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domingo, 5 de marzo de 2017

A- Vuelo prematuro, y B- Función de Navidad




Relato sobre una pintura.  
Imagen 2 -(Primera opción)
Pintora: Liu Yaming – Cuaderno de retazos

VUELO PREMATURO
De nuevo alzo el vuelo hacia la luz, esta vez llevo entre mis manos el espíritu de la prematura que acaba de nacer muy baja de peso y con graves problemas respiratorios; en mi mano izquierda, muy cerca del anillo que me identifica como un ángel de Dios, sujeto el frágil hilo de la vida de ésta criatura mientras allí abajo siguen luchando por su vida. Si llego al límite en  donde la luz más brilla y este hilo se parte entonces ya no habrá vuelta atrás y llevaré a los pies del Señor a un nuevo angelito.
He sobrepasado el umbral de la luz y el fino hilo, del que pende la vida de este ser, no se ha roto. Es el momento de regresar al mundo y devolver este espíritu luchador a su pequeño cuerpo.

Autora: Amaya Puente de Muñozguren.

Todos los derechos reservados.


Imagen 2 (Segunda opción)
Pintora: Liu Yaming – Cuaderno de retazos

FUNCIÓN DE NAVIDAD
Bajamos del escenario envueltas en aplausos y seguimos escuchándolos mientras desfilamos por el pasillo central del teatro, arrastrando las puntas de nuestras alas por la alfombra roja; padres, hermanos, abuelos y familiares nos ven pasar y aplauden nuestra actuación, voy en cabeza y no veo detrás mío a mis cuarenta alumnas en doble fila, siguiéndome mientras saludan con sus manitas enguantadas, pero me las imagino. Están muy emocionadas; ahora, en el gran salón de la entrada, ese que hoy está decorado con lazos y globos, van a recibir su premio, un collar de golosinas que nos han hecho las monjas del colegio y que llevo con mucho cuidado en una bandeja tapada entre mis manos. Las vacaciones de Navidad comienzan ahora y mis pequeños ángeles me dicen adiós desde la puerta con sus caritas sonrientes y los guantes manchados de chocolate. En el silencio de mi coche sigo oyendo sus voces mientras mis alas se agitan extendidas sobre el asiento de atrás.

Autora: Amaya Puente de Muñozguren.
Todos los derechos reservados.

sábado, 4 de febrero de 2017

La mimo


Pintura de Liu Yamin
Del álbum: Cuaderno de retazos


Tenía un nuevo aliciente. Al principio, le había parecido duro posar durante horas en la calle. Aunque el clima era bueno, este trabajo no era para todo el mundo. No era fácil permanecer estática, sin sentir el peso del cuerpo, la tensión de los músculos, obligados a permanecer quietos y, sobre todo, el maldito picor, torturando como una mosca las distintas partes de su cuerpo. Pero ahora la cosa había cambiado. Recordando el tacto de sus manos se le iban las horas. Liviana, como si las alas de ángel que le tocaba llevar esta semana la elevaran del podio terrenal en el que posaba, esperaba a que llegaran las doce del mediodía. Sabía que entonces, como si de un transeúnte más se tratase, él haría su aparición. La miraría un buen rato para, al final, acercarse a ella y arrojar al cuenco unas monedas, sin olvidarse nunca de comprobar la posición de su anillo, que hoy, desde su dedo pulgar, le indicaba que su esposo aún seguía de viaje de negocios.
                                                                                                           

                                                                                                       © Manoli Vicente Fernández





                                                                                                                                                          

Luz de mi vida












   Estoy a oscuras, vivo a oscuras. Prendo una vela y te vas materializando poco a poco tras la llama temblorosa. 

   Los primeros en presentarse son tus ojos almendrados. Curiosos, expectantes. Deseosos de oírme contar esas historias que inventaba para ti y ahora duermen enmudecidas en algún lugar por mí ignorado. 

  La llama danza en tus pupilas, que se mueven siguiéndome por la habitación. Mimosas, enojadas, traviesas. Me hacen reír. Bajito, para no despertar de nuevo los celos del destino por nuestra dicha.

  Es tu boca la que me tienta después con su sonrisa. Una sonrisa serena que apenas asoma a tus labios, como si escondiera un secreto que nadie más que tú conoce. 

  El contorno ovalado de tu rostro de pómulos salientes atrae mis manos, que anhelan acariciarlo. Pero, juguetona, te escabulles entre mis dedos y tus alas te elevan por encima de mí.

   De pronto, el viento golpea las contraventanas y entra furioso por las rendijas. Embiste la llama, que resiste con coraje hasta morir en la contienda. Y vuelvo a quedarme a oscuras. Entonces lo recuerdo. Tú ya no estás. Hace dos años el fulgor de tus ojos se apagó para siempre dejándome esta negrura en el alma. Hace dos años la luz de mi vida se apagó para siempre dejándome este desconsuelo en el corazón.








jueves, 2 de febrero de 2017

Sin luz.



La casa del artista no estaba como la última vez que la visitó, hace ya algunos años. A punto estuvo de dar media vuelta, pues sintió que poco tendría que hacer allí. Un leve latido que provenía de alguna habitación, le invitó a entrar y condujo sus pasos por el pasillo en penumbra hasta el estudio.
Se acercó a él y ofreció sus condiciones para elaborar un retrato: sin luz, sin tacto, sólo palabras, y él estuvo de acuerdo. Las manos del pintor empezaron a trabajar, mientras ella, según lo acordado, respondía con sinceridad a las cuestiones que le hacía, para que el resultado del retrato fuera veraz.

Pasado un tiempo, el artista dio por terminado el encargo y descorrió las cortinas. La luz entró con tanta fuerza que ambos tuvieron que cerrar los ojos… Mientras él luchaba por contener el desaliento, pudo verla… Sonreía gustosa, al no reconocerse en aquel rostro angelical.

Retrato de Liu Yamin, de su obra "Cuaderno de retazos"



martes, 31 de enero de 2017

La sesión


- Mario, ¡De valientes se crea el mundo!
Aquella frase acompañaba mi vida. Aún  recuerdo la primera vez que me la dijo mi abuelo. Su voz ronca pero con carácter y el olor a tabaco, eran un recuerdo intrínseco a aquellas palabras.
Hoy la iba a necesitar. Me he aferrado muchas veces a ella para poder superar todos los cambios que he realizado  en mi vida. Siempre me ha ido muy bien, me ha traído toda la suerte y el apoyo necesario, era como si mi abuelo estuviese allí, cogiéndome de las manos.
Mientras me desnudo, me repito las palabras una y otra vez y siento como me voy relajando. De pronto me veo reflejada en el espejo. Me observo y puedo apreciar  cada rincón  de mi cuerpo, soy consciente de la belleza de cada una de sus curvas y me siento feliz. Aquel  cuerpo era la recompensa a todas las operaciones,  a todo el sufrimiento y el dolor, era la manera de enterrar todas las humillaciones que tuve que soportar de niño...
- Sra. Bernal, ¿está visible? Le traigo el vestido de ángel. Es precioso,  muy ligero, de gasa y tiene una caída muy bonita. Las alas están listas también. Va a estar preciosa en la sesión  de fotos...

© Orgav  (Verónica Orozco García)
    Todos los derechos reservados