miércoles, 27 de enero de 2021

#MiMejorMaestro Participación el en Concurso de Zenda Iberdrola Mi Mejor Maestro

 Don Samuel: Mi primera ventana al mundo 

El colegio Teide ocupaba un piso modesto de barrio sin mayores pretensiones.  Al entrar olía a las virutas de la madera y a los restos de grafito que quedan al afilar un lápiz. En el comedor, habilitado como clase principal, un montón de pupitres pintarrajeados y dispuestos en filas y columnas se disputaban el escueto recinto, donde indisciplinados alumnos se ocupaban en tirarse bolas de papel, gritando y alborotando, más de lo que mis tiernos oídos estaban acostumbrados a soportar. 

El profesor nos llevó a otro cuarto más pequeño, que servía de oficina, e invitó a mi madre a sentarse en la única silla disponible, porque de las dos existentes, una la ocupaban cuadernos y libros apilados. 

- ¿Cómo te llamas? -preguntó, extrayendo un cigarrillo del paquete de Celtas Cortos guardado en su bolsillo, tratando de mostrar cercanía, ante mi resistencia a permanecer allí y mi empeño en ocultar el rostro, entre los pliegues de la falda de mi madre, cuya mano apretaba atemorizada.  

-Es muy vergonzosa, -dijo ella, a lo que repuso el profesor:   

- ¿Ah sí?, pues la vergüenza era verde y la pació una vaca. -Y rió él solo de su ocurrencia. Yo, como no entendía la frase, seguí en mi actitud de rechazo. Mientras ultimaban los pormenores de mi inscripción, le observé atentamente: Era un hombre muy alto, o a mí me lo parecía, delgado, moreno, de cabello ondulado, con un gracioso rizo que, cayendo sobre su frente, le dulcificaba el rostro.  Llevaba unas gafas de pasta de alta graduación, dado el tamaño que conferían a sus ojos. Bigote al estilo años 40, bien recortado, rostro agraciado, de expresión risueña y afectiva. Los dedos largos, huesudos, las últimas falanges del índice y el medio, amarillentas por el tabaco, lo cual emblanquecía el tono de su piel. Cuando terminaron de hablar, mi madre me arrancó de su falda, y yo me quedé con la cabeza gacha, junto al maestro, un completo desconocido, pero cuyo corazón albergaba una inmensa bondad, bajo esa expresión autoritaria que quería imponer, pero que no lograba convencer a sus alumnos.  

Al quedarnos solos, tomó con la mano derecha su palmeta, que descansaba sobre la mesa, y golpeó varias veces, con toquecitos suaves, la palma de su mano izquierda, a la vez que decía, intentando demostrarme quién mandaba allí: “Bueno, bueno, Marina... ¿tienes alguna pregunta?, a lo que yo, haciendo gala de un atrevimiento que hoy considero inimaginable, contesté: 

- ¿Por qué te llamas Rosamuel?. (Así me sonaba su nombre). 

Al oírlo, soltó una sonora carcajada y acercándose, me acarició la cabeza. Me llevó cogida por los hombros a la clase de los alborotadores, y situándome a su derecha, dio un par de sonoras palmadas para hacer el silencio y me presentó a la audiencia con autoridad. “Ésta es Marina, vuestra nueva compañera, sed buenos con ella, es su primer día en el colegio, así que portaos como quisierais que se portaran con vosotros.”     

Don Samuel no tenía mesa propia. Se sentaba en una silla y durante gran parte de la mañana, corregía y corregía los cuadernos que se apilaban sobre un pequeño pupitre, y los iba apilando de nuevo, como podía, en otro lado. Mientras tanto, con la mano izquierda sostenía su cigarrillo, que, poco a poco, se iba consumiendo. Bajo el brazo, sujetaba tenazmente la palmeta de madera. A veces, interrumpía su actividad, movía a un lado y otro la cabeza, mostrando resignación, o daba una palmada al aire para imponer silencio. Cuando la planilla o las cuentas estaban corregidas, ponía una B mayúscula con bolígrafo azul, o quizás una R de regular, pero la M raramente figuraba en sus correcciones. A la hora de salir, la una al mediodía y las 6 por la tarde, se ponía en pie, daba una fuerte palmada al aire, y decía con voz firme y potente: “Recoger”, y todos salíamos corriendo como fieras enjauladas. 

Presidía la pared principal de la clase una pizarra, siempre abigarrada de frases inconexas, borrones y cuentas sin solución, raramente limpia, excepto a última hora, cuando don Samuel lo borraba todo, para escribir en primera línea la frase de la plana, o las cuentas que debíamos traer solucionadas al día siguiente. A veces, algún alumno servicial se ofrecía a limpiarle la pizarra, y él lo aceptaba alargándole el cepillo con un “gracias”. Cuando se enfadaba de verdad, cosa que raramente sucedía, don Samuel gritaba: “¡Silencio!", y haciendo un “barrido” sobre nuestras atemorizadas cabezas, ordenaba a algún alumno hiperactivo, (aunque antes no eran conocidas tales anomalías conductuales):  

-Tú, ¡pon la mano!, y el chico extendía su mano derecha con timidez, o quizás desafiante, según los casos, y el profesor infligía sobre la palma infantil uno, dos, o incluso más golpes de palmeta, que resonaban en el aire, y servían de escarmiento para los demás, pero por poco tiempo.  

