jueves, 12 de octubre de 2017

Dulces Sueños

Fuente: web mitoscortos.org


Sin que nadie la vea, la niña de la melena formidable va hasta el pozo y se zambulle. Mientras su cuerpo desciende, los mechones de pelo se elevan y bailan en el agua, como culebras. No abre los ojos, pero sabe que todo está oscuro, como la boca de un lobo. Siente el agua como un líquido espeso y viscoso, en el que sobreviven pequeñas formas de vida marginadas por la naturaleza. Algunas le rozan, otras muerden sus tobillos, y la más grande de todas, araña como un gato salvaje.
Le araña los brazos, empujándola hacia abajo. La niña se pellizca la nariz con fuerza, evitando que escape el aire. Agita sus piernas con torpeza, también la mano que le queda libre, y en un movimiento topa con algo que agarra con fuerza. Es otra mano, no más grande que la suya… La suelta aterrada, con asco. Percibe el sabor de la cena subiendo por su esófago, cuando nota que se han desprendido algunos dedos, y se deshacen entre su mano.
Una voz femenina la eleva con vigor hasta la superficie, sin tiempo para una adecuada descompresión. La niña observa a su madre con la mirada perdida, ensimismada, mientras sigue enrollando uno de sus rizos al dedo índice.
- Anda, deja de hacer eso, que luego te despiertas con todo el pelo enmarañado.

La nena se acaricia la melena, respira hondo y lanza el libro hacia los pies de la cama. Piensa que desde ahí ya no podrá arañarla.

"Sin que nadie la vea, la niña de la melena formidable va hasta el pozo y se zambulle". Secretos I de Isabel Wagemann

Autora: Ana Pascual Pérez

jueves, 28 de septiembre de 2017

Tener siete vidas, como los gatos.







La mosca revolotea sin demasiada vitalidad en el cuarto de baño, intentando recomponerse. Algo parecido al zarpazo de un león la ha lanzado contra los azulejos, y ahora ya no sabe... La frase se repite dentro de su cabeza como un mantra, insistente y molesto, colaborando aún más al desconcierto.

Aun así, no piensa que haya sido mala idea lanzarse en picado hacia el lavabo, a la caza de la pestaña que había dejado olvidada la humana. Le había visto hacerlo con los niños. Siempre sonreían cuando el pelillo desaparecía de un soplido, como por arte de magia.

Intentó soplar varias veces, sin éxito. Hasta que se le ocurrió formar un torbellino moviendo con frenesí sus diminutas alas, provocando un leve zumbido.

"La mosca revolotea sin demasiada vitalidad en el cuarto de baño" de José María Merino
Autora: Ana Pascual Pérez

miércoles, 27 de septiembre de 2017

La huida


"Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado aquí sin miedo"  ( Nuria Amat: La extranjera)


  Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado aquí sin miedo. Estaban cansados y hambrientos. No se arrepentían de haber escapado; lo hablaron, lo meditaron y al final chocaron sus manos como un trato entre ellos, un seguir juntos y afrontar lo que les viniera encima. Iba a ser muy complicado seguir caminos sin que los encontrarán, pero lo intentarían, aunque tuvieran que caminar de noche y esconderse durante el día.
Se sentaron a la sombra del Faro a esperar la noche para continuar. Ella cerrò los ojos e intentaba dormir un poco, pero los pasados acontecimiento se empeñaban en revolotear por su mente como burbujas de jabón que explotan continuamente.
"Y cómo lo digas te corto la lengua"
Él se acurrucó a su lado. Protector. No iba a permitir que nadie le hiciera daño. Apretaba su mano con fuerza, cómo una cadena que la uniera a ėl para siempre.
No podían volver. Eso lo tenían claro los dos. Estaban juntos desde el primer día en el vientre de su madre y seguirían juntos siempre. Aunque la vida les marquen destinos diferentes, él no la abandonaría jamás. Vivió su pesadilla, su angustia, sus llantos... Pero no podía hacer nada. Ahora sí, ahora nadie la humillaría ni la dañaría.
Y así, acurrucados los dos, contemplaron la puesta de sol más hermosa que jamás habían visto. Quizá eso sea una señal -pensó- quizá veamos otras muchas puestas de sol.


María Manrique



Faro de Maspalomas (Gran Canaria)


PASAPORTE




(imagen de Google)

UNA FRASE VARIAS HISTORIAS- HISTORIA2
"La mosca revolotea sin demasiada vitalidad en el cuarto de Baño" (José María Merino)



La mosca revolotea, sin demasiada vitalidad en el cuarto de baño.
Aun le quedan fuerzas para mirarme, satisfecha, después de tanto banquete putrefacto. 
Al olfato, como a las pupilas, les cuesta acostumbrarse a la mezquina caverna, a medida que voy descendiendo, peld
año a peldaño, por la escalera de acceso, oculta tras una falsa pared. 
Por unos orificios al ras del techo se cuela el frío y el ruido lejano de la calle. El sol, que se resiste a entrar, vuelve al recinto, espectral. Se respira una atmósfera compacta, infecta. Olores nauseabundos, colores chillones, muebles desvencijados, recipientes con un pastiche repugnante que nunca olió mejor. Todo es abominable en este corralón. Si tuviera que pensar en el infierno, elegiría este lugar.
Quedan restos de la toma rápida de la situación. La gente de investigaciones irrumpiendo con sus armas a grito batiente, haciéndose paso entre tiros y golpes. Las mulatas se amontonan, susurran, ruegan, lloran. Ninguna se atreve a gritar. Sus miradas se cruzan en un pedido de auxilio, creyendo una vez más, que será inútil. 
Pero no, esta vez despertarán de esta pesadilla que comenzó cuando creían llegar a la libertad.
Una discreta esperanza asoma a sus ojos, a medida que ascienden, y alguien con una manta y un café caliente intenta animarlas. 
Es posible que por fin, pisen tierra firme de verdad.

