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lunes, 23 de octubre de 2023

El reverendo: Northam House, de Nuria Gael. Un viaje a la Inglaterra victoriana

 

El reverendo


El Reverendo (Orpheus, 2023), de la escritora Nuria Gael, autora de la que hemos hablado en anteriores entradas (1), es una novela ambientada en la sociedad inglesa del siglo XIX que narra la historia de un noble británico, Percy Algermon, que a la muerte de su abuelo regresa para hacerse cargo de la herencia que le corresponde y asumir el compromiso matrimonial que su abuelo ha dejado pactado. Tras años de residir en el extranjero, el heredero, ajeno a las costumbres y protocolo de la encorsetada sociedad victoriana, ve como su vida da un vuelco, mientras trata de adaptarse a su nueva situación sin renunciar a su propia identidad e historia personal.

La novela nos ofrece una magnífica caracterización de los personajes a la par que un retrato de la época y la contraposición de culturas muy diferentes, ya que el protagonista ha de lidiar no solo con su parte británica sino con los genes lakotas que corren por sus venas y sus propios traumas y vivencias pasadas.

 El reverendo es una historia evolutiva de búsqueda de la propia identidad, en la que el contexto histórico se diluye frente a las grandes cuestiones que hermanan por igual a los seres humanos. Cuestiones como la toma de decisiones personales en las que entra en juego el sentido del deber y fuerzan a los protagonistas a intentar hallar un equilibrio entre sus deseos más íntimos y la toma de responsabilidades.




Biografía literaria:

 Ha sido traducida al francés y al árabe, para distintas publicaciones. Ha participado en múltiples recitales y publicado, entre otras, las siguientes obras:

 Zéjeles del Estrecho. Editorial Estrechando, Algeciras 2012. 

 Líneas paralelas: Antología en prosa y verso de amores imposibles.” Editorial Alvaeno, Málaga 2013. 

 A Dentelladas Editorial la Polla Literaria, Chile, 2017. 

 Contenedor de relatos. Grupo literario Infusiónate. Editorial ImagenTa. Algeciras 2020 

 Relatos en la distancia. Grupo literario Infusiónate. Editorial ImagenTa, Algeciras 2021. 


Audio


Entrevista a la autora


EL REVERENDO (Primer capítulo)


 Puerto de Liverpool, Inglaterra, 1855

        Una noche fría y con aire de desolación se abatía sobre las veinticinco dársenas del puerto. Glorioso se extendía por más de veinte hectáreas, con barcos originarios del mundo entero. 

           El hermoso Oberon, procedente de América, entró majestuoso cargado de algodón. Su dueño lo miraba desde la cubierta el muelle, tenía un arraigado sentido de la pertenencia hacia el buque: era su orgullo. Al contemplarlo, un brillo peculiar calentaba su mirada. 

        Arribaron antes del amanecer, cuando los muelles apenas habían comenzado a despertar. Sus oficinas en el puerto, atentas a la llegada, pronto suministraron hombres que, unidos a los tripulantes, descargaron con eficacia la nave.

           Empezaron a asomar las luces del nuevo día cuando, en la cubierta, una silueta oscura reunió a la tripulación. Sus pupilas recorrieron las caras de cada uno de los hombres alineados frente a él. Sabía los nombres de todos, sus historias, sus miedos y fortalezas. Les confirmó el rumor: regresarían sin él, pero el Oberon seguiría con sus habituales rutas comerciales. Algunos se miraron entre sí, las habladurías eran ciertas. 

          La tripulación, compuesta por un capitán noruego y marinos de todas las nacionalidades, formaba un grupo excelente. Había respeto mutuo entre ellos y su singular patrón, con el que habían compartido, codo con codo, duras jornadas de trabajo. 

           —Hemos realizado numerosos viajes juntos, atravesado tormentas, tenido días buenos y malos, pero siempre ha sido un honor hacerlo junto a ustedes. En este viaje, el último para mí, su trabajo, como siempre, ha sido inmejorable y les felicito. —Percy Algermon, cubierto por un grueso tabardo azul marino y una gorra de lana calada hasta las cejas, los miró tratando de grabar el momento.

      —Señor, permítame en nombre de los hombres y en el mío propio expresarle nuestro agradecimiento y desearle lo mejor en tierra. 

            —Gracias, capitán. Cuiden del Oberon como merece, caballeros. —Tras llevarse una mano a la gorra en señal de saludo, se fue sin volver la vista atrás. En la reunión con los representantes de J. P. Coats, consiguió cerrar un trato del que todos se beneficiarían. Los agentes sonreían satisfechos al salir de su despacho; detrás de ellos se hizo el silencio. 