Lo que yo adoraba era cantar a coro los límites de España, o la tabla del cinco. En esos momentos, el tiempo se detenía, la tarde extendía un manto de apacible ternura sobre nuestras cabezas infantiles, y la vida adquiría un nuevo sentido, más amable y sereno, uno se encontraba a salvo de cualquier peligro. 

La Navidad en el Teide era algo especial. La tristeza no tenía cabida allí. En un barrio donde la mayoría procedíamos de extracción humilde, no faltaban los regalos para el maestro, que si una caja de polvorones, que si una botella de vino... Yo me obcequé en no ser menos que los demás, y mi madre tuvo que transigir, ante mi tozudo empeño en obsequiarle con lo que, a mi juicio, más le agradaría y colmaría sus deseos: un paquete de Celtas Cortos. Al extender mi mano ilusionada con el humilde presente, me miró con fijeza inusitada; de fondo sonaba el villancico “Campana sobre campana”, y entonces advertí que sus ojos se empañaban, y por su mejilla resbalaba una lágrima furtiva. 

viernes, 22 de enero de 2021

Blanca Oteiza: Realmente nunca sabes dónde vas a encontrar la inspiración


Blanca Oteiza

Recibimos en el blog a una escritora y compañera de letras del espacio creativo ENTC (Esta Noche te Cuento) que tiene alma de narradora desde niña, como sus escritos demuestran; pero dejemos que sea ella, como buena cuentista, quien tome la palabra para hacernos partícipes de cómo fueron sus inicios con la escritura.

Nací un día de nieve en Vitoria-Gasteiz, ciudad donde siempre he residido, aunque no llevo el nombre por el color invernal, sino por la patrona de la ciudad. Soy creativa, inquieta y positiva. Cultivo varias artes, bien por profesión, bien por devoción. Me encanta estar activa, no hay día que no dibuje, escriba o haga fotografías. Desde niña me recuerdo dibujando, escribiendo y montando historias en mi mente. Me gradué en Artes Aplicadas – Diseño de Interiores y tras varios años de experiencia y con una crisis tambaleando mi vida laboral he seguido estudiando y ahora puedo compaginar mi experiencia como interiorista, con el diseño gráfico o el diseño de páginas web. Entre tanto la escritura me ha ido acompañando a lo largo de los años de forma autodidacta con épocas más activas que otras, pero nunca abandonándola. Me gusta sumergirme en las letras, cuando no escribo, leo. Escribir me relaja, me hace viajar a un universo paralelo que habita dentro de mí y me produce una euforia interior cuando doy por terminado un texto. Muchas veces comienzo a escribir con una primera frase que aparece de la nada mientras camino por la calle, observo las nubes o escucho el aire y va llenándose la página sin estructura previa hasta conseguir el todo. Realmente nunca sabes dónde vas a encontrar la inspiración y las musas te sorprenden llamando a la puerta una tarde de lluvia que observas tras la ventana o disfrutando de un atardecer, pero también pueden aparecer comprando en la frutería o en una conversación en medio de un café con amigos. Aunque con los años he ido ampliando el abanico de géneros, donde más cómoda me encuentro es en la poesía y en los microrrelatos. Hace unos quince años comencé a presentarme a certámenes o concursos literarios cuando el tiempo me lo permite, con mejor o peor suerte y soy asidua desde sus orígenes del concurso-blog Esta Noche Te Cuento. Tengo varias obras editadas en antologías o ediciones compartidas con otros escritores. En fin, las letras viven en mí y me encanta enroscarme en ellas.

 

El pescador de sueños

La luna aún podía verse en el horizonte confundiéndose con las farolas cuando salió de su casa. Llevaba una vara y una madeja de lana en una bolsa. Bajó hasta el puerto donde subió a su barca de papel y se echó a la mar.

Se cuenta que cada noche atraca en un puerto diferente y se pasea por las calles mientras los habitantes descansan, recorre cada rincón buscando los sueños de los que duermen. Con la lana atada en un extremo del palo pesca los miedos, los anhelos y los delirios de la gente.

Una vez llegó a una aldea, en una casa a las afueras encontró una mujer que no tenía sueños. Los había perdido de niña cuando le abrazó la soledad perdiendo así la esperanza. El pescador curioso se acomodó a su lado. Sintió su aliento desgastado de utopías ya olvidadas, de proyectos desechados, de deseos incumplidos. El hombre sacó del bolsillo de su chaqueta un saquito del que salieron ilusiones, alegrías y emociones. Después extrajo un reloj cuyas manecillas estaban detenidas y con sus dedos suavemente las hizo girar. Dejando a la mujer detrás de sí salió a la noche estrellada y volvió a su mar.


Una estrella más mirando al mar 

Cada vez que me iba de vacaciones sus palabras eran las mismas: “Disfruta ahora que tú puedes”. Y me despedía con un beso y la mejor de sus sonrisas. A la vuelta me recibía con una sonrisa aún más bella si cabe.

Ayer hizo un año que se fue y mis recuerdos han acudido especialmente al pasar por delante de su último hogar y entre ellos, ha llegado a la memoria uno que logra dibujar especialmente una sonrisa en mis labios.

Aquella soleada mañana de primavera al ver el cielo tan azul como el mayor de los mares, me acerqué a la residencia con el coche en vez de caminando como solía hacer con buen tiempo. Antes de acudir a la sala de estar, donde los mayores pasan las horas sentados jugando a las cartas, tertuliando entre ellos o con familiares que les visitan, o simplemente están, absortos en su propio mundo o con suerte, mirando, a través de las ventanas, las ramas de los árboles agitándose al viento. Esa mañana primero pedí en la enfermería las pastillas de mi abuela y dije que me la llevaba a pasar el día conmigo, que no la esperaran hasta la cena.

