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lunes, 23 de octubre de 2023

El reverendo: Northam House, de Nuria Gael. Un viaje a la Inglaterra victoriana

 

El reverendo


El Reverendo (Orpheus, 2023), de la escritora Nuria Gael, autora de la que hemos hablado en anteriores entradas (1), es una novela ambientada en la sociedad inglesa del siglo XIX que narra la historia de un noble británico, Percy Algermon, que a la muerte de su abuelo regresa para hacerse cargo de la herencia que le corresponde y asumir el compromiso matrimonial que su abuelo ha dejado pactado. Tras años de residir en el extranjero, el heredero, ajeno a las costumbres y protocolo de la encorsetada sociedad victoriana, ve como su vida da un vuelco, mientras trata de adaptarse a su nueva situación sin renunciar a su propia identidad e historia personal.

La novela nos ofrece una magnífica caracterización de los personajes a la par que un retrato de la época y la contraposición de culturas muy diferentes, ya que el protagonista ha de lidiar no solo con su parte británica sino con los genes lakotas que corren por sus venas y sus propios traumas y vivencias pasadas.

 El reverendo es una historia evolutiva de búsqueda de la propia identidad, en la que el contexto histórico se diluye frente a las grandes cuestiones que hermanan por igual a los seres humanos. Cuestiones como la toma de decisiones personales en las que entra en juego el sentido del deber y fuerzan a los protagonistas a intentar hallar un equilibrio entre sus deseos más íntimos y la toma de responsabilidades.




Biografía literaria:

 Ha sido traducida al francés y al árabe, para distintas publicaciones. Ha participado en múltiples recitales y publicado, entre otras, las siguientes obras:

 Zéjeles del Estrecho. Editorial Estrechando, Algeciras 2012. 

 Líneas paralelas: Antología en prosa y verso de amores imposibles.” Editorial Alvaeno, Málaga 2013. 

 A Dentelladas Editorial la Polla Literaria, Chile, 2017. 

 Contenedor de relatos. Grupo literario Infusiónate. Editorial ImagenTa. Algeciras 2020 

 Relatos en la distancia. Grupo literario Infusiónate. Editorial ImagenTa, Algeciras 2021. 


Audio


Entrevista a la autora


EL REVERENDO (Primer capítulo)


 Puerto de Liverpool, Inglaterra, 1855

        Una noche fría y con aire de desolación se abatía sobre las veinticinco dársenas del puerto. Glorioso se extendía por más de veinte hectáreas, con barcos originarios del mundo entero. 

           El hermoso Oberon, procedente de América, entró majestuoso cargado de algodón. Su dueño lo miraba desde la cubierta el muelle, tenía un arraigado sentido de la pertenencia hacia el buque: era su orgullo. Al contemplarlo, un brillo peculiar calentaba su mirada. 

        Arribaron antes del amanecer, cuando los muelles apenas habían comenzado a despertar. Sus oficinas en el puerto, atentas a la llegada, pronto suministraron hombres que, unidos a los tripulantes, descargaron con eficacia la nave.

           Empezaron a asomar las luces del nuevo día cuando, en la cubierta, una silueta oscura reunió a la tripulación. Sus pupilas recorrieron las caras de cada uno de los hombres alineados frente a él. Sabía los nombres de todos, sus historias, sus miedos y fortalezas. Les confirmó el rumor: regresarían sin él, pero el Oberon seguiría con sus habituales rutas comerciales. Algunos se miraron entre sí, las habladurías eran ciertas. 

          La tripulación, compuesta por un capitán noruego y marinos de todas las nacionalidades, formaba un grupo excelente. Había respeto mutuo entre ellos y su singular patrón, con el que habían compartido, codo con codo, duras jornadas de trabajo. 

           —Hemos realizado numerosos viajes juntos, atravesado tormentas, tenido días buenos y malos, pero siempre ha sido un honor hacerlo junto a ustedes. En este viaje, el último para mí, su trabajo, como siempre, ha sido inmejorable y les felicito. —Percy Algermon, cubierto por un grueso tabardo azul marino y una gorra de lana calada hasta las cejas, los miró tratando de grabar el momento.

      —Señor, permítame en nombre de los hombres y en el mío propio expresarle nuestro agradecimiento y desearle lo mejor en tierra. 

            —Gracias, capitán. Cuiden del Oberon como merece, caballeros. —Tras llevarse una mano a la gorra en señal de saludo, se fue sin volver la vista atrás. En la reunión con los representantes de J. P. Coats, consiguió cerrar un trato del que todos se beneficiarían. Los agentes sonreían satisfechos al salir de su despacho; detrás de ellos se hizo el silencio. 

       Cayó la noche después de un largo día. Solo, tras un enorme escritorio de caoba, cruzó las largas piernas sobre él, en su mano seguía la copa de líquido ambarino con la que celebró sellar el acuerdo. Era el momento perfecto para perderse hacia otros destinos, lo acompañaban demasiados recuerdos. Un trozo de su alma quedaría siempre en Estados Unidos, pero otra lo haría en tierra inglesa. 