       Cayó la noche después de un largo día. Solo, tras un enorme escritorio de caoba, cruzó las largas piernas sobre él, en su mano seguía la copa de líquido ambarino con la que celebró sellar el acuerdo. Era el momento perfecto para perderse hacia otros destinos, lo acompañaban demasiados recuerdos. Un trozo de su alma quedaría siempre en Estados Unidos, pero otra lo haría en tierra inglesa. 

      De un portazo salió del gabinete, el edificio de piedra se fue empequeñeciendo a medida que se adentraba en las calles, cada vez más estrechas y alejadas del sonido del mar. Su única compañía eran sus propios pasos y la suciedad creciente. 

       Después de andar un buen trecho, pudo distinguir el fumadero de opio de Ban Gu mimetizado con el entorno, en su afán por pasar desapercibido para los no iniciados. Empujó la modesta puerta, que en nada reflejaba el lujo decadente que había tras ella. Acababa de pisar el entrante de madera oscura, cuando un oriental vestido con una túnica de seda apareció de la nada:

       —Bienvenido a mi humilde casa una vez más. —Hizo una elegante reverencia —. Permítame expresarle mis sinceras condolencias por su perdida, milord.

       —Gracias, Gu, veo que las noticias llegan a todas partes. 

      —Pase, por favor. —El oriental apartó la cortina situada al fondo del hall—. Siempre suelo estar bien informado, como ya sabe. 

       Al son de dos palmadas suyas dos criados, también orientales, lo acompañaron a través de la amplia estancia, jalonada en los laterales por otras menores. Casi todas estaban apartadas de la curiosidad ajena por cortinas para así poder mantener el anonimato de los influyentes ocultos tras ellas. La cuidada decoración intentaba emular el espíritu de los fumaderos tradicionales. Al llegar a un habitáculo, los criados se adelantaron y, con una pequeña reverencia, lo invitaron a pasar.

     Ban Gu, con un encendedor de mecha, prendió una vela colocada en una mesilla baja junto a otros objetos; al mismo tiempo, dirigió una mirada y los sirvientes desaparecieron.

        —Milord, por favor, para cualquier cosa que necesite, estoy a su disposición.

       —Gracias. 

     El asiático dibujó en su cara una media sonrisa y salió para dejarlo en la soledad que necesitaba. 

    Percy cayó con pesadez sobre el diván, se quitó la chaqueta y aflojó el nudo del corbatín. Aquel antro ilegal en suelo británico era un regalo, pensó. Gracias al comercio del opio, Gran Bretaña acabó con su deuda pública, así de importante eran aquellos dividendos ilícitos. Por allí pasaban todos: ricos y pobres; aunque estos últimos eran apilados en camastros de madera en otras habitaciones donde no ser vistos ni oídos. Los verdaderos dueños del fumadero, ingleses, eran quienes llenaban sus bolsillos. Gu era el perfecto anfitrión de la farsa. 

    Concentró toda su atención en el ritual de preparación de la pipa de opio. Cada acción lo iba relajando: calentó la esencia, diluida en agua a fuego lento, y la filtró. Repitió el proceso hasta evaporarla toda. El resultado era una pasta con un alto índice de morfina. En aquel fumadero no se fumaba opio puro. Percy colocó una cuchara sobre la  llama de la vela y se quedó ensimismado en ella. Con ceremonia, tomó una aguja para remover el contenido, hasta hacerlo cremoso y formar una píldora. El resultado lo introdujo por el agujero de una larga pipa de metal revestida de madera, adornada en los extremos por aros de jade verdes. La calentó y la llevó hasta sus labios. Cerró los ojos y, con cada calada, el opio embargó su mente y su cuerpo quedó laxo. Un sopor glorioso lo recorrió, los recuerdos quedaron olvidados, ocultos tras una columna de humo. 

     El sonido del mar era lo único de lo que era consciente, la cabeza le palpitaba y su cuerpo se encontraba entumecido, estaba tirado en medio de una callejuela. Miró su ropa oscura, estaba sucia; no recordaba muy bien a dónde fue al salir del fumadero, pero apestaba a alcohol barato. Sonrió, muy ebrio tenía que estar para que fuesen capaces de echar a la calle a un hombre de su envergadura, o quizás cayó él mismo, rendido por el alcohol y la droga. 

      Allí estaba, intentando incorporarse, en el mismo lugar al que había llegado hacía quince años. Fue el comienzo del embrollo en el que se convirtió su vida. 

    Logró incorporarse, necesitaba aire fresco. Anduvo un rato hasta despejar la cabeza y lograr orientarse hasta el coche que le esperaba apostado en un discreto callejón. Era viejo y deslavazado, para no llamar la atención, sin distintivo alguno, pero con buenos caballos. El cochero estaba armado y bien protegido por la compañía de su peculiar ayuda de cámara: Rebel Hook, un exboxeador irlandés. 

