(ANGÉLICA MORALES, AUTORA DE LA NOVELA 'ESTÁS EN MIS OJOS', NOS HABLA SOBRE HÈLÉNE ROGER)
En la novela de Angélica Morales,
Estás en mis ojos (Editorial Destino, 2025), seguimos el rastro de la
fotógrafa Hèléne Roger, pionera en cubrir con sus fotografías la guerra civil
española y fundadora de la agencia que lleva su nombre y consiguió reunir, a
pesar de los conflictos, uno de los archivos fotográficos más extensos de la
época. Hablamos con la autora, Angélica Morales, a la que agradecemos esta entrevista.
―En el Día Internacional de la Mujer, conmemoramos la lucha histórica de las mujeres como integrantes de pleno derecho en la sociedad y en el mundo laboral. Hoy en día esta integración ha ido consolidándose, pero en su momento constituía la excepción. Hèléne fue una mujer independiente que vivía
por y para su vocación, contrastando su trayectoria vital y profesional con los tiempos que vivimos, y analizando en retrospectiva el contexto en el que le tocó a ella desenvolverse, qué puedes decirnos al respecto.
Angélica Morales: Hélène Roger fue una pionera y
también una mujer feminista adelantada a su tiempo. Fue la primera
fotoperiodista extranjera en retratar la guerra civil española y la primera en
fundar su propia agencia en París. Imagina. Estamos hablando de los años 30 y
de la posición que en aquella época ocupaba a la mujer. Ella estudió
periodismo, viajó, retrató las cicatrices del mundo, siempre con su cámara al
hombro y ese ojo animal capaz de detectarlo todo, lo hermoso, pero también la
destrucción que dejamos a nuestro paso.
Su agencia era lo primero. Sus
trabajadores eran su familia. Incluso muchas veces se quedaban a dormir allí.
Incluso su apartamento estaba a escasos metros de allí. Todo giraba en torno a
su trabajo. No tuvo hijos y se casó cuando tenía más de setenta años. Gozó de
una independencia deseada y muy trabajada. Nunca estuvo en su segundo plano
laboralmente hablando. Y eso más tarde le costaría la vida. Ese gran
protagonismo de Hèlène, su olfato periodístico, su brillantez, su forma de
adivinar dentro de lo imposible un negocio, esa mirada artística y humana la
convirtió en una gran fotógrafa. Pero detrás de su cámara también había una
gran mujer, cariñosa, familiar, con un gran sentido del humor. Era un pequeño
lince que no se cansaba de brillar. Y eso tiene un precio que acaba pagándose
caro. Sobre todo, cuando tu compañero, esposo y socio se siente en un segundo
plano y va acumulando ira, rabia y celos a lo largo de los años.
Hèlène amó la vida y la
fotografía pero por encima de todo amó París. Su asesinato conmocionó al mundo
entero.
Todo lo que consiguió se lo ganó
a pulso. Era una romántica, pero sabía que los ideales hay que ponerlos en
práctica, por eso defendió el feminismo de la mano de Louise Weis.
Creo que si viviera en este
tiempo se llevaría las manos a la cabeza y retomaría la lucha jajajaja
―Vivimos tiempos convulsos en
lo que respecta al panorama social y a la situación política. Puede decirse que
la vida de Hèléne está atravesada por su encuentro con la violencia, por una
parte, retratar la violencia y desolación de una guerra con sus efectos sobre
la clase más vulnerable fue lo que catapultó su nombre a la fama, pero, en su
parte más negativa y atroz, ella misma sufrió la violencia al morir a manos de
su compañero profesional y sentimental, Jean Fisher. Sueles decir en las
entrevistas que el final de Hèléne eclipsó, de alguna manera, el brillo de su
legado fotográfico, al hacer que su nombre saltase a la fama por este último
acto del que fue víctima involuntaria. ¿Cómo crees que se sentiría Hèléne, que
donó gran parte de sus archivos a la ciudad que amaba y priorizó siempre su
vocación y carrera?
Y, siguiendo con esta línea: ¿Cómo ves el
papel de los medios (antes y en la actualidad) a la hora de incidir en el
victimismo en lugar de resaltar los logros positivos?
