jueves, 19 de septiembre de 2019

Marta Navarro: "Todas las penas pueden soportarse si se convierten en una historia" (Isak Dinesen)


Hoy nos visita la escritora valenciana Marta Navarro,   que nos acerca a los orígenes y motivaciones que la han acercado al proceso creativo y despertado su afición a la escritura. 

¿Y tú por qué escribes?

-¿Cuando sentiste la necesidad de escribir, Marta? ¿Desde niña o por un resorte determinado que en un momento se activó ?
Empecé a escribir de niña, pequeños cuentos y diarios sobre todo, como consecuencia seguramente de la enorme afición que siempre he tenido por la lectura. Desde muy pequeña me recuerdo leyendo así que escribir y tratar de imitar lo que leía debió ser el siguiente paso.
-Qué significa para ti la escritura y que tiene de personal o liberador?
Creo que escribir es una forma de estar en la vida, de mirar, de profundizar y tratar de entender lo que tantas veces resulta incomprensible, de dar voz a los sentimientos y a la imaginación. En ese sentido sí que tiene mucho de liberador.
-Crees que escribir ayuda a conocerse mejor y a profundizar en el ser humano
Sí, sin duda. La escritura obliga siempre a analizar conflictos, situaciones, sentimientos propios o ajenos, a tratar de comprender determinadas reacciones y eso implica también cierto grado de crecimiento personal y una mayor capacidad de empatía.
-¿Hay o buscas un mensaje determinado en tu obra?
No de forma muy evidente. Creo que hay que dejar que sea el lector quien descubra ese mensaje si lo hay. En cualquier caso hay temas que, aun sin pretenderlo de forma consciente, parecen estar siempre de fondo, porque duelen, indignan, preocupan... y se cuelan entre líneas a la menor oportunidad.
-Crees que escribir es una forma de ser o qué es algo extraordinario y cómo te consideras tú?
Creo que escribir es una forma de ser y de mirar la vida, casi una necesidad a veces y nada extraordinario por tanto para el autor, al contrario: el vértigo y la inseguridad, la fragilidad también que en ocasiones provoca mostrar lo escrito pueden resultar demoledores.
-¿Qué es el éxito y el ego para ti al escribir? ¿Buscas trascender?
Nunca pienso en ello al escribir, la verdad. Éxito para mi es simplemente la satisfacción de haber sido capaz de escribir la mejor historia posible en cada momento y apreciar, quizás, cierta evolución en la escritura con el paso del tiempo. La alegría también de recibir algún comentario bonito...
Y más que trascender, que me parece una palabra enorme, lo que me gustaría es ser capaz de atrapar en palabras pequeños fragmentos de belleza o de emoción y ofrecer con ello al lector una mirada diferente sobre ciertos temas.


¡Muchas gracias, Marta, por tu cercanía y respuestas!



Marta Navarro 


  Blog de la autora: 


¿Y tú? ¿Nos cuentas por qué escribes?



viernes, 6 de septiembre de 2019

Escribir para compartir





Hablamos del proceso creativo de la escritura con María José Viz Blanco, filóloga, bibliotecaria y escritora, que ha publicado dos libros de poemas y uno de microliteratura y colabora habitualmente con diversos medios literarios además de ser compañera de letras en este blog.

  -¿Cómo fue tu proceso creativo? ¿Escribes desde niña o es ya de adulta cuando comienzas a escribir?

Yo no me he atrevido a escribir con cierta frecuencia hasta hace muy poco. Mi infancia y juventud las centré en leer vorazmente y, al mismo tiempo, a sentir una admiración enorme por los escritores que leía, hasta el punto de verme incapaz de poder imitarlos. Fue una Carta al Director que envié a varios periódicos la “chispa” que me arrancó en este apasionante mundo de la escritura.

-¿Qué significa para ti la escritura y qué tiene de personal y liberador?