      De un portazo salió del gabinete, el edificio de piedra se fue empequeñeciendo a medida que se adentraba en las calles, cada vez más estrechas y alejadas del sonido del mar. Su única compañía eran sus propios pasos y la suciedad creciente. 

       Después de andar un buen trecho, pudo distinguir el fumadero de opio de Ban Gu mimetizado con el entorno, en su afán por pasar desapercibido para los no iniciados. Empujó la modesta puerta, que en nada reflejaba el lujo decadente que había tras ella. Acababa de pisar el entrante de madera oscura, cuando un oriental vestido con una túnica de seda apareció de la nada:

       —Bienvenido a mi humilde casa una vez más. —Hizo una elegante reverencia —. Permítame expresarle mis sinceras condolencias por su perdida, milord.

       —Gracias, Gu, veo que las noticias llegan a todas partes. 

      —Pase, por favor. —El oriental apartó la cortina situada al fondo del hall—. Siempre suelo estar bien informado, como ya sabe. 

       Al son de dos palmadas suyas dos criados, también orientales, lo acompañaron a través de la amplia estancia, jalonada en los laterales por otras menores. Casi todas estaban apartadas de la curiosidad ajena por cortinas para así poder mantener el anonimato de los influyentes ocultos tras ellas. La cuidada decoración intentaba emular el espíritu de los fumaderos tradicionales. Al llegar a un habitáculo, los criados se adelantaron y, con una pequeña reverencia, lo invitaron a pasar.

     Ban Gu, con un encendedor de mecha, prendió una vela colocada en una mesilla baja junto a otros objetos; al mismo tiempo, dirigió una mirada y los sirvientes desaparecieron.

        —Milord, por favor, para cualquier cosa que necesite, estoy a su disposición.

       —Gracias. 

     El asiático dibujó en su cara una media sonrisa y salió para dejarlo en la soledad que necesitaba. 

    Percy cayó con pesadez sobre el diván, se quitó la chaqueta y aflojó el nudo del corbatín. Aquel antro ilegal en suelo británico era un regalo, pensó. Gracias al comercio del opio, Gran Bretaña acabó con su deuda pública, así de importante eran aquellos dividendos ilícitos. Por allí pasaban todos: ricos y pobres; aunque estos últimos eran apilados en camastros de madera en otras habitaciones donde no ser vistos ni oídos. Los verdaderos dueños del fumadero, ingleses, eran quienes llenaban sus bolsillos. Gu era el perfecto anfitrión de la farsa. 

    Concentró toda su atención en el ritual de preparación de la pipa de opio. Cada acción lo iba relajando: calentó la esencia, diluida en agua a fuego lento, y la filtró. Repitió el proceso hasta evaporarla toda. El resultado era una pasta con un alto índice de morfina. En aquel fumadero no se fumaba opio puro. Percy colocó una cuchara sobre la  llama de la vela y se quedó ensimismado en ella. Con ceremonia, tomó una aguja para remover el contenido, hasta hacerlo cremoso y formar una píldora. El resultado lo introdujo por el agujero de una larga pipa de metal revestida de madera, adornada en los extremos por aros de jade verdes. La calentó y la llevó hasta sus labios. Cerró los ojos y, con cada calada, el opio embargó su mente y su cuerpo quedó laxo. Un sopor glorioso lo recorrió, los recuerdos quedaron olvidados, ocultos tras una columna de humo. 

     El sonido del mar era lo único de lo que era consciente, la cabeza le palpitaba y su cuerpo se encontraba entumecido, estaba tirado en medio de una callejuela. Miró su ropa oscura, estaba sucia; no recordaba muy bien a dónde fue al salir del fumadero, pero apestaba a alcohol barato. Sonrió, muy ebrio tenía que estar para que fuesen capaces de echar a la calle a un hombre de su envergadura, o quizás cayó él mismo, rendido por el alcohol y la droga. 

      Allí estaba, intentando incorporarse, en el mismo lugar al que había llegado hacía quince años. Fue el comienzo del embrollo en el que se convirtió su vida. 

    Logró incorporarse, necesitaba aire fresco. Anduvo un rato hasta despejar la cabeza y lograr orientarse hasta el coche que le esperaba apostado en un discreto callejón. Era viejo y deslavazado, para no llamar la atención, sin distintivo alguno, pero con buenos caballos. El cochero estaba armado y bien protegido por la compañía de su peculiar ayuda de cámara: Rebel Hook, un exboxeador irlandés. 

     Qué distinto era, pensó, de aquel niño mestizo llegado de América, desde la república de Texas, educado en las calles y luego en una parroquia católica. Siempre sintió estar fuera de lugar en aquel país nuevo y entre aquella gente. Ahora, también se sentía así en América. 

      Divisó a Charles, su cochero, junto a Rebel, sentado a su lado en el pescante. Cambiarían a su coche en las afueras de Liverpool. Desde allí atravesarían el territorio que les separaba del noroeste de Inglaterra en dirección a Cumberland, el hogar de su abuelo inglés y ahora el suyo. Durante el camino, un compañero de viaje se añadiría: el abogado de la familia y amigo, James Peabody. Northland House los esperaba. 

