jueves, 17 de mayo de 2018

Entrevista a Manoli Vicente Fernández




Tuve, hace algunos meses, el honor de entrevistar a Manoli Vicente Fernández, cuya labor literaria es abrumadoramente inspiradora. Espero que a través de sus palabras y su instinto para la escritura conozcan su obra, su generosidad y su ansia de letras.


Manoli, muchas gracias por compartir unos minutos de tu tiempo para conocerte mejor.

- Para empezar, háblanos un poco de ti y de cómo has llegado hasta la creación literaria, ¿qué géneros y autores te apasionan y/o te marcaron?

Mi encuentro con las letras se remonta a mi niñez y aunque parezca un tópico, al recordar mi infancia, me veo leyendo cuentos; después de los cuales, vinieron los cómics y los libros, todos los que encontraba por casa. Me marcaron los clásicos porque era lo que tenía más a mano. Los autores que más me apasionan y me marcaron fueron: Poe, Tolstoi, Chejov, Oscar Wilde, Hesse, Scott Fitzgerald, Paul Bowles, Wallace Stegner, Gonzalo Torrente Ballester, José Saramago, Eduardo Mendoza, Eduardo Galeano, José María Merino, Gabriel García Márquez, o el gran Borges y Julio Córtazar (es que hay muchos,jaja) La lectura de Leonora Carrington me marcó profundamente. En poesía, la generación del 27 pasando a los novísimos como Panero, Moix, la generación del 50, etc.

- En tu proceso creativo, ¿qué te motiva, cómo te organizas y qué utilizas para inspirarte?

Para escribir me motiva cualquier cosa ya que todo puede servir de punto de partida: puede ser una imagen, una canción que escucho en un determinado momento, una expresión que oigo, o también una emoción intensa o un pensamiento, que me apetece plasmar en un personaje. Escribo donde me pilla y con lo que tengo pero si no tengo nada a mano procuro guardar la idea en el teléfono móvil o en mi cabeza, aunque esas no siempre las recupero. ¿Para inspirarme? Puede decirse que la inspiración me encuentra escribiendo.

- Tienes una amplia participación, como colaboradora, en revistas de escritura y en redes literarias ¿cómo comenzaste y qué te animó? ¿Crees que es importante para el crecimiento de un escritor actual la difusión en redes de su trabajo?

Comencé a publicar casi por casualidad. Un día, navegando por la red, di con un blog de relatos El relato del mes, dirigido por el escritor Jorge Moreno. Puede decirse que esta página me abrió todas las demás y para mi sorpresa, durante el año en el que estuve participando en el concurso todos los meses llegué a ganar el premio a la publicación hasta en seis ocasiones. Eso fue para mí una gran revelación que me animó a seguir.
La difusión en las redes de un escritor en nuestros días creo que es una gran herramienta, porque el hecho de interactuar con otros compañeros escritores ofrece un gran enriquecimiento, además de un estímulo que te empuja a innovar y experimentar continuamente con tu estilo y los recursos disponibles.

- Vemos que la mayoría de tus textos se incluyen en publicaciones colectivas ¿Cómo llegaste a formar parte de Valencia Escribe? Háblanos del proyecto.

Con varios de los compañeros de Valencia Escribe coincidí en diversos espacios, como El relato del mes, que acabo de mencionar, o Falsaria (red de escritura). Fue uno de ellos, un gran compañero y escritor, David Rubio, quien me invitó a formar parte del grupo, del que ya conocía a alguno de sus componentes y representantes como Rafa Sastre. Valencia Escribe es un grupo de origen valenciano como su nombre indica, pero que tiene autores de varios lugares del mundo. Es un grupo cultural que tiene varias páginas de literatura, cine, pintura y arte en general. Se trata de un colectivo muy interesante y activo que organiza concursos y actividades literarias y edita una revista, dirigida y gestionada por Rafa Sastre, en una encomiable labor totalmente desinteresada y abierta a la participación de sus integrantes.

- Tu trabajo se caracteriza, entre cosas, por la extensa colaboración e implicación que tienes en proyectos colectivos, ¿podrías contarnos algo acerca del nacimiento y tu participación del Proyecto Sherezade?

