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martes, 24 de octubre de 2017

AYER QUISE DECIRTE...


Llegaba tarde a todas partes. De la comida, alcanzaba sólo a probar los postres. De las películas, los finales. Hacía esperar al destino, y desbarataba el de unos cuantos… sobre todo el tuyo.

Hubo un tiempo en el que ambos encontrábamos sabrosa la sopa fría, tostábamos el pan duro y lo comíamos con gusto; disfrutábamos apurando el último cigarrillo. Luego, la impuntualidad en todas las cosas nos fue alejando. En ese tiempo no era más que una voz apresurada o un mensaje de texto, que se disculpaba a todas horas. Creo que nunca llegamos a convivir, tenías razón. Pocas veces coincidimos en una misma dimensión en espacio y tiempo.

Creía que ya te había olvidado, pero no, una parte de mi pasado todavía sigue echándote de menos. Y ahora por mucho que corra y adelante todos los relojes… nada.
Ayer supe que ya no llego a alcanzarte.

Autora: Ana Pascual Pérez

Frase de inicio: "Llegaba tarde a todas partes. De la comida, alcanzaba sólo a probar los postres. De las películas, los finales" corresponde al micro Elogio de la impuntualidad de Fernando León de Aranoa.

viernes, 20 de octubre de 2017

Des-encanto


Fuente de la imagen: dibujosa.com

Frase de arranque: Llegaba tarde a todas partes. De las comidas, alcanzaba sólo a probar los postres. De las películas, los finales.

Elogio de la impuntualidad / Fernando León de Aranoa
(Aquí yacen dragones)

Llegaba tarde a todas partes. De las comidas, alcanzaba sólo a probar los postres. De las películas, los finales. El día en que iba a casarse se retrasó tanto, que su novio se cansó de esperarla. No conseguía continuidad en ningún trabajo, porque llegaba casi a la hora de echar el cierre. A pesar de contar con varios despertadores, no lograba desprenderse del gafe de la tardanza. Siempre había atascos cuando iba en coche, imprevistos cuando iba andando. Con el paso del tiempo, se dio cuenta de que había llegado  tarde a su juventud, al amor, a la dieta, a las vacaciones,  incluso a la jubilación, y, desesperada, decidió adelantarse para no llegar también con retraso a la muerte, ya que el tren de la vida había agotado sus pasajes. Cuando ya lo tenía todo preparado, sintió un súbito dolor ascendiendo desde el centro del pecho y comprendió que, una vez más, su destino le había tomado la delantera.

Manoli VF