jueves, 16 de noviembre de 2017

El amargo camino de la resiliencia.

Escribiendo con los cinco sentidos, sabor: amargo.

Título: El amargo camino de la resiliencia.

Hoy voy a dejar que duela,
voy a dejar que la herida escueza,
que sangre...
Voy a meter los dedos en ella.
Voy a llorar por cada palabra
y por cada silencio,
por los intentos y  sueños frustrados,
por los años invertidos
y por el  fracaso...

Sí, hoy voy a dejar que duela
mientras lloro.
Y voy a dejar, con estas palabras, 
que el dolor se pronuncie
y que sean  las lágrimas
las que acaricien mi cara,
mientras los recuerdos
retuercen mi cuerpo
en un duro abrazo...

Hoy voy a llorar
y voy a dejar que duela.
Lo haré  por ti y por mí,
por el cariño
que aún nos procesamos
y por el respeto mutuo.
Pero sólo será  por hoy...

Y si mañana me ves sonreír,
si ves un matiz de felicidad,
te pido que no me juzgues,
que respetes el modo en que elegí
llevar mi sufrimiento,
que entiendas que no existe egoísmo
en querer sobrevivir,
y que todos debemos ser resilientes
para dejar marchar los demonios
que llevamos dentro.

Hoy dejo que duela mientras lloro...

©Orgav
Todos los derechos reservados.

Entrevista a Noemí Hernández Muñoz




Hoy es noticia en nuestro blog una de nuestras escritoras: Noemí Hernández Muñoz, que acaba de publicar su novela de fantasía El Poder del Medallón

Nacida en Almería y licenciada en Filología Hispánica, su pasión es la literatura del género fantástico y de terror. También ha publicado obras encuadradas en el género juvenil como su primera novela (que escribió con tan solo  doce años y reescribiría más tarde) Las Aventuras de Nuri, Noe y Sora: Mundos Mágicos 1


Adjunto aquí el enlace a la entrevista que le han hecho en el espacio Los conejos Literarios

¡Mucha suerte, Noemí, en tus aventuras literarias! Seguiremos desde aquí tu trayectoria, escritora.













miércoles, 15 de noviembre de 2017

Un trago amargo

                                               Imagen bajada de Internet



Tumbado en la arena de la playa, Ernst sondea, con la ayuda de una vara, el sitio marcado; cuando topa con algo metálico, aparta la arena que tapa la mina, luego con sumo cuidado desenrosca el tapón y la desactiva. Recuerda sin cesar las palabras del sargento danés: «Hay miles de minas enterradas en esta playa, minas que colocaron vuestros compatriotas; ahora os toca a vosotros desenterrarlas.»

A los cinco meses, la playa estaba limpia. De los catorce presos alemanes, adolescentes y niños, que empezaron la tarea, solo quedaron cuatro.

martes, 14 de noviembre de 2017

Agruras


La imagen puede contener: cielo, naturaleza y exterior
Foto: elcaminodejp.files (wordpress)

Fue durante la temporada de recogida de la aceituna que mi madre descubrió a su mejor amiga en los brazos adúlteros de mi padre. Yo, que estaba dentro de su vientre, al sentir el galope enfurecido de su corazón, pegué un brinco tan grande que casi salgo por su garganta. Desde entonces, madre comenzó a padecer agruras que no se calmaban con ningún remedio. Tanta era su acidez que, cuando llegó el día de mi nacimiento, decidió llamarme Mara, nombre de origen hebreo que puede traducirse por amargura, tal era la raíz que la atormentaba. Crecí con el Sambenito de la traición paterna, la misma que hacía que madre recordara su sufrimiento cada vez que me llamaba. Harta de ser hija adoptiva del desamor, decidí cambiarme el nombre al llegar a la mayoría de edad, y tuve la ocurrencia de llamarme Deborah, por eso de los contrastes. Desde entonces, mi progenitora comenzó a mostrar ante todos un comportamiento muy diferente, tanto que, en la última temporada de la aceituna, la encontré bajo los olivares con un amante. Si en algún momento tuve miedo de que la historia se repitiese, este se me esfumó de golpe al contemplar el rostro justiciero de mamá, convertida ahora en una vengativa y gigantesca mantis.

MVF©


Sevillanas sin leche ni azúcar



De niña era frágil y delicada. El médico me recetó aceite de hígado de bacalao para estimular el apetito pero, como suele ocurrir con los niños, yo odiaba ese sabor. Siempre pensé que era lo más amargo que uno podía degustar en el mundo. Después, diversas enfermedades se cebaron conmigo, lo cual motivó el consiguiente tratamiento a base de medicinas varias que yo me resistía a tomar. Mi pobre madre se las ingeniaba para camuflar el remedio en bollos y pasteles de apariencia suculenta que llamasen mi atención, pero por mucho que lo intentase mi sensible paladar captaba la perversa maniobra y lograba detectar el funesto brebaje, lo cual provocó mi odio exacerbado de por vida a dulces, tartas, y todo aquello que me recuerde, aun de lejos, mi sufrida y a regañadientes medicada infancia. Con el tiempo mi naturaleza logró salir adelante con la ayuda de las medicinas y las elaboradas tretas de mamá.
Cuando nos comunicaron su enfermedad el mundo entero se derrumbó. Fueron meses de preguntas sin respuesta, de lucha tenaz contra lo inevitable, de un dolor insoportable. Una mañana de domingo ella nos dejó. En una radio cercana alguien del hospital escuchaba música de sevillanas. Siempre amé esa música alegre que infundía dinamismo en el corazón, y hasta lograba aminorar la amargura del aceite de hígado de bacalao antes del colegio (mamá intentaba distraerme con cualquier cosa con tal de que fuera buena chica y cumpliese las prescripciones médicas).
Llevo días sin dormir. Desde que ella partió tomo litros de café negro, solo, amargo, como homenaje a su memoria. Creí que encontraría algo más amargo que el aceite de hígado de bacalao, algo más amargo que las sevillanas junto a una moribunda, algo más amargo que el café negro, pero no. Ahora sé que no hay nada más amargo que su ausencia.
MJT.

domingo, 12 de noviembre de 2017


Escribiendo con los cinco sentidos, sabor. Umami.