Al verme mi abuela dirigiéndome hacía ella, dos rayos de la alegría iluminaron sus ojos. Tras abrazarla le dije: “Abuela, hoy nos vamos de excursión”.

Agarrada del brazo, como cualquier otro día cuando salíamos a pasear por el parque, fuimos hasta el coche. Al salir de la ciudad me preguntó a dónde nos dirigíamos, pues pensaba que simplemente íbamos a visitar algún barrio nuevo. De vez en cuando la llevábamos algún familiar a pasear por las modernas avenidas y jardines de los últimos barrios construidos y le decíamos: ¿te acuerdas?, aquí antes había una serrería, o un almacén de madera, o campos donde la gente venía a tomar el sol en los días de verano… y ella asentía.

Pero no, aquél día íbamos a ver el mar. Esa inmensa masa de agua salada que mi abuela tan solo conocía por imágenes, pues nunca había tenido la oportunidad de sentir la arena de la playa jugueteando entre los dedos de los pies.

Tras poco más de una hora, llegamos a un pequeño pueblo con un bello puerto pesquero y una playa hermosa como el rostro de mi abuela cuando vio las olas agitadas por una suave brisa primaveral.

Al salir del coche tuve que agarrarla con fuerza, pues temblaba de emoción. Fuimos hasta la arena donde la ayudé a descalzarse para caminar hasta la orilla donde las olas abrazaron nuestros tobillos. Pasamos un rato contemplando el horizonte. Los ojos de mi abuela brillaban como la espuma del mar en la cresta de las olas.

Comimos en un restaurante del puerto donde el pescado era el plato principal. Aún recuerdo el olor de las sardinas en la parrilla.

Comenzamos la tarde caminando junto al mar y la terminamos volviendo a la residencia para la hora de la cena.

Las enfermeras, al ver dibujada en la cara de mi abuela la emoción de un niño en su fiesta de cumpleaños, le preguntaron qué regalo había recibido para llegar con aquella sonrisa eterna y esos ojos brillantes como lunas reflejadas en gotas de agua.

La dejé narrándoles la experiencia vivida.

Volviendo tras mis pasos, salí a la calle cuando las primeras estrellas empezaban a encenderse como bombillas en el cielo; las mismas que contemplo ahora camino de mi casa.

*  Relato Finalista en el VI Premio de relatos de Mujeres Viajeras (2014) y publicado en el libro con el nombre del concurso.

 

Nostalgia de juventud

Estos días azules y este sol de la infancia

me devuelven a la edad de mi hija.

Intento no pensar en los años que pasan

y mi alma se va arrugando

como un paño enjugado de llanto.

Observo las nubes que pasan

transformando el cielo celeste

en algodones de plata.

La lluvia comienza a caer

confundiéndose con la lágrima

que también asoma.

Estos días azules y este verano que llega

me transportan a la edad del juego.

Recuerdo los momentos vividos

y mi corazón se lastima

como un viejo libro por el uso.

Contemplo las cigüeñas que vuelan

como mis sueños en la mañana

y mis memorias con ellos.

La noche acude por el horizonte

mezclándose con la nostalgia

de un tiempo que quedó atrás.

Estos días azules y este sol que se apaga. 

 Blanca Oteiza

*Poema realizado para un homenaje a Antonio Machado 2011.

·         Finalista en el Certamen de relatos de Fuego de Palabras en Flor (2017), con el relato La noche más corta formando parte del libro antológico. 

·         Finalista en el Certamen de relatos de Tierra de Palabras en Flor (2017), con el relato Bajo tierra formando parte del libro antológico. 

·         Finalista en el Certamen de relatos de Agua de Palabras en Flor (2017), con el relato Llueve formando parte del libro antológico.

·         Finalista en el II PREMIO NACIONAL DE NARRATIVA BREVE VILLA DE MADRID 2017 (2017), con el relato A cielo abierto formando parte del libro antológico. 

·         Finalista en el IV CERTAMEN DE RELATO TEMA LIBRE PALABRAS EN FLOR (2017), con los relatos El viejo carrusel y La curiosidad mató al ratón formando parte del libro antológico.

·         Finalista (bronce) en el I Concurso de microrrelato erótico Miss Deseo (2016), con el relato Clases particulares.

·         Finalista en el III Concurso de microrrelatos "Inspiraciones nocturnas" de Diversidad Literaria (2016), con el relato Viajero nocturno, formando parte del libro antológico. 

·         Finalista (plata) en el II Concurso de Poesía Homenaje a Mario Benedetti de Editorial Pasos (2016), con el poema Chocolate y nata formando parte del libro antológico.

·         Finalista en el II CONCURSO DE RELATO TEMA LIBRE PALABRAS EN FLOR (2016), con el relato Extraviado formando parte del libro antológico.

·         Finalista en el III Concurso Literario de Microrrelatos Erótico-Románticos. “Sin Aliento” de Art Gerust Editores (2016), con el relato Imaginación y juego, formando parte del libro antológico del concurso. 

·         Finalista en el Concurso de Poesía “Tiempos Pasados” Homenaje a William Shakespeare de Art Gerust Editores (2016), con el poema Durmiendo sobre el río, formando parte del libro antológico del concurso. 

·         Finalista en el CONCURSO DE RELATO TEMA LIBRE PALABRAS EN FLOR (2016), con el relato Se fue tras la tormenta, formando parte del libro antológico.