    La primera vez que llegó a Inglaterra también lo recibió Charles. En aquel tiempo era un muchacho de cuerpo delgado, alto, piel dorada, cabello negro y liso hasta los hombros y ojos grises.

    Su abuelo no fue a recibirlo; por piedad, el cochero le dijo que estaba enfermo. Si le causó sorpresa su aspecto, nada lo delató. Una vez dentro del coche, metió la mano dentro del bolsillo derecho de su chaqueta, algo pequeña, para apretar un collar de hueso que perteneció a su abuelo materno, un chamán lakota. A él se aferró como si le fuera la vida en ello. No lloró.


     Aquel día de 1837, un cielo gris y encapotado llenó de lluvia su camino. Unas millas después, contempló el paisaje y pensó que esa tierra tan hermosa no podía ser mala. 

      Aceleró el paso y buscó su petaca de whisky en un intento por aletargar sus demonios, bebió, estaba demasiado lúcido y eso era lo último que necesitaba. Cuando llegara a su destino, debería asumir una vida de obligaciones y un matrimonio de conveniencia; le daba arcadas pensarlo, pero se trataba de una cuestión de honor. Su abuelo había dado su palabra y firmado un contrato. 

        —Buenas noches, milord —saludó su cochero—. Bienvenido a casa. Haremos noche en una posada a la salida de Bootle. Todo está preparado. 

       —Gracias, Charles, me alegro de verlo.

    Rebel Hook bajó del pescante para sentarse dentro del coche con su patrón. Antes dispuso dos ladrillos calientes para los pies y levantó el asiento para sacar dos mantas con las que poder abrigarse.  

     El ayudante apenas le prestó atención; a veces se quedaba ausente, pero Percy sabía que no estaba «sonado» por los golpes recibidos en el ring. Solo echaba de menos otros tiempos y a veces, para permanecer cuerdo, debía volver a ellos. 

     Depositó toda su atención en el paisaje: la suciedad del puerto quedó atrás con rapidez mientras el coche se abría paso en medio de la noche, pronto dejarían la ciudad. 

      Los caballos eran estupendos, su familia siempre había criado buenos ejemplares. Con el tiempo, las líneas de ferrocarril en vez de aquellos hermosos animales surcarían Inglaterra; ya había una entre Windermere y Kendal, en Cumberland. Eran momentos de cambios. Será todo más práctico, pensó, pero no tan bello. Por un momento cerró los ojos. Al levantar los párpados ya no se sentía borracho, se sentía solo. 

     Siete millas después llegaron a la posada The Green Dragon, un sitio rústico como había tantos, pero capaz de ofrecer una cama limpia y comida caliente. 

      James Peabody, como siempre, había acudido puntual a su cita. Sentado cerca del fuego, leía con la espalda erguida y las lentes al filo de la nariz; sus ojos claros recorrían veloces las líneas que su dedo índice marcaba. A pesar de su concentración, se levantó con rapidez al abrirse la puerta del establecimiento y comprobar que quien entraba era lord Witshire.

          —Bienvenido a Inglaterra, milord. —Clavó en él sus luminosos ojos—. Siento mucho la muerte de su abuelo. 

      —James, mi querido James. Se abrazaron y en silencio recordaron al fallecido: Stuart Albert Algermon FitzRoy, marqués de Witshire, alguien querido para los dos y ahora ausente de sus vidas. Aquel abrazo duró más de lo debido entre caballeros, pero el tiempo justo entre amigos.

        —Estoy aquí para cuanto necesite.

       —Gracias, James, estoy contento de verte. Vayamos hacia una mesa. —Le indicó una esquina de la estancia—. ¿Por qué ella? —dijo de improviso—. En tu correspondencia no aclaras nada.

      —No lo sé. No vi al marqués cuando regresó de Escocia, yo estaba en Londres. ¿Ha comido? Hay un exquisito shepherd’s pie.

      —No, quizás lleve un trozo para tomar en la habitación. ¿Qué sabemos de ella? Odio todo esto. 

      —Lo sé. Es una jovencísima escocesa. 

      Empezó a leer con meticulosidad un cuaderno de notas sacado del bolsillo interior de su chaqueta, de pequeños cuadros beis y marrones:

      —Su padre es un Lamont, originario de Cornwall. Terrateniente rural y con negocios diversos, entre ellos madereros. Viven en el campo, además poseen casa en Edimburgo. Ella es la menor de cinco hermanas, precede al único hijo varón. Su reputación y la de su familia son intachables, por supuesto. 

       —Por supuesto —repitió con sarcasmo Percy mientras hacía un gesto grandilocuente con la mano.

