miércoles, 29 de noviembre de 2017

Rumor de selva


Sabe el amor a savia tierna
que asciende por las venas,
a llamada vegeta
primigenia,
a densos ramajes
que convocan en la penumbra
suspiros de hojas trémulas,
bocas anhelantes
que musitan palabras
recién estrenadas,
la fiesta de los cuerpos
que se enlazan
hundiendo sus raíces
en tierra no hollada.
Sabe el amor a dulce tormenta
de madreselva,
a humedades frondosas,
a sudor de río,
a deseo que empapa,
como lluvia fértil,
la piel estremecida,
los ávidos labios.
Sabe el amor
a carne entregada.
Marc Chagall, Les Amants (1959)

Beso primaveral

La fotografía es de mi autoría



Al regresar del paseo matinal, la pareja de enamorados seguía allí, en las tablas de la pasarela que bordea la playa de Los Peligros. Seguían en el mismo lugar, en la misma postura, de pie, los dos enlazados amorosamente; la única diferencia es que ya no les unía el beso prolongado. Los dos eran jóvenes, él alto y delgado, ella más baja, morena, de pelo ensortijado; llevaba unos vaqueros y unas playeras rojas tipo Converse.
Al pasar junto a ellos, les miré furtivamente y contemplé sus rostros ensimismados, él con los ojos cerrados dejaba que ella le acariciara suavemente la mejilla con su nariz; los dos acunados por el leve sonido de las olas y rozados por los rayos de un sol primaveral.
Me recordaron una escultura de Camille Claudel, El Vals, en ese caso se hubiera titulado,El Beso primaveral.


lunes, 27 de noviembre de 2017

Amor verdadero solo hay uno

ESCRIBIENDO CON LOS CINCO SENTIDOS: SABOR DEL AMOR.
TITULO: Amor verdadero solo hay uno
El amor verdadero sabe a vida,
sabe a valentía y deseo,
sabe a nervios e incertidumbre.
El amor verdadero tiene hojas de calendario
y citas de agenda,
tiene rutinas que cumplir.
El amor  verdadero huele a humanidad,
huele a ternura y a miradas,
huele a los  besos más  sinceros.
El amor verdadero tiene la voz más bonita y  dulce que jamás vas a  escuchar.
Tiene musicalidad, ritmo,  alegría y miedos, todo junto...
El amor verdadero tiene olor
a grandes dosis de paciencia,
a muchas noches sin dormir,
a cansancio acumulado...
Al amor verdadero no le importa su ropa
ni su pelo, solo le importas tú.
Te lo da todo sin pedir nada y
rascar tiempo al reloj y a su vida
para seguir ahí, junto a ti.
El sabor del amor verdadero eres tú, mamá.
Mi Libro En Blanco Orgav

Limón, sal y tortas.

Laura me ha dicho que tome zumito de limón. Dice que su abuelo, que es camionero, lo usa todas las tardes antes de ir a cantar al karaoke y que tiene  una voz magnífica.
He pensado en ello y se lo he dicho a mamá  pero  dice que el limón  es muy fuerte y que se come el esmalte de los dientes. Así pues  no estoy muy convencida  al respecto.
Érika dice que debo tomar mucha sal, que me va a ayudar mucho. Dice que ella, cuando va al cine, come muchas pipas con aguasal y que, al rato,  nota un cosquilleo en la garganta y su voz es diferente.
Confieso que esta idea me llamó  la atención pero, al comentarlo con mamá, me ha dicho que es una locura, que los niños no debemos  tomar tanta sal,  que podemos  enfermar. Entonces me salió  otra vez con lo de la paciencia,  que aún tengo que crecer...
Mi hermano Roberto dice tener una solución, dice que, con un buen par  de tortas, conseguiría  mi propósito más  rápido y, claro,  que él  está  dispuesto a ayudarme cuando yo quiera...
¡Qué listo!  El cabeza hueca se cree que voy a caer en su trampa.
En fin, estoy que no sé muy bien que voy a hacer...  ¡Necesito  que mi voz empiece a ser diferente! Me encantaría poder escuchar a la niña que está en mí  y que se marche, de una vez por todas, este Marcos que odio con todas mis fuerzas y que me tiene atrapada...
Mi Libro En Blanco Orgav

¿Infierno o Paraíso?

"No hay nada más bello que lo que nunca he tenido, nada más amado que lo que perdí"

(Canción "Lucía", de Joan Manuel . Serrat)

¿Qué se podría decir de un amor que no existe, irreal como un sueño, que sólo vive en la imaginación pero que duele, que quema, que trastorna hasta hacerte enloquecer? Cuatro o cinco encuentros. El primero de adolescentes, casi sin palabras, sólo miradas furtivas y un rubor encendiendo las mejillas. Sus ojos claros quedaron grabados a fuego en los de ella y se dijo que lo amaría por encima de todas las cosas. Siempre. Juró nunca más lavarse la cara después de aquel beso de despedida.

