domingo, 2 de octubre de 2022

María José Escudero: 'Escribir es una urgencia, escribo por necesidad'

 

María José Escudero

Recibimos en el blog en nuestra sección de escritoras a María José Escudero, autora de bellos cuentos publicados en diversas antologías, que nos comparte varias de sus inquietudes literarias y creaciones. Cedemos la palabra a nuestra autora invitada, que se remonta en su memoria a la infancia para hablarnos de su afición a las letras:


Para empezar, debo decir que la afición a la lectura y a la escritura me acompaña desde la infancia. Aprendí a leer, supongo que como todos, de la noche a la mañana. Pasé de atragantarme con las letras a verlas colocadas armoniosamente por todas partes. Una sensación de entusiasmo iluminó mi pequeño mundo y consiguió que caminar por él fuera mucho más sencillo: “Panadería”, “Colegio”, “Cuidado con el perro”, “Entrada”, “Salida”, “Prohibido jugar a la pelota”, “Hospital”… 

Después, muy temprano también, escribir se convirtió en una urgencia secreta y, ya adolescente, empecé a escribir mis primeros poemas. Sin embargo, tuvo que pasar mucho tiempo antes de que me atreviera a mostrar lo que guardaba en mis cuadernos. Un día, no muy lejano, se me ocurrió participar en un certamen de poesía y el hecho de quedar finalista, no solo me animó a participar en otros concursos, sino que me alentó a explorar nuevos caminos en el mundo de la Escritura. Acudí a talleres de Escritura Creativa  y así fue como descubrí  el Microrrelato, género narrativo en el que me siento muy a gusto y que me ha proporcionado muchas  satisfacciones, como conocer a estupendos cuentistas y también la estimulante alegría de ver mis relatos publicados en distintas antologías.

Mi fuente de inspiración está, con frecuencia, ligada a las historias familiares y a mis propias vivencias. Una conversación en el autobús, un suspiro en el ascensor, unas notas musicales,  una noticia, una fotografía… Cualquier cosa del mundo que me rodea puede hacer saltar la chispa de una historia. Escribo por necesidad, para canalizar mis arrebatos de inquietud y creo, sobre todo, en el trabajo, en mi opinión, es la manera de estimular el impulso creativo. Por eso, además de leer todo lo que puedo, escribo un poco cada día, aunque reconozco que, de vez en cuando, se dan esos momentos especiales en los que las musas ayudan a pulsar el teclado.


LOS SUEÑOS DE LAS MUJERES OLVIDADAS

Claribel

—No se preocupe, doñita. Le dejo en buenas manos—susurra con acento afable mientras la hidrata con amor. Mi prima es rebuena y trabajadora—recalca. Ayer lo hablé con su hijo de usted. Ya reuní dinerito para comprarme una choza en el municipio. Es hora de regresar, chera. Tengo diez años de estar acá y dos hijos que crecieron sin mí.

Emelys

Sus manos delgadas se cansaron de bordar miseria a la luz de las velas, toda ella se hartó de inclinar la espalda, de tener vacía la barriga y la fresquera. Allá quedó su hijo mayor: “Haga caso a su abuela, se lo ruego, y no se mezcle con los chicos malos de la cancha, no le vayan a embuchacar. Pero Kevin se viene conmigo, ¡eh!  Kevin irá a la escuela, y  se recibirá, y comerá todos los días… Voy a buscar oficio y, si Dios quiere y nos da salud, no regresamos”.

Pilar

—Mire, compa. Parece que la señora se emocionó.

Una lágrima resbala por el rostro arrugado de la anciana impedida. Aún no ha extraviado el recuerdo de aquel invierno que partió con su marido hacia Dusseldorf para llenar de futuro una maleta de cartón.

 

EVA ES UN NOMBRE FICTICIO

Eva, a veces, recuerda que está viva y respira en alto. A veces, también sueña y si no fuera porque su marido ha colocado un quitamiedos en el alféizar, arrojaría el delantal por la ventana y se escaparía a conocer el mundo montada sobre la alfombra del pasillo. Y es que Eva, a pesar de los sentimientos que la sujetan, hay momentos que se siente capaz de aflojar todos los nudos. Pero hay otros, sobre todo cuando los anhelos la acechan, que se arrima al botiquín y coge una pastilla, luego, echa un trago y entona una canción suave, ligera —como un sortilegio para espantar los susurros provocadores del extractor y olvidar el silbido imperioso de la olla—. Después, pica algo de la nevera y, empujada por la costumbre, retoma sus faenas. Así, entre trago y pastilla, fregar y planchar la ropa, se le va pasando el momento. Entonces, con una mezcla de fastidio y desencanto, se mira en el espejo y se pregunta: “¿Qué he venido a hacer aquí?”.

Al final del día, Eva se acuesta y se repliega. Y los sueños los deja estacionados debajo de la cama, junto a las chancletas.