      —Va a cumplir dieciocho años —continuó Peabody sin prestarle atención—. Aún no ha sido presentada en sociedad. Pronto sabré más de ella. —El abogado guardó el cuaderno—. Fue todo muy precipitado, milord. Al poco de cerrar el acuerdo, su corazón se paró, cayó derrumbado de la cama sin vida. Según dijo el doctor, no sufrió. —Un sesgo de dolor se dibujó en el rosto del nieto al escuchar sus palabras—. Intentaron reanimarlo al descubrirlo, nada se pudo hacer. Al llegar solo fue posible ordenar sus últimos deseos, siguiendo las instrucciones que dejó por escrito. Ya sabe, llevaba tiempo con el corazón débil. 

      —Está bien, muchas gracias. Organízalo todo, por favor —dijo Percy con voz exhausta.

     —Así lo haré. —El hombre fijó una mirada comprensiva en él—. ¿Alguna novedad por América?

    —No, ninguna, solo negocios. Ahora disculpa, James, voy a tomar un baño y comeré algo. Mañana nos vemos a primera hora y hablamos con tranquilidad.

   —Por supuesto, le vendrá bien descansar. —Lo recorrió de arriba abajo con mirada socarrona. 


Enlace al libro

(1) Anterior entrada sobre la autora



viernes, 13 de mayo de 2022

'Alma de barro' de Moncha Prieto: cando a terra fala

                                                                                                                                                                          

Non escoitara falar de Moncha Prieto (Gundivós, Sober, 1951), nin lera nada seu ata que chegou as miñas mans o libro Alma de barro, relatos da ribeira sacra (Ed.Xerais, 2021). Nun primeiro intre, confeso que pensei estar ante un libro máis dos que tentan recoller, nunha sarta de contos, anécdotas do rural galego. Comecei a lectura con certa desgana, crendo que ía atopar máis do mesmo, unha narrativa feita de tópicos, con máis ou menos folclore a partir de lendas. Nada máis lonxe da miña previsión. Dende o primeiro conto, ‘O prestamista’, acadei a sensación de estar ante outro tipo de obra, sensación que se afianzou o ler o segundo, ‘As papas’, e foi crecendo en intensidade segundo cheguei o terceiro, ‘As capadoras’, que acabou de convencerme e converterme nunha adepta a medida que avanzaba ao encontro das sucesivas historias e personaxes.

Hai, na literatura de Moncha, algo moi vello que nos devolve as raíces ós que nacemos nesta terra de maxia e de brétema, e que se cingue, sin contradecirse, con algo moi novo na súa forma de narrar, que entronca de cheo coas novas correntes, acadando o prodixio de converter unha historia simple que aconteceu en tempos pasados nunha historia profunda de imperante actualidade. E digo imperante porque, a través das distintas liñas narrativas que compoñen os dezaoito contos de Alma de barro,  faise presente unha mensaxe subliminar, pero non menos urxente na escrita desta autora galega ―vinculada ó mundo da radio durante máis dunha década e fundadora do programa ‘Galicia máis cerca’― que ven a ser a reivindicación da propia identidade: a do patrimonio inesquecíbel das nosas raíces, do eido cultural e vivencial que conforma a irmandade de tódolos que nacemos ou fomos criados no rural galego.

Coma ben di Basilio Losada Castro, catedrático de Filoloxía Románica e académico de honra da RAG, no excelente prólogo que lle adica a Alma de Barro, todo neste libro é unha homenaxe á terra, lingua e costumes que poboan a Ribeira Sacra. Dende sucesos recollidos en coplas tradicionais, coma o conto ‘Os ollos de Carme’, ata a figura dos esmoleiros que van recorrendo aldeas en ‘Mendigos’, pasando pola represión franquista nos contos ‘A partida’ e ‘Vitoriano e Amelia’, ata a recreación da inocencia perdida en ‘Proposta indecente’ ou ‘As moras do cemiterio’ sen esquecer a penuria e a fame tan ben recreadas nos relatos ‘Longa espera’ e ‘As papas’, ou a homenaxe ó singular oficio dos cacharreiros que se deixa ver na historia  ‘Alma de barro’ que presta o seu nome ó título do libro.  O certo é que ninguna verba sobra, ningún conto é prescindible porque entre todos tecen esa tela de fondo na que se asentan os pobos, non so da Ribeira Sacra, senón de toda Galicia, porque Alma de barro é, ante todo, un compendio histórico dun tempo e dunha forma de vivir que reflicte o sentir de moitos galegos.

Más información sobre o libro en:

Alma de barro (ver)

Moncha Prieto

Acerca da autora:

Moncha Prieto (Gundivós, Sober, 1951) viviu en Barcelona dende os quince anos até 1995, cando regresa definitivamente a Galicia. Foi secretaria do Centro Galego de Barcelona e colaborou con diversas asociacións e revistas literarias, como «Alborada» ou «Lúa Nova». Participou nos libros colectivos «Voz e Voto», de homenaxe a Celso Emilio Ferreiro, e «Vivir en presente». De 1985 a 1995 dedicouse ao mundo da radio: puxo en antena o programa «Galicia máis cerca» e foi compoñente do magazine matinal «Bonico» en Radio Gramenet. Neste eido, potenciou o nacemento e presidiu ERGAC (Espazos Radiofónicos Galegos en Catalunya); foi correspondente de Radio Progreso de Miami, sección noticias; e participou en Radio Exterior da Radio Galega.No ámbito literario, conseguiu varios premios de poesía, de relato e de escritura creativa. «Alma de barro. Relatos da Ribeira Sacra» é a súa primeira obra en Xerais.