"Ritorno" al umami.
No fue consciente de que lo había encontrado hasta que los comensales dejaron escapar un leve suspiro, y cerraron los ojos para entregarse de lleno al sabor de la salsa.
- ¡Bravo, Paolino!- repitieron casi al unísono, incluso hubo aplausos. Él paladeó el éxito y se inclinó agradecido, como un actor que es ovacionado después de la función

Llevaba tiempo buscando ese quinto sabor entre la cocina de fusión y la experimental. Harto ya de devanarse los sesos, esta vez optó por los ingredientes más básicos (tomates, anchoas y parmesano). Aquellos que seleccionaba su “mamma” con tanto cuidado, al tiempo que tarareaba una canción de Umberto Tozzi. Los mismos que mezclaba después en la cocina junto a su padre, entre risas y abrazos, mientras la prole jugaba “al calcio” en el patio…

En su “ristorante” volvió a escuchar ese sonido exento de vocales, similar al mugido de una vaca, pero mucho más placentero. El mismo “mmmm” que dejaban escapar él y sus hermanos mientras la salsa se habría paso en sus bocas, envolviendo sus lenguas, inundando los paladares de “semplici e deliziosi piaceri”.
Fuente: web recetasitalianas.com

sábado, 11 de noviembre de 2017

Dejándome la piel.

Escribiendo con los cinco sentido.
Sabor : UMAMI
Llevaba días con aquella  idea pegada en mis dedos. La tenía presente día  y noche; no  la podía  despegar.
Una mañana, en un estado de desesperación, casi  de locura, pensé  en  ayudarme  con la boca. Enganché   la idea entre mis dientes y tiré y tiré, cada vez con más fuerza.
El último tirón  fue tan fuerte que consiguí despegarla, también parte de la piel de los dedos. La idea salió lanzada hacia mi boca que, de la emoción,  la tenía   abierta,  y fue  a parar  a la garganta.
Al tragármela noté  un sabor diferente, intenso pero con un regusto delicioso; era lo que siempre había  escuchado como  el sabor umami de una idea.  Lo reconocí al instante.
Desde entonces, lo que nació como una idea pegajosa, llegó a mi corazón y se convirtió  en  obsesión; en mi  modo de vida.
Todos los derechos reservados (Texto)
©Orgav
Imagen utilizada de Google.

Traicionera atracción dulce

ESCRIBIENDO CON LOS CINCO SENTIDOS-GUSTO: Dulce
- El congreso es a las cinco. ¿Te importa si me doy una ducha un momento y después nos vamos a comer?
- Claro, no te preocupes, hay tiempo- digo despreocupado.
-Entretanto, si quieres tomar algo, el bar tiene dos o tres cosillas.
Veo irse a Marta al dormitorio. Mientras, decido ir a curiosear el bar. Al fondo, la escucho hablar de ir a "Casa Nonno Paolo", que tienen un tiramisù delicioso. Sus palabras  hacen  mi boca agua al recordar el amargor del cacao puro y el café; entiendo que mi cuerpo ya ha dado su aprobación.  
Cierro el bar y meto mis manos en los bolsillos; me veo sorprendido por el tacto suave  del interior. Curioseo los cuadros y las fotografías  del salón mientras escucho los pasos de Marta al otro lado del piso; el agua de la ducha empieza a correr.
En lo alto de una repisa, me llama la atención la fotografía de un hombre mayor vestido de capitán.  El  parecido con Marta es impresionante, deduzco  que es su padre. Me dispongo a cogerla cuando, de pronto, un olor dulce me atrapa.
-¿A qué  huele?- se me escapa en voz alta y, olvidándome por completo de la foto, siento la necesidad de ver de dónde procede.
Siguiendo el olor, llego al dormitorio de Marta. Está un poco desordenado; pequeños montones de ropa ocupan la cama. El olor me lleva a la entrada del baño y,  sin llegar a entrar, veo, en el espejo, el reflejo de Marta. Está preciosa con su pelo suelto y su piel  rosada. La observo. Pone jabón  en su mano derecha y se lo extiende sobre su hombro izquierdo de un modo que, se me antoja, muy sensual. El olor es muy agradable; me atrae. Huele a chocolate y a almendras tostadas, a pastel. Me recuerda a las meriendas, cuando era pequeño, en casa de mis abuelos. La abuela hacía bizcocho y preparaba el cocholate  para ponerlo por encima. Yo siempre rebañaba, con los dedos, el resto del cazo.
En medio de mi evasión, escucho:
- ¡Andrés!
Y, sorprendido, veo a Marta en la ducha con la cara desencajada, las manos separadas y una gota de aquel jabón colgando de unos de sus pechos.
Sin mediar palabra, me acerco a ella mirándola a los ojos y estiro  mi mano derecha hacia a ella. Es entonces cuando mi dedo índice  recoge, de forma golosa, la gota de jabón de su pecho y  lo meto en mi boca:
- Lo siento- le digo como si nada-tengo hambre. ¿Te queda mucho?
Todos los derechos reservados.
©Orgav

jueves, 9 de noviembre de 2017

El sabor de casa




Las mañanas en casa de mis abuelos no se parecían en nada a las otras mañanas. Lo primero que notaba al despertar era que olía distinto. Siempre había un olor a nuevo,  a día recién estrenado. Después venía el ruido, el lejano trajín de los vecinos en las calles y el sonido cercano de pasos en la cocina. Ese ¡Buenos días! compuesto por leche de cabra con cola cao, un sabor único que alcanzaba su clímax en la taza blanca de la alacena, y  sabía a gloria al lado de los troncos que ardían en el suelo, creando figuras a contraluz con sus oscilantes llamas. Nunca más he vuelto a beber una leche tan cremosa, tan suave, tan cara…


