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martes, 10 de febrero de 2026

Carmen Castro: Escribir é expandir alma e espíritu con total liberdade

 Carmen Castro, poeta

Temos o pracer no blog de recibir a poeta, Carmen Castro, nada en Silleda (Pontevedra), escritora galega e asidua participante de recitais poéticos.  Pedimos a Carmen que nos fale sobre os seus inicios na escrita, referentes, rituáis a hora de escribir e motivacións para adentrarse na faceta poética. 

Inicios na escrita:

 O exercicio da escritura sempre viveu en mín. Dende nena, no colexio participaba en todos os concursos literarios.

A pesares de considerarme unha muller de mente científica, a miña curiosidade e vínculo coa literatura sempre foi intenso. Gustaba de analizalo todo, encher papéis con preguntas sobre o sentido da existencia, da filosofía da vida e especialmente do invisible. Pasaba horas observando o universo, as estrelas, buscaba o nome das constelacións, dibuxaba seres da mitoloxía clásica.Todo me causaba curiosidade, misterio, intriga.

Penso que nacín nas profundidades e ainda a dia de hoxe, continúo habitando o seu ecosistema. Todos estos temas me levaron a escribir. Nembergantes, a miña etapa literaria comezou entrada a madurez, especialmente despois do meu divorcio, cando comezei a vivir soa.A partir de ahí, escribín para procesar o meu sentir como muller que comenza unha nova etapa libre, resiliente e chea de poesía.

Por qué escribo

Cando a alma precisa expresarse, debe facelo dalgunha maneira. Algunhas persoas teñen a necesidade de facelo cara ao mundo ao modo de espello. Abrir o seu corazón e ser unha raiola de luz para quen precise identificarse con este mesmo sentir. Todos, como seres humanos sociais que somos, temos necesidade de mostrarnos e non sempre achamos a forza suficiente. Eu fágoo deste xeito: poetizando. Un día escoitei de Robe Iniesta, cantante de Extremoduro unha frase: ama para ensanchar a alma. Eu fago iso mesmo cando escribo: expandir alma e  espíritu con total liberdade.

Referentes

Din que para escribir ben hai que ler moito. Penso que é certo, e engado, ademáis, que axuda escoitar os que che poden ensinar. 

A lectura que mais me impactou na adolescencia foi Tres mil leguas de viaxe submarino de Verne, algunhos clásicos como as Meditacións de Marco Aurelio. Tamén profundicei moito na lectura de Lorca e de Alberti.

Os ensaios sempre me gustaron, sobre todo se tratan da natureza e tocan temas de espiritualidade. Lin a Kafka, Murakami, Camus e  a poetas coma Rosalía, Curros, Castelao, Ida Vitale, Cristina Peri Rosi entre moitos máis.

Actualmente gusto de descubrir poetas de nova xeneración e compartir con amigos e algúns coñecidos recitais poéticosos nos que me convidan.

Penso que a mellor parte da poesía está en facela pública e recitala para que poida ser entendida e vivida.

Son unha poeta bilingüe, as línguas son todas dignas.

Publiquei no 2019 o meu primeiro poemario en castelán, " Una ventana en el alma" editado pola Ed. Fervenza. No 2024, o segundo, en galego co título de " Trigonometría da muller", unha mestura da linguaxe onírica coa científica onde quixen reflexar a miña evolución como muller de pensamento libre e servir de pulo para que outras se atrevan a romper moldes e cadeas. A fuxir do medo as crenzas limitantes e saber quen somos nun mundo cheo de controversias e disonancias e falsas expectativas.

Rituais para escribir 

Escribir é un ritual en sí mesmo. Un exercicio de coñecemento interior.

Escribo en calquera lugar, no banco dun parque, na beira dun rió, nunha praia ou tomando un café.Non preciso un lugar concreto pero nas noites de choiva sinto unha especial calma e prendo unha vela de sal, pecho os ollos e penetro nun soño que ao despertar debuxo no caderno que teño máis cerca.

Escribo á man porque a letra forma parte do pulso do poema, é parte do seu corpo.


Poemas

O sol encrucillado

nas ramaxes das arbóres.

A burbulla emerxente

enfocando os beizos resecados da friaxe.

Bican o serán 

das cordas dunha guitarra

cómplice das sombras.

