jueves, 31 de mayo de 2018

Olor a casa


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Fuente de la imagen: Pinterest

Después de horas de terapia con los mejores especialistas sin que ninguno de ellos lograse revertir el naufragio de nuestra relación, el último coach de la prestigiosa lista con la que contábamos Guillermo y yo, nos propuso un ejercicio a "todo o nada". Según sus palabras, solo un salto al vacío con los ojos vendados, podría revelarnos si nuestro futuro era estar juntos o, por el contrario, debíamos aceptar la separación y comenzar a pasar página.
A las doce de la noche, según lo convenido, subí al coche con los ojos vendados. Me había vestido con ropa nueva y había comprado un perfume carísimo cuyas notas distaban mucho de la colonia que usaba a diario. Llevaba la cara cubierta de una fina malla de red para evitar ser identificada por el tacto. Nuestro coach nos había expuesto con claridad el escenario al que nos enfrentábamos. Por mi parte, sabía que me esperaban varios hombres en la habitación y que solo uno de ellos era mi compañero de sesiones. También había mujeres. Una fila enfrente de otra. Y nosotros dos, eligiendo.
El primer hombre era muy joven. Maldije en silencio al psicoterapeuta, al comprobar el tono de su musculatura. Pobre Guille, menos mal que mi compañero no podía verlo ni palparlo. Lo deseché de inmediato. No quería pasar por una superflua. No era la flacidez de Guillermo lo que nos había llevado al psicoanálisis.
Al segundo le sobraba bastante volumen. Calvo y bajito. Por favor, cuánto estereotipo. ¿Es que este coach solo barajaba los extremos? al lado de este hombre, Guille era Marlon Brando de joven, aún sin la Harley.
El tercer hombre era una incógnita. Ni alto ni bajo. Ni gordo ni flaco. Ni flácido ni musculado. No podía tocar su rostro, protegido con una red frente a posibles eventualidades de roce. Procedí a oler su piel. Sin su voz, solo quedaba el tacto y el olor. Olía tremendamente a tabaco. A Ducados negro, para ser exacto. Hay que ver lo torpe que llegaba a ser este coach eligiendo candidatos.
El cuarto hombre tenía unas proporciones perfectas. ¡Madre mía, qué tacto! Cada centímetro de su piel me parecía deseable. Sin estar musculado, y pese a una incipiente barriguita, este hombre despedía olor a casa. Supe que era Guille antes de que él me eligiese a mí también, aunque ambos fingimos no reconocernos. Desde entonces, él y yo no hemos vuelto a tener ningún problema, salvo que los encuentros han de ser en casa del psicoterapeuta y, eso sí, siempre con los ojos vendados.

Texto: Manuela Vicente Fdez ©

viernes, 25 de mayo de 2018

EL COLEGIO: LA GLORIA EN LAS FLORES


¿Quién no guarda en su memoria días maravillosos o días terribles de su época escolar?,  profesores, compañeros, ilusiones, temores… Aquel primer maestro, alto y delgado, de cuidado bigote, que nos hacía rezar el Avemaría al comenzar la clase y la terminaba con una palmada exclamando contundente: "¡Recoged!". Aquellos altares de mayo que montábamos en la pequeña antesala, apilando pupitres cubiertos con sábanas blancas y situando en el centro una virgencita de madera, rodeada de gran profusión de flores de dudosa procedencia y ante  quien cantábamos "Venid y vamos todos…"
El tiempo parecía estancado: "Cuando esté en segundo, y en tercero…"  pero ¡qué pronto transcurrió la niñez, la adolescencia, ahora solo son recuerdos! Aquel profesor de griego de ojos verdes que se parecía a Omar Sharif, nos llamaba "señoritas" y de usted, amor platónico de todas, ahora será un venerable anciano, si la muerte aún ha querido respetarlo. ¡Qué juerga la clase de hogar! Pobre profesora, suplicando silencio hasta desgañitarse y nosotras tratando de pergeñar con torpes puntadas, entre risas y parloteo, el  regalo del día de la madre.
¡Primer amor juvenil, rubio de ojos azules! ¡Qué ilusión cruzarnos por el patio en el recreo! y si por azar coincidían nuestras miradas, ¡Oh emoción indescriptible! Ahora será un hombre maduro, padre de familia, quizás calvo y barrigudo. Todo pasó. El ayer no regresa, pero como dice Natalie Wood: "Aunque nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no hay que afligirse, porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo".