Las veces siguientes ambos tenían su vida encauzada: una familia, unos hijos, esos encuentros entrañables, casi felices, en los que el corazón, ante su presencia, late más y más fuerte, tanto que temes que sus latidos se escuchen alrededor y revelen este sentimiento que pugna por salir del pecho. Otro adiós y otro abrazo que incendia el alma.

Uno se pregunta si el amor se parece al infierno o al paraíso. No hay respuesta, mucho menos podría especular sobre su sabor.

De nuevo vivir sólo para contar los días, los meses, los años, que transcurren hasta la próxima reunión, esta vez triste, tanto que las lágrimas del encuentro se funden con las del adiós; crees que el alma se te va a romper en pedazos y te preguntas: "¿Y si él me ama también"; intentas convencerte de que esas miradas, esas tiernas palabras no son casuales, de que hay mucho fuego bajo esos cálidos abrazos, pero aunque tu corazón desee proclamarlo a gritos tú debes callar... Esperar, esperar al próximo encuentro. Anhelar que esta vez no haya más despedidas, que se hunda el mundo, que sólo quedéis los dos en el planeta y estar juntos, unidos para siempre.

©MJTriguero2017

Imágenes extraídas de Internet


domingo, 26 de noviembre de 2017

MI ISLA


Llegaste a mi vida cuando ya no necesitaba a nadie, cuando ya me había acostumbrado a estar sola. Desde el principio fui sincera contigo. Te avisé que, para el amor, mis puertas estaban cerradas.

Quisiste enseñarme a volar mientras acompañabas mi vuelo. Intentaste arropar mi soledad con tu presencia; provocar el deshielo de mis sentimientos para que abandonase el invierno que los envolvía. Lamiste la sal de mis heridas para después curarlas con tus besos. Me llamaste “isla” y quisiste habitarme, construir un futuro sobre mis cenizas para, con tu aliento, juntas poder volver a arder.

Pero, no te diste cuenta que en mi cielo no había ventanas y en mi orilla solo quedaba arena y sal.

Incapaz de saltar las olas cargadas de recuerdos que me golpeaban, te ahogaste en mi mar.


Pilar Alejos Martínez.



Imagen extraída de la red.

viernes, 24 de noviembre de 2017

SABOR A TI

Foto de mi autoría.
-Cuando sea grande me voy a casar con Agustina, con eso de besos en la boca y todo.
-A mí me parece, que cuando sean grande, tú y Agustina, van a tener ganas de casarse con alguien que no sea un primo o una prima. Creo que van a querer casarse con alguien que no conocen. Pero ya veremos Arturo…
Di por zanjada la cuestión de esta forma, tan inesperada como divertida. Hacía tiempo que veía a mi nieta Agustina con sus preciosos cuatro años, tan emparejada y compinche con su primo Arturo, apenas unos meses menor.
Como buena mujer, comandaba el juego y Arturo, la secundaba y se dejaba llevar, complacido hasta la fascinación, que a esa edad, puede ejercer una prima unos meses mayor, tan avispada como seductora.
En el porche de la granja, donde transcurría el verano en familia, me encontraba disfrutando de Homero y su Odisea rescatada de la vieja biblioteca, cuando Agustina vino a acurrucarse en un almohadón a mi costado.
-Abuela, ¿ a qué saben los besos?- asaltó con la pregunta.
-Bueno… supongo que te refieres a los besos que se dan los enamorados en los labios.
-Sí abue, esos, ¿Qué gusto tienen? Porque a mí me parece que no me va a gustar que me den besos así. Me gustan los besos que me das tú en la frente, o los que me dan papá y mamá, antes de dormir.
-Cuando crecemos, los gustos por muchas cosas van cambiando. Por ejemplo, a tu edad, odiaba comer alcachofas. Hoy, es uno de mis platos preferidos. A tus años, yo ni siquiera pensaba en besos en la boca, solo cuando ya tenía veinte años, y conocí a tu abuelo, me enamoré de él perdidamente y comencé a soñar con besos que solo él me supo dar. Ahora que lo pienso, tenían gusto a frambuesa: dulces, jugosos, intensos. Así es, los besos del abuelo tenían su dulzura, su color, su ternura. Ya me contarás tú, cuando llegue tu tiempo, qué sabor tienen los besos, seguro que tendrán sabor a un chico muy guapo, que te robará el corazón.
Agustina, se quedó dormida. El día había sido intenso. Por lo bajo, la radio susurraba un bolero. Me quedé mirando el rojo del atardecer dormirse en el horizonte, mientras mis labios entonaban el estribillo: ”en la boca llevarás, sabor a mi”


Autora: Vivian Rodríguez Dorgia