MVF

martes, 7 de noviembre de 2017

Manteca colorá


Aún recuerdo su olor contundente, familiar, a pueblo;  su gusto sabroso, potente, cremoso en la boca y sutil al cabo de un buen rato. El pan  agradecía la manteca, formaban un tándem perfecto, el pan, feliz, se prodigaba en rebanadas blancas, tiernas y crujientes al tostarse, y el café con leche era su acompañamiento ideal. A los forasteros les fascinaba la manteca colorá.
¿Qué quieres de desayuno?, preguntaba mi madre cada mañana cuando veraneábamos en aquel pueblecito del sur. Mi respuesta era invariablemente la misma: "pan con  manteca colorá.
Paco, el hijo del panadero era mi amigo, él me traía el pan recién hecho y era todo un goce para los sentidos compartir cada mañana ese momento irrepetible que quedará para siempre grabado en nuestras vidas y es de los que hace que ésta merezca la pena disfrutar segundo a segundo.
Una mañana Paco venía serio. Su expresión era grave y meditabunda, como estaba cabizbajo y silencioso preferí no perturbar sus pensamientos. Mamá nos sirvió el consabido desayuno. Paco, poniendo su mano sobre el pan rechazó educadamente la manteca sobre la crujiente rebanada.
-¿Te pasa algo, Paco? ¿Cómo es que hoy no quieres manteca?
-Verá "zeñorita", es que… "z'a muerto mi abuela ¿zabe usté?"
-Vaya, lo siento mucho hombre… pero tendrás que comer. Tu ayuno por desgracia no  le devolverá  la vida.

-Sí pero… el luto, ya ve… bien clarito me lo advirtió mi madre: "Na de manteca colorá con el luto de tu abuela"

Macarons




Nunca había estado en París. A mis dieciséis años ni siquiera había salido de casa. Aquél era el último curso, culminaba un ciclo. Se imponía el viaje,  calmaría a mis padres, súbitamente preocupados por mi supuesta sobreprotección.  Sucumbí a  la parafernalia de preparativos que enardecía a mis compañeros.  Debía enfrentarme al mundo, perder el miedo, aquél sería mi "viaje iniciático". Decidí desinhibirme y sortear las miradas escrutadoras de quienes observaban nuestras carcajadas recorriendo los Campos Elíseos o esperando ante la Torre Eiffel, miradas que yo presentía, intuía, percibía, en los silencios y  sombras en torno a  mí. No intentaré explicar las excelencias que la Ciudad Luz nos reservaba, aunque fuéramos una pandilla de adolescentes ciegos.
La última tarde era obligado merendar en algún  café refinado como La Durée.  Pedí un "grand crème". Compartimos los clásicos "macarons". Adiviné la presencia cercana de un hombre joven, su perfume discretamente herbal, su voz sugerente: "¿Puedo ayudarla, mademoiselle?". Sin aguardar respuesta puso mi mano sobre la suya cálida y suave, noté la levedad de un objeto liso, redondeado, rugoso alrededor, olía a vainilla y a algo dulzón y penetrante. Casi cabía en el hueco de mi mano. "Le aconsejo éste", susurró, "despacio, aprecie primero ese leve crujido entre sus dientes de la capa de merengue quebrándose al morder… saboree el fondo de almendra cremosa, deslícelo "doucement" hacia el paladar,  adivine su gusto final…

Siguió después un baile de lenguas, alientos y paladares: saliva fusionada con chocolate, avellana, nata y caramelo: "adivine este nuevo sabor, es especial y exótico". Ahora confundo  ilusión y realidad, se me hace la boca agua al recordar aquel juego fantástico que me descubrió el deleite de los besos adolescentes en la mágica tarde de un café de París. 



miércoles, 1 de noviembre de 2017

Los viernes son de Dulce

Fuente: blog masrecetasdecocina



Mientras repasa mentalmente los preparativos, escucha el ruido del viejo citröen bajando la cuesta, oye al hijo del vecino despidiendo a su marido, como cada viernes, a la misma hora, la misma frase…
- Qué pase un buen día señor Iturralde ¡recuerdos a su señora!. - Dice alzando la voz, y dando dos toques al timbre de su bicicleta.

Desde ese momento y hasta que su marido regresa, el ritmo vital de la señora Azcuénaga es frenético. En la mesa de la cocina esparce la harina, pone el chocolate a fuego lento y empieza a elaborar la crema pastelera (por si llama alguien más golosillo de lo habitual). Lo tiene todo listo para una primera hornada.
Lo siguiente que hace es comprobar que han publicado su anuncio en el diario local. “Si te gusta el chocolate, si te pirra el dulce, llámame, y repetirás. Todo natural y tradicional, como lo hacían nuestras abuelas. Encargos en 943324456, preguntar por Dulce”. Ahí está, tal y como lo había pedido, con letra Comic Sans y en colores pastel. Después amasa con amor, y mientras tanto va probando el chocolate, a ver qué tal le ha salido. Primero a poquitos, pero como siempre, termina rebañando el cazo.

Normalmente empieza a sonar el teléfono a las once, después para, y a partir de la una y media, las llamadas se suceden. Un día a la semana, Dulce Azcuénaga se vuelca en lo que es su verdadera vocación; prepara unas deliciosas magdalenas rellenas de chocolate, que saben a gloria. Y a veces, no sabe si movida por el entusiasmo de los clientes hacia su repostería o por alguna otra razón que escapa a su lógica, invita a alguno a comer sus creaciones con verdadera pasión, y así se endulza el día.
Al final de la jornada, el aroma a chocolate impregna toda la cocina, también la ropa de Dulce, y su piel. Antes de que el señor Iturralde vuelva, deja junto al porche del vecino una docena de sus deliciosos postres. El niño apenas tarda unos segundos en cobrar por su silencio. Después, la señora Azcuénaga regresa a casa, y se prepara... En breve escuchará el motor del citröen subiendo la cuesta.


domingo, 29 de octubre de 2017

Consejos para escribir microrrelatos

A la hora de abordar el tema de los microrrelatos, me gustaría traer como recopilación los recursos que nos resume Sinjania:

Recursos de escritura Sinjania


Entre las técnicas más utilizadas están:

-Un giro inesperado de la trama.
-Dar la vuelta a los acontecimientos (cambiando la perspectiva)
-Usar el tiempo en ambas direcciones
-Cambiar el sentido de frases hechas
-Utilizar refranes para amoldarlos a la historia
-Intertextualidad: mezclar historias ya escritas con la inventada.
-Mezclar diferentes escenarios
-Jugar con las palabras


Hay muchas y variadas técnicas, aunque la que nunca puede faltar es la elipsis: dejar que el lector complete siempre la frase que falta y que viene a ser la que une todo el relato, completando su sentido como un puzle.

