miércoles, 12 de junio de 2019

Nosotras, las invisibles



(A petición de Manoli Vicente, cuelgo una entrada procedente de mi blog personal. Un honor compartirla con todas vosotras.)

Imagen tomada de Pixabay
A menudo me siento invisible. Entonces trato de recordar la frase de El Principito. Eso de que lo esencial es invisible a los ojos. A veces me consuela. Otras no tanto. Porque invisible sé que soy, pero esencial lo dudo. No creo que nada vaya a cambiar si mi invisibilidad un día se apropia del todo de mi carne y me vuelvo transparente en todos los sentidos.  Nadie es esencial ni imprescindible, y menos aún nosotras, las invisibles.


No sé por qué soy así. Así de invisible quiero decir. Lo cierto es que si me pongo a pensar provengo de una larga familia de invisibles. Sobre todo las mujeres. Debe ser algo genético. Ya en la escuela fui una niña invisible. Muy buena estudiante. Con dieces incluso pero nada más. Ya está. Nunca fui delegada ni formé parte de los populares de la clase. Tampoco sentí que los profesores me tuvieran demasiado en cuenta. Y eso que yo me esforzaba. Pero no, no lo recuerdo al menos. Tan solo me acuerdo de una maestra que se fijó brevemente en mi existencia. Gracias a ella terminé dominando la nomenclatura química. Y eso que  se me daba fatal al principio. Ella me vio y a través de sus ojos me vieron todos los demás durante un trimestre.
Pero está claro que mi virtud es encontrarme en “el montón”. Y dentro de allí en el rinconcito menos visible que se pueda. Si me buscas en las fotos de grupo es posible que no me encuentres, siempre hay algún brazo por delante, alguna melena o alguna cabeza oportuna que se mueve en el último instante. Si por casualidad aparezco es muy problable que salga de medio lado y así como esquinada. O peor, haciendo alguna mueca cómica o con cara rara, intentando aparentar un aire digno. Puede que sea por intentar salir de mi invisibilidad, que mi cuerpo me traiciona y me descompone el gesto, como intentando contenerme en mi vasija transparente.
Esto de la invisibilidad es una putada, sí señor. Porque te acabas acostumbrando y llegas incluso a disfrutar de ella. No niego que es agradable que te ignoren en el trabajo cuando haya que tragarse algún marrón. O que si un día alargas la hora del desayuno nadie te eche de menos. Es una ventaja que no cuenten contigo para casi nada en casi ninguna parte. Eso te da una falsa sensación de libertad incomparable. Incomparable pero falsa. Porque si alguna vez he intentado salir de mi zona habitual, donde están las ignoradas que hacen bulto, pronto las circunstancias me han hecho retroceder a mi sitio. Y si no han sido las circunstancias, siempre hay voluntarios que se ofrecen a recordarme que no se puede cambiar el orden natural de las cosas así como así.
El orden natural. Eso es. Imagino la sociedad como una jungla enorme donde hay leones que nacen para rugir y dominar, aún sin ganas. Abren la boca y antes de que terminen la frase ya se oyen los aplausos. Luego hay elefantes, pausados, majestuosos, a los que no les hace falta ni hablar. Su sola presencia ya transmite respeto. Si de vez en cuando barritan ya es el no va más. Hay grandes elefantas, tigresas desafiantes y leonas, normalmente a la sombra de los machos, que también levantan ovaciones. Sobre todo cuando contonean las caderas. Y luego hay conejos asustados. Y ratones insignificantes. Y ratitas presumidas, que cuidan de su rinconcito. Un rinconcito pequeño pero reluciente. Que se atusan el pelo y se pintan las uñas y lavan la ropa de sus hijitos. De vez en cuando sacan tiempo para hacer unas manualidades preciosas que sirven para decorar las paredes de su casita pequeñita, insignificante. O para ganarse algún palmadita de aprobación. Buena chica, progresas adecuadamente. ¿Ves como no hay techo de cristal, boba? Si es que te complicas mucho… Y si un gato la visita pierde la compostura y se lo quiere ligar en lugar de correr a su escondite, que es donde debe estar la ratita. Y entonces el gato se lo recuerda de un bocado. Y la ratita que se creyó importante durante dos segundos porque un gato la piropeó deja de existir. Se ha convertido de nuevo en invisible. Una ratita del montón y más invisible que antes.
Así que de momento me quedo aquí en mi invisibilidad social pero corpórea, con mis cositas y  me cuido de hacer caso a gatos pomposos que solo venden humo en forma de cumplidos vacíos. Desde mi rincón puedo observar tranquilamente el transcurrir cotidiano de la jungla y escribir los cuentos como me de a mí la gana sin necesidad de contentar a los grandes jefes que dictan el rumbo. Sin miedo alguno, porque las invisibles somos especialistas en que nadie nos eche de más. Y solo nos echan de menos nuestras hijas invisibles. Les contaremos nuestras versiones de la historia y tal vez ellas consigan salir en las fotos.