 Para mí escribir es trasladar al papel mis inquietudes y mi imaginación. Por eso, en ocasiones la disfruto como si fuese un juego y, otras, me sirve para desahogarme.


-¿Crees que la escritura es un medio para profundizar en la persona y ayuda a quien escribe a conocerse más a sí mismo?

 No sé si me sirve para conocerme mejor. Yo creo que es más una evasión para mi rutina diaria. Tendría que analizar mi obra un crítico literario y, la verdad, no soy tan importante como para ser objeto de estudio, ja, ja.

-¿Hay o buscas transmitir un mensaje determinado en tu obra?

 Busco entretener. Y si, de paso, provoco una sacudida interior en el lector, una reflexión, mejor que mejor.

¿Crees que escribir es una forma de ser y estar en la vida? ¿te parece algo extraordinario? Cuéntanos cómo lo vives tú.

Escribir es un acto de generosidad, en contra de lo que piensan muchos, que lo consideran una muestra del ego. Significa un esfuerzo, físico y mental, y el escritor (al menos en mi caso) desea compartir lo escrito para que los lectores se sientan identificados con lo que leen, para que sonrían o se entristezcan con sus palabras. Para empatizar, en definitiva.


-¿Qué papel juega el éxito y el ego en tu caso a la hora de escribir?

 Yo siento algo parecido al ego cuando me llega a mis oídos el entusiasmo de algún lector o lectora y noto que es sincero. Cuando proviene de una persona que no es de mi círculo de familia y amistades. En ese momento, me veo como una escritora de verdad. Por otro lado, soy realista y sé que los autores que triunfan lo hacen por otros muchos factores, de los que no es el principal el escribir bien, mucho me temo. Yo no seré nunca una escritora “famosa”, pero ni falta que hace. Llegar a la sensibilidad de unos puñados de buenos lectores me hace sentir auténtica felicidad.


Extraordinaria en su sencillez, siempre es un placer que compartas con nosotros tus palabras, Muchas gracias, María José.


María José Viz Blanco


¿Y tú, sabes ya por qué escribes?


Entrevista: M. Vicente Fernández
Responde: María José Viz Blanco.

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Muchas vidas en una pluma


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Hoy es Noemí Hernández Múñoz, escritora y profesora almeriense, involucrada en varios proyectos de escritura y con varios libros publicados, quién nos habla sobre su proceso creativo.

-¿Y tú, Noemí, por qué escribes?

Escribo, sobre todo, porque al hacerlo me siento libre, en un mundo especial que yo misma he creado, como una realidad paralela.


-Noemí ¿Cuándo sentiste la necesidad de escribir, desde niña, o de adulta por algún resorte concretó que activó en ti esa aficción?
 Empecé de pequeña. Primero copiaba cuentos clásicos y los alargaba o cambiaba el final para crear un nuevo nudo y que surgiera una nueva aventura. El comienzo de todo fue mi afición a la lectura, ya que desde que tengo memoria vivo rodeada de libros. De hecho, mi recuerdo más antiguo (tendría unos cuatro años) es mirar a mi madre mientras me leía un cuento.
¿Qué significa para ti la escritura y qué tiene de personal y liberador?


 La escritura es mucho más que una vía de escape de la rutina, es una forma de libertad que me llena de felicidad. El momento de inspiración creadora es, probablemente, una de las sensaciones más intensas que he vivido, cuando ves que todo fluye mientras deslizas el bolígrafo por el papel o tecleas en el ordenador. Llegar a ese momento, a ese clímax, es como convertirse en una diosa.


¿Crees que escribir te ayuda a profundizar en el conocimiento humano y te enseña a conocerte mejor?

Cuando escribo, soy mis personajes. Soy todos y cada uno de ellos, porque todos, sin excepción, hasta el más vil y odioso, tiene algo de mí. Por eso creo que la escritura me ayuda a ahondar en mi propia mente, aunque nunca escriba sobre mí misma. En cualquier caso, me ayuda a conocer más al ser humano porque me obliga, como ya comentaba, a ser muchos personajes a la vez, a desdoblarme continuamente, por lo que debo meditar sobre el alma humana.