Unha man no peto,

outra sostendo o peso

calibrado das atalaias  nas ás

das primeiras bolboretas.

O aire brotando no vestido,

as camelias das lúas de xaneiro, espertando.

Carmen C.🌿


******************


Volar sobre los rituales del mar

escribiendo a mano y borrando las tachaduras con las olas.

Se explaya en la brisa 

el ciclo natural de la vida

se embebe libremente la tarde.

La sabiduría de Quirón 

se convierte en la constelación de Sagitario 

y huele a inmortalidad,

a la ilimitada vida de las ánforas de arena en el cielo sur de las llanuras abisales.

El genoma del viento

transcribe rituales asimétricos viajando tiempo atrás.

Y si cierro los ojos

me veo como una alfarera de las rocas que han emergido de los cromosomas de la tierra.

Entonces 

siento mi fragilidad y preciso volver a un punto del sol.

Carmen C.🌿


*****************


Las huellas protegen mi piel del frío,

tras la noche una nueva estampa embadurnada de arena.

Gotas de asilo 

indelebles y suaves marcas que el agua mece

en las horas tranquilas.

Pausa e impulso.

La ética de un mar gigante 

sin plagios,

un maremagnum de mesuradas miradas.

Impregnadas se sales marinas

las papilas gustativas de las turmalinas

y los cuantos de los soles de enero.

La quietud cristalizada en las formas onduladas

solamente intactas en los pies de los cormoranes.

Vadeando mientras yo respiro un puñado de luz.

Carmen C.🌿



Carmen Castro


Biografía 

Ata día de hoxe a miña poesía está recollida en dous poemarios:

Una ventana en el alma (en castelán), e Trigonometría da muller (en galego), son poeta bilingüe.

Publico casi a diario nas redes sociais co nome de Carmen Castro e tamén co sobrenombre de Poeta do hemisferio norte. Participei en recitais poéticos adicados a María Mariño no concello de Boiro, tamén no Liceo de Ferrol, no concello de Negreira na Asociación cultural Os gazafellos, e en outros certames para celebrar o día da poesía.

Pendente de publicar novo poemario ao longo deste ano, posiblemente.

Tamén algunha publicación na revista Nós xente de a Redor, na súa XX edición.


Trigonometría da muller (info)

Una ventana en el alma (info)


lunes, 30 de junio de 2025

Paula Castillo: A través de la literatura me he conocido y tolerado

Paula Castillo

Nos visita en el blog en estos primeros días de verano, la escritora Paula Castillo cuya narrativa nos fascina y atrapa cuando nos habla de su pasión por la escritura y sus inicios en el mundo de las letras. Cedemos la palabra a Paula, excelente contadora de historias, a la que agradecemos confidencias, así como el aporte de su cuento Tierra roja.

Son muchas las veces que me pregunto por qué y para qué escribo. Ahora, desde esta edad, a la que considero “tremendamente adulta” y sin remedio, siento la misma excitación que hace muchísimos años al sentarme ante el ordenador o coger el bolígrafo para hacer cualquier anotación en mi libreta. De niña me castigaban porque estaba siempre en las nubes, allí sigo. Me gusta imaginar mundos distintos al mío, atravesar las ventanas e imaginar quién vive allí, y si está feliz o mantiene ese poso de amargura que a veces se nos engancha como las lapas a la roca. Imaginar sus deseos y sus fracasos. Imaginarlo todo, construir una historia y contarla. Me encanta sentarme sola en los bares, sobre todo por la mañana; allí permanecen los rezagados de la noche y los que recién lavados, comienzan el día. Se conocen muchas historias y muchas vidas entre el ruido de los cafés tempranos. La hora del aperitivo también es una buena hora, el aperitivo madrugador, el de las doce, cuando las campanas anuncian que ya no está mal visto tomarse un vino y hablar. Son charlas de recuerdos, de lo que hicieron y de gente que conocieron, de fútbol, cada vez menos de política. A veces me río sola escuchándolos, tienen miles de historias. Siempre me ha gustado imaginar las historias de los demás. El ser humano me parece fascinante. Nuestras emociones, nuestra mente, la forma que cada uno tenemos de afrontar la vida, la mística y la alquimia que nos hace superar lo vivido. Nuestros placeres y vicios. Nuestras soledades y miedos.