·         Ganadora en el II CONCURSO INTERNACIONAL DE ILUSTRACIONES HISTORIADAS “Cuenta que te cuenta hasta 150” (ilustración nº 36), (2016), con el relato Cobijo. 

·         Finalista en el I Concurso de Microrrelatos de Terror en honor a Gustavo Adolfo Bécquer y sus Leyendas de Hipujo Libros (2015), con la obra Las notas del silencio, formando parte del libro Retazos de terror.

  • Finalista en el VII Premio de relatos de Mujeres Viajeras (2015), con el relato Verano en azul y blanco, formando parte del libro del VII Premio.

·         Finalista en el I Concurso de Poesía “Luz de Luna” de Diversidad Literaria (2015), con el poema Viaje a la Luna, formando parte del libro antológico del concurso.

·         Finalista en el Concurso de Poesía Homenaje a Gustavo Adolfo Bécquer de Art Gerust (2015), con el poema Tus ojos no dicen lo mismo que tus labios, formando parte del libro antológico del concurso.

  • Finalista en el VI Premio de relatos de Mujeres Viajeras (2014), con el relato Una estrella más mirando al mar, formando parte del libro del VI Premio.
  • Tercer clasificado en el I Certamen Literario de Microrrelatos en la Radio (En camisa de once varas de Radio Castilla la Mancha y Verbalina) (2014), con el microrrelato Rescate.
  • Finalista en el 3º Certamen Literario de Relato Breve La Fragua del Trovador (2014), formando parte de la Colección de Cuadernos de Narrativa "Palabras Contadas" con el relato Resaca de recuerdos.
  • Finalista en el 2º Certamen Literario de Relato Breve La Fragua del Trovador (2013), formando parte de la Colección de Cuadernos de Narrativa "Palabras Contadas" con el relato Escenario callejero.
  • Ganadora en el Concurso B.O.Y. (BERSION ORIGINAL YNFANTIL) de Esta Noche te Cuento (2013) con el relato Reflexiones bajo el insomnio.
  • Finalista en el I Concurso Internacional de Cuento Breve Cada Loco con su tema (Mexico) (2013), con el cuento Y de repente, silencio.
  • Finalista en el I Concurso de Microrrelatos Revista Archivos del Sur (Argentina) (2012), con el relato Los sonidos del silencio.
  • Ganadora en el Concurso “Érase una vez… tu cuento Nenuco” (de Famosa) (2011), con el cuento infantil El coleccionista de nubes.
  • Finalista en el III Concurso Nacional de Relatos de Mujeres Viajeras (2011), con la obra Mi hija de equipaje, formando parte del libro del III Concurso.
  • Semifinalista en el I Concurso Internacional de Micro Relatos “La Cesta de las Palabras” (2011), con la obra Fantasmas Nocturnos, formando parte del libro “Misterios para el sueño”.
  • Semifinalista en el I Concurso Internacional de Poesía “La Cesta de las Palabras” (2011), con el poema Un día más.
  • Ganadora en el Concurso de Relatos Inspiración de los Vinos de la España de Don Quijote (2010), con la obra Tinto, Blanco, Rosa.

   

martes, 29 de diciembre de 2020

Alicia Muñoz Alabau: La inspiración me parece un proceso mágico a través del cual la inquietud se convierte en serenidad y el desconcierto en alivio

 

Alicia Muñoz Alabau

Recibimos en el blog a una autora vocacional, Alicia Muñoz Alabau, para la que la escritura es mucho más que una afición o profesión: una forma de estar en el mundo. Escritora valenciana y compañera, con la que he coincidido a veces en antologías, ya que forma parte del nutrido grupo cultural Valencia Escribe (al igual que una servidora), y que, generosamente, nos ha hablado de su proceso creativo y compartido algunas de sus creaciones. Dejamos que Alicia tome la palabra:

No hay exactamente un comienzo de mi yo como escritora, desde siempre me recuerdo escribiendo. Era una lectora voraz y los libros me sirvieron de refugio desde niña, pero además necesitaba escribir mis propias historias, transformando las que leía o, en muchas ocasiones, como desahogo para poder interpretar mis sentimientos y entenderme un poco más a mí misma. Durante muchos años, esos escritos fueron exclusivamente míos, totalmente privados y celosamente escondidos. No pensaba que pudieran interesar a nadie y pensaba que a través de ellos me exponía demasiado, por eso me daba mucho pudor sacarlos a la luz.

No fue hasta 2006 cuando algo que había escrito y que pretendía ser un homenaje a la fortaleza femenina (sobre todo a mi madre) se convirtió en un relato que me pareció bastante digno como para presentarlo a un concurso. Ganar el segundo premio fue el empujón que, al parecer, necesitaba. Sentirme valorada de esa manera me infundió confianza y, poco a poco, el relato original fue convirtiéndose en novela. Así nació Ponerse alas, publicada por ed. Atlantis en 2012. La novela, que trataba de las mujeres como cuidadoras y de las redes invisibles de ayuda que consiguen tejer gracias a la amistad, tuvo muy buena aceptación, pero sobre todo, me permitió conocer a personas maravillosas vinculadas al mundo literario y participar en grupos de autores y antologías que me han proporcionado grandes satisfacciones. En 2016, publiqué De dolientes y duelos, con ed. Neopatria, un conjunto de relatos que exploraban los procesos de la pérdida y el duelo. Todo un mosaico de emociones que se desplegaban pasando desde la hecatombe emocional hasta la indiferencia, pasando por el replanteamiento o la renovación.