Artigo publicado por Manuela Vicente Fernández 

viernes, 22 de abril de 2022

La vida en falso: Una sátira sobre la condición humana

 

 

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Decir que a Ginés Cutillas le gusta sorprender, narrativamente hablando, no es algo nuevo. Autor de referencia en el género del microrrelato (Un koala en el armario Cuadernos del Vigía, 2010, y Lo bueno, si breve, etc. Decálogo práctico del microrrelato, Base, 2016), prolífico escritor de cuento (Vosotros, los muertos, Cuadernos del Vigía, 2016), con varias novelas en su trayectoria (Los sempiternos, Base 2015), (El diablo tras el jardín, Pre-Textos, 2021), sin que falte en su obra el ensayo (Mil rusos muertos, Silex, 2019), nos sorprende ahora con su libro La vida en Falso (Tres hermanas, 2022), novela en forma de epístola que narra sucesos acaecidos a un aspirante a escritor, el cual, en busca de tiempo para escribir su gran obra acaba desperdiciando ese mismo tiempo y echando a perder lo único que le interesaría conservar. La sorpresa en este libro es encontrarse con el sátiro ―denominación con la que el propio protagonista se identifica―, entonando una especie de mea culpa encubierto, al confesar sin tapujos su loca carrera autodestructiva que le lleva a echar a perder cuanto ama.

Al igual que en las matrioskas rusas, en la obra de Ginés Cutillas siempre subyace una historia dentro de otra, La vida en falso, fiel a esta única condición, encierra en las andanzas sexuales y compulsivas de su protagonista una gran sátira sobre el género humano que, haciendo honor al título de la novela, se pasa la vida viviéndola como si fuese un simple borrador en espera de poder vivir la vida verdadera, tal vez esa en la que tenga el valor de enfrentarse a lo que en realidad desea, en lugar de seguir huyendo, espantándolo sin remedio.

Al abrir el libro nos asaltan estas primeras frases:

Dicen que lo último que se olvida de una persona es su olor la mirada del alma, lo llaman. Han pasado muchos años desde la última vez que te vi a través de un ojo de buey…

Que en nada desmerecen las frases del final:

(…) y asistiremos, cada uno a su lado del ojo de buey, al ascenso del horizonte que acabará por cubrirlo al completo…

 Este es el recorrido circular de la vida del protagonista, quien huyendo de un pasado acabará escapando a un presente que, falso o no, sucede en medio de la novela.

La vida en falso, es esa vida que nos persigue a todos en algún momento y cuyas consecuencias nos alcanzan.

 

viernes, 22 de octubre de 2021

La extraña desaparición de Carolina Santomé, de María José Viz Blanco: Secretos y prejuicios se dan cita en un enclave profundo de la Galicia Rural

 

La extraña desaparición de Carolina Santomé (Letra r Editorial, junio 2021) supone la primera incursión en el género de la novela de la polifacética autora gallega María José Viz Blanco. Conocida en el mundo de la microliteratura con sus primeras obras, Creaciones Mínimas e Instantes Hallados (Ed., Ojos Verdes Ediciones 2016-2017),  se adentra posteriormente en la poesía con Los abrazos líquidos (Ojos Verdes Ed., 2018), Mar de chuvia seca (edición bilingüe, Ed., Neopatria., 2020), en colaboración con su hermana, Marga  Viz, publica el cuento infantil A gaivota Sonia (autoedición 2020) y nos sorprende ahora con esta novela en la que la autora decide, una vez más, cambiar de registro.

La extraña desaparición de Carolina Santomé  no cuenta solo la historia de Carolina, vecina del ficticio pueblo de Mourenzo, del que desaparece en extrañas circunstancias; si no que cuenta, a su vez, la historia de las gentes de la pequeña comunidad en la que se desarrolla el suceso. Esta novela corta, que abarca desde la década de los años ochenta hasta finales de los noventa,   arraiga en las  costumbres,  tradiciones, pero también  prejuicios y maledicencias de un pueblo que podría ser cualquier pueblo de provincias, si bien,  la proximidad del mismo a Santiago de Compostela, conduce al lector a acotar el terreno geográfico en el que se desenvuelven los hechos.  