A.M.: A Hèlène no le hubiera gustado
saltar a la palestra por una muerte machista, en absoluto. Lo consideraría de
muy mal gusto después de tanto como trabajó para convertirse en la gran
profesional que fue. Peor ni siquiera a una mujer con intuición, cultura e
inteligencia emocional como ella pudo adivinar el odio que Jean sentía hacia
ella. Pienso que el detonante de su asesinato fue que meses antes de morir
cambió su testamento dejándoselo todo a París porque eran mayores y no tuvieron
hijos y no quería que su legado se perdiera. Hèlène era el mismísimo París. Y
al hacerlo dejó fuera a Jean que con toda su ira acumulada y esa sensación que
venía arrastrando de considerarse un cero a la izquierda en la agencia y en su
vida, puso todo patas arriba, causó de algún modo la tragedia
En cuanto al papel de los medios lo estamos viendo ahora mismo, el sensacionalismo impera, todo lo que destile un perfume a tragedia y sea oscuro atrae a las masas, el morbo nos domina y queremos escarbar ahí, en la herida de las noticias más funestas, en el color amarillo de los telediarios. Y eso es justo lo que pasó en los ochenta que fue cuando fue asesinada. Su asesinato, cruel y despiadado, pesó más que su trayectoria profesional. Que la dueña de una agencia sea asesinada a los 83 años por su marido es algo difícilmente olvidable, en cambio la trayectoria profesional de una mujer sí, porque todo lo que conseguimos siempre se considera menor y va empalideciendo con el tiempo porque no hay nadie para nombrarnos. Se les nombra y encumbra a ellos, así que estamos a destinadas a ir cayendo despacio en el olvido, como una mosca en el invierno. Se nos prefiere como víctimas antes que protagonistas. Ha sido siempre nuestro papel. Cuesta vernos en la cima y por eso llegar y mantenernos es tan difícil. No nos quieren hacer hueco, no nos quieren mirar.
―El 8 de marzo conmemoramos el
Día de la Mujer Trabajadora. De todos los trabajos y tareas ejercidas por
mujeres, hay uno que tradicionalmente ha sido invisible a nivel de
reconocimiento, ya que ha recaído sobre ellas, en su mayor parte, el tema de
los cuidados familiares, difíciles de conciliar en ámbitos que exijan una
esfera más pública. En el caso de la novela `Estás en mis ojos’, haces una
referencia velada al resentimiento que Jean Fisher va acumulando durante años
hacia su compañera, Hèléne, ya que era ella la que tenía más peso y
protagonismo en la toma de decisiones. Siguiendo con esta línea, ¿crees que
todavía hay tabúes sociales respecto a cómo se ve el sacrificio de lo personal
en pro de lo profesional cuando se trata del sexo femenino?
A. M.: Por supuesto, aún se espera de
nosotras el sacrificio a todos los niveles, primero en la entrega hacia la
pareja, luego en el mundo laboral, después en la maternidad y a todo esto hay
que sumar el cuidado de nuestros mayores. Afortunadamente los tiempos van
cambiando y las tareas del hogar se reparten, pero seguimos siendo nosotras las
que nos ocupamos de los mayores, quizá porque así nos lo han inculcado,
llevamos la culpa en la sangre y es un deber que debemos cumplir, aunque no
sepamos quién lo dicta, pero está escrito en nuestro ADN. Quizá porque tenemos
empatía, porque nuestra mirada es más piadosa. Lo único que sé es que estamos
entrenadas para el sacrificio a todos los niveles y lo peor de todo es que no
nos damos cuenta, cumplimos la tarea sin rechistar porque si no lo hacemos nos
devora la culpa. No encontrará culpa en el género masculino. De ellos es el
árbol de las manzanas y el gozo perpetuo.
Tendremos que ir quitando esos
pesos heredados, ese tabú que nos oprime para poder vivir sin culpa la vida
que queramos elegir.
Insisto, hay avances, pero ahora
mismo el retroceso es mayor, el machismo crece entre los jóvenes a nivel
sexual. No podemos bajar la guardia. Nuestro destino es luchar por nuestros
derechos, que son nuestros.
―Algo más que quisieras
decirnos.
A.M.: Agradecerte que me des la
oportunidad de hablar de Hèlène Roger- Viollet que para mí fue todo un
descubrimiento y que he disfrutado mucho escribiendo su historia.
Espero que los lectores quieran
zambullirse en la novela y también ellos puedan descubrir a una gran mujer y
una inmensa fotógrafa que vivió apasionadamente y que retrató las cicatrices del
mundo durante la mayor parte del siglo XX. La mirada femenina también es
nuestra mirada. Juntos escribimos y habitamos la historia.
Muchas gracias.
Gracias a ti, Angélica, por visibilizar la labor de Hèléne Roger, pionera en el arte del fotoperiodismo, pionera también en reivindicar los derechos y libertades de la mujer y a la que queremos recordar en este día, como la mujer que por su trabajo recorrió el mundo para legarnos momentos de nuestra historia que no debemos olvidar nunca.
Angélica Morales:
Ha recibido varios premios de poesía. Su libro de poemas “Mi padre cuenta monedas” fue V Premio Internacional de Poesía Gabriel Celaya.
Tiene publicados varios volúmenes de poesía y de narrativa.
'Estás en mis ojos' es su octava novela.


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