lunes, 12 de febrero de 2018

La época de los almendros en flor

Nunca la olvidaré. Mi madre me dejó a su merced valiéndose de mi inocencia. Se llamaba Virtudes. Me engatusó mostrándome un bello almendro florecido en su jardín, del que teóricamente en un momento empezarían a caer flores tan brillantes como estrellas. Me quedé tan embelesada mirando hacia arriba el extraordinario espectáculo de flores níveas sobre el fondo azul del cielo, y envuelta en aquel fragante olor a miel, aguardando con ferviente ilusión a que se obrase el prodigio, que no me percaté de que mi madre aprovechó la ocasión para marcharse.

Ahora, al cabo de tantos años, el olor de los almendros florecidos aún  me devuelve aquel recuerdo y el sufrimiento infligido a mi candidez me provoca una sonrisa melancólica.

© María José Triguero Miranda.
Foto de mi autoría.