     Qué distinto era, pensó, de aquel niño mestizo llegado de América, desde la república de Texas, educado en las calles y luego en una parroquia católica. Siempre sintió estar fuera de lugar en aquel país nuevo y entre aquella gente. Ahora, también se sentía así en América. 

      Divisó a Charles, su cochero, junto a Rebel, sentado a su lado en el pescante. Cambiarían a su coche en las afueras de Liverpool. Desde allí atravesarían el territorio que les separaba del noroeste de Inglaterra en dirección a Cumberland, el hogar de su abuelo inglés y ahora el suyo. Durante el camino, un compañero de viaje se añadiría: el abogado de la familia y amigo, James Peabody. Northland House los esperaba. 

    La primera vez que llegó a Inglaterra también lo recibió Charles. En aquel tiempo era un muchacho de cuerpo delgado, alto, piel dorada, cabello negro y liso hasta los hombros y ojos grises.

    Su abuelo no fue a recibirlo; por piedad, el cochero le dijo que estaba enfermo. Si le causó sorpresa su aspecto, nada lo delató. Una vez dentro del coche, metió la mano dentro del bolsillo derecho de su chaqueta, algo pequeña, para apretar un collar de hueso que perteneció a su abuelo materno, un chamán lakota. A él se aferró como si le fuera la vida en ello. No lloró.


     Aquel día de 1837, un cielo gris y encapotado llenó de lluvia su camino. Unas millas después, contempló el paisaje y pensó que esa tierra tan hermosa no podía ser mala. 

      Aceleró el paso y buscó su petaca de whisky en un intento por aletargar sus demonios, bebió, estaba demasiado lúcido y eso era lo último que necesitaba. Cuando llegara a su destino, debería asumir una vida de obligaciones y un matrimonio de conveniencia; le daba arcadas pensarlo, pero se trataba de una cuestión de honor. Su abuelo había dado su palabra y firmado un contrato. 

        —Buenas noches, milord —saludó su cochero—. Bienvenido a casa. Haremos noche en una posada a la salida de Bootle. Todo está preparado. 

       —Gracias, Charles, me alegro de verlo.

    Rebel Hook bajó del pescante para sentarse dentro del coche con su patrón. Antes dispuso dos ladrillos calientes para los pies y levantó el asiento para sacar dos mantas con las que poder abrigarse.  

     El ayudante apenas le prestó atención; a veces se quedaba ausente, pero Percy sabía que no estaba «sonado» por los golpes recibidos en el ring. Solo echaba de menos otros tiempos y a veces, para permanecer cuerdo, debía volver a ellos. 

     Depositó toda su atención en el paisaje: la suciedad del puerto quedó atrás con rapidez mientras el coche se abría paso en medio de la noche, pronto dejarían la ciudad. 

      Los caballos eran estupendos, su familia siempre había criado buenos ejemplares. Con el tiempo, las líneas de ferrocarril en vez de aquellos hermosos animales surcarían Inglaterra; ya había una entre Windermere y Kendal, en Cumberland. Eran momentos de cambios. Será todo más práctico, pensó, pero no tan bello. Por un momento cerró los ojos. Al levantar los párpados ya no se sentía borracho, se sentía solo. 

     Siete millas después llegaron a la posada The Green Dragon, un sitio rústico como había tantos, pero capaz de ofrecer una cama limpia y comida caliente. 

      James Peabody, como siempre, había acudido puntual a su cita. Sentado cerca del fuego, leía con la espalda erguida y las lentes al filo de la nariz; sus ojos claros recorrían veloces las líneas que su dedo índice marcaba. A pesar de su concentración, se levantó con rapidez al abrirse la puerta del establecimiento y comprobar que quien entraba era lord Witshire.

          —Bienvenido a Inglaterra, milord. —Clavó en él sus luminosos ojos—. Siento mucho la muerte de su abuelo. 

      —James, mi querido James. Se abrazaron y en silencio recordaron al fallecido: Stuart Albert Algermon FitzRoy, marqués de Witshire, alguien querido para los dos y ahora ausente de sus vidas. Aquel abrazo duró más de lo debido entre caballeros, pero el tiempo justo entre amigos.

        —Estoy aquí para cuanto necesite.

       —Gracias, James, estoy contento de verte. Vayamos hacia una mesa. —Le indicó una esquina de la estancia—. ¿Por qué ella? —dijo de improviso—. En tu correspondencia no aclaras nada.

      —No lo sé. No vi al marqués cuando regresó de Escocia, yo estaba en Londres. ¿Ha comido? Hay un exquisito shepherd’s pie.

      —No, quizás lleve un trozo para tomar en la habitación. ¿Qué sabemos de ella? Odio todo esto. 

      —Lo sé. Es una jovencísima escocesa. 

