Mostrando entradas con la etiqueta Imagen 9. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Imagen 9. Mostrar todas las entradas

miércoles, 26 de julio de 2017

In memoriam





¿Creéis en el destino? ¿Pensáis que cada uno lleva escrito su sino desde la cuna y una fatalidad superior rige nuestras vidas? Marion no creía en la buena o la mala estrella, solo en la injusticia. Estaba harta de soportar el trato vejatorio que le infligía continuamente el  novio de su madre mientras  ésta hacía la vista gorda. Cuando, cansada de tanta crueldad, por fin decidió  cambiar de vida, abandonó la casa  amparándose en la oscuridad de la noche y llevando consigo solo lo imprescindiblemente necesario. De madrugada tomó el primer autobús que salía del pueblo rumbo a la ciudad. Durante el viaje durmió poco y mal. Al amanecer llegó a su destino, buscó un hotel barato donde alojarse y descansar unas horas. Ahora se encontraba extenuada y asfixiada de calor. Se sentó rendida sobre la cama después de despojarse de casi toda la ropa y repasaba entristecida su pasado mientras leía con indiferencia  el horario de trenes. ¿Adónde iría? Estaba sola pero deseaba, necesitaba desesperadamente, creer que todo le iría bien. "Descansaré un poco" -se dijo- y lo veré todo mucho mejor."

¡Pobre Marion! ¿Quién le iba a decir que su destino ya se había cumplido en ese hotel?

Al otro lado del tabique Norman Bates la observaba impunemente, por un orificio que había practicado hacía años y que le servía para espiar a sus víctimas. ¡Qué poco habría de disfrutar de su ansiada libertad! ¡Cuántos sueños rotos yacían en aquella triste habitación! ¡Pobres mujeres cuyas vidas fueron truncadas por algún monstruo sin sentimientos!

María José Triguero Miranda

miércoles, 22 de marzo de 2017

Tiempo, el mejor de los legados

Imagen n° 9
Título de la obra: "Habitación  de hotel".
Pintor: Edward Hopper.

Tiempo, el mejor de los legados.

Ellos se quedaron velando su cuerpo. Yo le dí  un ósculo y me despedí. Sabía  que,  allá  donde estuviese, ella lo entendería, nunca me gustaron esas cosas.

Llegué a la habitación  del hotel y me topé con sus maletas,  la residencia las había enviado.  Casi sin querer, empecé a abrilas; estaban llenas de ropa y viejas fotografías. Todo  olía  a ella, a notas de flores silvestres y a primareva... ¡Qué difícil se hacía!  Entre sus pertenencias, encontré una carta para mí y me embargó la melancolía. Me senté en la cama y comencé a leer:

" Querida Isabel, mi princesa...

Si lees esta carta es porque ya no estoy en vuestras vidas,  pero quiero que sepáis lo mucho que os he querido, que os quiero y que os querré. Siempre he deseado lo mejor para todos vosotros y que vuestras vidas estuviesen completas y felices. Por favor, díselo  así  a tus hermanos.

Quiero que sepas que, lo poco que tengo, lo he dejado repartido entre vosotros, a cada uno según  su necesidad. He decidido dejarle a tu hermana la casa, dado que nada le sale bien, estoy segura de que esto será  un aliciente en su vida. El poco dinero que hay en el banco se lo he dejado a tu hermano Javier para ayudarle a hacer realidad su sueño, su negocio.
Por cierto, en la última cena de navidad, tus hermanos, que te adoran, me han contado que todo te va muy bien, que has conseguido ese puesto tan importante que siempre quisiste y por el que has sacrificado muchos años de tu vida. Me han dicho que tienes una casa grandiosa ¡Un palacio! Seguro que es muy bonita, siempre tuviste muy buen gusto.  He visto, por la foto que me mandaste en navidad, que tu familia es preciosa  ¡Y que mis dos nietos estan muy guapos!  Una pena el no haberlos podido achuchar... nunca llegué  a ir a ese colegio interno donde están  estudiando.

Mi niña, he pensado que estas cosas  son minucias  para ti,  por ello he decidido dejarte  mi mejor legado, mi ley de vida: 
Debes disfrutar más de la vida y de tu tiempo  junto a la familia porque si la compartes con el amor y el cariño de los tuyos, la vida es maravillosa. Piensa que con muy poco también  se puede ser muy feliz, así  como yo  lo fui. Y recuerda que lo más valioso que puede tener una persona es tiempo para estar con sus seres queridos, porque la vida, cuando menos te lo esperas, se termina.

Te quiero mi niña, nunca lo olvides.

PD.: recuerda guardar un poco de tu tiempo para estar con tus hermanos, ellos te necesitan."

Aquellas  palabras de mi madre, siempre serán eco en mi conciencia... con su voz meliflua, digna de un ser  seráfico.

© Orgav  (Verónica Orozco García)
Texto registrado.
Todos los derechos reservados.

Habitación de hotel








   ¿Qué hago tan lejos de casa? Estaba tan aturdida que no sabía lo que hacía. Ahora contemplo las maletas que hice en mi huida y me parecen las de una extraña. No tengo escapatoria. El destino me ha seguido hasta aquí y se ha sentado junto a mí para que no olvide lo que me tiene reservado. 