Bajo la morera

Fuente de la imagen: elhogarnatural. com


El otro día una mujer me recordó a Karen. Tenía los mismos ojos almendrados y se movía ondulando las caderas como ella. A punto estuve de preguntarle su nombre cuando oí que alguien la llamaba. No era Karen. No volví a verla después de aquel verano, en el que nos hicimos amantes bajo la morera que había en la finca de sus abuelos. Recuerdo el sabor de su boca, llena de azúcar, sus pechos que sabían a mermelada. Déjame coger las moras, pedía, riéndose bajo mis besos,  mientras yo la besaba más todavía. Sus ojos eran dos brasas que incendiaban mis sentidos, su cintura un dulce veneno que me mataba. Morir. Resucitar. Sufrir. Amar. Tal era la noria en la que girábamos.

Todavía hoy, cuando llega el tiempo de las moras, se me estremecen las entrañas.

MVF

viernes, 27 de octubre de 2017

El experimento



Frase de partida: "La mosca revolotea, sin demasiada vitalidad, en el cuarto de baño"
José María Merino (Mosca)

La mosca revolotea, sin demasiada vitalidad, en el cuarto de baño. Al entrar el otoño, las moscas y otros insectos se refugian del temido frío, indicio claro de la muerte cercana. No desean morir, protegen, infelices, sus frágiles cuerpos del trágico fin. Estoy cansado tras el ímprobo trabajo en el experimento, llevo días sin dormir, mi cerebro lo acusa. Esa triste mosca me hace evadir la mente un instante de mi febril afán. Hoy es el día D. Mi invento marcará un hito en la historia de la humanidad. Todo está dispuesto, no puede fallar. Tras usar el wc lavo mis manos y cara. A las 11 de la noche entro en el laboratorio. Mi fiel amigo Félix me sigue como un perrito faldero, pobre, ignorante de su misión. Tranquilo amigo, tendrás el honor de ser el primer gato del mundo tele-transportado. Abro la cabina A e introduzco al dócil animal en la plataforma. Distante unos metros, la cabina B está lista y revisada por enésima vez. Voy al puesto de mando. La emoción me embarga. El futuro gravita en este instante. Tecleo tembloroso los comandos. Un estruendo de sonidos y luces invade la sala. Culminado el proceso sólo queda comprobar el resultado. ¡Oh no Dios mío! ¿Qué he hecho? ¡Pobre Félix, en qué te has convertido? ¡Un gato-mosca con garras, pelo, alas translúcidas y ojos multifacetas! Esa mosca inmunda y mi negligencia al inspeccionar las cabinas han provocado la creación de un monstruo. A Dios gracias eras tú y no yo el primer pasajero tele-transportado.

Salvado


"Llegaba tarde a todas partes. De las comidas, alcanzaba sólo a probar los postres. De las películas, los finales". Siempre llegaba tarde al trabajo, había perdido ya varios. Igual le ocurría con su novia o con los amigos. Lo suyo era un problema de procrastinación, peor aún, de "llegatardismo". Hasta que descubrió la verdad y su vida cambió: ¡Él era una persona especial! Ya no tenía que sufrir por perderse los primeros platos o las primeras escenas. Ahora podría justificar su impuntualidad ante sus jefes y ante su novia. ¡Resulta que formaba parte de esa minoría de seres que no podían vivir pendientes del reloj y con una pastillita se le arreglaría! Además, por si acaso, llevaría siempre consigo el dictamen facultativo que le volvería a abrir todas las puertas cuando ya habían colocado el cartel de "cerrado".


Fuente:EVENING TELEGRAPH
ABC.ES
12/01/2016 12:30hActualizado:12/01/2016 16:25h
Un hombre consigue que le diagnostiquen «llegatardismo»: la enfermedad de la impuntualidad.

Según los médicos, su cerebro es incapaz de estimar correctamente cuántos minutos han transcurrido desde que comienza una actividad y pierde completamente la noción del tiempo.



UNA FRASE VARIAS HISTORIAS-HISTORIA 1. Cruzando el límite


UNA FRASE VARIAS HISTORIAS-HISTORIA 1
"Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado hasta aquí sin miedo" (Nuria Amat: La Extranjera)

Cruzando el límite
Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado hasta aquí sin miedo, pero agotados por el tremendo esfuerzo.
En la inconsciencia de la juventud, no midieron sus fuerzas antes de emprender el vuelo,  de cualquier modo debían  llegar porque lo contrario supondría su desgracia. Con todo, había merecido la pena tan intrépida resolución, su bautismo en el aire, la prueba de fuego, la sublime sensación de mecerse en el viento y ser uno con el cielo. Tras varias horas de vuelo vislumbraron el faro en la lejanía y al acercarse la noche decidieron buscar abrigo. Ahora, pletóricos de emoción, contemplaban la inmensidad del mar desde su prominente enclave.  Alba sintió un leve dolor en su cuerpo pero lo achacó al enorme agotamiento. Se sentía tan  exhausta que se durmió enseguida. Alex buscó algo de comer para reponer fuerzas. Por primera vez fue consciente de que su madre se inquietaría al notar su falta.
Al pasar al lado de su hermana la notó fría. Su cuerpo yacía inerte. Se acurrucó junto a ella para infundirle calor, también él se encontraba ya al borde de la extenuación. Una ráfaga de viento azotó de repente su exiguo refugio, se hizo la noche y todo quedó sumido en la oscuridad.
El resplandor del amanecer despertó a la madre. Ahora, con todo el día por delante, debía seguir buscándolos, volaría hasta la isla del viejo faro abandonado, seguro  que los encontraría allí  aunque les había advertido que no traspasasen el límite porque aún eran demasiado pequeños para recorrer  tan larga travesía.
Foto:  Pinterest: The abandoned Lighthouse at Point of Ayre, Talacre Beach, Flintshire, North Wales, UK. 2008 

miércoles, 25 de octubre de 2017

Con los cinco sentidos ejercicio 4

Iniciamos un ejercicio en el que, como su nombre indica,  los diferentes sentidos cobran protagonismo en los textos. Se trata, pues, de integrar un sentido en la narración de forma que ésta gire en torno a él.