      Empezó a leer con meticulosidad un cuaderno de notas sacado del bolsillo interior de su chaqueta, de pequeños cuadros beis y marrones:

      —Su padre es un Lamont, originario de Cornwall. Terrateniente rural y con negocios diversos, entre ellos madereros. Viven en el campo, además poseen casa en Edimburgo. Ella es la menor de cinco hermanas, precede al único hijo varón. Su reputación y la de su familia son intachables, por supuesto. 

       —Por supuesto —repitió con sarcasmo Percy mientras hacía un gesto grandilocuente con la mano.

      —Va a cumplir dieciocho años —continuó Peabody sin prestarle atención—. Aún no ha sido presentada en sociedad. Pronto sabré más de ella. —El abogado guardó el cuaderno—. Fue todo muy precipitado, milord. Al poco de cerrar el acuerdo, su corazón se paró, cayó derrumbado de la cama sin vida. Según dijo el doctor, no sufrió. —Un sesgo de dolor se dibujó en el rosto del nieto al escuchar sus palabras—. Intentaron reanimarlo al descubrirlo, nada se pudo hacer. Al llegar solo fue posible ordenar sus últimos deseos, siguiendo las instrucciones que dejó por escrito. Ya sabe, llevaba tiempo con el corazón débil. 

      —Está bien, muchas gracias. Organízalo todo, por favor —dijo Percy con voz exhausta.

     —Así lo haré. —El hombre fijó una mirada comprensiva en él—. ¿Alguna novedad por América?

    —No, ninguna, solo negocios. Ahora disculpa, James, voy a tomar un baño y comeré algo. Mañana nos vemos a primera hora y hablamos con tranquilidad.

   —Por supuesto, le vendrá bien descansar. —Lo recorrió de arriba abajo con mirada socarrona. 


Enlace al libro

(1) Anterior entrada sobre la autora



jueves, 6 de julio de 2023

Mercedes Marín nos habla de su última novela 'Estaciones sin parada'

 

Mercedes Marín

―Hola, Mercedes. Bienvenida a este espacio. Queremos felicitarte por tu nueva novela ‘Estaciones sin parada’ que acaba de salir a la luz. ¿Has recibido muchas reacciones por parte del público? ¿Qué te han parecido las impresiones de los lectores?

Hola, Manoli. Estoy recibiendo muchos comentarios y mensajes de apoyo. Es cierto que la novela, como quien dice, se acaba de publicar. Pensemos que es en mayo cuando realmente la he podido enviar y cuando el editor ha arreglado todo con la distribuidora para que los lectores la puedan tener en sus manos. Han sido unos meses extraños porque su lanzamiento ha coincidido con ferias del libro que, lejos de ayudar, han ralentizado todo el proceso. Los lectores están en modo “novedades” de autores y autoras conocidos y eso determina que al ser escritora de autoedición te quedes un poco a la cola de lo que va sucediendo en ese “primer frente”, pero bueno, estoy contenta porque la novela está gustando. Después de La resurrección de Jandra Sweet, el listón estaba alto porque esta, mi segunda novela, ha tenido muchísimo éxito y no quería defraudar. Ahora, al paso de los días y con la llegada de esos comentarios de los que hablaba me he dado cuenta de que no había que tener ningún miedo.

Estaciones sin parada, es otra historia de vida y así lo están sintiendo los lectores. Estoy contentísima.

―Con frecuencia dices que eres una escritora emocional porque escribes, sobre todo, novela intimista. ¿Cómo llegan las historias hasta ti? ¿Surgen a partir de hechos reales o de alguna escena que te llama la atención?

No sabría decirte muy bien, porque a veces ni yo misma lo comprendo. Te puedo decir que lo que me suele suceder es que al observar lo que pasa a mi alrededor (puede ser en mi ambiente cercano o bien una noticia que alguien me dé) me quedo con algo, sin querer. Me impregno de algunas emociones y algo salta dentro de mí, es como si yo tuviera la intención de ayudar a esa persona a través de la historia que voy a crear. A partir de ese suceso me meto totalmente en esa persona, en esa piel, en esa casa y, sin querer, va surgiendo todo.

Decir también que siempre mezclo la realidad con la ficción. Los lectores sienten esto como un acierto porque son capaces de sentir lo que estoy contando, de vivirlo incluso.

Ayer precisamente, un chico joven acababa de leer mi primera novela, El año de las decepciones, me abordó por la calle y me dijo que le había encantado y que además de disfrutar mucho con ella, la había vivido en primera persona porque es como si se la estuvieran contando exclusivamente a él. Me gustó mucho saberlo.

En todas mis novelas, además, hay hechos reales, históricos, genéticos, sociales. Me gusta, ya que tengo un poco de voz, mostrar algunas cosas, temas que a veces son desconocidos para muchas personas. Es una manera de aprender y de enseñar. Debe ser que mi faceta docente está grabada a fuego en mi alma.