El problema viene cuando me siento a escribir y de pronto me entra el pánico y entonces tengo que levantarme y marcharme físicamente de lo escrito. Es como si la historia o los personajes me invadiesen y tuviese que alejarme de ellos. Siento palpitaciones y a veces caigo en una ansiedad tremenda. Me ocurre sobre todo cuando voy llegando al final del relato. Y no es hasta el final, con ese punto último, cuando me siento relajada y muchas veces emocionada. Quizás esta sea la razón por la que escriba relatos y cuentos y que si pienso en una novela empiece a dudar de mí misma.

El momento de la corrección es lo que más disfruto. Quito de aquí, pongo allí, leo en voz alta para ajustar el ritmo. Me siento una alquimista y eso me hace poderosa. A través de la literatura me he conocido y tolerado. Amo mis soledades, y a través del amor, mi mundo se ha ensanchado y enriquecido. He descubierto vidas pegadas a la mía y otras tan distintas, que han contribuido a que saliera fuera de mí, a no tener ideas inalterables, ni a poner límites, ni a juzgar. A vencer el miedo al otro y el mío propio. Me gustaría que mis relatos denunciaran los abusos, la violencia, el machismo, el edadismo, el maltrato a los ancianos. No creo en los extremos, sí en la tolerancia. Estoy especialmente sensibilizada con las enfermedades mentales como el Alzheimer y con las personas dependientes, con las mujeres ancianas abandonadas en las residencias o en sus casas.

Cada vez que escribo, aunque sea mínimo, me acerco a los demás y a mi propio silencio; y hasta me permito jugar conmigo y con los personajes. Descubrir mundos y cambiarlos. Vencer los miedos y alargar la vida todo lo que nos sea necesario. Me gustaría a través de pequeñas historias ampliar nuestra concepción del mundo y de los otros.

Esto es escribir para mí.  Es lo que me gustaría que fuese.

He escrito desde siempre: me castigaban por mis escritos. Y he leído muchísimo, era mi pasión. En casa había una biblioteca bastante grande con los libros ordenados por edades, según el criterio de mi madre. Cada cumpleaños me permitía acercarme a una balda nueva y explorar los libros que allí encontraba. Era un mundo fascinante. Leía a los clásicos, a Proust, a Thomas Man, Bécquer, Neruda, Jane Austen, Emily Brontë. Después crecí y aparecieron Carmen Martín Gaite, Josefina Aldecoa, Matute, Zambrano, Soledad Puértolas, Cristina Fernández Cubas, García Márquez, Carlos Fuentes…


 TIERRA ROJA 

(Cuento) 

Quieta sobre el suelo de piedra. Con los zapatos blancos en la mano y los pies manchados de barro, espero temerosa escuchándome por dentro. No encuentro nada, solo sogas amarradas al estómago que me sostienen la lengua y me sujetan los párpados.  El cuello cae vencido por la vergüenza. Solo el murmullo de voces que hablan de mí me acompaña en esta noche acusadora.

Al entrar al patio contemplo de nuevo la escena con los ojos secos. Veo los limones esparcidos por el suelo brillar en lo negro.  Nadie los recoge ya, yo tampoco.

 Cuando era muy niña, antes de que muriese mi hermana Teresa, me gustaba observar cómo cambiaban las ramas de los limoneros de espinas a brotes de color morado. Y los pétalos de la flor, también amoratada, se convertían en óvalos con la piel gruesa y amarilla.  Cada día vigilaba que estuviesen maduros con un único propósito: llevárselos a mi madre.  Era la hora de la ofrenda.  No podía volver a casa con las manos vacías.  En la feria, los cucuruchos de altramuces; los domingos, el corte de nata y fresa, y cuando regresaba del campo con mi padre, el ramo de flores silvestres.  Todo era para ella.

 Rememoro el momento en el que curvo los pies descalzos para no sentir el frío de los cantos de piedra que mandó colocar mi padre. Él mismo eligió la piedra. Disfrutaba al cruzar el patio de un lado al otro caminando de puntillas con el dedo índice sobre los labios. Sabía que a mi madre le molestaba cualquier ruido. Miraba hacia un lado y hacia el otro para comprobar que no hubiese nadie, y fingía que tropezaba y se caía. Yo me reía desde mi escondite.  A mi padre le gustaba hacer el payaso conmigo.