Vivian Rodríguez Dorgia

Distracciones







UNA FRASE VARIAS HISTORIAS- HISTORIA2
"La mosca revolotea sin demasiada vitalidad en el cuarto de Baño" (José María Merino)


La mosca revolotea, sin demasiada vitalidad en el cuarto de baño.  Ene la acaba de encerrar ahí porque no la deja estudiar. Vuelve a sentarse en su escritorio y se esfuerza en leer sus apuntes. Por fin sin mosca, pero…  ¿qué estará haciendo?, se pregunta. Seguro que se aburre dando vueltas entre botes de champú y gel. Se la imagina posándose en el lavabo y mirando hacia el desagüe como si estuviera en el borde de un precipicio que da a un abismo oscuro y misterioso. ¡No, sal de ahí, mosca!

Ahora le parece verla volando frente al espejo y preguntándose quién será esa otra mosca que se empeña en imitar a la perfección sus movimientos. ¿Sabrán las moscas lo que es un reflejo? ¿Intentará atravesar el espejo para acceder a ese otro mundo reflejado? ¿En cuántos mundos distintos habrá estado? Ene se pregunta si habrá viajado mucho y cuántos kilómetros puede recorrer una mosca al día. Claro, que si va en vehículos, como esas moscas que su padre llama “cojoneras”  y que tienen la manía de meterse en el coche cada vez que vienen de pasar el día en el campo, las posibilidades de conocer mundo se amplían enormemente. Por ejemplo, si una mosca se cuela en un autobús que va de Madrid a París, puede llegar a la ciudad de las luces y hacer turismo y subir a la Torre Eiffel. Y si luego coge un tren que vaya a San Petersburgo, podría pasearse por el mismísimo Palacio Imperial. Y si… ¡Para mosca, estate quieta ya!

Ene se levanta, va al cuarto de baño y abre la puerta. Y ahí está, mirándola indiferente, frotándose las patitas como sólo las moscas saben hacerlo. (Si pudiéramos oírla, estaría soltando una risilla maliciosa).

©Sara Nieto Yuste

martes, 26 de septiembre de 2017

Otto y la bailarina

 







   La mosca revolotea, sin vitalidad, en el cuarto de baño. Dibuja espirales en el aire con la misma gracias que una bailarina patosa. Otto, el labrador de Fanni, la sigue con la vista. Le hipnotiza el susurro de su zumbido. Alarga el cuello y levanta una pata pero nunca la alcanza.


  La mosca se vuelve juguetona. Emprende el vuelo hasta el techo y desciende en picado hasta el lavabo. Se posa en el grifo, se mira en el espejo, se frota las patas delanteras con aire satisfecho y parece contemplar sus alas transparentes. Otto se sienta sobre la alfombra fucsia y olfatea en el aire. La trufa que tiene por nariz se arruga. Inclina la cabeza. Primero a la derecha; luego a la izquierda; a la derecha otra vez. Deja escapar un gruñido. Pero la mosca no le hace caso. Vuelve a emprender el vuelo, a dibujar espirales en el aire. Otto la sigue por el pasillo hasta el cuarto de los niños. Se detiene junto a la casita de muñecas. La mosca le hace rabiar y da vueltas alrededor del rabo del cachorro que gira y gira persiguiendo al esquivo bicho. El insecto sabe cómo burlarse. Otto protesta. Uno, dos, tres ladridos. Alarga el hocico, abre las fauces y en un descuido del bichejo se zampa la mosca.


 
 
 

©Ana Mª Madrigal Muñoz

 
 
 
 
 
 


domingo, 24 de septiembre de 2017

Siguiendo el vuelo de una mosca

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Fuente de la imagen: Pixabay
Frase de inicio: La mosca revolotea, sin demasiada vitalidad, en el cuarto de baño
( del microrrelato La mosca de José María Merino)

La mosca revolotea, sin demasiada vitalidad, en el cuarto de baño. Sigo sus movimientos mientras el agua caliente va desentumeciendo mis músculos. Froto suavemente con la esponja, muy despacio, y observo como el color amarillo va dejando paso al color rojo. No pienso. Ahora no. La mosca se ha posado en el azulejo de la esquina. Parece atontada por el vapor. Igual que yo. Siento que los analgésicos comienzan a hacerme efecto. Parecía tan buen chico cuando me invitó a bailar… Siento un dolor agudo y me pregunto por qué no he sido capaz de acudir al médico, a la comisaría. La mosca se ha quedado quieta ahora. Las alas pegadas. Imposible revivirlo otra vez. Alguien está llamando al timbre. Estoy a gusto aquí: el agua caliente, el vapor, las ganas de dormir…


                                                           Manoli VF©