martes, 7 de marzo de 2017

Almas gemelas


La autómata de Edward Hopper

Entró en aquella cafetería porque fue la primera que vio. Podía haber sido otra cualquiera, pero fue esa. Se acercó a la barra frotándose las manos; hacía frío fuera y deseaba con urgencia un café caliente.
Mientras se lo preparaban se fijó en aquella chica del fondo. Le llamó la atención su mirada fija en la taza, su media sonrisa y, sobre todo, tuvo la sensación de que se encontraba muy sola. Igual que él.
Empezó a tomar su café sin dejar de mirarla, pensando qué pasaría si se acercara a hablar con ella. "Quién sabe, puede que necesite hablar con alguien." Bajó un pie del taburete e hizo ademán de acercarse, pero alguien abrió la puerta, entró y se acercó a ella. 

Él pagó su café y salió. La miró de reojo cuándo pasó a su lado y creyó ver una pequeña lágrima rodando por su mejilla. El sabor amargo del café le subió a su boca y juró que mañana lo intentaría. Podía ser. ¿Por qué no?


 
                                                                                       ©María Manrique Fabelo