El proyecto Sherezade es un proyecto que nació entre un grupo de alumnos de literatura hispánica de la universidad de Princenton (Estados Unidos) hace ya veinte años, en los inicios de internet. Al principio la revista se usaba para compartir cuentos en línea entre alumnos pero, poco a poco comenzaron a recibir cuentos de autores de todas partes del mundo (de habla hispana) y la publicación, muy conocida en Estados Unidos, comenzó a recoger cuentos, que los profesores dedicados a la enseñanza utilizaban para enseñar el español. Fueron los propios editores del proyecto los que contactaron conmigo para solicitarme que colaborase con uno de mis cuentos, lo cual supuso todo un honor para mí.

- Internet, gran escaparate y reducto de grupos de escritura, ¿qué puedes contarnos acerca de ENTC y los VC?

ENTC (Esta Noche Te Cuento) es una página con un certamen periódico de microrrelatos que tiene una gran participación y acogida en la red. Organizan concursos y rondas en las que pasan a la final unos relatos y editan un libro colectivo con los finalistas. Es una página muy activa que cuenta con grandes microrrelatistas del panorama actual.
Los VC (Viernes Creativos) es un espacio dirigido por Ana Vidal desde su blog El Bic Naranja (wordpress) en el que cada viernes nos invita a participar a raíz de una propuesta que, casi siempre, es una imagen de la que deberemos partir para inspirarnos; aunque otra veces es un tema, o incluso una frase. Ana Vidal tiene un especial acierto a la hora de escoger temas nuevos o fotografías que llaman la atención y despiertan la creatividad.

- Tu intensa actividad con colectivos de escritores te ha dotado de mucha experiencia, ¿has pensado en impartir talleres de escritura de manera profesional?

De manera profesional no, pero actualmente dirijo este blog grupal de escritura creativa, que agrupa a varias compañeras: Nosotras, que escribimos y viene a ser como un minitaller de micros en el que partimos de un ejercicio (que propongo) y se establece una ronda entre las integrantes para que cada una haga su propia propuesta relacionada. Creo que es fundamental que los/las integrantes de un grupo participen por igual en la medida de lo posible, para que, a través de una especie de “mesa redonda” literaria podamos enriquecernos todos.

- Observamos también que has sido ampliamente reconocida con premios en certámenes y publicaciones, ¿crees que es imprescindible para los escritores que el curriculum contenga premios, ofrece la credibilidad que las editoriales exigen?

Supongo que es algo que está ahí, y que puede servir de respaldo o de apoyo a la hora de que se dignen a estudiar tu propuesta. Imagino que es una especie de carta de presentación que, desde luego, no lo es todo ni mucho menos, pues hay gente muy preparada que, sencillamente, no opta por participar en concursos. Hay que tener en cuenta que presentarse a premios no deja de ser algo personal y supongo que también depende de que tu cuento encaje con lo que el consejo editorial o el jurado busca en ese momento. Intervienen muchos factores en esto.

- Tienes una gran actividad como colaboradora, reseñista y bloguera. Cuéntanos un poco sobre tus blogs y reseñas y cuál es el objetivo de pulsiones literarias, por ejemplo, en el que ofreces recursos literarios.

Colaboro con varias revistas como Valencia Escribe (Valencia), Extrañas Noches-Literatura Visceral (Argentina) o El Callejón de las Once Esquinas (Zaragoza); todas me parecen revistas de interés cultural que promueven y acercan la cultura al público de forma desinteresada en unos tiempos en que, por la diversidad de contenidos, resulta difícil hacerse un hueco en el panorama literario actual.