―En Estaciones sin parada tratas el escabroso tema de las sectas, y haces mención a una secta muy polémica, fundada en los años setenta, el grupo Edelweiss, que tuvo bastante relieve en los medios. ¿No te dio cierto temor profundizar en este tema tan conflictivo? ¿Crees que la literatura ha de ser un medio para reivindicar temas sociales que nos afectan?

Me dio tanto miedo que estuve un tiempo detenida sin escribir. Cuando llegué a ese punto sabía que tenía que abordar ese tema, por lo que te decía al principio, pero es algo, como bien dices, tan escabroso, tan doloroso, que tuve la tentación de bajarme de ese carro y seguir por una ruta más feliz. Di vueltas, muchas vueltas, atajos, traté de subirme a otros trenes, pero todos los protagonistas me pedían que no fuera cobarde. Después de todo este conflicto interior me senté de nuevo y tecleé todo el dolor y la esperanza que había en los ojos de mis protagonistas. Luego me sentí bien, era como tener una certeza de misión cumplida. Una redención.

―¿Has recibido llamadas al respecto de este tema o has podido entrevistar a algún miembro de esta o de otra secta similar?

No, no. Me documenté a través de artículos de periódicos. Entrevistas. Documentales. A partir de ahí imaginé como sería una vida en esa situación y en silencio y con mucho respeto hice lo que creía que debía hacer, dejar constancia de esos hechos que parecían olvidados.

―Otro de los grandes temas que tocas en la novela y que representa el eje central de la misma, pues cambia la vida de los personajes, es el suicidio. Un tema candente, ¿qué te llevó a abordarlo?

En mis novelas me gusta recrear las emociones y me suelo preguntar qué pasaría en una casa cuando una persona no es un poquitín egoísta si no muy, muy egoísta, rayando en la enfermedad, o avaricioso, orgulloso, celoso… (En femenino también ¿eh?). Todo lo que se sale de la normalidad altera el sistema nervioso, y no solo el de las personas que conviven con esa persona, sobre todo, esas personalidades suelen convivir muy mal consigo mismas. Creo que esto contesta a la pregunta.

―El personaje de Elvira es complejo y nos deja varias preguntas, como la relacionada con el papel tradicional de la mujer de su época relegada a labores domésticas y la crianza de los hijos. Papel por el que la protagonista protesta a menudo. ¿Intenta la novela, de algún modo, dar voz a tantas mujeres que vivieron este rol como algo impuesto por la sociedad de la época? ¿O es, quizá, la enfermedad de Elvira la que se intenta visibilizar en la obra?

Cuando empiezo a escribir algo nunca busco visibilizar nada, es más, a veces no me pongo de parte de esa protagonista sino que surge el efecto contrario en mí, me pregunto por qué no es feliz si ha elegido un camino de vida que es el que de sobra sabía que le esperaba. Luego, a medida que voy escribiendo, algunas veces tengo empatía con ella y otras con su marido y con sus hijos, con su madre, a la que ya no le tocaría, por edad, tener que intentar reeducar a su hija. Es complejo. No sabría contestar algo concreto porque como te decía, habría que hacer un análisis minucioso en cada momento.

―El tren, las estaciones, el oficio de revisor y todo lo relacionado con el ferrocarril juega un papel fundamental en la obra, ya desde los mismos títulos de los capítulos que siempre hacen referencia a este medio. ¿Es la novela también un homenaje a este medio de transporte? ¿De dónde surge el tema?

Siempre me han gustado los trenes, sus caminos a veces inaccesibles de otro modo. Siempre me ha gustado la vida y sus conflictos, huyo del acomodo y lucho cada día por ser mejor en mis relaciones personales. Los trenes, la vida. Las estaciones, las decisiones. Subir al tren, a la vida, con más o menos equipaje…solo era eso.

―Suele decirse que en toda historia subyace otra historia secundaria, que avanza en paralelo a la trama de la historia principal. ¿Es este el caso de tu novela?

En esta ocasión la historia que subyace detrás es un recuerdo del pasado, mi pasado. Me gusta utilizar mis novelas como diarios emocionales. Si algún día yo me olvido de mí y de mis vivencias, alguien podrá reconocerme en todos esos momentos, en esas señales, en esos códigos. Es mi legado, mi mayor riqueza.

―Ya por último, ¿te has quedado satisfecha del resultado final del libro o crees que te has dejado algo en el tintero? ¿Tienes en mente ya el próximo proyecto literario?

He quedado satisfecha, sí. Cuando la he releído he sentido la misma emoción que cuando la escribía. Mis personajes están donde ellos me han dicho que los llevara y, como siempre, esa era la misión.