Todavía siento las yemas de los dedos frías colgando a ambos lados del cuerpo. Rezaba y pedía indulgencia por algún pecado cometido. Asustada intentaba mantenerme erguida cubierta de polvo y de miedo. Cerré los ojos para quedarme a oscuras. Temía que la mirada de mi madre rozase mi cuerpo sucio de la tierra roja. Miedo a que me mandase lavar sin verme. Sin reparar en que el rojo era el de la tierra que tanto amaba, no el de mi pecado. Rezaba para que fuese ella la que me adecentase, la que cogiese la esponja y arrancase mi inocencia. No otro sino ella, y así, despellejada, comprobase que estaba limpia.  

Nos gustaba escaparnos a las viñas las noches en las que la luna iluminaba las vides como si fuese de día.  Mi primo y yo.  Quedábamos en la casa encalada que desaparece en la curva y aparece de nuevo junto a la Ermita de San Antonio.  Siempre nos persignábamos, aunque pasásemos por allí corriendo.  Mi primo y yo.  Cogíamos las bicicletas del pajar de su padre y nos íbamos al campo. Nos tumbábamos entre las cepas vestidas de agosto con sus trajes de volantes y los adornos de plata. Nos contábamos nuestros sueños arropados y mecidos por el viento de las noches claras, y bebíamos del silencio.  «Todo es más intenso a tu lado», me decía. De la mano, tendidos el uno junto al otro, nos rozábamos. Nos sacudíamos las hormigas que se nos subían por el cuello. Yo le soplaba en su oreja para espantarlas y él lo hacía en la mía. Cuando se nos agotaba la risa escuchábamos cómo subía del regato el canto de las ranas.  Mi primo y yo. Qué extraños los recuerdos que vienen de lejos para convertirse en nuestro presente. Los que dejamos ir se pierden. Los otros, los que transformamos, se nos quedan pegados.

De pronto, los faros de una camioneta nos cegaron, el claxon hizo que nos levantásemos de un salto y que sacudiésemos la ropa.  Mi tío se quedó sentado al volante y fue el mozo de mi padre quien salió a preguntarnos que hacíamos. Sus palabras eran gruesas y sus manos se movían como poseídas en la claridad de la noche. El río brillaba negro y vacío. Echamos a correr, pero no avanzábamos. Los pies hundidos en el barro que nos engullía. Nos metió a empujones, su mano nudosa me aprisionaba el brazo. Mi primo delante y yo detrás. Mi tío al volante.  El Mulas —así le llamaban—, el que se tuvo que casar con Fuencis porque la dejó preñada, sudaba a mi lado con olor a cabra. En silencio los cuatro.  El secreto de la noche nos excedía a todos. Los sueños atropellados como lunares de tierra roja estampados sobre el parabrisas.  El pueblo vacío. La camioneta se llevó por delante la curva de la iglesia. Mi primo arrojado a su casa y yo empujada a la mía.  Me dejaron sola en el patio.  Yo, como ofrenda.

Las voces que denunciaban nuestra historia callaron de pronto, y el viento se retorcía anunciando el crepúsculo. La puerta vidriera golpeaba una y otra vez contra el pestillo atascado. Desde el piso de arriba bajaba sin fuerza el llanto de Teresa que Fuencisla, la niñera, intentaba disimular con sus rezos. 

—Me lo ha contado todo tu tío —dice mi madre sin mirarme—. Sube a lavarte, estás llena de barro. 

—¿Qué es lo que te ha contado? —le digo sin comprender.

—Ya he hablado con el padre Agustín. Mañana irás a confesarte —sentencia.

—¿A confesarme de qué? —le respondí sin voz.

—Sube a lavarte. —Un acceso de tos le sacude el cuerpo que se dobla en los brazos de mi padre—. Voy a acostarme.

Mi madre está enferma. Así me ha dicho mi padre que, aunque es médico no puede curarla. Fuencis dice que es por tristeza. Se pasa días enteros sin salir de su habitación.  A veces la observo mientras duerme. Fuencis tampoco habla mucho desde que se le murió la hija, solo con Teresa que se cree que es suya. Mi madre no cocina, no limpia, no se ocupa de nosotras. Tiene la piel blanca y los labios rojos como mi hermana. A veces, cuando está a solas con mi padre, ríe. Solo entonces es capaz de hablar sin parar toda la noche. Dicen que no me parezco a ella. Sola en el patio, continúo con los zapatos blancos en la mano. Se han marchado todos. Yo, como ofrenda.