Sobre mi actividad escribiendo artículos o reseñas, debo decir que es una actividad reciente, en la que estoy comenzando, que surge a raíz de una propuesta de un compañero de escritura, Manuel Alfonso Cascales, que dirige un blog/diario digital con noticias e información cultural muy interesante: El Humanista de Cascales al que, desde aquí, reitero mi agradecimiento por confiar en mi criterio y ofrecerme esta oportunidad.
www.elhumanistadecascales.com

Sobre mis blogs, tengo tres: este grupal, de escritura creativa, del que ya he hablado; mi bitácora personal donde publico habitualmente (www.lascosasqueescribo.wordpress.com); y el de recursos de escritura, de reciente creación también (www.pulsionesliterarias.blogspot.com.es) sobre este último comentaré que nace con la idea de ofrecer recursos y disparadores creativos a la hora de escribir, así como recoger normas sobre corrección literaria. Nació con importantes pretensiones, pero debo reconocer que lo tengo un poco abandonado porque, lamentablemente, el tiempo es el que es y yo me diversifico demasiado, jaja.

- ¿Veremos pronto un libro propio? ¿Estás trabajando en tu opera prima? Si es así, ¿nos puedes ofrecer algún adelanto?

Tengo numerosos proyectos a medias, guardados en el cajón de la lista de espera. Entre los proyectos más destacables, está el de un libro de relatos que trato de unir mediante un tema común, del que no diré más por ahora… También tengo un par de novelas comenzadas (una de misterio y otra más psicológica, de corte intimista) pero hablar de novela es para mí hablar en mayúsculas y, con sinceridad, creo que aún me queda mucho por aprender antes de lanzarme a estas lides, aunque solo sea por el respeto a los posibles lectores jaja. También tengo algún poemario por ahí, esperando a ser rescatado, porque la poesía, de la que no me olvido, siempre ha sido mi niña bonita. Muchísimas gracias, Yurena, por esta entrevista.

Muchas gracias por acercarnos a tu obra y tus proyectos futuros, será un placer seguir leyéndote.



Presentación y lectura grabada de dos microrrelatos en el evento literario presentado en Latte Café (Buenos Aires)


viernes, 11 de mayo de 2018

"Física cuántica"


Nunca pude decidirme. En ningún asunto.  ¿Cereales o galletas?, ¿fresas o plátano?, ¿vestido rosa o azul?, ¿fichas blancas o negras? Prefería dejar que otro tomase partido, sin importar la trascendencia de la elección. Qué denodado esfuerzo decantarme por una sola opción: ¿Café o té?, ¿gimnasia o ballet?, ¿ciencias o letras?, ¿derecho o filología?, insufrible zozobra por nimia que fuese la deriva de la decisión.  
Así, había llegado a ignorar quién era yo, mejor dicho, era "doña Dudas". Aunque con reservas, ya me había resignado a mi penosa condición. Nadie, después de conocerme, se interesaba por mi criterio: "¿Querida, vamos al cine o al teatro?", ¿"mamá, pizza Carbonara o Boloñesa?, que decidan por mí  constituye a la vez un agravio, por cuanto menosprecia mi valía como persona,  y un alivio, por cuanto me libera de una carga. Pero hoy, por casualidad,  he comprendido mi verdadera naturaleza. Fue en una de esas tiendas modernas de decoración, al ver el mensaje pintado en un cuadrito de madera. Tres renglones con caritas: "Soy un neutrón :😔. Soy un electrón.-L. ¡Hurra, soy un protón:+J!". Entonces lo comprendí: Uno no puede evitar ser lo que es. Y yo soy un Bosón,  es decir: una partícula elemental que no cumple el principio de exclusión de Pauli, por lo que ¡puedo estar en dos estados cuánticos a la vez! ¡Bravo! ¡Quizás en otro universo paralelo,  otra yo está eligiendo café en vez de té, o esquiando en Suiza en vez  de estar en una tienda! ¿No es maravilloso descubrir que la vida no se reduce a esto o aquello, sino que en alguna otra dimensión o espacio-tiempo, este caminar tuyo entre  espinas discurre por un sendero de rosas?