Comenzamos con el sentido del GUSTO como primera propuesta, y, dentro de ésta, elegimos para la primera ronda el sabor dulce.

Todos los textos se basarán en la premisa de trabajar con este sabor. La etiqueta utilizada será:

Con los cinco sentidos- gusto dulce.

martes, 24 de octubre de 2017

AYER QUISE DECIRTE...


Llegaba tarde a todas partes. De la comida, alcanzaba sólo a probar los postres. De las películas, los finales. Hacía esperar al destino, y desbarataba el de unos cuantos… sobre todo el tuyo.

Hubo un tiempo en el que ambos encontrábamos sabrosa la sopa fría, tostábamos el pan duro y lo comíamos con gusto; disfrutábamos apurando el último cigarrillo. Luego, la impuntualidad en todas las cosas nos fue alejando. En ese tiempo no era más que una voz apresurada o un mensaje de texto, que se disculpaba a todas horas. Creo que nunca llegamos a convivir, tenías razón. Pocas veces coincidimos en una misma dimensión en espacio y tiempo.

Creía que ya te había olvidado, pero no, una parte de mi pasado todavía sigue echándote de menos. Y ahora por mucho que corra y adelante todos los relojes… nada.
Ayer supe que ya no llego a alcanzarte.


Autora: Ana Pascual Pérez


Frase de inicio: "Llegaba tarde a todas partes. De la comida, alcanzaba sólo a probar los postres. De las películas, los finales" corresponde al micro Elogio de la impuntualidad de Fernando León de Aranoa.

jueves, 19 de octubre de 2017

Des-encanto


Fuente de la imagen: dibujosa.com

Frase de arranque: Llegaba tarde a todas partes. De las comidas, alcanzaba sólo a probar los postres. De las películas, los finales.

Elogio de la impuntualidad / Fernando León de Aranoa
(Aquí yacen dragones)

Llegaba tarde a todas partes. De las comidas, alcanzaba sólo a probar los postres. De las películas, los finales. El día en que iba a casarse se retrasó tanto, que su novio se cansó de esperarla. No conseguía continuidad en ningún trabajo, porque llegaba casi a la hora de echar el cierre. A pesar de contar con varios despertadores, no lograba desprenderse del gafe de la tardanza. Siempre había atascos cuando iba en coche, imprevistos cuando iba andando. Con el paso del tiempo, se dio cuenta de que había llegado  tarde a su juventud, al amor, a la dieta, a las vacaciones,  incluso a la jubilación, y, desesperada, decidió adelantarse para no llegar también con retraso a la muerte, ya que el tren de la vida había agotado sus pasajes. Cuando ya lo tenía todo preparado, sintió un súbito dolor ascendiendo desde el centro del pecho y comprendió que, una vez más, su destino le había tomado la delantera.

Manoli VF

La Herramienta

La imagen puede contener: planta y exterior
Fuente de la imagen: endimages.s3.



Frase de arranque: "Sin que nadie la vea, la niña de la melena formidable va hasta el pozo y se zambulle"
(Del microrrelato Secretos I de Isabel Wagemann)

Sin que nadie la vea, la niña de la melena formidable, va hasta el pozo y se zambulle. No se recoge la larga melena que, más tarde, utilizará de cuerda para salir. No tiene miedo a las profundidades porque es una niña ondina, producto del sueño de Raquel que, desde que vio aquella maldita película de la niña fantasma, no deja de soñar lo mismo, noche tras noche. Primero observa como la niña se zambulle para, al rato, lanzar a la superficie la melena. Su melena que, poco a poco, se retuerce y enrolla como una serpiente sobre la polea, hasta convertirse en cuerda por la que escalará el espectro onírico para mirarla fijamente, una vez que esté fuera. La mayoría de las noches, mucho antes de que la ondina apoye sus pies húmedos sobre el suelo, Raquel estará gritando despierta. Pero esta noche tiene una herramienta. La experta en sueños le ha dado una tijera. En cuánto asomen los infernales cabellos por la boca del pozo, ella los cortará, rápida, y llenará el hueco de piedras.

©Manoli Vicente Fernández


Fuente de la imagen: endimages.s3.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Reflexiones en el cuarto de baño




La mosca revolotea sin demasiada vitalidad en el cuarto de baño. Al principio no me molestaba, pero ahora no escucho otra cosa. En realidad, la culpa es del cretino de mi ex. Eso es lo que de verdad me mosquea. Siempre ha salido zumbando detrás de otras mujeres, pero nunca lo había hecho en serio, nunca se había atrevido a engañarme... Siento que... ¡oh!...

El zurullo interrumpe mis pensamientos al caer al retrete. ¡Se lo dedico! Es un comemierdas, siempre lo he dicho.

Mientras cojo el papel higiénico, recuerdo a la rubia de bote con la que me ha puesto los cuernos. ¿Sabría que estaba saliendo con un tío comprometido? No creo que su conciencia esté más limpia que mi ojete.

La mosca sigue revoloteando. Me pone de los nervios y la mato de un zapatazo.

Mientras la lanzo a la taza, pienso: sepultada en mierda, el sueño de toda mosca. Tiro de la cadena deseando que cierto moscardón encuentre su final enterrado en las tetas de una rubia.




UNA FRASE, VARIAS HISTORIAS- HISTORIA 2

«La mosca revoloteaba sin demasiada vitalidad en el cuarto de baño». (José María Merino)

Autora: Noemí Hernández Muñoz

Imagen: sferrario 1968 (Pixabay)

jueves, 12 de octubre de 2017

Dulces Sueños

Fuente: web mitoscortos.org


Sin que nadie la vea, la niña de la melena formidable va hasta el pozo y se zambulle. Mientras su cuerpo desciende, los mechones de pelo se elevan y bailan en el agua, como culebras. No abre los ojos, pero sabe que todo está oscuro, como la boca de un lobo. Siente el agua como un líquido espeso y viscoso, en el que sobreviven pequeñas formas de vida marginadas por la naturaleza. Algunas le rozan, otras muerden sus tobillos, y la más grande de todas, araña como un gato salvaje.
Le araña los brazos, empujándola hacia abajo. La niña se pellizca la nariz con fuerza, evitando que escape el aire. Agita sus piernas con torpeza, también la mano que le queda libre, y en un movimiento topa con algo que agarra con fuerza. Es otra mano, no más grande que la suya… La suelta aterrada, con asco. Percibe el sabor de la cena subiendo por su esófago, cuando nota que se han desprendido algunos dedos, y se deshacen entre su mano.
Una voz femenina la eleva con vigor hasta la superficie, sin tiempo para una adecuada descompresión. La niña observa a su madre con la mirada perdida, ensimismada, mientras sigue enrollando uno de sus rizos al dedo índice.
- Anda, deja de hacer eso, que luego te despiertas con todo el pelo enmarañado.