Sara Nieto. Blog: Cuentos contigo 

martes, 23 de abril de 2019

EL DRAGÓN, LA PALABRA Y LA ROSA


En el día de San Jorge, las chicas de Nosotras, se han unido para un bonito homenaje que reúne para mí tres pilares muy importantes:

La leyenda, celebración y santo de San Jorge (un nombre que forma parte de mi vida y mi esencia personal)
La rosa, emblema del equilibrio entre el amor y el dolor.
La escritura,  refugio del alma.

Cada una de ellas ha dotado las palabras que he elegido: dragón, fuego, arma, palabras, rosa y alquimia, de su propio significado, en forma de poemas o micros que reunimos en esta entrada:


NI ROSA NI DRAGÓN (SARA NIETO YUSTE)


Ni rosa, ni dragón

¿Y qué hago con este dragón que me echa fuego por dentro en forma de palabras cuando por fuera estoy paralizada en mitad de la ventisca invernal, terriblemente blanca y helada de la hoja vacía?


¿Y qué hago con las palabras rotas, deshojadas como pétalos de rosa marchita que me caen como lluvia ácida cada vez que estoy a solas?

Esta extraña alquimia de días sucesivos, libros no leídos, besos que no damos, abrazos no sentidos, propósitos no cumplidos y versos que jamás escribiremos me devora cada vez más rápido, y cada vez más fuerte.

Y comprendo que nunca seré dragón.

Ni rosa.

Ni tan siquiera escriba.




EN EL RITMICO VAIVÉN... (MARÍA JOSÉ VIZ BLANCO)

En el rítimico vaivén 
 de las palabras vivas 
 se adormece el dragón perezoso. 
Una rosa sin espinas, 
un aroma dulce de fuego eterno 
 disemina su alquimia fugaz 
por el libro que dejo abierto.




PALABRAS QUE SON FUEGO... (CARMEN CANO)


Palabras que son fuego, 
que hieren y besan,
oxímoron del alma

de la rosa y su espina.

Palabras que son fuego
de dragón en sus páginas.



EL PODER DE LA PALABRA (NOEMÍ HERNÁNDEZ MUÑOZ)


rase una vez un dragón que vivía en una cueva en lo más alto de la montaña más alta del mundo.
Tenía por su mayor tesoro una rosa que un gran mago había hechizado con 
una fórmula de alquimia, de forma que la flor nunca marchitaba y desprendía un brillo tan dorado como el oro. La guardaba con gran celo, pues muchos habían sido los caballeros andantes que habían pretendido robársela. Pero él, orgulloso de su fuerza, los derrotaba con su fuego abrasador.
Un día, llegó hasta su cueva una niña delgada y mugrienta. Se presentó ante él con la humildad y la decisión pintadas en los ojos. De alguna extraña manera, su fuerza de voluntad la había mantenido con vida durante tan duro viaje.
-Señor dragón -le dijo-, necesito su ayuda. ¿Puede regalarme su rosa?
La bestia, sorprendida por su osadía, se preparó para lanzarle una llamarada, tal y como había hecho con tantos viajeros que lo habían amenazado con sus espadas y habían tratado de atacarlo a traición desde alguna de las oscuras cavidades de su caverna. Sin embargo, el brillo en los ojos de la pequeña lo hizo dudar y decidió responderle:
-¿Cómo te atreves a hacer semejante petición?