 Me lavé entera, me arranqué las uñas para quitarme el barro que le robé a la tierra que era mía; me froté hasta que desaparecieron las huellas que dejaron los sueños, me limpié la lengua para no quedara nada de que hablar y, cuando estuve lista, dormí para borrar las noches junto a las vides. No nos volvimos a ver.  Mi primo y yo.

En aquella época pasaba los días encerrada en casa. Alerta y sin hablar, no me pasaban desapercibidos los besos excesivos de mi padre, ni que mi madre apenas me mirase. Los oía cuchichear, aunque Fuencis intentara distraerme. Mi padre me dijo que solo pasaría un año en el internado, mientras mi madre se recuperaba del todo, pero pasaron muchos más. Me dijeron que conocería a otras niñas de mi edad con las que jugar hasta que Teresa fuera mayor. Nunca llegó a serlo. Las dos nos perdimos la infancia tan expuesta a perderse.  Me pasó la juventud, la madurez, los desengaños y los pecados.

Ahora vuelvo dos o tres veces al año a esta casa vacía con limoneros llenos de espinas.  Regreso a casa con las manos llenas de regalos para ella. Mi madre no me las quiere soltar; le da miedo irse. Unas veces me cuenta que sueña con dos niñas que van de la mano vestidas de organdí, pienso que para alegrarme. Otros días me dice que en el sueño llevaba en brazos a Teresa, pero al partirse la barca la perdió. En su afán de salvarla, se ahogaron las dos.

—Pero ¿cuándo tuviste tú una barca? —le digo para consolarla.

Sentada junto a mi padre que ya no puede moverse, hurgo con los pies descalzos en la tierra roja empapada de la mañana. Es septiembre y voy cortando los racimos que las vides me dan como ofrenda.

 

 BIOGRAFÍA

 Paula Castillo Monreal es escritora. Estudió Arquitectura Técnica.  Se ha formado en Escritura Creativa y Relato Breve en la Escuela de escritores de Madrid, ciudad en la que nació y reside. Ha publicado los libros de cuentos Sacudiendo moscas (febrero de 2024) y Ciudad de mar (mayo de 2025). Ha participado con los relatos Tierra roja y La semilla voladora en las antologías: Letra impresa y El verdadero nombre de las cosas. Varios de sus relatos se han publicado en la revista literaria Quimera. Colabora con varios medios literarios y compagina su labor como cuentista con la de asesora de arte en Marcos Analcai, artesanos.


Libros de la autora (hacer clic en el título):

Sacudiendo moscas



Ciudad de mar



miércoles, 11 de junio de 2025

Concha García: «Escribo alrededor del asombro»

Concha García

Recibimos en el blog a la escritora cordobesa Concha García, filóloga, traductora, académica y  poeta de amplia trayectoria, que nos habla sobre el hecho de escribir y nos comparte varios poemas.

 1. Bienvenida, Concha. Cuéntanos sobre tus inicios en la escritura,  primeras lecturas, edad a la que comenzaste a escribir...

 Creo que la necesidad de escribir vino acompañada por mis primeros asombros, en la niñez todo es susceptible de ser escrito muchos años después. La escritura y la vida me acompañaron siempre. A los doce años escribí mis primeros poemas y los presentaba a concurso en el colegio de monjas, una vez gané y me estimuló para seguir escribiendo. Era algo muy solitario que no compartía con nadie. Pero nadie escribe sola, hay una tradición que nos escribe también.

 2. Háblanos de tu proceso creativo. Cuéntanos si sigues algún ritual a la hora de escribir, como poner música, estar en un sitio concreto, cuáles son tus fuentes de inspiración.

No sigo ningún ritual, ya que el poema se escribe después de haber sido sentido, parte de la necesidad de decir con otras palabras lo que sientes, alterar el orden lógico y separar el juicio de la espontaneidad.

 3. Resume en pocas palabras que te aporta el hecho de escribir en tu día a día. 

 Como he dicho antes para mí escribir y vivir están íntimamente unidos, no soy escritora de ficción, aunque haya ficción en los poemas. Escribo diarios, reflexiones acerca del hecho poético y poesía. Todo alrededor del asombro. Como es lógico cada etapa de la vida me pedía un tipo de poesía distinto, aunque la mirada siempre ha sido la misma.