La nena se acaricia la melena, respira hondo y lanza el libro hacia los pies de la cama. Piensa que desde ahí ya no podrá arañarla.

"Sin que nadie la vea, la niña de la melena formidable va hasta el pozo y se zambulle". Secretos I de Isabel Wagemann

Autora: Ana Pascual Pérez

jueves, 28 de septiembre de 2017

Tener siete vidas, como los gatos.







La mosca revolotea sin demasiada vitalidad en el cuarto de baño, intentando recomponerse. Algo parecido al zarpazo de un león la ha lanzado contra los azulejos, y ahora ya no sabe... La frase se repite dentro de su cabeza como un mantra, insistente y molesto, colaborando aún más al desconcierto.

Aun así, no piensa que haya sido mala idea lanzarse en picado hacia el lavabo, a la caza de la pestaña que había dejado olvidada la humana. Le había visto hacerlo con los niños. Siempre sonreían cuando el pelillo desaparecía de un soplido, como por arte de magia.

Intentó soplar varias veces, sin éxito. Hasta que se le ocurrió formar un torbellino moviendo con frenesí sus diminutas alas, provocando un leve zumbido.

"La mosca revolotea sin demasiada vitalidad en el cuarto de baño" de José María Merino
Autora: Ana Pascual Pérez

miércoles, 27 de septiembre de 2017

La huida


"Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado aquí sin miedo"  ( Nuria Amat: La extranjera)


  Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado aquí sin miedo. Estaban cansados y hambrientos. No se arrepentían de haber escapado; lo hablaron, lo meditaron y al final chocaron sus manos como un trato entre ellos, un seguir juntos y afrontar lo que les viniera encima. Iba a ser muy complicado seguir caminos sin que los encontrarán, pero lo intentarían, aunque tuvieran que caminar de noche y esconderse durante el día.
Se sentaron a la sombra del Faro a esperar la noche para continuar. Ella cerrò los ojos e intentaba dormir un poco, pero los pasados acontecimiento se empeñaban en revolotear por su mente como burbujas de jabón que explotan continuamente.
"Y cómo lo digas te corto la lengua"
Él se acurrucó a su lado. Protector. No iba a permitir que nadie le hiciera daño. Apretaba su mano con fuerza, cómo una cadena que la uniera a ėl para siempre.
No podían volver. Eso lo tenían claro los dos. Estaban juntos desde el primer día en el vientre de su madre y seguirían juntos siempre. Aunque la vida les marquen destinos diferentes, él no la abandonaría jamás. Vivió su pesadilla, su angustia, sus llantos... Pero no podía hacer nada. Ahora sí, ahora nadie la humillaría ni la dañaría.
Y así, acurrucados los dos, contemplaron la puesta de sol más hermosa que jamás habían visto. Quizá eso sea una señal -pensó- quizá veamos otras muchas puestas de sol.


María Manrique



Faro de Maspalomas (Gran Canaria)


PASAPORTE




(imagen de Google)

UNA FRASE VARIAS HISTORIAS- HISTORIA2
"La mosca revolotea sin demasiada vitalidad en el cuarto de Baño" (José María Merino)



La mosca revolotea, sin demasiada vitalidad en el cuarto de baño.
Aun le quedan fuerzas para mirarme, satisfecha, después de tanto banquete putrefacto. 
Al olfato, como a las pupilas, les cuesta acostumbrarse a la mezquina caverna, a medida que voy descendiendo, peld
año a peldaño, por la escalera de acceso, oculta tras una falsa pared. 
Por unos orificios al ras del techo se cuela el frío y el ruido lejano de la calle. El sol, que se resiste a entrar, vuelve al recinto, espectral. Se respira una atmósfera compacta, infecta. Olores nauseabundos, colores chillones, muebles desvencijados, recipientes con un pastiche repugnante que nunca olió mejor. Todo es abominable en este corralón. Si tuviera que pensar en el infierno, elegiría este lugar.
Quedan restos de la toma rápida de la situación. La gente de investigaciones irrumpiendo con sus armas a grito batiente, haciéndose paso entre tiros y golpes. Las mulatas se amontonan, susurran, ruegan, lloran. Ninguna se atreve a gritar. Sus miradas se cruzan en un pedido de auxilio, creyendo una vez más, que será inútil. 
Pero no, esta vez despertarán de esta pesadilla que comenzó cuando creían llegar a la libertad.
Una discreta esperanza asoma a sus ojos, a medida que ascienden, y alguien con una manta y un café caliente intenta animarlas. 
Es posible que por fin, pisen tierra firme de verdad.

Vivian Rodríguez Dorgia

Distracciones







UNA FRASE VARIAS HISTORIAS- HISTORIA2
"La mosca revolotea sin demasiada vitalidad en el cuarto de Baño" (José María Merino)


La mosca revolotea, sin demasiada vitalidad en el cuarto de baño.  Ene la acaba de encerrar ahí porque no la deja estudiar. Vuelve a sentarse en su escritorio y se esfuerza en leer sus apuntes. Por fin sin mosca, pero…  ¿qué estará haciendo?, se pregunta. Seguro que se aburre dando vueltas entre botes de champú y gel. Se la imagina posándose en el lavabo y mirando hacia el desagüe como si estuviera en el borde de un precipicio que da a un abismo oscuro y misterioso. ¡No, sal de ahí, mosca!