Y también con ed. Neopatria, vio la luz el poemario Dos mitades y un cuarto, escrito mano a mano con mi amigo Alberto Soler, médico psiquiatra y escritor, en 2017. Podríamos decir que fue la experiencia que me convertía, a ojos de los demás, en poeta. Creo que la poesía había habitado en mí en todo momento, pero solo de forma muy tímida y esporádica se había hecho explícita. Con la recopilación de poemas que quedaron plasmados en ese libro, me di cuenta de lo mucho que había escrito y lo poco que había tenido en cuenta esa faceta mía. A partir de entonces, el cuerpo no he dejado de pedirme poesía y no he dejado de sentirme afortunada por ello, ya que la inspiración me parece un proceso mágico a través del cual la inquietud se convierte en serenidad y el desconcierto en alivio. En cierto sentido, podría decir también que mi escritura surge del dolor y es una manifestación que me libera.

Mi sensibilidad me ha hecho ser extremadamente permeable a todo tipo de situaciones y emociones, creo que percibo rasgos muy sutiles de mi entorno y vivo de manera muy intensa todo lo que ocurre a mi alrededor, de ahí que la escritura me sea de gran ayuda como terapia para plasmar todo aquello que no logro entender ni interpretar de modo racional. Se trata de un vuelco creativo que nunca deja de sorprenderme, de un rasgo definitorio de mi personalidad que se ha convertido en algo esencial; sin escribir, simplemente no sería yo. La escritura es mi aliento, mi vida, una experiencia totalmente imprescindible, me resulta más necesaria que comer.

Mi publicación más reciente en solitario ha sido 94 lunares, ed. OléLibros, Según Elga Reátegui en el prólogo: “…poemario intenso, caótico y arrebatado donde muestra a pecho abierto la libertad y la satisfacción de amar a su modo, con su terca entrega y pasión desbordada (…) La poeta imagina y recrea a su antojo a partir de experiencias que pueden o no ser propias, pero que expone con tanto realismo e intensidad, que nos creemos y sentimos todo lo que comparte”.

Por otro lado, compartiendo espacio en antologías junto a otros escritores, he publicado más de veinte relatos, con los grupos Generación Bibliocafé y Valencia Escribe, y con la editorial solidaria Vinatea, Treinta Mujeres Fascinantes en la Historia de Valencia y Mujeres en construcción (perdonen las molestias). Formo parte de la Plataforma de Escritoras del Mediterráneo y durante 2020 he publicado en la antología Creadoras Mediterráneas Modernas y Contemporáneas (con un breve ensayo sobre Zenobia Camprubí), en los dos volúmenes de VisiBiliz-Arte (mujeres en el arte y mujeres pintoras) y en el libro número veinte de Generación Bibliocafé,  2070: Relatos líquidos. En el blog Proyecto Metamorfosis (la palabra puede cambiar el mundo), he publicado algunos artículos breves de filosofía.

Acepto encantada todos esos retos colectivos y disfruto muchísimo con el encuentro y el aprendizaje gracias a otros compañeros, ahí la creación se convierte en un juego porque has de atenerte a los temas, la extensión, etc.,  sin embargo lo que me nace porque es aquello que llevo impregnado en la piel es la poesía y a ella dedico mis momentos más íntimos y personales, ahí es donde se encuentran todos mis gritos silenciados y mis suspiros.

 

Fragmento de un relato inédito:

“          Sé que no me quieres porque nunca me acariciaste sin motivo, nunca nos miramos con complicidad en medio del gentío, nunca se entrelazaron nuestras manos bajo la mesa de un restaurante, nunca apretaste mi muslo en medio de una comida familiar, nunca se te notaron las ganas de besarme sin motivo alguno. Pacientemente soporté la espera, ingenua y ciegamente. Creí que lo tenía todo contigo y no tenía nada. Quise creer que esa era la forma en la que tú querías, que a lo mejor no sabías querer de otra manera, que así querían los tíos muy machos… qué sé yo cuántos consuelos absurdos.

            Me esmeraba en no enfadarte y dejabas bien claro que odiabas que te dijera que te quería, pero yo intentaba hacértelo saber de todas las formas posibles. Tenía confianza, confiaba en que mi insistencia tendría recompensa, me decía a mí misma que tenía que ser paciente, que el agua acaba horadando la piedra y que, del mismo modo, mi ternura acabaría calando en tu pétreo corazón. Me decía a mí misma que me querías, pero que no sabías demostrarlo… esperando que tus ojos negros me quisieran mirar de otro modo algún día.

                        Y no sé cómo ha ocurrido, la verdad, pero te juro que no ha sido premeditado ni nada de eso. Creo que un día sin más me levanté y mientras daba vueltas y más vueltas al café con leche, se me fue volando la cabeza al ritmo de la cucharilla y me vi de repente contemplando el cielo por la ventana de la cocina y conforme se movían las nubes fui escribiendo mentalmente lo que de verdad sentía.