 

 Partenogénesis

 Pasan sin detenerse

en los palmerales.

Las vimos alzar el vuelo

antes de que llegara

el tiempo de las lluvias.

Hoy recordamos

que tenían alas

y que nosotras

parimos a los cazadores,

que nuestro cuerpo

es útil para ellos,

que nuestras criaturas

corretean sin sentir

todo lo que hemos perdido.

 

Grises

Todo se necesita

un ala escondida, un llanto oculto,

un hermoso día, un mes muy a solas,

la larga vara de los estancos momentos

la tiza que lo escribe, el sol

que lo derrite, la niebla que esconde

densas masas de cemento

y algún sinsabor que renace,

los tibios sonidos de un mar

al reencuentro de aves de paso.

 

 Carretera de Jaén a Córdoba

(con Pilar Sanabria)

 

A medida que cambiaba el paisaje

-era tan imperceptible-, la luz llenaba

la ventanilla del coche, veíamos pasar

sus rayos invisibles, proyectando

un colorido que brillaba entre el rojo

y la intensidad de las nubes oscuras

mientras llegábamos al sur,

muy cerca de Córdoba.

Me dijiste que Dios era lo que había,

es decir todo lo que podíamos alcanzar

con nuestra vista, al tanto el coche

avanzaba.  Dios era todo eso y más.

Densidades a lo largo del trayecto,

y que las pudiéramos sentir, dijiste,

que cada una es rencorosa a su manera

que las cosas de la vida, que ver entrar

el bien no lo sabe percibir cualquiera.

Era tan hermoso escucharte, sentir

que era verdad porque lo creías.

Yo apartaba como si fuesen matojos

esos restos de malas hierbas

que no son haces de fe, 

sino de algo que añoro

sin haberlo tenido nunca.

 

En el balcón de mi apartamento. Córdoba

 

Algunas veces temo que lo que llamo cimiento

sea atravesado por el árbol viejo de agudas formas

y los momentos caigan derretidos en charcos,

que pasar por un camino no sea irse ni llegar

sino acumular distancia, eso me parece sentir

al abrir el balcón y notar el aire tan caliente

en mi piel, un puñado de ardor que, sin embargo,

acaricia.

 

Concha García

 BIOGRAFÍA 

Nació en la Rambla (Córdoba) en 1956. Ha vivido la mayor parte de su vida en Barcelona. En la actualidad reside en Córdoba.  

Licenciada en Filología Hispánica en la Universidad de Barcelona.

Ha publicado varios libros de poesía,  entre ellos: Por mi no arderán los quicios ni se quemarán las teas (Premio Aula Negra Universidad de León), 1987, Ya nada es rito (Primer Premio de Poesía Barcarola, Diputación de Albacete, 1988), Ayer y calles (Premio Jaime Gil de Biedma. Madrid, 1994), Cuántas Llaves (Icaria, 1998), Árboles que ya florecerán (Igitur, 2001), Lo de ella (Icaria, 2003), Acontecimiento (Tusquets, Textos sagrados) 2008), Un brillo del no (antología), Ediciones en Danza (Argentina, El día anterior al momento de quererle (Calambur, 2014), Las proximidades (Calambur, 2016), Cuota de mal (El rayo azul, Huerga y Fierro, 2022), El triunfo de lo caduco (Ayuntamiento de Baza, antología, 2024) Diversas nimiedades (antología)  (Capitanas, Zaragoza 2024), Lugares (El Toro Celeste, Málaga, 2024)

 Autora de los diarios: La lejanía, Cuaderno de Montevideo (, 2013)  y Los antiguos domicilios (2015), Ciudades escritas (Barcelona, 2019) y Desvío a Buenos Aires (Chamán ediciones, 2019), El vértigo horizontal (Cántico-Almuzara, 2023) Los años divididos (Libros de la Resistencia, 2025).

 Autora de los ensayos sobre poesía:  Asomos de Luz (2012), Miradas en los entresijos (2020) y Bajo la luz de la lámpara (2023).

 Su obra está incluida en varias antologías y ha sido traducida al inglés, italiano, árabe, turco, francés, chino, portugués y sueco.