Ahora le parece verla volando frente al espejo y preguntándose quién será esa otra mosca que se empeña en imitar a la perfección sus movimientos. ¿Sabrán las moscas lo que es un reflejo? ¿Intentará atravesar el espejo para acceder a ese otro mundo reflejado? ¿En cuántos mundos distintos habrá estado? Ene se pregunta si habrá viajado mucho y cuántos kilómetros puede recorrer una mosca al día. Claro, que si va en vehículos, como esas moscas que su padre llama “cojoneras”  y que tienen la manía de meterse en el coche cada vez que vienen de pasar el día en el campo, las posibilidades de conocer mundo se amplían enormemente. Por ejemplo, si una mosca se cuela en un autobús que va de Madrid a París, puede llegar a la ciudad de las luces y hacer turismo y subir a la Torre Eiffel. Y si luego coge un tren que vaya a San Petersburgo, podría pasearse por el mismísimo Palacio Imperial. Y si… ¡Para mosca, estate quieta ya!

Ene se levanta, va al cuarto de baño y abre la puerta. Y ahí está, mirándola indiferente, frotándose las patitas como sólo las moscas saben hacerlo. (Si pudiéramos oírla, estaría soltando una risilla maliciosa).

©Sara Nieto Yuste

martes, 26 de septiembre de 2017

Otto y la bailarina








   La mosca revolotea, sin vitalidad, en el cuarto de baño. Dibuja espirales en el aire con la misma gracias que una bailarina patosa. Otto, el labrador de Fanni, la sigue con la vista. Le hipnotiza el susurro de su zumbido. Alarga el cuello y levanta una pata pero nunca la alcanza.


  La mosca se vuelve juguetona. Emprende el vuelo hasta el techo y desciende en picado hasta el lavabo. Se posa en el grifo, se mira en el espejo, se frota las patas delanteras con aire satisfecho y parece contemplar sus alas transparentes. Otto se sienta sobre la alfombra fucsia y olfatea en el aire. La trufa que tiene por nariz se arruga. Inclina la cabeza. Primero a la derecha; luego a la izquierda; a la derecha otra vez. Deja escapar un gruñido. Pero la mosca no le hace caso. Vuelve a emprender el vuelo, a dibujar espirales en el aire. Otto la sigue por el pasillo hasta el cuarto de los niños. Se detiene junto a la casita de muñecas. La mosca le hace rabiar y da vueltas alrededor del rabo del cachorro que gira y gira persiguiendo al esquivo bicho. El insecto sabe cómo burlarse. Otto protesta. Uno, dos, tres ladridos. Alarga el hocico, abre las fauces y en un descuido del bichejo se zampa la mosca.


 

©Ana Mª Madrigal Muñoz



domingo, 24 de septiembre de 2017

Siguiendo el vuelo de una mosca

No hay texto alternativo automático disponible.
Fuente de la imagen: Pixabay
Frase de inicio: La mosca revolotea, sin demasiada vitalidad, en el cuarto de baño
( del microrrelato La mosca de José María Merino)

La mosca revolotea, sin demasiada vitalidad, en el cuarto de baño. Sigo sus movimientos mientras el agua caliente va desentumeciendo mis músculos. Froto suavemente con la esponja, muy despacio, y observo como el color amarillo va dejando paso al color rojo. No pienso. Ahora no. La mosca se ha posado en el azulejo de la esquina. Parece atontada por el vapor. Igual que yo. Siento que los analgésicos comienzan a hacerme efecto. Parecía tan buen chico cuando me invitó a bailar… Siento un dolor agudo y me pregunto por qué no he sido capaz de acudir al médico, a la comisaría. La mosca se ha quedado quieta ahora. Las alas pegadas. Imposible revivirlo otra vez. Alguien está llamando al timbre. Estoy a gusto aquí: el agua caliente, el vapor, las ganas de dormir…


                                                           Manoli VF©


lunes, 18 de septiembre de 2017

Renacer

UNA FRASE VARIAS HISTORIAS- HISTORIA 1
“Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado aquí sin miedo” (Nuria Amat: La extranjera)
Fotografía de Verónica Orozco García
  (© Orgav) (© Fotografías Orgav)
RENACER
Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado hasta aquí sin miedo, sin aliento. Mismo día, misma hora, mismo lugar...
Sus ojos se encontraron después de quince años, después  de aquel juego lleno de infantiles promesas.
Ante sus miradas, dos personas adultas que cumplían con la condición de no haber tenido suerte en el amor.
Atrás quedarían, en el mejor de los casos, los imbéciles que sólo la  querían por sexo; en el peor, diez años de terror, diez años marcados de lesiones   y vejaciones.
Ahora volvían a sonreír con esperanza.  Tras sus tormentas enterradas en una botella, nacía la calma...
© Orgav

jueves, 14 de septiembre de 2017

Ya es del mar



Torre de Hércules.


"Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado hasta aquí sin miedo", La Extranjera. Nuria Amat

Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado hasta aquí sin miedo. Ella está de puntillas, él a dos patas. Esperan al monstruo, ese al que algunos respetan y otros temen. El que engulle los espigones y embiste el faro, el mismo que devoró barcos hace una semana.

Ella grita con fuerza su nombre, aguantando con rabia las ganas de llorar, y él ladra sin saber muy bien a qué o a quién.

Necesita verle cara a cara para reclamarle lo que se llevó, lo que es suyo.
Pero el monstruo remolonea, y el marinero no aparece.

Autora: Ana Pascual Pérez

El faro




Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado hasta aquí sin miedo
La Extranjera (Nuria Amat)



   Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado hasta aquí sin miedo, sin aliento. Ella echa la cabeza hacia atrás, cierra los ojos. Deja que la brisa marina inunde sus pulmones, la llene de vida, la haga creerse joven. El viento revuelve sus cabellos y un mechón le cosquillea la nariz. Pasa la lengua por sus labios, los siente salados. Abre los párpados: la luz del atardecer la deslumbra. Mira hacia abajo, y la zarandea el vértigo. Él, temiendo que emprenda el vuelo, la sostiene por la muñeca. Ella lo mira burlona, con una sonrisa entre tierna e irónica, que se transforma en carcajada de gozo cuando él deja un leve beso en la punta de su dedo corazón.

   A lo lejos, dos veleros rivalizan por alcanzar el horizonte. Uno remolonea cabizbajo; el otro coge velocidad como si quisiera darle ánimos. Ellos los contemplan; se miran; asienten.