No iba a saber cómo hacerte ver que lo nuestro tenía que acabar porque tú no me querías, porque en realidad nunca me habías querido. Te habías acomodado a mis piernas, a mis manos y habías echado raíces en mi ropa, pensando que cada vez que me vestía un pantalón, una falda, una camisa, te llevaba conmigo. Y es por eso que hoy encuentras mi armario y mis cajones vacíos, y por lo que estarás leyendo (supongo) estas hojas que dejé sobre la mesa. Porque no me atrevía a decirte nada cara a cara, que ya sabes que me aterrorizan tus ataques de mal genio, pero como ves, es algo que viene de lejos. Que creo que tampoco te extrañará tanto, vamos, que digo yo que a lo mejor me echas un poco de menos, pero que se te pasará seguro en poco tiempo…, teniendo en cuenta que no me quieres, que nunca me quisiste, y que en el fondo eso es algo que vas a reconocer, aunque te joda.”

 

Poema inédito

 

Qué somos… 

 Dos soledades

que se encuentran,

dos soledades,

eso somos.

Dos miradas

en pausa,

dos corazones

con sed de agua,

dos amantes

en expectativa

de que llegará el momento

de una entrega

entre las sábanas.

Dos cuerpos

repletos de dolores intensos

que cavaron grietas

en las dobleces del alma.

Dos pieles

cuajadas de nervios

a la espera

del aluvión gratuito

de caricias robadas.

Dos pupilas dilatadas

ebrias de pasión y duelo.

Dos iris hambrientos

en perpetuo estado

de atrevimiento.

Diez huellas dactilares

entrelazadas.

 

 Relato publicado en la antología ¿Cuánto pesa un libro?, Generación Bibliocafé, abril 2017


A solas 

He mantenido la habitación en penumbra. Abrí los ojos esta mañana, pero no quise despertar. Me aferré a la almohada para ver si aún reposaba allí tu recuerdo, o tu olor, algún rastro de ti, algo tuyo. No desayuné ni siquiera. Sabes que no puedo ponerme en marcha si no desayuno. Pero, hoy no voy a salir a la vida hasta que mis lágrimas se sequen solas.

Pasaron las horas y no amanecía. Había salido el sol, eso era cierto, pero nada parecía indicar que se acercara un nuevo día. Todo permanecía igual, todo era lo mismo. Decidí no amanecer yo tampoco. Dormitaba a ratos, sollozaba, mantenía la mirada fija en ningún sitio. Intuí una claridad amenazante a través de las rendijas de la persiana. Pero, hoy mis lágrimas van a secarse en soledad.

En soledad digo, ¿lo entiendes? Que no voy a llamarte, ni escribirte, ni arrastrarme como tantas otras veces. Que voy a resistir aquí, parapetada entre las sábanas que cobijaron tanto despropósito, tanta desazón, tanta locura. Que sacudiré la cama tantas veces como haga falta, para esparcir el calor de tu pasión por el ambiente y respirar ese aire contaminado de ti hasta que me ahogue. Porque hoy voy a secar, por fin, mis lágrimas.

Que no es responsabilidad tuya. Que ya me dejaste claro que te marcharías cada día que estuvieras conmigo. Y tuve que acostumbrarme a esa oscuridad. Ese hueco profundo que se producía cada vez que cerrabas la puerta y yo volvía a sentir que realmente solo era un entretenimiento para ti. Y, al fin y al cabo, se supone que ya soy una adulta y que no debería engancharme a un tío tras otro, que debería convertirme en mi mejor amiga. Hoy voy a dejar que mis lágrimas se sequen y no tomaré decisiones hasta que esa sequía me alcance toda.

No escribiré, no te nombraré ni dejaré tu huella en mi literatura, no serás mi inspiración nunca más, no quedarás plasmado en mis páginas lo mismo que has hecho en mis emociones. No querré tenerte en mi recuerdo ni hallarás el honor de entreverte esculpido por mis palabras. Voy a renunciar a las letras que hablan de ti por autoprescripción facultativa, voy a intentar sobreponerme, voy a salir de este encierro de escritura dañina en el que había sucumbido porque todos mis poemas eran tú.

Venías a verme, yo me ilusionaba, me abandonaba a ti y permanecía entregada a esa utilización interesada que hacías de mí, de mi energía, de mi voz, de mi cuerpo. Te empeñabas en que te recitara. Siempre querías escucharme antes de hacerme el amor, o mejor dicho, de follarme. Eso era algo que me encantaba. Más que el sexo aún. Había mucho más morbo, me recorrían mucha más inquietud y estremecimiento cuando te detenías a oírme que cuando me penetrabas. Fumabas. Entornabas un poco los ojos como entrando en trance y movías levemente la cabeza al ritmo de la música de mis poemas mientras el humo del cigarro maltrataba tu iris verdoso. Te acariciabas la perilla y me lanzabas miradas de deseo que yo recogía y transformaba en acordes y rimas repletos de voces rotas. Whisky y deseo. Yo, antes de conocerte, odiaba el whisky. Después, lo convertiste en un elixir imprescindible. De nuestras citas y de tus ausencias.

Palabras, lágrimas y whisky. Al final he tenido que regarlas con algo. No había tomado nada en todo el día y dicen que, por lo menos, hay que hidratarse. Pero, en definitiva, creo que acabarán por secarse, de un modo u otro. Mis lágrimas, digo.

Otro whisky y volveré a la cama. No he encendido el teléfono, no he abierto la ventana. Ojalá se haya hecho ya de noche y pueda alardear del triunfo de haber sobrevivido un día sin ti. Con reparo, suavemente, repaso mis párpados y mis ojeras con la yema de los dedos para comprobar que la humedad persiste. Desconocía que aún estuviera llorando, pero al parecer, se me está resistiendo el sentimiento. Un sentimiento que desconocía, pero en esta sombra gris y fría de hoy, tu figura se me desdibuja. Comienzo a pensar en que, la última vez que te marchaste al ponerse el sol, apenas me habías besado. Simplemente te abalanzaste sobre mí con prisa, de modo salvaje, con esa transformación que a veces te poseía y que yo solía confundir con apasionamiento, cuando no con amor. Tal vez uno. Quizá sólo me diste un beso fugaz en el cuello en el transcurso de aquel par de horas de feliz desdicha. Porque eso eras para mí, felicidad fingida, consuelo momentáneo, ilusorio, aunque con consentimiento, todo poesía.