 Edición en España de dos antologías de Selva Casal:  Y lo peor es que sobrevivimos (2013) y Abro la puerta de un jardín de plata (2022)

 Ha traducido una antología de poesía catalana. Noreste. Espacio Hudson (Argentina)

 Finalista premio Ausias March de la crítica (2008), Premio Dama de Baza (2021) Premio Igualdad en la Diputación de Córdoba (2023)

 Directora de la colección “La hora de la estrella”, editorial Cántico.

 Gran viajera, también es autora de dos antologías de poesía de la Patagonia argentina: Antología de poesía de la Patagonia (Cedma,  2006) y La Frontera Móvil (Ed. Carena 2015)

 Académica correspondiente de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

https://www.zendalibros.com/5-poemas-de-concha-garcia/

https://anfibiapoesia.com/concha-garcia/

https://www.culturamas.es/2024/12/15/concha-garcia-mucha-poesia-escrita-hoy-por-mujeres-reitera-el-discurso-de-siempre/

https://argus-a.org/publicacion/667-dialogo-con-la-poeta-concha-garcia-la-identidad-multiple.html

https://elpais.com/cultura/2017/02/15/babelia/1487156228_016811.html

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 30 de enero de 2025

MARÍA BESTEIROS: ESCRIBO PARA EXPLICARME


Recibimos no blog, con gran ledicia a María Besteiros, escritora galega de gran profundidade lírica. A autora ten  publicado varios  poemarios, así  coma a súa recente novela, Ítaca, Finalista do XLI Premio Xerais de novela. A voz de María é unha voz que nos cala coma unha néboa ou unha choiva miúda que termina por empaparnos e levarnos a vivir ás súas letras antes de que nos demos conta. 

Pedímoslle a María que lembre para o noso espazo a súa viaxe xuntando letras e versos. Isto foi o que nos contou.


Os inicios na escritura

Empecei de nena a escribir, pero non tiña intención de publicar ou de ser escritora. Escribía, sobre todo, para explicarme a min mesma aquilo que non entendía e que necesitaba nomear para procesar. Aquilo que me causaba impacto. Escribir era unha conversación íntima e privada. Só máis adiante, cursando xa a carreira de Filoloxía Galega, comecei a mostrar os meus textos a outras persoas. Escribía prosa e, por esas datas, animeime tamén coa poesía, supoño que consecuencia das moitas lecturas de poetas que me remexeron durante a carreira. Falo de Lupe Gómez, de Emma Pedreira ou de Olga Novo. Neses anos volvín coincidir con Anxo Angueira, quen xa me dera clase no instituto. Foi el quen me falou do Premio de Poesía Eusebio Lorenzo Baleirón, organizado polo Concello de Dodro. Tomeino como un reto persoal: ser quen de escribir un poemario enteiro, eu que non tiña máis que un feixe de poemas. Para a miña sorpresa, gañei ese certame con zoonose, o que supuxo a publicación do meu primeiro libro e unha enorme responsabilidade. Por primeira vez fun consciente de que había receptoras. Este descubrimento foi traumático e fíxome pensar moito no meu papel como escritora, no que quería escribir e para que. Fíxome ser moi selectiva e entender cada libro como parte dunha obra que debía manter a coherencia co que son e co que quero ser. Despois do primeiro libro chegaron participacións en recitais, antoloxías, obras colectivas, outros premios, unha tese, unha autoedición, Nin pombas nin flores, outro poemario, A lista da compra, e, finalmente, Ítaca, a miña primeira novela.   

 

Referentes

Ler é das miñas actividades favoritas desde que aprendín a facelo. Leo e lin de todo, desde poesía a libros de historia, novela negra, investigacións xornalísticas, clásicos... Todo, bo ou malo, pode ser unha influencia. De cara a comezar a publicar, coido figura fundamental Lupe Gómez. En concreto, Pornografía foi o texto que me fixo pensar que o que eu escribía podía estar nun libro. A súa lectura foi unha revolución.

 

Rituais para escribir

Ata non hai moito, escribía cando tiña necesidade de facelo e dispuña de tempo. Escribía en calquera fenda dispoñible. Nas notas do móbil ou durante a noite cando todos durmían. Pero isto cambiou hai uns anos, cando me puxen unha xornada laboral enteira dedicada á escritura. Non teño ningún ritual para facelo. Non necesito especial tranquilidade nin unha música determinada. De feito, estou acostumada a escribir con ruído de fondo (nenos, animais) e calquera cousa posta na tele. Para o meu cerebro, é a mellor maneira de concentrarse.