   Una gaviota planea sobre la playa como si quisiera descifrar el mensaje que dejaron sus pisadas en la arena. Ellos sí conocen el significado de cada huella.

   Unos meses antes contemplaban el faro desde la casa en la que viven. El ojo del cíclope los atraía como un sueño imposible. Durante meses, se esforzaron por reafirmar sus pasos vacilantes. Había días que sólo lograban caminar unos metros por la playa. Otros, les fallaban las fuerzas antes de ponerse en pie.

   Siempre bajo la vigilancia del faro.

  Él sentía cada retroceso como una derrota. Ella vivía cada avance como una victoria. Él perdía la esperanza de alcanzar algún día su destino. Ella estaba segura de que lo conseguirían.

  Hoy han llegado hasta aquí, hasta lo alto del faro. Sin miedo, sin aliento. Él pasa de los noventa años. Ella pronto cumplirá ochenta y seis.

© Ana Madrigal Muñoz
Todos los derechos reservados
Ejercicio realizado para el grupo "Nosotras escribimos" a partir de las frases









martes, 12 de septiembre de 2017

Una frase ejercicio 3

En este ejercicio tomamos como punto de partida la primera frase (o las dos primeras, en caso de ser breves) de un microrrelato que nos llame la atención.

-Historia 1: El micro elegido ha sido La Extranjera de Nuria Amat. Y todos los textos han arrancado desde las dos primeras frases:

Frases de inicio:

Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado hasta aquí sin miedo

Transcribo el micro La extranjera en su totalidad:

LA EXTRANJERA  
Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado hasta aquí sin miedo.
Atraídos por el amor al vértigo. Guiados por una flecha insolente de la noche. Ella mira hacia abajo. El mar la deslumbra. Olas hinchadas como venas patean su rabia contra la muralla de rocas. Él le pide: Ámame.
Ella no responde. Es joven y cierra los ojos como si estuviera viviendo muchas muertes. Ella teme saltar. Él le reclama: Bésame. La luz del faro indaga por las cosas perdidas y los encuentra a ellos. Amantes de las sombras son el blanco del silencio. Ella quiere saltar porque en su garganta tiene un nudo de reproches. Como él no pregunta, tampoco ella le responde. Su pasado es un mapa deshecho. Viene de un país hundido. No resulta fácil decir lo que se piensa. Y ella piensa demasiado. Ahora abre los ojos para ver el naufragio de su alma. Él la abraza como si quisiera desnudar su rabia. Ella le pide: Mátame.

NURIA AMAT



-Historia 2: El micro elegido ha sido Mosca de José María Merino.

La frase de inicio es:

La mosca revolotea, sin demasiada vitalidad, en el cuarto de baño.

MOSCA
La mosca revolotea sin demasiada vitalidad en el cuarto de baño. La miro con asco. ¿Qué hace este bicho en un hotel de lujo, y además en febrero? La golpeo con una toalla y cae exánime sobre el mármol del lavabo. Es una mosca rara, arrubiada, no muy grande. Se me ocurre que es el último ejemplar de una especie que desaparecerá con ella. Se me ocurre que tenía en el cuarto de baño su refugio invernal. Que en el jardín que se extiende bajo mi ventana hay alguna planta también muy rara, que solo podía ser polinizada por esta mosca. Y que de la polinización y multiplicación de esa planta va a depender, dentro de unos milenios, la existencia del oxígeno suficiente como para que nuestra propia especie sobreviva. ¿Qué he hecho? Al matar a esa mosca os he condenado también a vosotros, descendientes humanos. Pero la mosca mueve sus patitas en un leve temblor. ¡Parece que no ha muerto! Ya las agita con más fuerza, ya consigue ponerse de pie, ya se las frota, ya se alisa las alitas para disponerse a volar otra vez, ya revolotea en el cuarto de baño. ¡Vivid, respirad, humanos del futuro!. Mas ese vuelo torpe me devuelve la inicial imagen repugnante. Salgo de mi pasmo. ¿Qué hace aquí este bicho asqueroso? Cojo la toalla, la persigo, la golpeo, la mato. La remato.


JOSÉ MARÍA MERINO


-Historia 3: El micro elegido esta vez es SECRETOS I  de Isabel Wagemann forma parte de La Aldea F. Las Microlocas.

Frase de inicio: 
Sin que nadie la vea, la niña de la melena formidable va hasta el pozo y se zambulle.


Secretos I


Sin que nadie la vea, la niña de la melena formidable va hasta el pozo y se zambulle. Nada como un pez y sus rizos se expanden como culebras. La niña medusa va hasta lo más profundo, donde rompen las olas y galopan los caballitos de mar. Cuando remonta el agujero, ayudada por sus alas de sirena, se tumba al sol para secar las escamas de plata. Una vez a la semana, la madre de la niña le desenreda el pelo. Y prefiere no preguntar cuando, de entre la espesura, ve salir trozos de algas y redes, cangrejos y caracolas. No pregunta porque no sabe lo que son. Nadie conoce el mar en el desierto.

ISABEL WAGEMANN


-Historia 4: Para esta historia el autor elegido es Fernando León de Aranoa con el micro: Elogio de la impuntualidad de la obra Aquí yacen dragones.

Frase de inicio:
Llegaba tarde a todas partes. De la comida, alcanzaba sólo a probar los postres. De las películas, los finales.

Elogio de la impuntualidad
A mis víctimas
Llegaba tarde a todas partes. De la comida, alcanzaba sólo a probar los postres. De las películas, los finales. Jamás asistió al primer acto, presentación o preludio. Se ahorró prolegómenos y palabras introductorias. Se especializó, por contra, en las prórrogas y en los bises, en los epílogos de los libros y en su fe de erratas. Con los años empeoraron los síntomas. Encontraba cerrados sin remedio cines, bares y librerías. Iba a comer pero llegaba a cenar. Acudió a su primera entrevista de empleo, pero llegó a su despido fulminante. Del amor de su vida sólo conoció el humo de las cenizas. Partió a la guerra para olvidarla, pero llegó a la paz. Vivió la vida a destiempo, y hace ya meses que le aguarda la muerte, pero él, que lo sabe, se hace esperar.

FERNANDO LEÓN DE ARANOA