¿Hay o buscas trasmitir algún mensaje determinado en tu obra?

 Aunque generalmente no busco enviar ningún mensaje con mis escritos, creo que sí hay uno implícito en casi todo lo que escribo. Y es que como me encanta escribir fantasía épica, me gusta la idea de pensar que cualquiera puede ser un héroe si se lo propone, incluso aunque no quiera serlo. Sólo hay que hacer lo correcto y procurar ser buena persona. Quizá sea ese el mensaje que transmito sin proponérmelo.

¿Crees que escribir es una forma de ser y ver la vida o crees que se ve como algo extraordinario y cómo te sientes tú al respecto?

 No sé si escribir es algo extraordinario o no. Hay mucha gente que no escribe y le parece que lo es. Igual que hay personas con otros talentos artísticos que me parecen extraordinarios a mí. En cualquier caso, sólo sé que mientras escribo me siento especial.

¿Qué significa el éxito para ti  y tu ego? ¿Buscas trascender?

En cuanto al éxito, debo decir que como no tengo ninguno, poco puedo decir. Sobre el ego puedo hablar un poco más: creo que a todos nos gusta trascender. Y, en el fondo, escribimos para que alguien nos comprenda, para que quien nos lea pueda intentar entender ese mundo que hemos inventado.



Estas son las respuestas de Noemí sobre su proceso creativo. ¿Y tú? ¿Te animas a dar las tuyas?



Entrevista: M. Vicente Fernández



La imagen puede contener: una persona, sonriendo
Noemí Hernández Múñoz


martes, 3 de septiembre de 2019

Escribir como forma de percibir

¿Y tú, por qué escribes? 


-¿Cuándo sentiste la necesidad de escribir? ¿Desde niña o después por un resorte determinado que activó en ti esa aficción?

En mi caso escribo desde la niñez. Mi afición comenzó con los cuentos, entendidos en toda su manifestación: escrita y oral; cuentos que oíamos desde niñas,  que me compraban habitualmente  como regalo y me gustaba coleccionar. Entre mi hermana mayor -que me llevaba ocho años de diferencia- y yo establecimos de forma espontánea lo que se llamaría hoy un primer taller literario, en este caso oral, en el que yo establecía las condiciones del juego y ella ponía la imaginación. Fue mi hermana  mi primera maestra en el arte de imaginar. Cada noche yo elegía un tema para el cuento que ella tenía que inventar: miedo, risa, romance... o bien elegía un título o un elemento principal sobre el que quería que el cuento se basase: una silla que se movía sola, un castillo con una momia... Recuerdo que esperaba la llegada de la noche con mucha emoción para oír el cuento a la hora de dormir. No sabría decir a qué edad, pero menos de once años, quizás ocho u nueve, comencé a escribir, primero letras para canciones que inventaba o finales alternativos a los cuentos que leía y también mis primeros poemas.

-Qué significa para ti la escritura y que tiene de personal o liberador?
Para mí el acto de escribir es algo que tengo integrado. Casi una pulsión automática y natural. Lo personal, a menos que escribas crónicas o redacción periodística (y aún así), está presente en lo que escribes, de una u otra forma, porque siempre hay un poso vivencial en lo que cuentas, ya que una parte a escribir desde la experiencia, aún en los casos de pura ficción.  Siempre hay un personaje en el que te inspiras, una reacción que uno ha observado en alguien, o que ha sentido, o que ha intentado comprender. De liberador: cuando era niña escribía diarios, me gustaba dar voz a mis sentimientos para poder comprenderlos mejor y hoy en día, la escritura para mí es una catarsis, que convierte la sombra, lo obscuro que habita en nosotros, en una historia que quizás aporte algo de luz sobre nuestra propia condición y el mundo.