La niña le contestó, sin desviar la mirada:
-Mi madre está enferma y sé que su rosa es mágica y cura todos los males. Por supuesto, no espero que me la regale sin más...
Intrigado, el enorme ser le preguntó:
-¿Y qué puede ofrecerme una criatura tan pequeña y escuálida como tú?
La niña se acercó unos pasos más a él y posó una de sus pequeñas manos sobre su gigantesca garra. Lo miró con dulzura y una sonrisa llena de amor.
-Solo puedo ofrecerte lo único que tengo: mi amistad, que será tuya para siempre.
El dragón se enterneció, pues jamás había recibido el amor de ningún otro ser durante sus largos siglos de vida, y accedió a entregarle su mayor tesoro.
La enorme bestia comprendió así que la más poderosa de las armas son las palabras cuando son pronunciadas por un corazón tierno.


METAMORFOSIS (PILAR ALEJOS)


Crepitan las palabras
en su pecho
dormido.
Atraviesa la rosa
su piel herida
de silencio.
La alquimia despliega
sus alas de papel
como arma invencible,
como el dragón
escupe
su aliento de fuego.




EL DRAGÓN Y EL GUERRERO (MANOLI VF)


Contra el dragón el guerrero como única arma llevaba una manguera de dulces palabras. En cuánto el animal echó una gran bocanada de fuego, el guerrero comenzó a leer extinguiendo las llamas. Cada una de las letras era una perla de agua que en el crisol del alquimista se transformó en una bella y hermosa rosa ante un dragón deshojado.



La imagen puede contener: flor

jueves, 4 de abril de 2019

Por qué los perros no pueden comer dulce.


El día que desaparecimos, la tía Adela cumplía 98 años. Pese a su delicada salud, sopló con fuerza las dos velas que representaban su aniversario. Animada por nuestros padres, respiró hondo y, creemos que pensó con vehemencia el que pudo ser uno de sus últimos deseos.
Nunca llevó bien nuestros juegos en la hora de la siesta, tampoco daba abrazos y besos, como suelen hacer otras personas ancianas. Todos sentíamos que los niños no eran bien recibidos en su casa, donde reinaba el orden entre diminutas figuras de porcelana. Por eso, cuando la tía Adela nos miró fijamente, al tiempo que apagaba las velas, me temí lo peor.

Los cinco primos salimos del comedor con un plato repleto de tarta de crema tostada y, como en años anteriores nos apresuramos a vaciarlos en el cuenco donde comía su perro. Al que si abrazaba y, besaba en el morro. Después nos sentimos ligeros, felices, con una sensación nueva, como de estar en otra dimensión.

Escuchamos nuestros nombres varias veces. Supongo que nos buscarían por todas las habitaciones, mirando debajo de las camas, dentro de los armarios… Fue ella quien nos encontró. Estábamos dentro de su baúl, donde guardaba sus secretos y la piel de zorro que tanto miedo nos daba. Lo abrió y, nos miró. Ahí estábamos los cinco, desintegrados. Pululando nerviosos, deseando mostrar a nuestros padres, que la tía Adela nos había convertido en polvo de hadas, pero ella sonrío y, cerró la tapa.

Fotografía de Sofia Ajram

lunes, 25 de marzo de 2019

Dos poemas de Carmen Cano


I

Donde nacen las palabras
que el amor ilumina,
donde la luz arrebata
y fecunda estrellas en el alma.
Allí, en el revuelto lecho. Allí,
al caer la tarde, tierra y cielo,
tú y yo. Y la dulce herida
de los astros en pleno vuelo.