Respecto a los proyectos, ahora estoy embarcada en mi programa de radio en Magazine Eg Radio, El sonido de tus palabras. Lo estoy pasando muy bien hablando con todas estas personas (escritores…pronto habrá lectores también) que me aportan muchísimo. Me gusta la conversación y me gusta escuchar, esa es mi gran batalla porque pienso que en la escucha plena está el secreto de la salud. Muchas personas están enfermas porque se sienten desvalorizadas, nadie presta atención a lo que dicen y eso las hace enfermar de pena. Le ha pasado a Elvira en mi novela, mira, volviendo a tu pregunta de antes, ahí sí estoy con Elvira, quizá eso es lo que quería reivindicar. Cuando las personas se encierran en su verdad y la comunicación se acaba solo hay un paso a la enfermedad, por eso hay que vivir comprometido cien por cien con esa causa, la de no dejar que las relaciones (de cualquier tipo) te conduzcan a la muerte.

 

Muchas gracias por darme la oportunidad de estar aquí.


 


martes, 2 de mayo de 2023

Conversamos con Marta Pumarega, autora de 'El cielo no es azul', un poemario de luces y sombras

 

El cielo no es azul
(pinchar aquí para entrar al enlace)


Conversamos en el blog con la poeta madrileña Marta Pumarega Rubio a la que entrevistamos con motivo de su segundo poemario 'El cielo no es azul'.

―Hola, Marta. Gracias por aceptar nuestra invitación para hablarnos de tu nuevo libro de poemas El cielo no es azul, por el cual queremos felicitarte. Cuéntanos cómo surgió este poemario en sus inicios y cómo fue tomando forma.

 Muchísimas gracias. El cielo no es azul es, efectivamente, mi segundo poemario. Surgió de una manera totalmente natural, llevaba un tiempo queriendo hacer este segundo libro que me llevó varios años terminar. Justo cuando lo acabé me escribió por Facebook Alejandro Pérez Guillén, al que le estaré siempre agradecida, director de la colección de poesía de la editorial Alfar. Yo había publicado algunos poemas míos en esta red social y le habían gustado, le mandé el manuscrito que también le gustó al editor y me decidí a publicar con ellos.


―Tus poemas tratan de muchos temas a un tiempo, aunque sobresale en ellos de forma especial la figura materna y la del hijo. En el prefacio afirmas que el título del libro nace de querer plasmar el mundo desde los ojos de tu madre acuarelista; también la figura del hijo aparece repetidas veces. ¿Dirías que la maternidad y, a su vez, el sentimiento filial, son una fuente de inspiración importante para ti?

Tanto mi madre como mi hijo son pilares fundamentales en mi vida. Todo lo que es importante para mí es sin duda una fuente de inspiración, aunque el libro trata de muchas cosas, el amor, el desamor, la pérdida, el abandono, el duelo. Mi hijo y mi madre evidentemente tienen su espacio en el amor.


―En el prefacio del libro dices que tus poemas tienen el temblor de quien se atreve a amar y el dolor de quien amó, que guardan duelo, heridas y cicatrices. Tu poesía canta al amor y a la vez llora la pérdida del mismo. ¿Predomina la nostalgia en tu ánimo a la hora de escribir?

 Normalmente, cuando escribo es porque necesito sacar una emoción que está dentro de mí enquistada y mediante la escritura consigo hacerlo. Es una especie de catarsis. Estas emociones enraizadas suelen ser, como bien dices, la nostalgia o la tristeza.

 

―La segunda parte del libro se compone de Renuncios Breves. Háblanos de estas composiciones.

Los renuncios breves empezaron en mi primer poemario. Me di cuenta de que a veces escribía poemas cortos de tres o cuatro versos que por sí mismos se explicaban y eran auto conclusivos, por tanto, no quería alargarlos innecesariamente. Por ejemplo, el primero de ellos, que abre esta sección en El cielo no es azul:

El insomnio es una luz

que se enciende en mitad de la noche,

como un naúfrago que lanza una bengala

en la oscuridad del mar.

 

Pensé en hacer de él un poema más largo, pero creo que hubiera perdido fuerza o incluso el sentido. Esto mismo sucede con otros poemas de la misma extensión que ahora conforman los renuncios breves.


―Algo más que quisieras decirnos del poemario El cielo no es azul.

 Creo que es un libro donde el lector puede sentirse identificado pues habla del amor, de la pérdida de un ser querido, del desamor y el abandono por parte de la persona amada, habla del miedo, del duelo, habla de muchísimas cosas que la mayor parte de las personas hemos podido vivir alguna vez. Invito al lector a entrar en mi casa, que es a la vez la suya.


 ―¿Veremos pronto un nuevo poemario?

 Sí, seguro que sí. Estoy escribiendo el tercer poemario y está bastante avanzado.

 

―Muchas gracias, Marta, esperamos leerlo y comentarlo contigo cuando salga a la luz.