 

Para que escribo

Como dixen, escribo porque necesito contarme/explicarme algo. Pode ser algún acontecemento que vivín en primeira persoa ou que me chamou a atención. Cando aquilo que escribo me parece unha mensaxe que quero transmitir, penso na publicación.

 

Biografía literaria

Comecei a publicar ó gañar o Premio de Poesía Eusebio Lorenzo Baleirón co poemario zoonose (Ediciós do Castro, 2004). Poemas deste libro foron recollidos en diferentes antoloxías e algúns novos apareceron en varios libros colectivos. Gañei tamén o Premio Toro de Hierro de Poesía Antitaurina polo poema en castelán “Para cuándo la vida” e autoeditei o poemario Nin pombas nin flores (2015). Nos últimos anos volvín publicar poesía co poemario A lista da compra (Galaxia, 2022) e acabo de publicar Ítaca (Xerais, 2025), a miña primeira novela.

 

Un texto e tres poemas de María Besteiros


CANDO O LEITE NON É BRANCO

 O tres de marzo a miña filla Mai naceu morta. Ninguén te prepara para iso. Ninguén está preparado. Dentro da nebulosa do momento, burocracia, xestións, decisións e recordos, alguén che ofrece pastillas para cortar o leite. Alguén di que podes esperar. E, nese momento, caes en que o teu corpo, o teu corpo de nai, parida a placenta, producirá leite nuns días. E cágaste na natureza.

 A miña elección foi esperar, quizais para aferrarme ó que de Mai me quedaba. Non me arrepinto, foi unha despedida suave e paulatina, pero cada muller debe ter liberdade para escoller a súa. Os profesionais deben informar. Non xulgar. Non decidir.

 Tras a cesárea de urxencia e a morte, o shock e a dor física deixaron paso a unha forza incrible que me impulsaba a levantarme, a lamber a miña propia ferida. Os peitos enchéronseme de leite, tremendos e quentes. Fun mamífera en estado de alerta, buscando a miña cría, esperándoa. Pola cesárea tomaba antiinflamatorios, quizais por iso non sentín dor, só malestar, non tiven necesidade de extraerme leite nin de aplicarme frío nin follas de col. Deixei fluír o leite, simplemente, deixei que me mollase despedindo a miña bebé, deixei que se perdese. Deixei o meu corpo facer o seu dó, chorar o seu loito, ata que o leite marchou.

 E con el a forza. A mamífera que por fin tomou consciencia de que a súa bebé non ía volver. Mamífera baleira de ventre e peitos mortos. O corpo de nai, creador, nutricio, cheo de vida e alimento pasou suavemente a converterse en silencio, en cemiterio.

Publicado por Emma Pedreira n’As horas mortas (Baía, 2024).

 

A ver como tiras ti por un poema

cando o gato che fai niño no peito

remexen as tripas

tiran do pelo

furando orellas ese responso

cabriolas e risas nun tamaño 23

a ver como turras ti

nin con pastecas

a ver como detés o leite que envorca

no abecedario do computador


Nin pombas nin flores (Autoedición, 2015)

 

Cando cheguen as emerxencias descubrirán

o meu corpo somerxido baixo os teus obstáculos

recollerán os libros que non liches

aquelas palabras desgastadas que non dixeches

o peso das noites abandonadas

estremeceranlles os teus cabelos sobre o meu peito

abertos

a dor e os vosos uniformes

o endoscopio identificará o azul intenso dos teus ósos

certificaredes a morte do meu planeta

e das células

desprendidas

do que fun

A lista da compra (Galaxia, 2022)

 

Onde quedo nas mañás de présas e debuxos

onde no leite a derramarse pinga a pinga

onde nos pratos sen lavar que sobran na cociña

onde nas tardes noite á hora da merenda

onde na escuridade compartida

—relocen os ollos dos morcegos—

no útero que non medra

nas leiras diminutas desafiuzadas

nos vestixios cada vez máis afastados da que fun

onde a miña voz e o leite

A lista da compra (Galaxia, 2022)