Y ahora he querido, por fin, llorar a solas. Purgar todo ese veneno que me diste y dejar tiempo para que se sequen las lágrimas. Aunque sé que todo este concienzudo propósito tan solo me durará hasta el momento en el que de nuevo llames a mi puerta.

 Alicia Muñoz Alabau

94 Lunares (Olelibros)

martes, 8 de diciembre de 2020

Almudena Villalba Organero: El arte consiste en extraer belleza del fango

 

Almudena Villalba Organero


En esta ocasión nos visita en el blog Almudena Villalba, Deni, que nos cuenta  cómo fueron sus inicios con las letras y la escritura creativa:
 

Siempre he tenido mucho interés por la literatura, desde el punto de vista de lectora. Leía constantemente, por ello estudié filología hispánica. El paso a la escritura lo di cuando caí enferma y tuve que buscar un refugio, un salvavidas para sobrellevar el dolor. Me animó mi familia y comencé a participar en concursos por internet, me sorprendió la acogida, quedé finalista en varios e incluso gané alguno de ellos. A partir de ahí, conocí a escritores con los que compartí varias antologías. El año pasado una editorial, Tepublicamos, contactó conmigo y me editó mi primer libro de relatos : «Narrando hasta la orilla». El título no fue elegido al azar. La escritura me salvó en aquel momento y ahora se ha convertido en motivación, terapia, alegría, empoderamiento y satisfacción. Me gustaría compartir el prefacio del libro, para que comprendáis lo que significa para mí la escritura.

 

PREFACIO

NARRANDO HASTA LA ORILLA

Lo que debo hacer, lo que hago, lo que me duele el brazo, lo que lo ignoro, lo que me callo, lo que me exijo, lo que me exigen, lo que lloro, lo que aguanto; y un día me levanto alzando con mi cuerpo el dolor del mundo.  Sueño que un abrazo, una palabra, un beso serán capaces de aliviarlo cada mañana. Que esa sonrisa impostada, que devuelve el espejo, brotará libre de la tristeza que se esconde tras ella; para luego preguntarme ¿por qué a mí? Y acto seguido rescatar del baúl, escondido en el desván de un bienestar apenas visitado, los buenos momentos, los verdaderos amores y lo que todavía me gustaría hacer o descubrir. Y esto para no morir cada día…aunque sigo muriendo y no sé por qué. El cuerpo me aprisiona, me aplasta con la pesada zarpa de la incapacidad.  No puedo vivir en esta jaula creyendo que lo que está encerrado es el mundo. Rompo las cerraduras de la cárcel que me ciega con una pizca de lucidez y salgo a buscar respuestas. Se inicia un peregrinaje ante señores de batas blancas para, por fin, bautizar al mal que me acompaña. «No tiene cura», cae la sentencia abrupta, sin bálsamos ni vaselinas. La mente, lo único que flota libre y sin cambios, se envuelve de una negra bruma. Quizá han pasado doscientos años, los mismos que tiene mi nuevo cuerpo, hasta que llego a la siguiente conclusión: «No es lo que pase sino cómo lo afronte. No es lo que quiera sino cómo lo quiera. No es lo que tenga sino cómo me sienta». Así que empiezo a olvidarme de lo que me ocurre para centrarme en cómo lo vivo.

Los lazos mágicos que han tejido el éxito de ese pensamiento no han sido otros que los abrazos, la paciencia y la comprensión de los que me rodean. Eso sí, estoy enfadada con el mundo, con la suerte, con los dioses, cualesquiera que sean. Le escribo una carta a la salud, la única diosa hasta el momento conocida por mí, y que me ha defraudado:

  

CARTA A HIGÍA


«Me abandonaste. Nunca comprendí por qué la gente te deseaba en sus dichos y canciones, incluso antes que al dinero o al amor. Ahora ya lo sé, no te valoré lo suficiente. Todopoderosa, te desafié creyéndome protegida con mi armadura de carne, huesos y piel. Me dejaste desolada y perdida. Secaba mis lágrimas con el reverso del pesimismo, y con el anhelo de la remisión alimentaba la esperanza. 
Durante el duro camino de la asimilación me acompañó un macuto repleto de incertidumbre que, cada vez más cargado, me intimidaba y me hacía tropezar. Cuanto más caía, más añoraba tu regreso.
Me dejaste a merced de la enfermedad. Intenté resistir, pero su azote de dolor doblegó mi voluntad. Me acostumbré y comencé a quererla. Con ella aprendí a pasear en vez de correr, a ver en lugar de mirar, a escuchar además de oír. Me enseñó a valorar el placer de un abrazo, el alivio de una ayuda, el sonido de mi risa, la compañía de un ser querido. Y ahora, anestesio el sufrimiento para empaparme de vida.
Te remito estas palabras para que sepas que contigo quizá fui más feliz, pero con ella, y solo con ella, he encontrado la inspiración.

