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domingo, 12 de noviembre de 2017

RITORNO AL UMAMI


No fue consciente de que lo había encontrado hasta que los comensales dejaron escapar un leve suspiro, y cerraron los ojos para entregarse de lleno al sabor de la salsa.
- ¡Bravo, Paolino!- repitieron casi al unísono, incluso hubo aplausos. Él paladeó el éxito y se inclinó agradecido, como un actor que es ovacionado después de la función

Llevaba tiempo buscando ese quinto sabor entre la cocina de fusión y la experimental. Harto ya de devanarse los sesos, esta vez optó por los ingredientes más básicos (tomates, anchoas y parmesano). Aquellos que seleccionaba su “mamma” con tanto cuidado, al tiempo que tarareaba una canción de Umberto Tozzi. Los mismos que mezclaba después en la cocina junto a su padre, entre risas y abrazos, mientras la prole jugaba “al calcio” en el patio…

En su “ristorante” volvió a escuchar ese sonido exento de vocales, similar al mugido de una vaca, pero mucho más placentero. El mismo “mmmm” que dejaban escapar él y sus hermanos mientras la salsa se habría paso en sus bocas, envolviendo sus lenguas, inundando los paladares de “semplici e deliziosi piaceri”.
Fuente: web recetasitalianas.com

sábado, 11 de noviembre de 2017

Dejándome la piel.

Escribiendo con los cinco sentido.
Sabor : UMAMI
Llevaba días con aquella  idea pegada en mis dedos. La tenía presente día  y noche; no  la podía  despegar.
Una mañana, en un estado de desesperación, casi  de locura, pensé  en  ayudarme  con la boca. Enganché   la idea entre mis dientes y tiré y tiré, cada vez con más fuerza.
El último tirón  fue tan fuerte que consiguí despegarla, también parte de la piel de los dedos. La idea salió lanzada hacia mi boca que, de la emoción,  la tenía   abierta,  y fue  a parar  a la garganta.
Al tragármela noté  un sabor diferente, intenso pero con un regusto delicioso; era lo que siempre había  escuchado como  el sabor umami de una idea.  Lo reconocí al instante.
Desde entonces, lo que nació como una idea pegajosa, llegó a mi corazón y se convirtió  en  obsesión; en mi  modo de vida.
Todos los derechos reservados (Texto)
©Orgav
Imagen utilizada de Google.

jueves, 9 de noviembre de 2017

El sabor de casa

Las mañanas en casa de mis abuelos no se parecían en nada a las otras mañanas. Lo primero que notaba al despertar era que olía distinto. Siempre había un olor a nuevo,  a día recién estrenado. Después venía el ruido, el lejano trajín de los vecinos en las calles y el sonido cercano de pasos en la cocina. Ese ¡Buenos días! compuesto por leche de cabra con cola cao, un sabor único que alcanzaba su clímax en la taza blanca de la alacena, y  sabía a gloria al lado de los troncos que ardían en el suelo, creando figuras a contraluz con sus oscilantes llamas. Nunca más he vuelto a beber una leche tan cremosa, tan suave, tan cara…



MVF

martes, 7 de noviembre de 2017

Manteca colorá


Aún recuerdo su olor contundente, familiar, a pueblo;  su gusto sabroso, potente, cremoso en la boca y sutil al cabo de un buen rato. El pan  agradecía la manteca, formaban un tándem perfecto, el pan, feliz, se prodigaba en rebanadas blancas, tiernas y crujientes al tostarse, y el café con leche era su acompañamiento ideal. A los forasteros les fascinaba la manteca colorá.
¿Qué quieres de desayuno?, preguntaba mi madre cada mañana cuando veraneábamos en aquel pueblecito del sur. Mi respuesta era invariablemente la misma: "pan con  manteca colorá.
Paco, el hijo del panadero era mi amigo, él me traía el pan recién hecho y era todo un goce para los sentidos compartir cada mañana ese momento irrepetible que quedará para siempre grabado en nuestras vidas y es de los que hace que ésta merezca la pena disfrutar segundo a segundo.
Una mañana Paco venía serio. Su expresión era grave y meditabunda, como estaba cabizbajo y silencioso preferí no perturbar sus pensamientos. Mamá nos sirvió el consabido desayuno. Paco, poniendo su mano sobre el pan rechazó educadamente la manteca sobre la crujiente rebanada.
-¿Te pasa algo, Paco? ¿Cómo es que hoy no quieres manteca?
-Verá "zeñorita", es que… "z'a muerto mi abuela ¿zabe usté?"
-Vaya, lo siento mucho hombre… pero tendrás que comer. Tu ayuno por desgracia no  le devolverá  la vida.

-Sí pero… el luto, ya ve… bien clarito me lo advirtió mi madre: "Na de manteca colorá con el luto de tu abuela"