajón de la mesilla, en una página en la que ya habías escrito algo y al día siguiente tienes que separar la ilegible mezcolanza. Ese destiempo te lleva a explorar parajes a los que, sin escribir, nunca irías. Porque ese destiempo es en el único momento en que tú y cualquier realidad se juntan. Porque cualquier realidad, hasta la más increíble, existe cuando la escribes.

¿Y tú, por qué escribes?
Porque lo más difícil es vivir sin escribir cuando quieres escribir.



La imagen puede contener: una persona, sombrero, gafas de sol y exterior
Purificación Menaya Moreno

Escribir para iluminar nuestras sombras

Beatriz Molina Lorca

¿Cuándo sentiste la necesidad de escribir? ¿Desde niña o por determinado resorte que activó tu proceso de adulta?

Yo escribo desde que tengo uso de razón. Quizá la época que más recuerdo es la de adolescente, ésa en la que tu mundo interior es un caos apocalíptico de hormonas, un cúmulo de emociones que se pelean por salir a la luz y que son coartadas por el yugo parental. Desde pequeñas nos enseñaron de manera inconsciente a no mostrar nuestra vulnerabilidad, a tragarnos el orgullo, la ira, la impotencia… Y en aquel entonces solo teníamos dos opciones: desahogarnos con la muñeca de trapo aplicándole alguna ceremonia de vudú o encontrar un modo más constructivo y menos dañino que golpear la almohada o chillar ahogando los gritos con el cojín de tarta de fresa. Yo elegí la escritura: mi diario echaba humo. Cada noche me colocaba los auriculares y me aislaba en mi mundo de letras. Descubrí que, tras aquellas largas sesiones de música y bolígrafo, mi sueño era más reparador. Años después, volví a coger el hábito cuando pasé por una crisis existencial (de esas que pasamos todos alrededor de la cuarentena) y me apunté a un taller de escritura. 

¿Qué significa para ti la escritura y qué contiene de personal y liberador?

Para mí la escritura significa libertad en mayúsculas. El poder crear lo que quieras y como quieras. Es un juego que te permite gestionar tus demonios internos. Siempre he considerado que el ser humano tiene la capacidad de ser todos los personajes, desde un despiadado asesino en serie, hasta la más humillada víctima. Todas y cada una de nuestras sombras están formadas por personajes oscuros, plagados de ira, envidia, codicia, orgullo, y toda clase de emociones que en nuestro día a día escondemos y enterramos en lo más profundo de nuestro ser. Considero que la escritura coloca todas estas emociones en una especie de orden interno que genera una sensación liberadora.

¿Crees que escribir es un ejercicio que ayuda a conocerse mejor y profundizar en el ser humano?

Precisamente al hilo de la respuesta anterior, opino que escribir te apoya a la hora de poner de manifiesto esas sombras que no te atreves a mostrar. Escribiendo te conviertes en el observador de tus pensamientos. Es como si te alejaras de ti mismo y te espiaras desde la ventana de un edificio colindante… Estoy totalmente convencida de que escribir te ayuda a organizar esos pensamientos acumulativos que burbujean en el cerebro. Existen incluso talleres de escritura terapéutica como forma de modificar algunas conductas a través de cambiar simplemente los trazos de las letras. Resulta de vital importancia entonces, no solo el contenido de aquello que escribes, sino también la forma de hacerlo y el material que utilizas.

¿Dirías que hay o buscas dar un determinado mensaje en tu obra?

En general siempre he pecado de cierta impaciencia. Eso se nota en mis relatos que suelen ser cortos y contundentes. Busco sorprender al lector, llevarlo hacia un lugar determinado de aparente serenidad para luego lanzarlo por una montaña rusa. Que el lector acabe despeinado tras leer mis relatos.

¿Crees que escribir es más bien una forma de ser y ver la vida o es algo extraordinario que no sabes de dónde surge? Cuéntanos cómo te sientes tú.

Para mí escribir era una forma de expresarme dentro de este mundo. Hay personas que pintan, otras que se dedican a la danza o al teatro, la escultura o cualquier otra que sirva para transmitir. Yo no era consciente de lo que significaba la escritura en mi vida hasta que empecé a ver la respuesta en la gente que me leía: personas a las que mis palabras conseguían arrancar una lágrima, unas risas, o una sencilla mueca de asombro. Amigas que me presentaban a otras personas como su amiga “la escritora”, me hacían pensar que este simple hobby se había convertido en algo más profundo, más intenso de lo que yo pensaba. Ahora considero que forma parte de mis rasgos personales junto a mi claustrofobia o mi talante extrovertido.

¿Qué significa el éxito y el ego para ti al escribir? ¿Buscas trascender con tu obra?

He tenido épocas en las que soñaba con escribir algo tan sumamente genial que la gente se peleara por conseguir un ejemplar de mi obra. Pero al cabo de un tiempo me bloqueaba el miedo al fracaso, a no gustarle a nadie, a no vender ni un solo ejemplar… Y tras muchos meses de sequía literaria, he llegado a la conclusión de que el éxito es una palabra prostituida, que se relaciona con la venta de muchos ejemplares, con el hecho de ganar dinero, recibir alabanzas de los lectores (en estos tiempos que corren hablaríamos de likes en las redes sociales, más que de alabanzas). Para mí el ego impide la creatividad. A más ego, menos perspectiva. Así que la manera de trascender es soltar esas cadenas y dejarse fluir. Siempre he creído en la frase “lo que tenga que ser, será”. Y así es mi búsqueda: más que de trascender con mi obra, es la de llegar al corazón de los lectores.

Beatriz Molina Lorca