El libro se divide claramente en dos partes bien diferenciadas. La primera, nos descubre al personaje de Don Eulogio, el maestro. Amigo de la desaparecida, nos va revelando en forma de "conversaciones irreales" como él mismo las denomina, los pensamientos y sentimientos que alberga hacia su antigua alumna. Es a través de sus recuerdos y emociones como llegamos a indagar en su propia historia así como en la de los personajes de los que se rodea.  Esta primera parte está marcada por las preguntas, con un ritmo pausado de narración, deliberadamente escogido por la autora, para configurar la personalidad de Don Eulogio, con sus aristas y contradicciones. Es a partir de la segunda parte donde la capacidad narrativa de la autora nos sorprende con un giro en el lenguaje, que alcanza un ritmo mucho más rápido y fluido al dar voz  esta vez a Carolina, como corresponde a un personaje, no solo más joven, si no mucho más ambiguo y desconocido, incluso para sus allegados. Es en esta fracción de la novela donde las preguntas formuladas anteriormente encuentran respuesta y también dónde surgen nuevos interrogantes que solo serán respondidos al llegar al desenlace final. Solo al cerrar la última página se completa el puzle de la historia y se revela el verdadero rostro de cada personaje, como en el famoso juego de Quién es quién.

La estructura de la novela, claramente diferenciada al usar varias voces narrativas, es un acierto en este libro, ya que ofrece al lector la posibilidad de ampliar la perspectiva de los hechos y hacer sus propias conjeturas acerca de lo sucedido, conjeturas cuyo acierto o desacierto tendrá ocasión de comprobar ante la aparición de un nuevo personaje que será el que complete la trama.

La extraña desaparición de Carolina Santomé nos sumerge de lleno en el ambiente rural de la Galicia más profunda, con sus bellos paisajes, sus personajes entrañables, pero también con los prejuicios fuertemente arraigados de sus gentes; gentes de la tierra, duras, que acaban enterrando sus dramas personales en un esfuerzo por silenciarlos; sobre todo cuando esos dramas tienen que ver con sus mujeres, mujeres de una sensibilidad o reacción no conveniente para el medio, que se salen del patrón aceptado como normal y que, por falta de recursos, acaban siendo consideradas locas o inadaptadas, o peor aún, crueles, sin considerar que, entre todos, han contribuido a que beban del árbol rígido de los juicios y prejuicios ajenos que las ha empujado, directa o indirectamente a que sean como son.

La extraña desaparición de Carolina Santomé, de María José Viz Blanco:  Leánlo, va con sorpresa en su interior.


Presentación de la novela 'La Extraña desaparición de Carolina Santomé'
en la Biblioteca 'Nós' (Ourense)


lunes, 16 de noviembre de 2020

El Camino de Greta, de Rosa Boliart: Una novela con mensaje




Hoy quiero hablaros de una pequeña novela, El camino de Greta, de Rosa María Blanch Boliart, una novela corta que se lee en poco más de una tarde, pero que encierra, dentro de su aparente sencillez narrativa, una reflexión acerca de los distintos roles femeninos representados en sus protagonistas principales.  Tres amigas, situadas en esa franja de edad que sobrepasa los años jóvenes pero dista de la vejez,  deciden darse cita para tomarse un respiro en sus rutinas y emprender juntas el Camino de Santiago. 

Una vez en ruta, a medida que se alejan de sus respectivas vidas y obligaciones, cada una de las tres mujeres comenzará su propio viaje personal, sumergiéndose en su propia odisea y haciendo balance del peso que sus decisiones personales han tenido en sus trayectorias vitales. Tres proyectos de vida diferentes y tres puntos de vista dispares que las llevarán a enfrentamientos toda vez que la verdadera personalidad de cada una de ellas, ya libre de toda influencia salvo la mutua, comience a salir a flote. Al tiempo que van superando las distintas etapas del viaje y trabando relación con otros viajeros que, a su vez, intentan encontrar el norte de sus vidas, van abriendo distancias casi insalvables entre ellas, revelando la verdadera naturaleza iniciática y transformadora de El Camino, que las invita a profundizar en sus deseos más ocultos y a tomar decisiones vitales. Serán precisamente estas decisiones, no siempre exentas de juicio por sus respectivas compañeras, las que pongan en relieve sus puntos débiles, quizás porque el movimiento de una al elegir salir de su zona de confort, propiciará que las demás evalúen el riesgo del cambio o intenten reforzar  sus posiciones. Posiciones que defenderán con uñas y dientes, aunque sea al margen de sus propias dudas internas.
  
  Las tres mujeres con sus movimientos, lo mismo que las piezas de un tablero de ajedrez al moverse, harán cambiar el rumbo de sus vidas y, en el caso de una de ellas, este cambio hará incluso que vislumbre una nueva meta. Porque Greta, la protagonista principal, opta por elegir un camino propio que la distingue y separa de las demás, haciendo tambalear con su decisión no solo los cimientos de su existencia sino de la amistad que las une.

Muy alejada del misticismo y sin caer en tópicos, la acción de la novela discurre de forma natural y los distintos actos se van desarrollando ante nuestros ojos sin que apenas tengamos tiempo de interpretarlos hasta que el puzle se completa. 

Y es que lo importante en esta novela no es únicamente lo que leemos sino precisamente lo que subyace detrás,  en una especie de sub-trama paralela que nos hace ver el pasado a través de la narración del presente. Es el camino a la inversa: el que realiza la mente y el corazón al hacer balance de lo ya andado, el que hace que las protagonistas se pierdan  al mirar atrás y se reencuentren en una especie de línea atemporal, en la que El Camino es el lugar donde los hechos suceden simultáneamente, porque solo tomando cierta perspectiva podemos ver hacia donde nos dirigimos.