 

LA CORTA VIDA DE UN LOTO BLANCO

 “Al principio, me sentí halagada. No me daba cuenta de que todo era una encerrona, como cuando Amul, retozón y bullicioso, me impedía el paso en el callejón. Y, aunque el hombre era tan viejo como mi padre, parecía bueno y sosegado. Reconozco que me complacían sus regalos. Sobre todo, los dulces de colores y aquella muñeca que tenía más vestidos que todas mis hermanas y yo juntas. Tampoco negaré que me cautivaron los aretes dorados y el payal, que cerré los ojos y me los dejé colocar por sus manos invernales y rugosas. Sí, es verdad, todo aquello me agradaba. Sin embargo, ahora, él y la noche llegan de repente hasta mi lecho con su aliento enojoso, y ya no me agrada, no…

Ramya dice que he tenido mucha suerte de ser yo la elegida, que ya no andaré descalza por las calles estrechas, que seré rica. También me susurra, entre risas, que me quedaré viuda pronto. Pero seré yo quien muera antes, lo sé muy bien, porque mi amigo Amul, distante y silencioso, ya ni me mira”.

(Nota escrita por Denali  y abandonada junto a su sari nupcial antes de arrojarse sobre las oscuras aguas del lago de Pushkar)

 

 

EL BOSQUE SAGRADO

Nunca había entrado allí. Estaba prohibido. Pero después de dos años de férreo adiestramiento, había sido elegida. Al principio, deambuló sin rumbo en busca del lugar indicado, hasta que el murmullo de una cascada y los colores del bosque le mostraron el camino. Atendiendo a consignas aprendidas, ignoró el aullido alargado de los lobos y contempló con fervor la luz temblorosa que se colaba entre las ramas y rompía la oscuridad de aquel monte vedado. Luego, recostada sobre la hojarasca, esperó. Los buitres negros, con sus inmensas alas, se movían inquietos por el hayal, pero su mirada se rendía y sólo notaba el cosquilleo de las moscas sobre sus párpados y permitía que las hormigas de fuego hicieran su trabajo.

En sus reuniones secretas su Ángel Custodio la había animado —con letanías y promesas— a explorar la magia de su cuerpo y la había preparado para el ritual. Él mismo le había otorgado la droga liberadora para enfrentar su nuevo y divino destino.

El suelo vibraba cuando hallaron sus restos esparcidos entre las raíces de los árboles. Muy cerca y aún intactos, permanecían los zapatos de su graduación: La Norma de La Comunidad le exigía entrar descalza en el paraíso.

 

ENCIERRO

Surgieron por la cuesta de Santo Domingo. Eran cinco toros tatuados con pañuelo rojo anudado al cuello. Entonces  ella quiso huir, pero no había burladero. Babeantes y beodos, la empujaron, la arrastraron y, sobre un lecho de vómitos y orines, la embistieron. Mientras, en la calle sorda, continuaba la fiesta.

RECUPERANDO SUEÑOS

Lo había meditado bien. Por eso, antes de partir, dejó la mesa puesta y un poema en la nevera. En la calle la esperaban, con los brazos abiertos, un día azul y un hombre con chistera. No pudo evitar mirar atrás: sólo quería  asegurarse de haber cerrado bien la puerta.

ESCENA FINAL

Tras el “silencio, se rueda”, la cámara enfoca a la actriz principal que viste con el típico desaliño de una mujer que se siente poca cosa. La escena tiene lugar en un espacio asfixiante y sombrío y le da la réplica un actor de imagen vulgar que, con poco maquillaje, queda perfecto para el papel. De repente, ella hace un movimiento brusco, inesperado y al mismo tiempo grita: “Ya puedes decir que te duele más que a mí, ahora sí que lo puedes decir”. Visto entre bambalinas parece como si se hubiese salido del guión y nos perturba un poco. Todavía ignoramos la causa de su arrebato y nos preguntamos a qué viene esto. Pero, según iremos descubriendo a través de algunos flashbacks, el personaje se ha cansado de ocultar su mirada herida  y no ha podido contenerse.

“Ahora sí que te duele más que a mí”, repite y repite, se desgañita transfigurada. Luego, tras escucharse un portazo, hace mutis por el decorado. Y lentamente, la cámara desanda el camino por ella andado hasta enfocar al hombre que, encogido, gimotea y trata de hacerse un torniquete con un paño de cocina.

—¡Corten! —ordena el director—. Es la toma buena.


BIOGRAFÍA

María José Escudero Cuevas (Santander, 1957)

Estudios de Pedagogía y Relaciones Laborales

 Mis relatos se han publicado en antologías de diversos certámenes literarios como Esta Noche Te Cuento (mi principal fuente de aprendizaje), Sol Cultural, Cincuenta Palabras… También en” Los Locos del Microrrelato”, “Un Tiempo Breve”…

Ganadora del Concurso de Microrrelatos “Villa de Noja” 2022 del  Ayuntamiento de Noja (Cantabria)

Segundo Premio de II Certamen de Relatos Cortos  2022 de la Asociación Cultural Iguña (Valle de Iguña, Cantabria)

 

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