-¿Crees que escribir ayuda a conocerse mejor y a profundizar en el ser humano?
Sí, eso pienso, y en parte se deduce de mi respuesta anterior. Creo que la escritura es o puede ser el vehículo y vínculo para el crecimiento y conocimiento personal, aunque en mi caso aún esté en pañales  a este nivel, jajaja.

-¿Hay o buscas un mensaje determinado en tu obra?
Creo que es el lector el que encuentra el mensaje. A veces, incluso uno diferente del que quisiste darle tú, y a veces ni siquiera piensas en darle un mensaje, y ocurre que, por ejemplo, escribes algo, lo dejas reposar o lo olvidas durante años y en un momento determinado lo encuentras y parece algo nuevo y con un significado muy distinto a cuando lo escribiste y que solo ves tú. Porque la persona que lo escribió entonces y la que ahora eres ya no es la misma, y a este respecto el escrito es como el hilo conector que une las dos. En este sentido es como un reencuentro con la que eras y la que eres hoy.

-Crees que escribir es una forma de ser o qué es algo extraordinario y cómo te consideras tú?
Creo en lo primero. Para mí es una forma de ser. Hay personas que necesitan el contacto con la naturaleza intensamente y se convierten en alpinistas, otros llegan a encontrar su vocación dedicándose al contacto con animales, bien como una forma de terapia o afición como la hípica... en el caso del arte la persona que tiene tendencia a escribir, esculpir, componer o pintar, necesita hacerlo. Y, en ese sentido buscará la forma de hacerlo, tanto si nace en una cuna artística con un gremio de familiares artistas o si nace en una aldea, por ejemplo, en el caso de la pintura, con un lápiz o con un pincel.  Otra cosa será la difusión de su obra y el aprendizaje de la técnica. Es una forma de expresar el mundo, de sentirlo, yo creo que  el don está ahí, y es cuestión de tiempo que la persona le de salida. 
Respecto a si es o no algo extraordinario son los demás los que lo catalogan o no así, para el autor/a es algo inherente a su naturaleza.  De hecho, trae su parte oscura. Todo viene con un peaje, cuando uno expresa y rebosa sentimientos también se ve, en un momento dado, atrapado en ellos, por eso la escritura no deja de ser una canalización, en mi opinión.

-¿Qué es el éxito y el ego para ti al escribir? ¿Buscas trascender?
El éxito es una palabra ambigua y tramposa y para nada real. Hay fracasos que enseñan muchísimo, por lo que tampoco el fracaso es una palabra que responda a nada. Para mí todo es un aprendizaje. Uno puede escribir hoy y no llegar a nadie y, al cabo de cien años, por quién sabe qué resortes, descubrirse su obra y tener una gran repercusión. Es algo extraño. ¿Cuántos escritores murieron en la miseria y despreciados por sus contemporáneos para que su obra fuese "resucitada" muchísimos años después? ¿Quizás su mensaje no fue comprendido hasta más tarde? No lo sé. Indudablemente, el ego de una siempre agradece que reconozcan lo que hace, pero no debe dejarse llevar por la vanidad. De hecho, persona que escribe es una simple transmisora se limita a transmitir lo que percibe, acertado o no. Una no escribe para enriquecerse porque las letras es muy difícil que den de comer. Una escribe igual que el músico compone, o el cantante canta. Porque su naturaleza es esa y no otra, y para esa persona es algo natural, aunque el talento lo haya que perfeccionar y trabajar también. 
Lo de trascender es inherente al ser humano. Todos queremos dejar nuestra huella aquí. Pero esa huella puede ser de muchas maneras, todos dejamos algo: ese es nuestro equipaje, nuestra obra del tipo que sea: un médico, una madre, una buena persona, hay muchas e infinitas formas de trascender. La palabra, la pintura, la música, la escultura, el cine,es como algo mágico, porque uno puede acercarse a la obra y a la vez acercarse al pensamiento de quién la concibió, eso sí.