Rosa Boliart

Rosa María Blanch Boliart (Tremp, Lleida, 1964) ávida lectora desde temprana edad, ganó su primer premio literario de relatos a los dieciséis años, en un concurso del instituto en el que estudiaba. Aunque más tarde cursaría estudios de Administración y Finanzas, así como formación en otras disciplinas,  nunca abandonó su afición a las letras y a sus diarios personales. En 2019, animada por una amiga, decide llevar al papel una historia real, ficcionándola en la que acabaría siendo su primera novela El Camino de Greta. Ha participado en antologías de libros solidarios como: Femenino Plural (relatos de mujeres y sobre mujeres) en beneficio de la asociación Clara de Campoamor y  en  Un Salto en el Recuerdo y Los Hilos de la Vida (libros en beneficio del colectivo alzheimer).

Actualmente trabaja en su nueva novela, ambientada en los escenarios de su infancia y en la que narra hechos reales que sucedieron en la época de la guerra y postguerra civil española. 







lunes, 14 de septiembre de 2020

Los hilos de la vida (VVAA): un pequeño aporte al colectivo alzheimer

 


Los Hilos De La Vida es un libro solidario escrito en colaboración de varias autoras y autores con el objetivo de ayudar a la asociación Afavc que lucha por visibilizar y paliar los efectos que la enfermedad de alzheimer ocasiona en la vida diaria de los pacientes así como de sus cuidadores y familiares. 

El libro, tras un breve prólogo escrito por el escritor Lute Pérez, coordinador y editor del proyecto, se abre con una serie de treinta y cinco relatos o vivencias, para cerrarse con un epílogo en el que se abordan brevemente  el Acompañamiento de los pacientes (por Vanesa Di Giacomo) y se ofrecen una serie de consejos o estrategias a los cuidadores (por Nacho Valbuena) con el fin de atenuar los problemas que puedan surgir en épocas de confinamiento, como la actual, con enfermos aquejados de esta dolencia.

Colaboran en este libro diversas autoras y autores de diferentes ámbitos y trayectorias literarias, unidos por el frente común de la solidaridad tan necesaria en nuestros días. El lector o lectora puede encontrar en este libro desde vivencias o reflexiones acerca de la enfermedad del olvido más o menos profundas, a relatos muy emotivos contados desde la perspectiva del recuerdo, fruto de los instantes de lucidez de sus protagonistas, o bien desde la añoranza de los familiares por los tiempos pasados que compartieron con los enfermos. Asistimos también a escenas de rutina o eventos comunes que pueden constituir una auténtica odisea para estos enfermos así como para sus cuidadores, los cuales a menudo tienen que echar mano de numerosos recursos para lograr encontrar la llave de  la puerta que conecta el mundo personal e intransferible  de estos pacientes con la realidad  en la que viven inmersos. 

Secretos guardados durante muchos años y desvelados solo al final de la existencia, amores imposibles que se aferraron al alma de algunos pacientes sin despegarse de ella hasta el último aliento, tragedias que precipitaron el olvido, vidas de duros trabajos y soledades entretejidas,  hasta gritos de frustración e impotencia podemos encontrar en este libro. Historias en las que asistimos, muchas veces, a la desesperación por parte del familiar que asiste al duro proceso del des-aprendizaje de su ser querido y ve como éste va perdiendo el interés y la memoria en los sucesos recientes a la vez que rebobina, una y otra vez, en su cerebro los acontecimientos pasados, como en una rueda nebulosa que le va restando claridad en cada visión.

La labor de los nietos como vehículos transmisores de afecto y comprensión, la impotencia y estrés de los hijos así como el propio carácter y forma de afrontar la enfermedad de cada paciente,  se revelan en este libro como aspectos fundamentales a la hora de la evolución de la enfermedad. Al respecto, encontramos relatos de índole tan variada sobre las decisiones vitales como Poemas No, en el que la confirmación del diagnóstico no hace sino reafirmar al personaje en la necesidad de tomar decisiones desde la lucidez inmediata acerca de la gestión de su trayectoria vital posterior,  frente al texto Nueva Esperanza, en el que una cuidadora, sin descuidar su integridad profesional y ética, decide aportar una pequeña luz al enigma que flota sobre la desaparición de  una compañera en un grupo de tres ancianos que han condicionado su vida a esperar su regreso. Secretos que revelan causas de antiguas rencillas se dan cita en el relato El secreto de la abuela, o revelaciones de una vida sometida a la violencia en Flores no,  numerosos recuerdos que flotan en: El guardián de los recuerdos, Recordando, No lo recuerdo, o La memoria del corazón. Los entresijos de la mente en La mente es maravillosa y El laberinto de la memoria, o confesiones que dan sentido a una vida de incertidumbre en La chica del lago, o  explican silencios teñidos de tristeza ante algunos nombres impronunciables del árbol genealógico  en el relato Fértil. Testamentos vitales en Testamento en plenas facultades... escenas de toda una vida a modo de autobiografía en Las etapas de la vida, y  hasta un poema poco antes de la hora de El desayuno de los domingos o una tarta de cumpleaños en Sal y Chocolate, son  apenas una muestra del ramillete de relatos y textos variados que componen un libro para leer a ratos: entre las pausas que nos va dejando la vida, el tiempo de tomar un café, de leer en la sobremesa o al final de la tarde, evocando con nuestra lectura a aquellos que nos precedieron y elevar un pensamiento hacia aquellas personas que se aferran como único patrimonio a sus recuerdos y necesitan contarlos antes de que se pierdan en la nube sin nombre del olvido.