 


Marta Pumarega Rubio


Marta Pumarega Rubio, poeta madrileña nacida en el 76, autora del libro de poemas Antónimo de cobijo (Editorial Lulu) presentado por el poeta Jesús Urceloy y El cielo no es azul (Editorial Alfar). Ha participado también en la antología poética 54 Poetas que corrieron la Maratón de Chicago (Editorial ARS POETICA-2018) y en distintos eventos online como el "IV Festival de Poesía el Laboratorio de la Palabra" de la mano del poeta Fran Ignacio Mendoza y en “La Poesía nunca cierra” junto al poeta Agustín Córdoba García. También  ha colaborado con sus poemas en 142 Revista Cultural y en Registros Revista Cultural, también se han traducido alguno de sus poemas al francés para la plataforma literaria OUPOLI. Ganadora del concurso Para poner un poema a un cuadro, para la exposición antológica del pintor Juan Calderón Matador.

 

miércoles, 30 de noviembre de 2022

'La resurrección de Jandra Sweet' hablamos con Mercedes Marín sobre su nueva novela


Mercedes Marín del Valle

En el blog de Nosotras, tenemos la primicia de entrevistar esta semana a Mercedes Marín del Valle, autora de La resurrección de Jandra Sweet, que nos habla de cómo se gestó esta nueva novela, que es ya la segunda de la autora.

―Hola Mercedes. Ante todo, queremos agradecerte tu presencia en el blog y felicitarte por la publicación de tu segunda novela ‘La resurrección de Jandra Sweet’. Tengo entendido que te iniciaste en el campo de las letras escribiendo cuento y microrrelato. Háblanos brevemente de tu recorrido literario hasta llegar al género de la novela. 

―Hola. Gracias por hacerme un hueco en tu blog. Te contaré que empecé, como bien dices, escribiendo cuentos pensando en mis hijos: El rayo de Aurora, Dansilo y Multicolor, Cuestión de fe y algunos otros marcaron un antes y un después en mi vida porque ya nunca dejé de escribir. En ese momento no pensé en escribir microrrelato. Fue en 2013 cuando encontré la página, Esta noche te cuento y me animé a entrar en ese mundo. Me gustó mucho la experiencia y he estado escribiendo en ella hasta hace muy poco tiempo. Un día, allá por 2009 se empezó a gestar una idea en mi pensamiento, era hora de escribir una novela, así fue como empecé en este género, pero tardó un poco en materializarse porque hasta 2018 no vio la luz mi primera novela, El año de las decepciones, luego, en 2021 terminé de conformar a Jandra Sweet.

―¿Cómo surge la idea de este segundo libro y cómo llega a concretarse en una historia tan larga? Acércanos un poco al germen de esta historia sin hacer spoiler, claro. 

―Que sería una historia larga lo tenía en mente desde el principio. Una historia de vida, la de Sheldom, la de Fátima... Cuando estaba terminando de escribir El año de las decepciones, un día, nunca sé exactamente por qué, pero así ocurre, nació el título para esta segunda novela. Mi objetivo con este título se centró en resucitar a una mujer, a una chica ¿pero cómo? A nivel emocional, claro. No podía ser de otra manera. Elegí Argelia por el vínculo afectivo que tengo con una familia argelina, así que investigué sobre la historia de  ese país y elegí un hecho histórico. A partir de ahí todo fue rodando solo. Como siempre digo, por exigencias del guión surgieron los paisajes y los personajes. 

―¿Qué elementos comunes con tu anterior novela resaltarías en esta?

―Son comunes dos personajes que a veces viven la historia como espectadores y otras se sumergen tanto en ella que acaban calados hasta los huesos. Estos personajes son Paula y su pareja, Leonardo. Paula conduce las historias, nos la va presentando, a veces la cuenta ella y otras veces le cede la palabra al propio personaje.

 ―En 'La resurrección de Jandra Sweet' utilizas un juego metaliterario aludiendo a la figura de la escritora, Paula, que intenta seguir el rastro de Jandra y de los distintos personajes, lo cual es, a mi juicio un gran acierto. Sabemos que actualmente estás trabajando en una tercera novela, ¿También aquí, al igual que en las dos anteriores, continúa teniendo presencia la figura de Paula, como escritora ficticia o, más bien, como un alter ego de ti misma?

 ―Efectivamente, Manoli. En esta nueva novela que estoy preparando también Paula y Leonardo hacen su aparición. Una Paula más joven se cuela en la historia principal y nos deja algunos detalles de sus vivencias. 

―Te calificas a ti misma como una escritora emocional, que no romántica, porque te gusta profundizar en las emociones y los conflictos que estas provocan. ¿En La resurrección de Jandra Sweet adviertes alguna evolución frente a tu anterior novela o dirías que sigue la misma línea? 

―He seguido la misma línea, pero en esta novela, la de Jandra, al ser una historia de vida me ha permitido acercarme más a cada personaje y como resultado, el lector también ha podido conocerlos de cerca. Eso crea un vínculo afectivo potente. En mi anterior novela, 'El año de las decepciones', toda la historia transcurre en aproximadamente un año, por lo que, aunque empaticemos con ellos no da tiempo a quererlos tanto.