Manuela Vicente Fernández

Bueno, y este es mi código de escritura. 

¿Me cuentas el tuyo?



Resultado de imagen de fotos de escribir




miércoles, 12 de junio de 2019

Nosotras, las invisibles



(A petición de Manoli Vicente, cuelgo una entrada procedente de mi blog personal. Un honor compartirla con todas vosotras.)

Imagen tomada de Pixabay
A menudo me siento invisible. Entonces trato de recordar la frase de El Principito. Eso de que lo esencial es invisible a los ojos. A veces me consuela. Otras no tanto. Porque invisible sé que soy, pero esencial lo dudo. No creo que nada vaya a cambiar si mi invisibilidad un día se apropia del todo de mi carne y me vuelvo transparente en todos los sentidos.  Nadie es esencial ni imprescindible, y menos aún nosotras, las invisibles.


No sé por qué soy así. Así de invisible quiero decir. Lo cierto es que si me pongo a pensar provengo de una larga familia de invisibles. Sobre todo las mujeres. Debe ser algo genético. Ya en la escuela fui una niña invisible. Muy buena estudiante. Con dieces incluso pero nada más. Ya está. Nunca fui delegada ni formé parte de los populares de la clase. Tampoco sentí que los profesores me tuvieran demasiado en cuenta. Y eso que yo me esforzaba. Pero no, no lo recuerdo al menos. Tan solo me acuerdo de una maestra que se fijó brevemente en mi existencia. Gracias a ella terminé dominando la nomenclatura química. Y eso que  se me daba fatal al principio. Ella me vio y a través de sus ojos me vieron todos los demás durante un trimestre.
Pero está claro que mi virtud es encontrarme en “el montón”. Y dentro de allí en el rinconcito menos visible que se pueda. Si me buscas en las fotos de grupo es posible que no me encuentres, siempre hay algún brazo por delante, alguna melena o alguna cabeza oportuna que se mueve en el último instante. Si por casualidad aparezco es muy problable que salga de medio lado y así como esquinada. O peor, haciendo alguna mueca cómica o con cara rara, intentando aparentar un aire digno. Puede que sea por intentar salir de mi invisibilidad, que mi cuerpo me traiciona y me descompone el gesto, como intentando contenerme en mi vasija transparente.
Esto de la invisibilidad es una putada, sí señor. Porque te acabas acostumbrando y llegas incluso a disfrutar de ella. No niego que es agradable que te ignoren en el trabajo cuando haya que tragarse algún marrón. O que si un día alargas la hora del desayuno nadie te eche de menos. Es una ventaja que no cuenten contigo para casi nada en casi ninguna parte. Eso te da una falsa sensación de libertad incomparable. Incomparable pero falsa. Porque si alguna vez he intentado salir de mi zona habitual, donde están las ignoradas que hacen bulto, pronto las circunstancias me han hecho retroceder a mi sitio. Y si no han sido las circunstancias, siempre hay voluntarios que se ofrecen a recordarme que no se puede cambiar el orden natural de las cosas así como así.
El orden natural. Eso es. Imagino la sociedad como una jungla enorme donde hay leones que nacen para rugir y dominar, aún sin ganas. Abren la boca y antes de que terminen la frase ya se oyen los aplausos. Luego hay elefantes, pausados, majestuosos, a los que no les hace falta ni hablar. Su sola presencia ya transmite respeto. Si de vez en cuando barritan ya es el no va más. Hay grandes elefantas, tigresas desafiantes y leonas, normalmente a la sombra de los machos, que también levantan ovaciones. Sobre todo cuando contonean las caderas. Y luego hay conejos asustados. Y ratones insignificantes. Y ratitas presumidas, que cuidan de su rinconcito. Un rinconcito pequeño pero reluciente. Que se atusan el pelo y se pintan las uñas y lavan la ropa de sus hijitos. De vez en cuando sacan tiempo para hacer unas manualidades preciosas que sirven para decorar las paredes de su casita pequeñita, insignificante. O para ganarse algún palmadita de aprobación. Buena chica, progresas adecuadamente. ¿Ves como no hay techo de cristal, boba? Si es que te complicas mucho… Y si un gato la visita pierde la compostura y se lo quiere ligar en lugar de correr a su escondite, que es donde debe estar la ratita. Y entonces el gato se lo recuerda de un bocado. Y la ratita que se creyó importante durante dos segundos porque un gato la piropeó deja de existir. Se ha convertido de nuevo en invisible. Una ratita del montón y más invisible que antes.
Así que de momento me quedo aquí en mi invisibilidad social pero corpórea, con mis cositas y  me cuido de hacer caso a gatos pomposos que solo venden humo en forma de cumplidos vacíos. Desde mi rincón puedo observar tranquilamente el transcurrir cotidiano de la jungla y escribir los cuentos como me de a mí la gana sin necesidad de contentar a los grandes jefes que dictan el rumbo. Sin miedo alguno, porque las invisibles somos especialistas en que nadie nos eche de más. Y solo nos echan de menos nuestras hijas invisibles. Les contaremos nuestras versiones de la historia y tal vez ellas consigan salir en las fotos.