Carmen Cano


🎨 Egon Schiele



II

Vuela la mano, nace el sonido
vibrante de la música. 
Clara es su melodía,
              purísimos acordes bajo el cielo
 de la tarde luminosa.
          Después, silencio. Tal vez el   silencio 
        nos contiene en su sombra profunda. 

         
 Carmen Cano



La imagen puede contener: 1 persona
🎨 François Frassinier








sábado, 9 de febrero de 2019

Una de vaqueros

En casa de mi abuelo existía un cofre del tesoro. A menudo mi hermana y yo acudíamos con mi madre a su casa, que se encargaba de su limpieza y colada.

El abuelo vivía con un hermano y eran los dos octogenarios. La abuela había muerto cinco meses antes de mi nacimiento; mi hermana la recordaba bien por ser mucho mayor que yo, pero para mí solo era la señora que presidía, desde una foto,  la pared de la mesa del comedor. Una señora recia, seria, pero en cuyos rasgos yo adivinaba la suavidad y claridad de pensamiento, quizás en esa frente ancha y esa sonrisa medio encogida, que parecía siempre a punto de estirarse. Por las anécdotas que mi madre nos contaba sabía que esa seriedad no era tanta.

El asunto es que el abuelo y el tío a su avanzada edad seguían con su trajín en el campo, con su huerta, sus cabras, su caballo y aperos de labranza. Mientras mi madre lavaba sus ropas en el lavadero comunal y mi hermana se ocupaba de la comida, yo me las arreglaba, entre tiempo y tiempo de barrer suelos y limpiar cristales, para encontrar cosas, como ese cofre del tesoro que aunque no estaba escondido (sino a la vista de todos en la habitación grande) a nadie parecía llamarle la atención.

En el cofre había cómics antiguos de "Billy el niño", " El guerrero luchador", y otras chuches como las novelas de Corín Tellado o las famosas Marcial Lafuente Estefanía. Novelas del oeste, sí, que yo leía tratando de imaginarme a mi abuelo de joven, montando un pura sangre de esos para impresionar a mi abuela. Sí, de vaqueros, pero vaqueros con armas de fuego y corazones de azúcar que se ablandaban al calor del hogar una noche de invierno.

Ahora que lo pienso, caigo en la cuenta de que las letras, fuesen cuales fuesen los paisajes que dibujasen, tenían la magia de transportarme y quizás por eso, mientras mi hermana y mi madre regresaban a casa cansadas de trabajar, yo regresaba ligera, como quien vuelve de un viaje. Pero no de un viaje cualquiera sino uno que me hacía desear muchos más.

A mi abuelo, Ramón Fernández.

MVF©






jueves, 10 de enero de 2019

Proyecto Edad de Plata Universidad Complutense Madrid (LOEP)


La Otra Edad de Plata es un Proyecto dirigido por la filóloga Dolores Romero López de la universidad complutense de Madrid y que pretende difundir obras de autores y autoras poco conocidos de la llamada "Edad de Plata" y comprende gran parte de la literatura escrita por mujeres en una época en que la narrativa femenina tenía poca difusión. 


En este proyecto se ofrecen libros para su lectura y escucha oral y también libros interactivos para que el usuario se adentre en la época e historia que narran.

También dedica especial atención a las mujeres pioneras del movimiento feminista y a la literatura femenina en una etapa en la que esta no alcanzaba la relevancia que merecía.

Desde aquí nuestra felicitación y agradecimiento  a Dolores por esta encomiable labor, así como a todo el equipo integrante.




Biblioteca de libros interactivos

Colecciones interactivas

lunes, 18 de junio de 2018

Biblioteca Ignoria

En este sitio web podemos encontrar talleres, recursos sobre escritura, interesantes artículos y biografías y, además, una enriquecedora biblioteca con clásicos de todos los tiempos y disciplinas junto a autores más actuales.

Dejo el enlace a la biblioteca para que elijáis entre las publicaciones digitales que atesora.







¡Feliz lectura!