 ―De entre las reseñas y comentarios positivos hacia esta novela ¿Cuál de ellas escogerías que crees que capta más la esencia del libro?

 ―No sé si capta o no la esencia del libro lo que voy a decir, pero es lo que más me ha gustado escuchar: “Cuando llegaba a casa, cansado del trabajo, con la cabeza llena de preocupaciones, coger esta novela me hacia recorrer las calles de los lugares que describe Mercedes en su novela. Durante el tiempo que la estaba leyendo no había nada en mi mente que no fuera la historia que contaba”

 ―Algo que quisieras decir sobre 'La resurrección de Jandra Sweet' y algo que puedas decirnos sobre tu próxima novela. 

―Sobre 'La resurrección de Jandra Sweet', solo quiero decir que hay que leerla para resucitar una vez más a Jandra. Sobre la nueva novela os puedo adelantar que se viaja también, pero los trayectos son más cortos. Decir además que disfruto mucho escribiendo y que pongo mi corazón en cada uno de mis personajes para que puedan llegar al lector del mismo modo que yo los siento, con sus emociones a flor de piel, con sus luces y sus sombras.


        La resurrección de Jandra Sweet 

Más sobre la autora:

Blog personal

jueves, 28 de enero de 2021

Laura Castaño Lluna: La inspiración la encuentro leyendo


Laura Castaño Lluna

Laura Castaño Lluna nació en Valencia (1971), y desde muy niña se sintió atraída por el mundo de los libros. Escribe desde muy joven pero no fue hasta 2018 que comenzó a publicar en antologías. Dejamos que sea ella misma quien nos hable del comienzo de su vocación y de lo que la literatura y la escritura aportan a su día a día:

Los libros siempre han formado parte de mi vida, los he tenido siempre a mano. Desde pequeña los he ido ojeando en las estanterías de mi casa, grandes, pequeños, sobre todo ojeaba los clásicos. Empecé a escribir con catorce o quince años algunos poemas sueltos, pero realmente la escritura llegó a mí hace unos seis años, como  terapia para expresar situaciones, anécdotas y sentimientos de una mala etapa de mi vida. Desde entonces, empecé a interesarme por la escritura breve y llegué al género de los microrrelatos y hasta ahora no he dejado de escribir. La escritura me aporta la oportunidad de plasmar sobre el papel unas ideas, que en principio son fugaces,  desarrollarlas y darles forma para convertir en literatura. Es un proceso creativo que surge de cualquier situación, pero sobre todo de vivencias. Un simple paseo puede ser el punto de partida si observas detenidamente lo que pasa a tu alrededor, cualquier pequeño detalle puede ser el comienzo de la escritura. Por eso creo que la inspiración hay que buscarla, al margen de las ideas que están dentro de ti. Por Supuesto los libros son la gran inspiración, no hay nada mejor para que las ideas surjan que estar leyendo. 

Os mando un par de microrrelatos que he escrito para que me conozcáis un poco mejor:

Campo abierto

En los montes de Toledo uno puede pronunciar recuerdos, sentirse solo y cogerse de la mano de sus tierras de mil y un colores. Puede ser el gigante caballero para  jugar a atravesarlas de un solo paso. Y en los atardeceres de verano, donde no hay asfalto, la tierra se levanta porque quiere que la sientas. Y es así como nunca la olvidas.

Hermanos  

Desde hace un tiempo comprendí que debo andar sola. Ya recordé entre sonrisas las tardes que pasábamos juntos donde te pedía que te sentases a jugar conmigo a tomar el té para contarte mis secretos. El día que nos llevaron a la feria, me pediste que subiéramos por separado en esas grandes burbujas de aire que flotaban en la piscina y, aunque yo te seguía, anduve perdida como en una vía láctea, entre transparentes y rodantes planetas, donde me vi forzada a encontrar mi propia órbita. Entretanto sé que, como el sol, tú siempre me alumbras.

LAURA CASTAÑO LLUNA

2018 Mi primera publicación fue en el libro “Para Olimpia” de ACEN  (Asociación cultural de Escritoras y Escritores Noveles, como resultado del VI Concurso de relatos cortos.  un libro benéfico con el relato “Otra oportunidad”.

Diciembre 2020 PDF colectivo de asistentes al taller de “Como cocinar un microrrelato” de Paola Tena, organizado por la biblioteca pública del Estado de Santa Cruz de Tenerife, con 2 microrrelatos.

En la actualidad participo activamente en Relatos en cadena, programa de Cadena Ser Radio. También publico en Facebook en la página Los Viernes creativos-El Bic naranja y Factoría Micro (microrrelato y micropoesia).