Sara Nieto. Blog: Cuentos contigo 

martes, 23 de abril de 2019

EL DRAGÓN, LA PALABRA Y LA ROSA


En el día de San Jorge, las chicas de Nosotras, se han unido para un bonito homenaje que reúne para mí tres pilares muy importantes:

La leyenda, celebración y santo de San Jorge (un nombre que forma parte de mi vida y mi esencia personal)
La rosa, emblema del equilibrio entre el amor y el dolor.
La escritura,  refugio del alma.

Cada una de ellas ha dotado las palabras que he elegido: dragón, fuego, arma, palabras, rosa y alquimia, de su propio significado, en forma de poemas o micros que reunimos en esta entrada:


NI ROSA NI DRAGÓN (SARA NIETO YUSTE)


Ni rosa, ni dragón

¿Y qué hago con este dragón que me echa fuego por dentro en forma de palabras cuando por fuera estoy paralizada en mitad de la ventisca invernal, terriblemente blanca y helada de la hoja vacía?


¿Y qué hago con las palabras rotas, deshojadas como pétalos de rosa marchita que me caen como lluvia ácida cada vez que estoy a solas?

Esta extraña alquimia de días sucesivos, libros no leídos, besos que no damos, abrazos no sentidos, propósitos no cumplidos y versos que jamás escribiremos me devora cada vez más rápido, y cada vez más fuerte.

Y comprendo que nunca seré dragón.

Ni rosa.

Ni tan siquiera escriba.




EN EL RITMICO VAIVÉN... (MARÍA JOSÉ VIZ BLANCO)

En el rítimico vaivén 
 de las palabras vivas 
 se adormece el dragón perezoso. 
Una rosa sin espinas, 
un aroma dulce de fuego eterno 
 disemina su alquimia fugaz 
por el libro que dejo abierto.




PALABRAS QUE SON FUEGO... (CARMEN CANO)


Palabras que son fuego, 
que hieren y besan,
oxímoron del alma

de la rosa y su espina.

Palabras que son fuego
de dragón en sus páginas.



EL PODER DE LA PALABRA (NOEMÍ HERNÁNDEZ MUÑOZ)