Para ellos, para sus familias, y para todos aquellos dispuestos a colaborar y amantes de la lectura está pensado este libro.


Los hilos de la vida


domingo, 12 de enero de 2020

Femenino Plural: relatos sobre mujeres

                                       


Hoy quería hablaros desde este blog, que nació desde la idea de dar visibilidad a la literatura femenina actual, de un proyecto con mayúsculas. Se trata del libro Femenino Plural,  en el que más de treinta autoras (entre las que tengo la dicha de figurar) coordinadas y reunidas bajo la dirección del escritor Lute Pérez hemos intentado acercarnos, en un viaje intergeneracional a través de varias épocas, al papel de la mujer en sus múltiples facetas, haciendo hincapié en sus vivencias y en la lucha personal y social por ganarse un espacio más que merecido en todos los ámbitos de la sociedad.

Entre las páginas de este libro hallaréis  mujeres que tienen que sortear obstáculos laborales en su día a día y a las que tienen que hacer frente apenas comienzan a andar, tal como nos recuerda una de las autoras, Amparo Montejano, que abre su relato (En la caverna del loco juegan con muñecas) con la famosa cita de Simone de Beauvoir: "No se nace mujer, se llega a serlo",  en el que nos asoma a una sociedad que aún arrastra importantes secuelas de épocas pretéritas.

Mujeres, en muchos casos ancianas,  a las que el pesar de los años y las penas no les lleva a renunciar, por más que sus fuerzas sean frágiles, a llevar el timón de la familia (como en el relato La vieja Francisca de Ana Escudero); mujeres que pasan de ser guerreras en un tiempo a víctimas humilladas en el siguiente (como en el relato Aparentemente muerta de Rosa Gutiérrez);  niñas a las que sus madres, por su origen y color de piel, hacen pasar por varones ante el temor de que su condición les prive de labrarse un destino mejor al de sus congéneres (Nadia, de María Codoñer).

Hay tantas mujeres en este libro como arquetipos femeninos. Mujeres sometidas al mito de ser doncellas  que, lejos de esperar a su aguerrido caballero, optan por rescatarse a sí mismas (La doncella rescatada, relato de Ana Castillo); niñas que antes de llegar a ser mujeres ya asisten, atónitas, llenas de miedo, pero siempre valientes, a escenas injustificables de violencia doméstica en una sociedad presuntamente civilizada (Un día cualquiera de verano de Flora Smith); mujeres jóvenes que se preguntan si la justicia es o no mujer, como relata Sheila Lumen,  o si La última piedra  (relato de Susana Gisbert, escritora y fiscal especializada en violencia de género) es aquella que intentan esquivar para salvarse del ninguneo al que  su condición les avoca.

Mujeres que lloran a escondidas el desencanto y viven con aprensión su papel de madres, o de no madres, como nos cuenta Laura Ferrero en Sofía. Mujeres que sufren una y otra vez El efecto Pigmalión (relato de Marisol Zafra) que las lleva a dudar de sí mismas continuamente solo porque otros se lo repiten. Mujeres que nos muestran que la violencia no está reñida con los distintos estratos sociales y culturales y se ven obligadas a renunciar a su personalidad y gustos como en el relato Soy rockabyli (Rosa Boliart). Mujeres que sufren esa invisibilidad o doble moral que impera ante sus derechos o bien conviven con la dualidad del persnaje (Mario y Mister Hyde, el relato con el que colaboro y en el que trato de ahondar en el origen del conflicto) 

Mujeres y más mujeres,  en definitiva, que no saben lo que es rendirse, como nos recuerda en su relato Elena Sagaseta (coordinadora de proyectos en Alava para la Asociación Clara de Campoamor de ayuda a la mujer, y para cuyo fin solidario se destinará lo recaudado en este libro) cuando nos recuerda una famosa viñeta en la que una niña africana pregunta a su madre: "Mamá ¿Qué es rendirse?" y a la que esta contesta dignamente: "No lo se, hija. Nosotras somos mujeres"

En una reseña no hay suficiente espacio para resumir tantas y tantas historias escritas por mujeres y sobre mujeres. Por eso os invito a asomaros a las páginas de Femenino Plural y viajar a través de distintas épocas, culturas y costumbres, al alma de la mujer que, en esencia, es capaz de  hermanarse entre todas y cada una de ellas en este libro.






                     Femenino Plural (hacer clic en el enlace para comprar el libro)