© M.J. Triguero Miranda 2018. Fotos subidas de Internet.








El tiempo no miente

El tiempo se cruzó en mi camino, llevaba los  brazos entrelazados a la espalda y un paso marcado.
-¡Secretos!- dijo parándose frente a mi cara, para luego desaparecer.
De pronto, me vi rodeada de máscaras tiradas por el suelo frente a un grupo de personas desconocidas con las que había compartido toda una vida.
©Orgav
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Imagen usada de Internet perteneciente a: The Closet Club.

miércoles, 23 de mayo de 2018

DESIGNIOS

Robé el billete de veinte euros de la cesta cuando el padre Ángel no miraba. Lo necesitaba para comprarle una pulsera a Amanda mejor que la que le había comprado Guille. Faltaba un día para su cumpleaños y llevaba un mes rogando que un billete de veinte euros estuviese al alcance de mi mano...

Manuela Vicente Fernández

TENTACIONES

Le robé el novio a mi prima Berta. Fue ella quien me enseñó su foto, quién me contó que sus besos sabían a azúcar, quien me dijo que Paulo salía todos los domingos con su bici e iba hasta la antigua ermita. Allí le esperé, con la cadena de mi bici fuera de sitio y el corazón también.
MVF© 

Viajando con el presente

No siempre fue así. Hubo un tiempo en el que, ni montar en triciclo como los niños grandes, ni  ponerse los zapatos de papá o sus camisas,  le ayudaba a ser feliz. Tal era su frustración que creció con la necesidad de  alcanzar edades mayores, como si la felicidad fuese una cuestión  de edad.
Con el pasado del tiempo,  se dio cuenta que ya había que alcanzado, varias veces, aquellas edades añoradas y que, aun así, seguía sin ser feliz. Sentía que su vida había  ido a  varar  en un vagón que no iba a ninguna parte, y sintió  morir.
A pesar de estar aturdido por los acontecimientos, supo reflexionar:  comprendió que la felicidad no estaba en su futuro y que, por culpa de su obsesión, tampoco formaba parte de su pasado. Comprendió que había  pagado un billete  muy caro al no disfrutar ni del viaje ni del paisaje  y decidió que,  desde ese mismo instante, comenzaría a vivir en un continuo presente, anexo entre un pasado que ya fue y todo lo que estaba por venir, mientras viajaba  en el tren de su vida sin un destino fijo, sin edades...
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Imagen usada de Internet.

Letargo

Letargo.
Seca. Seca de ideas, de palabras.
La inspiración  no me visita y  me aturde su ausencia. La siento a mi alrededor pero no la encuentro y ya no nacen historias...

Él está allí, en la lejanía de un papel en blanco, montado en el tren de la inspiración, esperando un destino incierto. Solo es un personaje más, sin materia alguna. Me mira y exalta con sus manos la distancia que nos separa, me hace entender que se siente encerrado en aquel tren sin rumbo. Siente miedo a morir asfixiado entre un cúmulo de  ideas interrupidas, inacabadas,  que apestan, que le aplastan...Me mira y lanza súplicas, mientras golpea con fuerza un cristal imaginario que solo existe  entre las pocas partículas de realidad que hay entre su mundo y el mío. Agotado, llora de rabia mientras musita su indignación. La impotencia le pesa y se deja caer entre los asientos del vagón. 

Allí  está, tirado en un suelo que no existe, cada vez más lejos de tener una vida, de  tener un camino que seguir, de darle sentido a la levedad de su existencia...

-No puedo hacer nada por ti -le digo- estoy seca...
Y poco a poco veo como el tren se disipa en la lejanía... Sin destino definido.
©Orgav
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Imagen extraída de Internet.