sábado, 21 de enero de 2017

Amargo café

En algún café del mundo el tiempo se detiene. Una mujer bebe, a pequeños sorbos, el líquido negro y amargo. Hay alguien que la mira, que se pregunta qué piensa y observa sus autómatas movimientos. Pero la mujer no se da cuenta porque ya no está allí. Está esperando a que pase este momento en el que no tiene adónde ir. Pagará el café, en el instante siguiente,  y continuará su rumbo por las calles, pero no podrá recordar nunca el nombre de esta cafetería en la que su alma autómata se detuvo para tomar aliento.
                                                                                                    © Manoli Vicente Fernández
Imagen: La autómata (Edward Hopper)