rase una vez un dragón que vivía en una cueva en lo más alto de la montaña más alta del mundo.
Tenía por su mayor tesoro una rosa que un gran mago había hechizado con 
una fórmula de alquimia, de forma que la flor nunca marchitaba y desprendía un brillo tan dorado como el oro. La guardaba con gran celo, pues muchos habían sido los caballeros andantes que habían pretendido robársela. Pero él, orgulloso de su fuerza, los derrotaba con su fuego abrasador.
Un día, llegó hasta su cueva una niña delgada y mugrienta. Se presentó ante él con la humildad y la decisión pintadas en los ojos. De alguna extraña manera, su fuerza de voluntad la había mantenido con vida durante tan duro viaje.
-Señor dragón -le dijo-, necesito su ayuda. ¿Puede regalarme su rosa?
La bestia, sorprendida por su osadía, se preparó para lanzarle una llamarada, tal y como había hecho con tantos viajeros que lo habían amenazado con sus espadas y habían tratado de atacarlo a traición desde alguna de las oscuras cavidades de su caverna. Sin embargo, el brillo en los ojos de la pequeña lo hizo dudar y decidió responderle:
-¿Cómo te atreves a hacer semejante petición?


La niña le contestó, sin desviar la mirada:
-Mi madre está enferma y sé que su rosa es mágica y cura todos los males. Por supuesto, no espero que me la regale sin más...
Intrigado, el enorme ser le preguntó:
-¿Y qué puede ofrecerme una criatura tan pequeña y escuálida como tú?
La niña se acercó unos pasos más a él y posó una de sus pequeñas manos sobre su gigantesca garra. Lo miró con dulzura y una sonrisa llena de amor.
-Solo puedo ofrecerte lo único que tengo: mi amistad, que será tuya para siempre.
El dragón se enterneció, pues jamás había recibido el amor de ningún otro ser durante sus largos siglos de vida, y accedió a entregarle su mayor tesoro.
La enorme bestia comprendió así que la más poderosa de las armas son las palabras cuando son pronunciadas por un corazón tierno.


METAMORFOSIS (PILAR ALEJOS)


Crepitan las palabras
en su pecho
dormido.
Atraviesa la rosa
su piel herida
de silencio.
La alquimia despliega
sus alas de papel
como arma invencible,
como el dragón
escupe
su aliento de fuego.




EL DRAGÓN Y EL GUERRERO (MANOLI VF)


Contra el dragón el guerrero como única arma llevaba una manguera de dulces palabras. En cuánto el animal echó una gran bocanada de fuego, el guerrero comenzó a leer extinguiendo las llamas. Cada una de las letras era una perla de agua que en el crisol del alquimista se transformó en una bella y hermosa rosa ante un dragón deshojado.



La imagen puede contener: flor

jueves, 4 de abril de 2019

Por qué los perros no pueden comer dulce.


El día que desaparecimos, la tía Adela cumplía 98 años. Pese a su delicada salud, sopló con fuerza las dos velas que representaban su aniversario. Animada por nuestros padres, respiró hondo y, creemos que pensó con vehemencia el que pudo ser uno de sus últimos deseos.
Nunca llevó bien nuestros juegos en la hora de la siesta, tampoco daba abrazos y besos, como suelen hacer otras personas ancianas. Todos sentíamos que los niños no eran bien recibidos en su casa, donde reinaba el orden entre diminutas figuras de porcelana. Por eso, cuando la tía Adela nos miró fijamente, al tiempo que apagaba las velas, me temí lo peor.

Los cinco primos salimos del comedor con un plato repleto de tarta de crema tostada y, como en años anteriores nos apresuramos a vaciarlos en el cuenco donde comía su perro. Al que si abrazaba y, besaba en el morro. Después nos sentimos ligeros, felices, con una sensación nueva, como de estar en otra dimensión.

Escuchamos nuestros nombres varias veces. Supongo que nos buscarían por todas las habitaciones, mirando debajo de las camas, dentro de los armarios… Fue ella quien nos encontró. Estábamos dentro de su baúl, donde guardaba sus secretos y la piel de zorro que tanto miedo nos daba. Lo abrió y, nos miró. Ahí estábamos los cinco, desintegrados. Pululando nerviosos, deseando mostrar a nuestros padres, que la tía Adela nos había convertido en polvo de hadas, pero ella sonrío y, cerró la tapa.

Fotografía de Sofia Ajram