viernes, 15 de junio de 2018

TAL VEZ MAÑANA…


Desde ayer estoy encerrada en mi cuarto. Él era el único amigo que he tenido desde que nos mudamos a este barrio  esnob.
Lo veía desde mi ventana, sobre las nueve, con sombrero y gabardina, daba igual el día que hiciese,  y volvía media hora después con el periódico y una bolsa de plástico. Salía también alguna tarde, pero raramente lo vi regresar. Un día decidí espiarlo en su recorrido, siempre el mismo: el puesto de periódicos: recogía un diario atrasado y el supermercado: compraba una botella de leche y un paquete de comida para gatos. Luego volvía dando un pequeño rodeo.
Hasta que me pilló al doblar una esquina. -"Y bien, señorita, ¿puedo saber por qué me sigue usted desde hace algún tiempo?". El susto inicial se desvaneció al no advertir en sus ojos signo de malicia. Pronto hicimos amistad. Era un erudito: sus historias del pasado, su amor por el arte, la música, la cultura… pero lo que realmente nos encantaba era jugar a las pistas: Dejábamos indicios aquí y allá y debíamos descubrir su verdadero significado. Pero nada es perfecto. Mi madre advirtió la causa de mi repentino cambio de humor y me prohibió terminantemente volver a verlo o hablar con él.  Me limité a observar sus entradas y salidas y a saludarle mientras se llevaba cortésmente la mano al sombrero.
La policía ha venido. Mi madre insiste en que abra la puerta. Ayer lo encontraron muerto, la casa en un lamentable estado. Ante mí tengo un sobre cerrado  escrito con bella caligrafía: "Señorita Victoria". Quizás lo abra después… o mañana. Podría adivinar su contenido: una carta, entradas para la ópera, una insignia de caballero de la Legión de Honor, aunque… quizás contenga alguna llave, un recorte de periódico, un billete de autobús con destino insospechado, ¿quién sabe?… ¡Ah!, no tenía gato.

©M.J. Triguero 2018. Imagen de Internet


No hay comentarios:

Publicar un comentario