   De nada sirve buscar distracción en el libro que alguien dejó olvidado en la mesilla. Las palabras bailan una danza macabra ante mis ojos y no logro atraparlas, comprenderlas. Una y otra vez regresan a mi memoria las frases de la mujer que esta mañana dictó mi sentencia. Duras, implacables, con toda su crudeza. ¿Cómo pudo pronunciarlas con tanta frialdad? ¿Será que la costumbre la ha convertido en un ser sin alma?

   Fuera el cielo está vertiendo las lágrimas que mis ojos se niegan a derramar. Debo volver a casa. Mas temo derrumbarme con los abrazos y los besos de mi marido. He de hablar con él, contárselo todo. Pero sé que no soportaré su mirada llena de compasión. Intentará quitarle importancia. Bajará la voz para colmarme el oído de dulces palabras y querrá hacerme creer que lo superaremos si permanecemos juntos. Y yo me aferraré a la ternura de sus caricias. Creeré todo lo que me diga aunque sepa que miente.

   Pero no. No puede ser verdad. Hace unas horas era una mujer con un brillante futuro. Una mujer feliz. Una mujer que creía que bastaba el amor de su marido para ser dichosa. Ahora sé que no es suficiente. 

    Esta mañana salí de casa sin miedo. El sol de abril anunciaba miles de bendiciones. Me esperaba una revisión ginecológica, pero no tenía miedo. Solo era una más, una de tantas. O eso creía.

   Estoy en la habitación de un hotel cualquiera demorando el momento de regresar a casa y contárselo. A mi alrededor revolotean aciagos presagios. Mientras tanto busco en vano las palabras con las que le diré a mi marido que nos queda muy poco para estar juntos. 




Imagen 9: Habitación de hotel, de Edward Hopper


©Ana Madrigal Muñoz
Todos los derechos reservados












lunes, 20 de marzo de 2017

ESTE CIRCO NO ESTÁ EN VENTA


"Habitación de hotel" de Edward Hopper.




Desde que recibí la carta la habré leído unas quince veces, y sigo sin creer lo que dice el abogado. Si estoy aquí es por Gustavo, que insistió: "vete a ver de qué se trata, siempre se puede vender o traspasar como cualquier negocio”.
Yo nunca he heredado nada, bueno si, unos pendientes de mi abuela materna y las alianzas de mis padres. Pero esto, esto debe ser un error, porque yo a este señor no le conozco de nada. Y además, qué podría hacer yo con un circo. Si a mis hijas les asustan los payasos, y Gustavo es alérgico al pelo de los animales.
Yo tampoco me veo montada en un elefante, o peor aún, acostada sobre la arena para que sortee mi cuerpo con sus enormes patas. Luego está el olor a tigre, el oso que bebe cerveza, que me da mucha pena… Tampoco me veo haciendo malabares (soy muy torpe) ni trucos de magia. Y mucho menos lanzando cuchillos al pobre Gustavo (que no tiene muchos reflejos) o escupiendo fuego… lo que no me importaría sería aprender a utilizar el trapecio. Todavía estoy en buena forma, Gustavo siempre me lo dice.
Me compraría un maillot de color blanco, de esos que llevan cristalitos de swarovski. Utilizaría dos trapecios; volaría de uno a otro, haciendo piruetas en el aire. Al principio con red de seguridad, pero con el tiempo sin ella, para darle más emoción. Para sentir corretear la adrenalina por todo mi cuerpo. Sería la estrella, la gran atracción, junto con el domador de tigres, que no sería Gustavo, porque odia a los animales. Y este hombre fornido (el domador) me observaría desde la pista boquiabierto. Yo volaría de un trapecio a otro, seguida por un cañón de luz que haría brillar los swarovskis, y por un instante parecería una estrella fugaz.


Autora: Ana Pascual Pérez.



Próximo destino

Habitación de hotel de Edward Hopper


Hace calor. Aún no he dejado de ser Eilen. Miro la guía de viajes y los diferentes horarios. Próximo destino: Chambéry. Estación de Challes-les-Eaux. Catorce horas desde Madrid y transbordo a mitad de camino. Podría coger el avión hasta el aeropuerto de Lyon, pero necesito ese tiempo. No tengo prisa. Me gusta el tren, aprovecharé para embeberme de información sobre el lugar. También para despojarme del recuerdo de Glasshouse, de la sumisa voz de Eilen y su triste peinado... Hace calor. Espero verme bien con el pelo claro. Después de una semana aquí aún me siento sin fuerzas. Lo peor es siempre este momento, en el que me despido de mi misma. Mañana olerá a nuevo y todo volverá a comenzar: Eilen, Alice, Verónica, Janet, María… todas ellas habitan en mi piel, transpiran por mi cuerpo y asoman a través de mis ojos. Hace calor. He de prepararme para esta cita a ciegas. Otro lugar. Otros rostros. Hasta que, al fin, llegue el día en que decida quedarme y ser solo una. Ahora me llamo Denise. Algún día me llamaré Aurora…
                                                                              
                       
                                                                                     ©Manoli VF