Remitente: Luchadora
Destinatario: Salud Perdida
Calle: Adaptación, 10
100X100 SUPERACIÓN»

 

El pasado, el presente y el futuro son incompatibles. No puedo pretender vivirlos a la vez. Me he entristecido muchas veces recordando lo que no puedo hacer; pero inmediatamente, he recurrido a lo que sí hago, e intento hacer bien. De esa manera paso de la frustración al orgullo, y escribo por dos razones: para llorar y para no llorar.

El arte consiste en extraer belleza del fango, algunos lo llaman:

RESILIENCIA

«Acompaño al ritmo de mi mente el despertar cansino de este cuerpo anciano.
Empujo unas piernas, que arrastran pasos de duendes escondidos,
tras la mueca de mis labios, que simulan sonrisas, no molinos.

Alcanzo, con ensayados trazos de soltura, un bote, una taza, una locura…
que ahuyenta con un pinchazo su propósito, me recuerda que debo tomar las medicinas.
 

Cimentados los miembros de mi maltrecha armadura, agarro la energía como un rayo de luz en la negrura.

Y aliento sueños en un solo día, de momentos, de pequeñas vías de triunfos y laureles en corona de espinas».

Textos (Introducción, carta y poema) seleccionados para la antología "Relats" que organizó AVAFI (Asociación Valenciana de Afectados de Fibromialgia) 

 

Mi objetivo: coronar mis momentos con más laureles que espinas, no perseguir sueños imposibles; sino que mis imposibles se conviertan en metas, porque cuando envejecen nuestras ilusiones se nos arruga la vida, y la vida no es esto o aquello, la vida, simplemente, ES.

 

Reproducimos a continuación dos Microrrelatos de Almudena Villalba Organero:

 

CARNE FRESCA 
¡Qué sangre fría! Apenas han pasado veinticuatro horas desde su muerte y nada ha cambiado para ella. La odio. «No soy tu enemiga, Diana. Soy tu madre. Sal, conoce gente y libérate. ¿Cuánto te declararás a ese pastor que cada noche besas en secreto? No vivimos de pan, sino de carne joven, jugosa y palpitante. La virginidad te está amargando. Corre ahí fuera y disfruta. Tu vida es eterna y de ti depende que sea dichosa o desgraciada. Toma el arco y caza algún venado para cenar». 
Alcancé el bosque y corrí sin mirar atrás. Sus palabras me perseguían sembrando la duda. Germinando la tentación. Me sumergí en las cristalinas aguas del rio, desnuda. Un bautizo de paz. Al salir, allí estaba. Petrificado mirando mi desnudez. Cuando tomé el arco, ni siquiera se movió. Mi flecha envenenada acertó de lleno en su corazón. Le despojé de la ropa mientras pronunciaba el ancestral conjuro. Lo arrastré de vuelta al hogar. Contenta, mi madre saboreó la carne fresca de un delicioso venado.

 RUTINA 

 Gasto tanta energía durante la jornada laboral que el resto de la tarde no es más que una suma de tareas rutinarias que me distraen hasta la hora de dormir. ¡Quiero hacer algo con mi vida! ──decidió Amanda──. Acto seguido, cogió el teléfono móvil y marcó el número que había resultado de juntar la edad de cada uno de sus padres, la suya propia, su número de la suerte y las dos últimas cifras del año actual. Esperó dos tonos, tres, cuatro... ¡Menuda tontería! ¿Quién va a contestar? ¡Estoy como una cabra! ── pensó──. Lanzó el móvil sobre la mesa y se fue a la cocina para preparar la cena. Cuando estaba ultimando el guiso, sonó el timbre del teléfono. Se quedó atónita al comprobar que el número que aparecía en la pantalla no era otro que el que ella misma había marcado. Llamada entrante...Tiembla:

── ¿Dígame?
── Amanda ¿eres tú? 
── Sí, soy yo ¿Quién habla? 
── Esperaba tu llamada. Has tardado en decidirte muchos años.
── Pero. ¿Quién eres? ¿De qué me conoces?
── Tranquila Amanda, no te asustes, no soy más que tu inspiración.                                                      

Biografía literaria:

Antologías:

Con el grupo Charca Literaria: Apagué la luz, La fiambrera, Perlas en la charca, Diez voces en un libro.

Con el colectivo Valencia Escribe: El tiempo y la vida, Cuentos de las estaciones, A punta de relato, Relatos con banda sonora.

Con Diversidad Literaria: «Erotismo en estado puro, Porciones del Alma, Luz de luna, Tragedias poéticas, Versos desde el corazón, Sensaciones y sentidos». 

Seleccionados en sus antologías: 101 crímenes de Valencia con Vinatea editorial.   Mujeres en el arte, dirigida por Esther Tauroni. Vientos para una pluma de editorial acen (seleccionado en concurso). Con Ediciones de letras en su antología «Aforismos». Seleccionada en la antología «Relats» del concurso de Avafi (Asociación Valenciana de fibromialgia)

Primer premio del público y finalista del jurado en Club de escritura Fuentetaja, con Ángel, publicado en la antología Letras contra la pobreza y la exclusión social. Sobre esta obra (Ángel) existe el cortometraje  homónimo seleccionado en varios certámenes y Primer premio de Atlanta. Primer premio con el relato Promesa de fuego en el VI concurso literario José Ferrer ESCLAFIT de la falla Els Chuanos, publicado en su libro de fiestas en Alicante.  Dos relatos publicados en los libros de fiestas de Náquera.

 Mi primera antología de relatos en solitario «Narrando hasta la orilla» me la público la editorial Tepublicanos.