©María José Triguero Miranda.
Imagen de Internet


"La gitana de la Alhambra"


Luisa siempre había sentido inclinación por los adivinos: tarot, horóscopos, quiromancia… necesitaba despejar incertidumbre. Necesitaba creer que todo le iría bien, ese clavo ardiendo al que agarrarse en los dilemas que la vida le planteaba a cada paso. Por otra parte sentía pánico de recibir un mal vaticinio. Su personalidad histérica se debatía en la duda entre conocer el futuro, ya fuera  aciago o benévolo, o ignorarlo  por miedo a recibir malas noticias, pero solía ganar su curiosidad y su obsesión enfermiza. Aquel día de visita a la Alhambra, no pudo resistirse a que una gitana que se ofreció a leernos la mano por la voluntad, se saliese con la suya.
Yo me mostré reacia, pero la mujer tomó mi mano y empezó a proferir una perorata que sonaba a cháchara repetida hasta la saciedad: todo eran buenos augurios, larga vida y alegrías, "un mocito moreno" y poco más.  Logré zafarme de un  tirón de su mano, ella agarró la de Luisa, permaneció un instante en silencio y palideció como el papel. Confieso que sentí curiosidad por saber qué pudo vislumbrar. Entonces nos  llamaron para tomar el autobús de regreso y nos quedamos con la duda.
Ahora, amiga mía, con el corazón destrozado, he venido a darte mi último adiós por culpa de ese maldito camión que se cruzó en nuestro camino.
He vuelto a la Alhambra. La gitana seguía allí. Me acerqué. Ella me reconoció. -¿Qué viste?, le pregunté, aunque ya daba igual.
-Nada, me dijo. -No tenía futuro.

©María José Triguero Miranda
Foto de Internet

LA FUGA



El último silbido del tren anunció su inminente salida. Exhaustos pero pletóricos, aguardábamos casi sin aliento a que la máquina arrancase y partiésemos hacia nuestro nuevo destino. Nos apoyamos jadeantes sobre una compuerta, sujetando el preciado maletín e interrumpiendo el paso de los viajeros. Un desvanecimiento me asaltó de pronto: "Tengo sed: mi garganta está seca. Tengo hambre: me rugen las tripas". Como si adivinase mi pensamiento, o quizás experimentando la misma sensación, ella exclamó:
-¡Compremos bocadillos!
- Es tarde, comeremos en el vagón restaurante.
-¡Estás loco! Los camareros podrían dar la voz de alarma. ¿Quieres que nos descubran después de habernos arriesgado
tanto? no debemos llamar la atención. Comamos algo en el compartimento.
-Vale. Espérame aquí, -dije como un idiota. "¿Dónde narices iba a ir?", pensé echando a correr hacia la cantina, desandando el camino recorrido con la lengua fuera. La visión de nuestro próximo futuro, disfrutando de toda aquella pasta, me infundió los arrestos necesarios para el penúltimo gran esfuerzo.
-¡Rápido, dos bocadillos y dos latas de Coca-Cola! Quédese el cambio. -Ordené al camarero, con un hilo de voz.
Alcancé apenas el tren en mi última proeza, justo cuando arrancaba. Ella me lanzó una miraba cínica desde la plataforma, sonriendo la muy pérfida, mostrándome el maletín bien agarrado con ambas manos. ¡Qué tonto fui! Demasiado tarde comprendí mi candidez: enseguida me atraparon los perros y un agente de policía detrás. Esa sinvergüenza me engañó bien, pero la encontraré y me las pagará. Lo juro, como me llamo Inocencio Pardillo.


María José Triguero Miranda
Imágenes de Internet

 


La otra orilla


Las noches de verano no son para dormir, especialmente cuando tienes quince años y estás de vacaciones en un pueblo de mar. Hermanos, amigos, amores... complicidad, secretos compartidos, ambiente exuberante que invita a la aventura y a traspasar el umbral de lo prohibido... sombras de temor, de culpa, flotando sobre nuestras cabezas adolescentes.
Aquella noche, entre risas y murmullos, Clara, María y yo planeábamos escaparnos en moto al amanecer, a una playa cercana con nuestros chicos, contraviniendo la orden familiar. Sobre las dos, ellas se retiraron a su cuarto con la supuesta intención de dormir, ardua misión, dado el eufórico desasosiego de aquella mágica noche. Súbitamente, una brisa agitó los visillos y un escalofrío recorrió mi espalda. A los pies de mi cama, sentado, estaba Víctor, mi amor, con quien me reuniría pocas horas después. Pálido, grave, la intensidad de su mirada me traspasó el corazón. "Lo siento", dijo, "no contéis conmigo mañana. No podré ir". "Esto es una alucinación", pensé, "fruto del cansancio y de la falta de costumbre de beber". En vano intenté dormir luchando contra mi dolor de cabeza y los demonios que me atormentaban.
Me despertó el primer rayo de sol y las voces alborotadas y entremezcladas con sollozos, de la gente congregada en la casa. Salté de la cama. Corrí descalza hacia fuera. Me bloqueó el paso el abrazo desesperado de María, la hermana de Víctor : "¡No...No puede ser!" Entonces comprendí lo sucedido: Víctor se había estrellado con su moto en una curva camino del pueblo. Eran las dos de la madrugada.

