miércoles, 3 de enero de 2018

Incierto futuro

La sirena me despierta con su violento ulular. Escucho susurros y quejidos. ¿Donde estoy? Yo recorría amables prados al borde de un río y hacía acopio de piedras blancas, lisas, planas, oblongas, la forma ideal para lanzarlas contra la superficie del agua y provocar ese pequeño milagro de hacerlas rebotar, como hacía con Cris, mi pequeña. ¿Qué será ahora de ella? Me duele pensar, me quema el alma. Solo quiero quedarme aquí, en este austero camastro, enroscarme sobre mí misma como un gato. 
Tic-tac, tic-tac, el tiempo pasa pero yo me cubro totalmente, me escondo bajo la ropa de la exigua litera. Siento el tacto cálido, áspero, acartonado, de las sábanas y he decidido que voy a quedarme aquí. Quizás con algo de suerte mi ausencia pase inadvertida y podré volver al verde prado y a mi bello sueño, y la realidad será solo una pesadilla que pasará. Todo pasará. Seguro que mañana todo irá bien.