María José Triguero Miranda. 2018. Foto subida de Internet.



miércoles, 9 de mayo de 2018

La foto de Aylan

Yo me creía inmune a toda la basura que nos invade cada día al abrir el periódico o encender la televisión o el ordenador, pero ahora sé que aún me quedan sentimientos. Me trajeron a esta "casa de reposo" en estado de shock cuando vi la foto de aquel niño sirio, Aylan, ahogado en la playa de Turquía. Me fulminó de repente, fue en Google buscando algo, pulsé sin querer en "últimas noticias". El conductor detuvo el autobús hasta que me repuse del desvanecimiento. Querer saber cómo va el mundo es un suicidio progresivo, vas muriendo poco a poco. Sin percatarte vas matando el corazón, lo vas volviendo insensible al dolor, a la desgracia, a la tragedia, a la muerte de tus semejantes, vas extirpando uno a uno tus sensores de compasión hasta que no percibes nada, hasta que no te afecta lo que ves, lo que conoces e incluso, en el peor de los casos, llegas a reírte de algún chiste de cualquier colectivo susceptible de ser menospreciado.
Mi psiquiatra me tiene prohibido ver las noticias, especialmente durante la comida. Aduce que existen poderosas razones para considerarlo el factor desencadenante de todos los males que me aquejan, incluidas las náuseas permanentes.
Por cierto, Toby, ¿cuánto llevas aquí?,¿mamá te trajo a verme? Quizás no debería seguir hablando contigo. Me miras sin contestarme. Sé lo que piensas pero, lo siento amigo, aunque quisiera, no puedo adoptar también a tus compañeros. Enterarme en Facebook de aquella espantosa crueldad no me hace capaz de cuidar de todos esos galgos abandonados y maltratados, me fallan mis sensores y mis fuerzas.

©M. J. Triguero 2018. Foto de Internet



lunes, 7 de mayo de 2018

La otra


Coincidimos en la estación. Se parecía a mí. Resultaba extraño, encontrarse con una desconocida que se me hacía tan familiar. Al mirarla me parecía retroceder en el tiempo hasta llegar al momento de mis diecinueve años. Se movía y gesticulaba como yo, tanto que juzgué que estaba teniendo una alucinación, una especie de flash back en visual. Cuando llegó el tren y subió, decidí seguirla. Presentía adónde iba y no me equivoqué. Estaba haciendo el recorrido que hice yo en su momento y a su edad. Me senté varios asientos más atrás para poder observarla. Era imposible. Como decía Heráclito: una no puede bañarse dos veces en el mismo río en el mismo instante. Una de las dos tenía que ser irreal, pero… ¿Cómo saberlo? Al llegar a su destino se levantó y yo me dispuse a hacer lo mismo, pero entonces algo extraño sucedió. Mis piernas comenzaron a desvanecerse, al tiempo que ella se convertía ante mis ojos en una mujer distinta, una mujer ejecutiva, segura con su maletín y su traje de oficina, que de ningún modo era yo. Quise llamarla, decirle que volviese conmigo, que teníamos varias historias por escribir, pero la duda a lo que pudiese responderme acabo de sacarme de mi ensueño, y otra vez me hallé delante del teclado: sola, preguntándome, como tantas veces, que habría sido de mi vida si en aquel tiempo un giro en mi destino no me hubiese llevado en otra dirección.

Manuela Vicente Fernández ©